El mar Egeo, un paraíso de paz
Estando en París, recibí un mail que decía: –Me saqué un premio de lotería y me gustaría compartirlo con vos, por eso transcribo una dirección para que veas donde me gustaría que viajemos, por favor me llamas. Registré esa dirección en mi PC y gran sorpresa, un lugar ¡divino…!, vi las fotos que mostraba ese sitio web, eran muy bonitas, pero como es mi costumbre, quise averiguar un poco del lugar que visitaríamos y supe que se llama Malaui o Malawi, un país mediterráneo, ubicado al sureste de África. Limita con Zambia, Tanzania y Mozambique. Separado de Tanzania y Mozambique por el lago Malaui, que es el lugar donde me invita mi amiga.
Después quise armar el itinerario de viaje y fui encontrando una serie de trabas, la primera la distancia más de once horas de vuelo, hasta el lugar más próximo, pero desde ese aeropuerto hasta el lago, toda una odisea, quizá más de un día de viajes incomodos, esperas, además de soportar y atormentarse con la pobreza del África. Llamé a mi amiga y le dije que había una mejor forma de gastar su premio de lotería, y que esa ilusión del lago Malaui la dejemos para otro momento, que le proponía que nos vayamos al mediterráneo o al mar egeo. Le prometí armar algo en el transcurso del día y cuando tenga todo listo le enviaría una nueva propuesta, que nos permita optimizar los recursos y obtener la misma satisfacción, después de todo lo más bonito es que estemos juntos, a lo cual ella me responde, diciendo: –Vámonos a las islas de Grecia, vos arma el viaje y me avisas.
Me despedí y antes de entrar nuevamente a Internet, mi cabeza me indicó que el mar egeo es parte del mediterráneo, sólo que se lo llama así al mediterráneo que está y es de Grecia, en su mayoría. Está comprendido entre Grecia y Turquía. El nombre Egeo, es que desde tiempos remotos se dice que el nombre lo otorga la ciudad griega de Aegae, la leyenda también nos cuenta que en este mar fue el causante de la muerte de un ser mitológico llamado Aegeus.
Después de una hora de estar viendo Google, verifiqué que entre las Cycladas y la costa turca hay una cadena de islas que descienden a través del mar Egeo: El Dodecaneso. De una sorprendente variedad de paisajes entre los más bellos de todo el Mediterráneo, las islas del norte tienen una abundante vegetación, que contrastan con los pueblos de pequeñas casas cúbicas resplandecientes de blancura. En Rodas se siente la huella de las diferentes ocupaciones a lo largo de toda su historia: Greco-romana, bizantina, otomana y franca. Las islas griegas del Dodecaneso son: Rodas, Karpatos, Kasos, Simi, Tilos, Nisiros, Astipalea, Kos, Kalimnos, Leros, Patmos y Kastelorizo.
Le escribo un mail a mi amiga diciéndole: –Pienso que lo mejor será que tomemos como residencia principal la isla de Rodas y desde allí nos desplazamos a las demás islas para completar nuestro paseo de una semana. Podemos tomar un vuelo de París a Rodas. Estoy seguro que no sólo podremos impregnarnos de historia, sol, playa, también disfrutaremos lo gastronómico de la zona. Visitaremos lugares donde se cultivan los mejores productos como las aceitunas, uvas, vegetales y algunos granos de trigo. Podremos practicar pesca, navegación, y recolección de esponjas. El Mar Egeo es un lugar mágico, donde encontraremos mucha paz y silencio, sólo escucharemos las olas del mar y observaremos los esplendidos atardeceres. Durante la noche podremos ir a bailar y escuchar buena música griega y de distintos estilos en los bares locales.
Llegué al aeropuerto de París con el tiempo suficiente para embarcar al aeropuerto de Zúrich en un vuelo de una hora, donde debía encontrarme con mi amiga, desde allí seguiríamos viaje a Grecia, Rodas, en vuelo de British Airlines hasta el aeropuerto Rhodes International Airport, con un tiempo de duración de más o menos tres horas. Ya teníamos los pasajes y deberíamos hacer una corta espera para abordar. Tomé todo en una agencia de viajes, que se encargaba de pasajes, hotel, transporte y el tours completo en el recorrido que programamos por siete días por varias islas del Egeo.
Después de un encuentro muy efusivo, pues hacía mucho que no estábamos juntos, casi desde el anterior verano, hicimos el correspondiente chequeo y pasamos a la salita de espera para el vuelo que nos llevaría hasta Rodas, sin ninguna otra escala. Ya en la tranquilidad de ese recinto recordé algo de una canción de Arjona y le dije el versito de la siguiente manera: –“Me enseñaste que el amor no es una reja y que la mentira es verdad, me enseñaste que abrazarme a tu cintura es una fiesta, me enseñaste que una duda puede más que una razón, pero no me enseñaste que hacer si no estás vos. Que el afrodisiaco más cumplidor no son los mariscos, sino el amor. Me enseñaste a convertir una caricia en una obra de arte”. Después de decir eso me ruboricé y vi que ella quedó suspendida en el aire, como si una fuerza magnética la mantuviera flotando. Me agarró de las mejillas y me estampo un beso, beso que me dejo volando.
Me dijo: –Que bonita forma de iniciar una nueva aventura, un nuevo viaje, ¿no te imaginas cómo llenó mi corazón, tanta galantería de tu parte?, ¡me sorprendiste con ese verso…! que por más que no te pertenezca, lo has dicho de tal manera, que te he visto con cara de poeta español, de la época del romanticismo. Mi corazón quedó lleno y en mi mente todavía retumban tus palabras, como campanitas y has dejado mis rodillas con un ligero temblor.
Quedamos un minuto en silencio, ella tratando de memorizar lo que le dije y yo agradeciendo a mi memoria que no me falló y feliz del efecto que produjo ese poemita, repetido no en forma literal, sino conforme a lo que dictaban mis impulsos sentimentales. De repente ella me dijo: –“Tú me acostumbraste a todas esas cosas y tú me enseñaste que son maravillosas, sutil llegaste a mí como una tentación, llenando de ansiedad mi corazón, yo no comprendía, ¿cómo se quería, en un mundo raro?, ¡y por ti aprendí!, pero no me enseñaste ¿cómo se vive sin ti?”.
Mi reacción fue diferente, me paré de golpe e hice una venia, como caballero antiguo, con una pequeña genuflexión y como quitándome el sombrero y le dije, –“Señora me habéis sorprendido, yo que pretendía decir cosas bonitas y vos me has ganado, has apocado mi ingenio, ese versito se lo escuche a Luis Miguel. Ella se rio y me dijo: –Me quisiste achicopalar y quedaste chiquito. En eso se escuchó la peculiar voz de las anunciadoras, llamando al abordaje de nuestro vuelo, indicando la puerta por la que deberíamos pasar.
El vuelo fue muy tranquilo y la mayor parte del tiempo, por no decir la totalidad, fue atravesando Europa por campos, montañas y ciudades. El cielo estaba totalmente despejado, pero pese a la altura de crucero se llegaban a distinguir, montañas, ríos, ciudades y algunas veces divisábamos aviones con los cuales nos cruzábamos a gran distancia y altitud. Cuando estuvimos sobrevolando Grecia se distinguía el mar, cantidad innumerable de islas, algunas veces vimos barcos, grandes y chicos y me animaría a decir que vimos un portaviones, nada de sorprenderse, porque los norteamericanos siempre merodean por esa zona.
Aterrizamos en el aeropuerto: Diagoras International Airport, de Rodas, en la sala de espera había una muchacha que portaba un cartelito con nuestros nombres, era una dependiente de la agencia de turismo, la que al mismo tiempo nos conduciría al hotel que estaba más o menos a 13 Km. del aeropuerto.
Llegamos al hotel (si no me equivoco se llamaba Hotel Attiki), donde nos recibieron muy amables y nos invitaron chocolates y con un tonito como cantando nos saludaban “Kalimeras” (buen día), después de dejar las maletas en la habitación, bajamos para almorzar, nos sirvieron quesos griegos, “musaka”, que es como un suflé de berenjenas, muy rico, las ensaladas, preparadas con lechuga, pepinos, tomates, pimentón, huevo duro, aceitunas y queso de cabra cortado en cubitos, con una vinagreta con mucho aceite de oliva. Este encantador hotel está ubicado en el casco antiguo de Rodas, a menos de 30 metros de Knights Street. Está construido y restaurado en piedra arenisca, la piedra típica de Rodas. Las habitaciones tienen nombres de escritores famosos, pero no recuerdo el nombre que nos tocó. Tiene una terraza de 300 metros cuadrados y jardines donde tomar un delicioso desayuno casero, entre los árboles de cítricos. A pocos pasos del Hotel se encuentra el Palacio del Gran Maestro de los Caballeros de Rodas, el lugar de interés más significativo del casco antiguo. Está cerca de las playas y de la principal zona comercial y, sin embargo, sigue preservando el ambiente sosegado del casco antiguo.
Rodas, es muy linda es una ciudad antigua, con calles muy angostitas, abundan los castillos y monumentos históricos de diferentes épocas, los colores que predominan en las construcciones, son el de la piedra, en diferentes tonos, el color cemento y el blanco. Algo como un chivo con una larga cornamenta hacia atrás, es el animal que se encuentra en todas partes y aparentemente es el símbolo de Grecia.
Durante la tarde nos dedicamos a caminar en forma incansable, casi todo el tiempo a pie, es tan interesante lo que tiene para ver, que el cansancio desaparece y en su lugar te reemplaza el adormecimiento y el afán de conocer más.
Vimos la Plaza Argyrokastro, es un pequeño lugar hermoso con una fuente en su centro. En algún momento me sentí visitando el pasado y al momento estábamos en el presente histórico, vale la pena ver los edificios de la ciudad medieval. El antiguo Arsenal de los Caballeros, del cual pudimos disfrutar viendo su infraestructura. A poca distancia de la Plaza de Argyrokastro, está su atractiva calle de los caballeros. Del mismo modo, la ciudad medieval de Rodas ofrece otro lugar increíble para visitar, vimos Bizantino, que es una catedral del siglo 12, hoy es llamada el museo de arte bizantino. Todos los sitios tan sorprendentes e históricos hacen que el viaje a Rodas, sea realmente una vacación memorable, y sirvió para acrecentar los conocimientos de estos sitios antiguos. El castillo del gran maestre es para admiración, su conservación es maravillosa, su interior arquitectónico es impresionante, sus callejuelas, sus flores, fuentes, palomas, puestos ambulantes, restaurantes y multitud de gentes, hacen que una vez que atraviesas la puerta principal te trasladas 500 años de historia hacia atrás.
La primera noche de nuestra llegada a Grecia, nos fuimos a bailar después de una cena frugal en el Restaurante Istoria Palea, que es un restaurante en una antigua villa. El restaurante ofrece cocina griega y contemporánea. Se puede apreciar la cocina tradicional griega de Rodas que tiene tanto gusto de Asia y Turquía. Alexis es una de las tabernas más antiguas de la isla, con gran variedad de marisco y excelente pulpo a la brasa.
Otros sitios de valor incluyen; la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, a la cual entramos para hacer una oración agradeciendo todo lo que ella hace por nosotros. También estuvimos en la Posada de la Lengua de Inglaterra y el Hospital de los Caballeros. Hoy en día las casas el Hospital de los Caballeros, es uno de los monumentos más importantes de Rodas. Aparte de todo esto pudimos ver varias exposiciones. Vimos cortinas que rodean una cama matrimonial, algunas joyas, placas de Bizancio, muebles, trajes regionales y artículos habituales para el hogar. Estos sitios son tesoros que nos divirtieron en el transcurso de las vacaciones en Rodas. Visitamos el puerto de Mandráki, donde según las antiguas crónicas se asentaba el mítico Coloso de Rodas. En los alrededores del puerto pudimos acercarnos al excelente acuario y aprender un poco sobre la fauna marina propia de esta zona del Egeo.
En otros días alejándonos de la capital, pudimos empaparnos de las tradiciones locales en la pintoresca ciudad de Koskinóu, guardiana de una buena parte de los festejos y costumbres de la isla. Rodas, según la mitología proviene del amor entre Helios (Sol) y la ninfa Rhode (la rosa). Fue uno de los puertos más famosos de la antigüedad, conocido sobre todo por el Coloso, la enorme estatua que daba la bienvenida a sus visitantes y que fue considerada como una de las siete maravillas del Mundo Antiguo, hoy día constituye un excelente punto de partida para iniciar la ruta por las islas circundantes.
Estuvimos en Tsambika, es una de las mejores playas de Rodas. Paseamos por la carretera nacional, desde Pefki y la bella bahía de Stafyliá hasta Cabo Prasonisio, vimos una serie ininterrumpida de litorales de arena poco frecuentados: Glystra, Kiotari, Lahania, son nombres que tenemos para recordar. También fuimos a la pequeña isla de Calcio, que posee bonitas playas a las que sólo se puede acceder en los barcos que salen cada mañana desde el puerto de Emborio.
Visitamos y abrimos la boca disfrutando con sus gigantescas murallas (de 12 metros de espesor), fortificadas con tres torres y los minaretes. Vimos las siete puertas de la antigua ciudad amurallada, que es un legado de los Caballeros de San Juan. El hospital de los Caballeros, que hoy acoge el Museo Arqueológico y la antigua catedral de los Caballeros, justo enfrente, es hoy el Museo Bizantino. Apreciamos el antiguo barrio judío, que se halla al este de la puerta Koskinou, cerca de la Plaza de los Mártires, con su fuente acabada en tres caballitos de mar de bronce.
Conocimos la plaza Hipócrates (Ipokratous), confluencia de las calles Sócrates, que está llena de tiendas de recuerdos, joyerías, anticuarios, peleterías, terrazas, tabernas y restaurantes. También las calles: Pitágoras y Aristóteles, está decorada con una fuente turca. En una de sus esquinas se sitúa la Lonja de los Mercaderes del siglo XVI, utilizada como Tribunal y lugar de reunión, que actualmente es sede de la Biblioteca pública. También estuvimos en la calle Aristóteles que conduce a la judería, la calle Sócrates que nos llevó al barrio otomano y la calle Pitágoras al Hospital y la calle de los Caballeros. Fuera de este formidable baluarte se extiende la ciudad moderna de anchas calles y avenidas llenas de palmeras, grandes hoteles, comercios y bellos edificios.
No nos perdimos de estar en la Mezquita de Solimán, situada en el barrio turco al final de la calle de Sócrates. Junto a la Mezquita de Solimán se sitúan la Mezquita de Mustafá, los baños turcos, actualmente sede de la Biblioteca musulmana y la Torre del Reloj, un campanario al que subimos para contemplar la ciudad.
Subimos a la antigua acrópolis que se encuentra sobre la colina de San Stéfano (San Esteban) llamada también Monte Smith en memoria del almirante inglés Sir Sidney Smith, entre callejuelas muy angostas y en algunas partes simples corredores, todas las casas cuadradas y pintadas de blanco con los marcos, las puertas y ventanas pintadas de azul. El templo de Apolo Pithio es uno de los pocos monumentos del que se conservan algunos restos.
La gente es muy amable, y aunque no les entendíamos nada, porque hablan en griego y con una tonadita como si cantaran, igual la pasamos bien y compartimos sonrisas, una que otra palmadita y mucha gentileza. Donde llegábamos, nos esperaban con chocolates, macitas, pan, aceitunas y quesos de diferentes clases.
Nos sumergimos en el pasado de Rodas, visitando las ruinas de Cámiros (Kámeiros) y las de Líndos. Ésta última población es especialmente encantadora, gracias a que ofrece la estampa clásica de los asentamientos de Egeo, con pequeñas calles repletas de casas blancas asomándose al mar. Una panorámica que, no por clásica, deja de ser menos bella. Lindos, tiene una espectacular cala de agua transparente y como una balsa de aceite, donde fondean los barcos, su arena es fina y dorada. Allí estuvo el Apóstol Santiago después de haber estado encarcelado y de haber escrito las Cartas a los Corintios.
Después conocimos otra ciudad próxima a Turquía donde se dedican a las esponjas, si no me olvidé se llama Kalathos, está situada en la mitad de la isla frente a Turquía tiene una inmensa playa de alabastro (mármol de mil colores) y aguas tranquilas.
Cuando terminó el paseo y dejamos el hotel, escuchamos que todos nos decían: –“kalinista” y “sascarospoli”, que creo que quiere decir gracias. Fue una vacación espectacular y como todo fue pagado por mi amiga, como gracias le dije: –“Tú eres la criptonita de este Superman, que más puede pedir mi corazón, que el tobogán donde resbalen mis problemas, mis vicios, mis adicciones, porque vos eres mi filosofía y el remedio para mí mal. Afrodita, me gusta verte, andar en cueros, porque creo que tu desnudez es la mejor lencería, incluso con ese par de libras de más (Venus del Milo). Al verte desnuda, no hay mejor misterio, porque te queda mejor tu piel ajustada a tu figura” (R. Arjona).
Miguel Aramayo
SCZ. 24-12-2011
