Un encuentro en Podgorica
Un encuentro en Podgorica
Dika, una españolita sevillana, como toda su familia deambulaba el mundo vendiendo baratijas y sacando suerte. Era muy bonita, parecía uno de los retratos hiperrealistas pintados por Edmundo Machado (Maria Helena Amorín). No era solo su rostro bello, era todo un primor. El color de sus cabellos caoba tenue, la blonda cabellera se agitaba al viento con poquita brisa. Sus hombros desparramaban unos brazos terminados en manos que parecían flores. La cadera resaltada la fragilidad de su cintura, tenía un movimiento rítmico al andar aparentaba que los pies estuvieran pisando nubes. Sus ojos tan expresivos, no necesitaban que la boca emitiera sonidos, ellos hablaban por si solos y la sonrisa de esos labios mostraba tal dulzura, que dejaba paralizado cualquier corazón.
Dika era aficionada a escribir, cuentos, anécdotas, poema, además transcribía sus charlas en las que engatusaba a la gente, obteniendo de ellos verdades, alimentándolos con ilusiones pasadas, presentes y sobre todo futuras. Después de cada reunión de adivinanza lo captado transcribía en un encuadernado en cuero que conservaba su color natural. Lo guardaba con cuidado, donde solo ella tenía acceso. Utilizaba una estilográfica con la pluma bien finita y tinta azul brillante.
Sus planes eran estudiar literatura, así escribir con mayor seriedad y hacer una novela categorizada, de lo que tenía registrado en su cuaderno. Cada cierto tiempo releía aumentaba notas y hacia enmiendas con códigos que le daban la pauta a donde correspondían las notas así mantenía un orden, a medida que leía clasificaba cada historia, para poder diferenciar por temas.
En un viaje visitando parientes por Bulgaria, Rumania y Hungría, pasó por Montenegro, (antiguamente unida a Serbia. En Podgorica encontró con una mujer que quería saber cuál era su futuro.
—Señorita me comentaron que usted es muy hábil descubriendo el futuro de las personas.
—Lo que yo hago es deducir que le depara el futuro, en base a su pasado y como vive el presente, ambos datos por inercia se convertirán en el porvenir. —Puede expresare con toda confianza que nuestra charla será confidencial. —Las notas que tome a medida que usted me cuenta, solo servirán para diseñar lo que viene, será destruido y se convierte en cenizas—No necesita identificarse ni decirme su procedencia ni donde vive. —Si desea, podemos comenzar.
—Me interesa averiguar mi vida amorosa en el futuro. —Desde adolescente hasta casarme estuve enamora de un solo hombre y creí sería el único. —Tuve otros enamorados, sin importancia y siempre volvía al mismo, hasta que él decidido por otra muchacha. —Dios me envió alguien que se enamoré de mí, yo le retribuí, para borrar el pasado y sigo hasta. La pasión duro poco, hasta unir nuestras vidas. Después, pienso que Dios me castigo por lo pasado, en parte le culpé a mi compañero. Le llegué a contar intimidades con mi gran amor, a lo cual él reacciono, pero seguimos el rumbo que nos habíamos trazado y el tiempo fue pasando hasta hoy.
—No necesito que diga nada más, con ese poquito le auguro que usted continuará con su pareja en la monotonía ya establecieron. Llegarán al final del camino como hasta ahora, con alguno que otro reproche sin ninguna decisión que altere el porvenir. Continuará la felicidad que ya crearon y creyeron.
La consulta concluyo, la señora tomó de su bolso unas monedas de oro y entregó a Dika. Partió sin volcar la mirada, como resignada a su futuro, que no era incierto y que quizá se presentaba como lo había programado y que era coincidente con las palabras de la sevillana.
Dika transcribió la entrevista y adicionó unas notas que eran para su reseña, pero quedó pensando en lo irónica que es la vida y le pareció que esa historia es más o menos repetitiva y aunque parece monótona encierra mucho, mucho de lo que es la existencia de muchas personas.
Miguel Aramayo
SCZ.03-05-2024
Saludos.










