Buscando diablos, donde los diablos son escasos.
Hay gente que creó algunas ficciones para este gobierno, de manera de exaltar lo “indigenista”. Así como se inventaron novelitas caribeñas para dañar al oriente boliviano, se inventaron mitología, trajes, tradiciones y costumbres, como que los aimaras y los quechuas hubieran hecho uso de la escritura para transmitir su historia y tradiciones de generación en generación antes y después de la llegada de los españoles. Sabemos, que incluso la transmisión oral fue deficiente para esta gente y lo que tenemos ahora como cultura de esos pueblos, es simplemente una “aculturización” de esas dos etnias. Los aymaras más antiguos que los quechuas y de ambas, quien más vividamente nos transmite sus albores es el Inca Garcilazo de la vega, que siendo hijo de una india quechua de descendencia directa de los incas y de un español, de los primeros en llegar a América, amigo de Pizarro. Este personaje, el Inca Garcilazo de la Vega, nos muestran dos cosas muy importantes. Por un lado, que los españoles al llegar a América no trajeron mujeres y por lo tanto el mestizaje se inicio ni bien pusieron pie en tierra y, segundo, que los aborígenes quechuas y aimaras no poseían lenguaje escrito, además de que los aimaras eran inferiores a los quechuas, o por lo menos eran subyugados por éstos, porque era una civilización en decadencia. Incluso se sabe por Garcilazo de la Vega, que el Dios Sol, Inti, mandó a sus hijos, Manco Cápac y Mama Ocllo, para que hicieran entrar en razón a los aimaras que habían llegado a tal grado de degradación y pobreza que practicaban el canibalismo.
Tuve la oportunidad de ver una caricatura en www.peru21.pe, en una noticia que dice: “Bolivia reclama por el origen del Ekeko. Sostienen que la imagen es boliviana y tramitan la inscripción de este patrimonio ante la Unesco. Historiadores peruanos rechazan la hipótesis y aseguran que la efigie es altiplánica. Esto es lo mismo que la discusión sobre el origen de la “diablada”. A mi criterio, la mayoría de las tradiciones que tenemos, principalmente en Perú y Bolivia, tienen un origen hispánico. Si observamos la vestimenta de los diablos o del Ekeko, los dos son fácilmente identificables a la forma de vestir de los españoles y si fueron adoptados como propios por los quechuas o los aimaras, es simplemente porque los colonizadores usaron la fuerza de convencimiento de la catequización. Los curas copiaron muchas cosas de sus tierras de origen y la implantaron en America, convenciendo a los indios que era fruto del ingenio de ellos, o que Dios les había contado ese cuentito.
Con respecto a la diablada, es una tradición Catalana. “Las primeras noticias escritas según “Joan Amades”, están fechadas del 1150 en Barcelona, con el motivo de la boda de Ramon berenguer IV con la princesa Peronella. Los anales de la época lo señalaban como una representación de la lucha de unos diablos contra unos ángeles dirigidos por el Arcángel Sant Miguel. Un testimonio, citado en el libro de las Solemnidades de Barcelona y fechado del año 1423 los sitúa en la conmemoración de la llegada del rey Alfonso V de Aragón procedente de Nápoles El texto hace referencia a la representación de un combate de Sant Miguel y sus ángeles, contra unos diablos capitaneados por Lucifer. Posteriormente en el año 1623 constan en el libro de les deliberaciones del Común de la Ciudad de Barcelona, unas referencias del pagamento de un sueldo al pintor Frances Jornet por haber pintado unos vestidos nuevos de diablos. El diablo o diablot abre paso en la comitiva de la procesión de Corpus o actúa con un baile más del los que también participan. (Bastones, moixagangues, etc.). Una descripción de esta procesión Barcelonina del año 1424, explica el protagonismo de «…unos hombres salvajes y vestidos de sátiros…» que llevan una barra larga para la contención y retención de la concurrencia o en el cierre del cortejo
Con el Ekeko es diferente, porque efectivamente es una figura ancestral de la cultura incaica, venerada desde siglos antes de la Conquista. Sus seguidores le adoraban, pues se creía que, como el dios de la prosperidad y la fortuna, ahuyentaba la desgracia de los hogares y atraía la fortuna. Se piensa que existía y que se originó dentro de la civilización Tiwanaku, la cual habitaba en la zona del Altiplano y el Lago Titicaca. Al llegar los incas, estos adoptaron la imagen, y la convirtieron en una importante deidad de la fertilidad y la buena suerte. En sus inicios, el Ekeko era de piedra, jorobado, tenía rasgos indígenas y no llevaba ningún tipo de vestimenta; su desnudez era símbolo de sus poderes de fertilidad. Los curas trataron de hacerlo desaparecer como deidad y no pudieron, pero le cambiaron la fisonomía a mestizo y la vestimenta a cholo.
Luis Alviña
