Así somos los hombres.
El ser humano es complicado, porque al ser el eje de la creación de Dios y tener, supuestamente, libre albedrío, él puede hacer lo que considera lo mejor. El mundo en que vivimos nos tiene condicionados y a medida que progresamos, los hombres asignamos valores a las cosas y ranquin de prioridades.
Cuando somos inocentes, nuestra familia, principalmente nuestra madre, tiene mucho valor, es lo primero es lo más importante en nuestra vida, aunque no tenemos conciencia ya sabemos el sabor de su leche y el calor de sus pechos y la extráñanos cuando se aleja de nosotros.
Cuando estamos en la pubertad y la juventud, nos alejamos un poco de la familia y comenzamos a dar más importancia a los amigos y comenzamos a tomar conciencia y valoramos más algunas cosas materiales, queremos vestir a la moda, con marcas, tener un mejor celular y comienza una tendencia más a lo material que a lo espiritual.
Llegamos a la juventud y se consolidan los cambios hormonales y por un momento dejamos de dar importancia a los bienes materiales para asignarle mayor importancia al “amor”, nos separamos más de la familia, nos alejamos de los amigos y nos entregamos al amor.
Concretamos el amor y la gran ilusión de emparejarnos, casi siempre casándonos, además nuestra efervescencia hormonal se tranquiliza y nuevamente comenzamos a darle importancia a los bienes materiales, necesitamos casa, muebles, viajes, auto y nos preocupamos por mejorar en el trabajo para tener más ingresos e incluso nos alejamos de nuestra pareja y nuestra prole, porque además de los bienes materiales nos nace el afán de crecer como personas.
Los años van pasando sin que nos demos cuenta, hasta que un día nos miramos al espejo y tenemos más cabellos blancos en nuestras sienes, nos comienzan a invadir las arrugas y nuestros músculos pierden vigor, en ese momento nos damos cuenta que hemos cambiado y comenzamos a cosechar los frutos de lo que hemos sembrado, es el momento en que lo material va perdiendo valor y tratamos de aferrarnos a los valores espirituales, pero los seres que más queremos parten a la eternidad, los hijos ya nos apartan de sus vidas.
A partir de ese momento nos damos cuenta que el tiempo comienza a mostrarnos que pasa con mayor velocidad, ya un año esperando que llegue la vacación de colegio, no es tan largo como cuando éramos chicos, ahora ya comenzamos a ver que la distancia entre el principio del año y la navidad se acortaron de tal manera, que los días se vuelven fugaces.
A partir de ese momento como que tenemos más necesidad de valores espirituales, le dedicamos más tiempo a pensar en Dios. Pareciera que eso es una lógica consecuencia de la vida humana. Es lo que Dios nos preparó desde el momento que nacimos.
Por eso pienso que debemos vivir con mesura y escuchar las palabras de nuestros mayores y vivir más apegados a Dios, a los valores espirituales, porque lo material se acaba, no sólo el dinero, el amor, la belleza.
Miguel Aramayo
SCZ. 22-08-2014 despedida de Contec a Jimena Santos, a quien tanto queremos.
