Algo sobre Bolívar (Volíbar – según su parida de bautizo)
Es tanto lo que se puede escribir sobre ese hombre, que se sorprendería cualquiera de ve la cantidad bibliografía que existe sobre el tema, pero ahora quiero aprovechar que se conmemora un día muy especial: Hace muchos años, un 15 de agosto, en el monte Sacro de Roma, el joven mantuano y oligarca, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, juró ante su maestro la libertad para su patria, ofreciendo su vida para cumplirlo. ¡Hoy los que deberían ser servidores públicos y garantes de ese juramento, lo pisotean! Violentando la vida, derechos y Libertad de los ciudadanos. Para poder compartir con ustedes un compendio de temas interesantes que muestran su caliad como hombre y muestran lo “grandioso que nos lego España”, pese a que él mismo nos independiso, pero pese a que dejamos de ser colonia, en nuestra sangre corre esa sangre, incluso en la de los que se dicen “originarios” y con toda seguridad en la de los usurpadores del poder indio, como muchos de los políticos de actualidad.
Mi relato lo baso en crónicas de Bolivia, desde su nacimiento hasta sus veinte años:
El padre Aristeguieta Bolívar, quien impuso el nombre Simón, dizque porque presentía que ese niño iba a ser, con el tiempo, el Simón Macabeo de América, refiriéndose al personaje bíblico, caudillo del pueblo judío.
Al año y cuatro meses de nacido, era uno de los niños más ricos de Venezuela en ese tiempo.
Don Juan Vicente Bolívar y Ponte, Marqués de San Luis, Caballero de Santiago y Coronel de las Milicias del Valle de Aragua, procedía de una estirpe española de origen vasco colmada de tradiciones y riquezas. El apellido Bolívar significa «Pradera del Molino» y su escudo nobiliario tenía en el centro un molino de viento.
Todos sus pariente son llamados en auxilio para intentar apaciguar los bríos del infante y darle la educación adecuada a su rango, con resultados desastrosos. Nada lograron los sabios educadores. Por el contrario, reafirmando el negro vaticinio del doctor Sanz, se forman muy mala idea de su discípulo y coinciden en asegurar que su carácter voluntarioso, inquieto y refractario a los libros y a cualquier disciplina, le auguraba el peor de los futuros.
Ese personaje, que incidirá tanto en la formación intelectual y humana de Bolívar, se llamaba Simón Carreño Rodríguez, quien, por algunas desavenencias familiares, especialmente con su hermano Cayetano, a quien no perdonaba su incurable fanatismo religioso, decidió abandonar el apellido de su padre y pasar a la historia con el apellido materno, como Simón Rodríguez.
Su buen estado físico, resultado de la gimnástica formación que de él hizo Simón Rodríguez, y su ancestral inclinación por la carrera de las armas, lo colocan a la cabeza de sus pares, con una aplicación sobresaliente, circunstancia que comienza a perfilar al futuro General en Jefe de aproximadamente 37 batallas, 27 de ellas victoriosas.
Coetáneamente con los acontecimientos sentimentales anteriores, Bolívar asistía a clases de Aritmética, Algebra, Geometría elemental, Trigonometría, Cosmografía, Geografía y Dibujo, en la Academia de Matemáticas del fraile capuchino andaluz Francisco de Andújar, fundada especialmente para él. Y, a pesar de la poca simpatía que, se dice, le tenía el joven profesor Andrés Bello, recibió clases de éste en Bellas Artes, Geografía e Historia.
Nos refiere Ramón Zapata, en su obra «Libros que leyó el Libertador Simón Bolívar», que «con tal entusiasmo se dedica Bolívar al estudio, que está a punto de caer enfermo. Este ardor creciente que el joven caraqueño pone en todas sus empresas y que, con su espíritu de independencia, constituyen los distintivos mismos de su alma fogosa, le impulsan a emprender la obra magna de ilustrar su inteligencia y aquilatar su cultura…. Trabaja con ahínco, mezclando la lectura de obras literarias con la de obras científicas, sin que su poderoso cerebro deje de asimilar nada de la sustancia. Su cultura intelectual, añade, tan descuidada hasta entonces, hace progresos asombrosos, con lo cual colma de sorpresas a cuantos le tratan, acostumbrados a no ver en él sino a un adolescente mediano y frívolo».
Recibe con atención clases de Matemáticas, Literatura, Historia, Filosofía, Español y Francés, idioma este último que dominará con fluidez. Comienza a progresar, ahora sí, en su ortografía. Además, aprende danza, esgrima, equitación y tiro al blanco, actividades en las cuales habrá de descollar. Lo corrobora su tío Pedro, en carta que escribe a Caracas a su hermano Carlos, el 22 de agosto de 1.799, refiriéndose a su sobrino Simón: «Sigue con gusto y exactitud el estudio de la lengua castellana, el escribir en que está muy ventajoso, el baile, la historia en buenos libros y se tiene preparado en el idioma francés y las matemáticas. Se ejercita, también, en la esgrima y la equitación».
Leyó epopeyas como la Ilíada y la Eneida y recorrió con atención «Las Vidas Paralelas de Plutarco». También leerá, más tarde, a Rouseau, a Voltaire, a Montesquieu, a los historiadores romanos, a algunos filósofos materialistas y los periódicos de la época.
Es aquí, en casa del Marqués, donde conoce una tarde a la españolita que será su única esposa, María Teresa Josefa Antonia Joaquina Rodríguez de Toro y Alaysa, también de noble estirpe.
María Teresa, huérfana de madre, mayor 1 año y 8 meses que Simón, no era hermosa, pero tenía la dulzura, el encanto y la gracia de los 19 años.
«Parece que el demonio dirige las cosas de mi vida», dijo Bolívar a Santander en carta fechada el 4 de agosto de 1.823, que sirvió de introito a Gabriel García Márquez para su novela «El General en su Laberinto». Y, en efecto, el demonio asechaba a la joven pareja tras el verdor de las plantaciones de la hacienda «San Mateo»: Apenas habían transcurrido 7 meses y 22 días de la celebración del matrimonio, cuando María Teresa comenzó a padecer fiebres persistentes, que fueron consumiendo rápidamente su frágil organismo, ante la impotencia de los médicos, que daban dictámenes contradictorios. A los 5 días de haber aparecido los primeros síntomas, muere la esposa de Bolívar, el 22 de enero de 1.803, acabados de cumplir los 21 años. Bolívar queda viudo a los 19 años y 5 meses de edad. Al día siguiente es sepultada en la Capilla de la Santísima Trinidad, la misma donde fue bautizado Bolívar y yacían los restos de los padres de éste, en la Catedral de Caracas.
Buscando mitigar su pena, parte de nuevo a España a fines de octubre de 1.803, cumplidos ya los 20 años, a darle rienda suelta a su nueva vida, exuberante de placeres, amores (su prima FANNY DE VILLARS, entre otras), lecturas, viajes, y observaciones; se reencuentra con la figura imperial de Napoleón en París e Italia y con las excentricidades de Simón Rodríguez en Viena; conoce a Humboldt y Bonplad, que acaban de regresar de recorrer el Nuevo Continente; hace el famoso juramento del Monte Sacro, en Roma, el 15 de agosto de 1.805. Visita los Estados Unidos de Norte América a principios de 1.807; recorre Washington, Filadelfia, Nueva York y Boston, y vuelve a Venezuela, el 2 de septiembre de ese año, a los 24 años de edad, a emprender la gran jornada bélica por la independencia.
Así lo reconoció muchos años después, el 28 de julio de 1.827, en conocida proclama: «Cartageneros: si Caracas me dio la vida, vosotros me disteis gloria: con vosotros empecé la libertad de Colombia».
Disfrutó del baile como lo disfrutan los naturales del litoral caribe. «El baile, decía, es la poesía del movimiento». Prefería el vals, de moda en esos tiempos, y bailaba horas enteras cuando tenía buena pareja. El baile le inspiraba y excitaba su imaginación.
Ingresó a la masonería en la Logia de San Alejandro de Escocia, en París, pero su temperamento nómada y su poco apego a los ritos y liturgias, no le permitieron perseverar en el cumplimiento de los deberes de la fraternidad y se desentendió de ellos, hasta alejarse de la institución.
A este hombre admirable, de excelente memoria, de modales europeos; de un metro con sesenta y siete centímetros de estatura; de hombros angostos, piernas y brazos delgados; de voz aguda pero dominante; de cejas espesas y ojos negros; de pelo también negro encrespado; de frente alta surcada de arrugas desde temprana edad; de nariz larga y orejas grandes; de piel morena; prematuramente envejecido, que llevó sobre sus hombros, como un Atlas, la pesada tarea de libertar cinco naciones y pretender gobernarlas unidas, lo agigantó, sin duda, su propia grandeza.
A pesar de ella, muere de la misma enfermedad de sus padres, a la una de la tarde del 17 de diciembre de 1.830, a los 47 años, 4 meses y 23 días de nacido, en la apacible quinta de «San Pedro Alejandrino», acompañado de su inseparable soledad.
Aunque la guerra es el compendio de todos los males, la tiranía es el compendio de todas las guerras.
Aunque me cueste la vida voy a impedir la guerra civil.
Bajo la dictadura ¿Quien puede hablar de Libertad?.
Cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de soberanía, según la voluntad de su conciencia.
Contra los canallas pueden emplearse las armas que usan ellos mismos.
Miguel Aramayo
SCZ. 15-08-2009 Se conmemora el juramento de Bolívar.
