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Abrazar un árbol.

26 Mar

Abrazar un árbol.

Acabo de leer algo que transcribo a continuación: ¿Abrazar árboles es bueno para nuestra salud? 25/03/2015 Emol.- ¿Abrazar árboles es bueno para nuestra salud? Puede sonar algo descabellado, pero al parecer es algo más que una buena intención. Recientes estudios han demostrado que el acto de abrazar a los árboles, es beneficioso para la salud de las personas como también para los propios árboles. 

 

Esto es lo que plantea el británico Matthew Silverstone, en su libro (“Cegado por la Ciencia” en castellano), donde a través de sus páginas demuestra que los beneficios de abrazar árboles van mucho más allá del juego, ya que según Silverstone se ven grandes mejorías en enfrentar enfermedades como la depresión, dolores de cabeza o dolencias mentales como el síndrome de déficit atencional, entre otras, sólo con el hecho de abrazar como también comenzar a interrelacionarse con los árboles.

 

¿Y cómo se logra esta mejoría? Según el autor británico, citando varios estudios realizados en los Estados Unidos como en el Reino Unido, plantea la idea de que la vibración que generan los árboles y las plantas en general, al ser abrazado por los humanos, se alteren de manera positiva el funcionamiento del cuerpo.

 

Sin duda, puede ser una interesante opción médica y ambiental, ya que si comenzamos a tener una mayor relación con los árboles, estaremos nosotros mejor y la naturaleza también, al darnos cuenta que no podemos vivir sin ella”.

 

Hace más de cincuenta años y estando totalmente solo en Buenos Aires, al salir de una iglesia, después de escuchar la misa “De galle” en una Navidad, me abracé del primer árbol que pille en la Avenida Cabildo. Lloré hasta que se me acabaron las lágrimas, después de lo cual quedé tranquilo y con el ánimo suficiente para continuar por el camino y buscar como disfrutar de la vida, la vida que estaba comenzando para mí. El árbol también debió quedar feliz, porque con tanto llanto y de lágrimas saldas, debió saciar su sed, su sed de agua, de amor y de esperanzas.

 

Desde ese entonces, hasta ahora, siempre que pillo un árbol al que pueda abrazarme, lo hago con satisfacción, sobre todo, porque ya no necesito llorarle, la vida me compenso con creces después de mi primer abrazo a un árbol y no olvido el beneficio que ese acto me produjo y que hasta ahora lo siento en el alma.

 

También tengo otra anécdota sobre árboles, es la canción de Cortez, que titula “Mi árbol y yo” y que transcribo a continuación: “Mi madre y yo lo plantamos en el límite del patio, donde termina la casa. Fue mi padre quien lo trajo yo tenía cinco años y el apenas una rama. Al llegar la primavera cultivamos bien la tierra y lo cubrimos de agua con trocitos de madera, hicimos una barrera para que no se dañara. Mi árbol brotó, mi infancia pasó, hoy bajo su sombra que tanto creció, tenemos recuerdos mi árbol y yo. Con el correr de los años y mis pantalones largos me llegó la adolescencia, fue a la sombra de mi árbol una siesta en el verano donde perdí la inocencia. Luego fue tiempo de estudios con regresos a menudo pero con plena conciencia se acercaba un largo viaje sólo de ida el pasaje y así me llegó la ausencia. Mi árbol brotó, mi infancia pasó. etc. Muchos años han pasado y por fin he regresado a mi terruño querido y en el límite del patio ahí me estaba esperando como se espera a un amigo… Parecía sonreírme como queriendo decirme «mira… estoy lleno de nidos», ese árbol que plantamos hacen como unos veinte años cuando yo solo era un niño. Aquel que broto y el tiempo pasó… mitad de mi vida con él se quedó… hoy bajo su sombra, que tanto creció tenemos recuerdos… mi árbol y yo”. Alberto Cortez.

 También en colegio aprendí una poesía de Josefa Mujia que dice: El árbol de la esperanza: Árbol de esperanza hermoso, En copa y ramas frondoso Y elevado yo te vi: Ora en el suelo tendido, Destrozado y abatido Te miro, ¡triste de mí! Sin hojas y sin ramaje, Marchito y eco el ropaje De tu frescura y verdor: ¡Cuán corta tu vida ha sido! Contigo todo he perdido De la fortuna rigor. En tu tronco yo apoyaba Mi porvenir, y esperaba Recoger tu fruto y flor; Bajo tu sombra solía Recrear mi fantasía Y adormecer mi dolor. Siendo de edad aun temprana, En tu corteza yo ufana Catorce letras grabé; No eran dichas ilusorias, Ni de amores ni de glorias Las palabras que tracé. Contigo se ha derribado Todo el bien imaginado Que el pensamiento creó; Cual oscilación ligera Toda ilusión hechicera Contigo ya se extinguió”. Este poema lo escribió, si no me equivoco después de la muerte de su padre, que era su ilusión. Miguel AramayoSCZ. 26-03’2015