Cuentos de mentirosos
Ayer me puse a buscar cuentos de mentirosos y encontré realmente un montón, desde luego que los más famosos son: “Pinocho”, El del niño que pide ayuda cuando su rebaño es atacado por el lobo. El de “Felipillo el mentiroso”. Pero lo que realmente deja mucho por aprender, son las fabulas de Esopo. A continuación comparto con ustedes algunas, que considero adecuadas al momento actual:
“El águila, el cuervo y el pastor” – Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un corderito. La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse. Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños. Le preguntaron sus hijos acerca de que clase de ave era aquella, y les dijo: – Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila. Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás preparado, no en lo que no te corresponde.
“El águila y los gallos” – Dos gallos reñían por la preferencia de las gallinas; y al fin uno puso en fuga al otro. Resignadamente se retiró el vencido a un matorral, ocultándose allí. En cambio el vencedor orgulloso se subió a una tapia alta dándose a cantar con gran estruendo. Mas no tardó un águila en caerle y raptarlo. Desde entonces el gallo que había perdido la riña se quedó con todo el gallinero. A quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle quien se los arrebate.
“Las zorras a orillas del Rio Meandro” – Se reunieron un día las zorras a orillas del río Meandro con el fin de calmar su sed; pero el río estaba muy turbulento, y aunque se estimulaban unas a otras, ninguna se atrevía a ingresar al río de primera. Al fin una de ellas habló, y queriendo humillar a las demás, burlábase de su cobardía presumiendo ser ella la más valiente. Así, saltó al agua atrevida e imprudentemente. Pero la fuerte corriente la arrastró al centro del río, y las compañeras, siguiéndola desde la orilla le gritaban: — ¡ No nos dejes hermana, vuelve y dinos cómo podremos beber agua sin peligro ! Pero la imprudente, arrastrada sin remedio alguno, y tratando de ocultar su cercana muerte, contestó: — Ahora llevo un mensaje para Mileto; cuando vuelva les enseñaré cómo. Por lo general, los fanfarrones siempre están al alcance del peligro.
“La zorra y el leñador” – Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña. Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra. El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido. Los cazadores no comprendieron la señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra. La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada. Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias, a lo que la zorra respondió: –Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo. No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus palabras.
“La zorra y el cocodrilo” – Discutían un día la zorra y el cocodrilo sobre la nobleza de sus antepasados. Por largo rato habló el cocodrilo acerca de la alcurnia de sus ancestros, y terminó por decir que sus padres habían llegado a ser los guardianes del gimnasio.– No es necesario que me lo digas — replicó la zorra –; las cualidades de tu piel demuestran muy bien que desde hace muchos años te dedicas a los ejercicios de gimnasia. Recuerda siempre que lo que bien se ve, no se puede ocultar con la mentira. Recuerda siempre que lo que bien se ve, no se puede ocultar con la mentira.
“La zorra y el mono disputando su nobleza” – Viajaban por esta tierra juntos una zorra y un mono, disputando a la vez cada uno sobre su nobleza. Mientras cada cual detallaba ampliamente sus títulos, llegaron a cierto lugar. Volvió el mono su mirada hacia un cementerio y rompió a llorar. Preguntó la zorra que le ocurría, y el mono, mostrándoles unas tumbas le dijo: — ¡ Oh, cómo no voy a llorar cuando veo las lápidas funerarias de esos grandes héroes, mis antepasados ! — ¡ Puedes mentir cuanto quieras — contestó la zorra –; pues ninguno de ellos se levantará para contradecirte ! Sé siempre honesto en tu vida. Nunca sabrás si el vecino que te escucha sabe la verdad y corroborará o desmentirá tus palabras.
“La zorra y la careta vacía” – Entró un día una zorra en la casa de un actor, y después de revisar sus utensilios, encontró entre muchas otras cosas una máscara artísticamente trabajada. La tomó entre sus patas, la observó y se dijo: — ¡Hermosa cabeza ! Pero qué lástima que no tiene sesos. No te llenes de apariencias vacías. Llénate mejor siempre de buen juicio.
“La rana que decía ser médico y la zorra” – Gritaba un día una rana desde su pantano a los demás animales: — ¡ Soy médico y conozco muy bien todos los remedios para todos los males ! La oyó una zorra y le reclamó: — ¿Cómo te atreves a anunciar ayudar a los demás, cuando tú misma cojeas y no te sabes curar? Nunca proclames ser lo que no puedes demostrar con el ejemplo.
Con esto se puede seguir por mucho tiempo, pero analicen las fábulas y verán que tenemos un personaje que aparece constantemente en la televisión y que se parece en mucho a muchas de estas fábulas.
Miguel Aramayo
SCZ. 08-05-2010
