Algunas veces estoy muy concentrado
Algunas veces estoy muy concentrado
Algo que realmente me tranquiliza cuando visito Italia es pasear por Porto Venere.
Portovenere es un pueblo pesquero medieval situado en el norte de Italia, justo al sur de Cinque Terre en la Riviera italiana. Vale la pena visitar
El antiguo «Portus Veneris» primero fue un centro de colonización benedictina con asentamientos en las tres pequeñas islas de enfrente (Palmaria, Tino y Tinetto), luego una base estratégica en la guerra entre Génova y Pisa, una conquista de los aragoneses en el siglo XV y, entre los siglos XVIII y XIX, el buen retiro de Byron y Shelley.
En 1998 se incluyó, junto con Cinque Terre y las islas de Palmaria, Tino y Tinetto, en la lista del patrimonio de la UNESCO. A primera vista, sin duda fascina la compacta secuencia de casas altas y variopintas. Un conglomerado de casas torre, unidas unas a otras. Más allá de esta muralla de color, tanto desde el puerto deportivo, con los depósitos de barcas, como desde la calle paralela, con las tiendas y las viviendas, se puede entrar en el pueblo, donde se suben callejones muy estrechos hechos de escaleras abovedadas muy empinadas, los llamados «capitoli». Y luego se pasea por el «carrugio» (vía Cappellini), que conduce a la explanada frente a la iglesia de San Pedro, en la punta del promontorio, terminada en el siglo XIII con un estilo gótico de bandas, con un campanario macizo con vocación defensiva. Por mar se llega a la isla Palmaria, con su característica vegetación, y a la isla del Tino, con un faro y los restos de una abadía.
Es algo que realmente disfruto, estando solo o acompañado, porque por lo menos viajo una vez al año para quedarme un fin de semana o como máximo una semana, está no muy lejos de mi residencia en París, son 975 km., que por tierra se pueden hacer en 12 horas o 45 minutos en avión o 7,5 horas en tren. El aeropuerto más cercano a Portovenere es Pisa que está a 60 km de distancia.
Siempre que estoy allá por lo menos un tarde, voy caminando por el espolón hasta llegar al castillo y me quedo a meditar viendo el mar en lontananza y apreciando la caída del sol o la salida de la luna. Es algo que me hace sentir que me escapo del mundo, sus problemas e inconvenientes y me aproximo a nuestro Creador para escuchar sus palabras y reproches que me hacen recapacitar y purifican mi espíritu, además de dar mayores ánimos a mi cuerpo.
La paz que se respira en esas latitudes del mundo es realmente reconfortante, porque el golpear de las olas contra las rocas y el piar de las gaviotas te hacen ver que realmente están únicamente en compañía de tu alma y puedes pensar respirando un aire que solo tiene la fragancia yodada del mar y la tranquilidad que se trasmite a tu alma sin ningún inconveniente. Desde ese punto del universo puedes apreciar la grandeza de la naturaleza y la bondad de Dios.
Si estas acompañado podrás apreciar mucho más a quien te acompaña y el chasquido de un beso sonará como una sinfonía y hasta podrás escuchar la vibración extraordinario de las caricias que prodigas y que recibes, que hará que sientas que tu pulso se para y que no necesitas ni respirar porque sentirás una sensación de espiritualidad, algo más que si estuvieras solo en un desierto.
Miguel Aramayo
SCZ.14-11-2024
