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30 Ago

Santa Cruz igual que Holanda

Anoche escuché a un alto personero de la Alcaldía de Santa Cruz, hablaba sobre todos los logros que había alcanzado esa persona, como una súper profesional y como una súper autoridad, todo lo pintaba de color de rosas y además cada cierto número de palabras (poquitas) lanzaba flores al alcalde, que sin la ayuda y visón de él no se hubiera podido alcanzar lo que hasta ahora se logró. Claro que en eso hay mucho de verdad porque lo están demostrando con obras.

 

Todo lo que dijo me hizo sentir feliz, porque de un momento a otro me pareció tan fácil, por esa larga alocución percibí que la bella ciudad de Santa Cruz, con todo el trabajo que desarrolla la Alcaldía de esta ciudad y sobre todo con la guía de esa autoridad y el respaldo del mejor alcalde, por bueno, eficiente, y de una visión extraordinariamente promisoria, en poco tiempo podríamos parecernos a Holanda, lo único que nos diferenciaría, es que aquí (Santa Cruz de la Sierra), no podremos cultivar los tulipanes porque necesitaríamos un poco más de frio y eso cuesta mucho si queremos refrigerar algunos lugares de cultivo.

 

Tampoco podremos tener molinos de viento, aunque con un poco más de esfuerzo de esa autoridad y el magnífico alcalde, todo es posible, incluso todos los canales los podemos tener con agua, para aparentar el aspecto de la ciudad europea a la que podemos parecernos, en no menos de cinco años más.

 

Lo que dijo esa autoridad me pareció tan fácil como pasear en bicicleta por las calles de Houten en Holanda. Pueblo donde el arquitecto Rob Derks desarrolló un diseño en el que propuso la creación de muchas ciclovías. Para quienes utilizaban el auto como medio de transporte, solamente unas pocas rutas periféricas, de manera que el acceso al centro de la ciudad en auto, está totalmente restringido. Mientras que los que se mueven en bicicleta pueden utilizar trayectos extremadamente cortos. En ciudades como Oslo, pretende prohibir los autos en el centro hasta 2019, y Helsinki, quiere que sus habitantes no necesiten usar el auto como medio de transporte para el año 2025.

 

Cuando llegué a esa reunión en un espacio de menos de diez kilómetros desde mi casa pudimos comprobara con mi mujer, que era la conductora, la indisciplina y falta de educación de los que conducen, especialmente los taxis vuelteros y los colectivos de servicio público, amén de los demás conductores que por ese caos están estresados y sin paciencia para soportar a los otros conductores.

 

Después de escuchar a la autoridad le di la razón, que vivimos en el caos y que es muy necesario y urgente que alguien ponga orden, pero también me puse a pensar en la calidad humana y cultural de mis coterráneos, esa tarea será una obra titánica, si se logra que cambiemos y mejoremos.

 

Desde luego que no debemos desanimarnos, todo es posible si uno se propone, pero creo que lo más importante es tener un poco de paciencia y poder educar unas dos generaciones, pero educarlas desde la escuela y no sólo enseñarles ciencias, lo que más falta nos hace es que la gente aprenda educación, respeto, comprensión.

 

Para lograr eso debemos ponernos manos a la obra y primero que nada preparar a nuestros maestros y después a nuestros niños, pero debemos recordar que la educación, el respeto, la comprensión, son valores que deben aprenderse desde el nacimiento hasta cuando se pasa a la escuela y eso depende de los padres, por lo tanto cuando dije que necesitamos educar a dos generaciones, me equivoqué, necesitamos educar a cuatro generaciones, para poder pasear en ciclovías y vías peatonales, con parqueos para bicicletas, donde la gente pueda dejar las bicicletas y volverlas a encontrar.

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 30-08-2017 Mañana cumpleaños de mi hijo Mauricio, mi Choquito.

 

29 Ago

El amor

Un hombre sentado en una playa de la costa azul de la Riviera francesa, una playa diminuta conocida como Calanque de port d’Alon, una de las mejores playas escondidas ubicada en la comuna de Saint-Cyr-sur-Mer. Cuyo acceso está protegido, es propiedad de una entidad de conservación del litoral. Su acceso por tierra se realiza por propiedad privada desde la carretera, o a través de un sendero costero público.

 

Sentado entre piedras con la mirada perdida en lontananza, como queriendo escapar de la realidad de este mundo, mientras meditaba sobre su vida, lo pasado, lo presente y queriendo adivinar lo que viene. Razonando sobre el amor, que a medida que transcurren los años se va transformando de pasión en costumbre, al extremo de que algunas parejas, que en un inicio tuvieron una existencia apasionada, llegan al punto de convivir con sus parejas como si fueran simplemente vecinos del espacio que comparten para vivir.

 

Mientras esos pensamientos revoloteaban en su mente, se fijó que, en la playa a muy corta distancia, que en ese momento estaba desolada, una botella de color ámbar era mecida por las olas. Esquivando las piedras de donde se encontraba, se aproximó a la orilla, donde morían las olas y jugueteaban con la botella. Tomó la botella en sus manos y se fijó que adentro estaba un papel. Sacó una cortapluma que tenía en el bolsillo y usando el tirabuzón extrajo el corcho y procuró sacar el papel sin dañarlo, pero no había forma de hacerlo, por lo tanto, decidió romper la botella, para eso se fue a un lugar apartado, donde las astillas de vidrio no dañaran a nadie y quedaran debajo de piedras que él fue acomodando después de tener el papel en su bolsillo.

 

Cuando cumplió con la tarea de enterrar los pedazos de vidrio, los mismos que golpeo para hacerlos más pequeños y menos peligrosos. Busco donde sentarse, caminó ligero en procura de un lugar cómodo, pero al mismo tiempo se dio cuenta que lo carcomía la impaciencia y la curiosidad por saber el contenido de ese pequeño papel y poder leer lo que decía. Soñaba con encontrar las coordenadas y el plano de un tesoro, pero se decepcionó al ver que era un poema, un poema firmado por Anthony Artman, nombre que no le llamó la atención en lo más mínimo y que por el aspecto del papel, la tinta y la caligrafía era de hace muy poco tiempo. Se puso a leer lo que decía el papel que había rescatado de la botella, que ahora era casi polvo. Leyó con calma y mentalmente y le agrado el poema, que por extraña casualidad concordaba con los pensamientos que daban vueltas en su mente el momento que divisó la botella. Volvió a leer, pero esta vez en voz alta, como queriendo darle la entonación que correspondía a la prosa y se escucho así:

 

De golpe cerrar la puerta, cansado, tan arto, con más dolor que rabia, más cansancio que deseo. Podemos vernos de frente, sin mirar nada dentro. Ya hay mares de distancia, de miedo y de hierro. Entre más tiempo pasa, mientras más te veo, más me olvido de ti, ya no sé quién eres. Ni tú sabes quién soy, ya no somos lo que fuimos. Milenaria historia en olvido, las ruinas de algo que fue. Y ya no es, corazón. Se ha quedado en el pasado, somos fantasmas del recuerdo, de un amor que se extinguió.

 

Después de recitar ese poema se quedó pensativo, el trozo de papel poseía la firma del posible autor, pero no tenía una fecha y se imaginó el aspecto que tendría quien escribió esos versos y se imaginó un hombre canoso, de mirada lánguida, alto y algo flaco, con ojeras profundas y una barba descuidada, con una edad incierta, algo similar a él, que en ese momento deambula por la Riviera francesa, en una playa desierta.

 

Miguel Aramayo

SCZ.29-08-2017

 

25 Ago

Mentiroso

Alguien dijo ¡mentiroso! Y fueron muchas las personas que se quedaron paralizadas por la aseveración. Ese alguien se quedó observando a todos los que los escucharon en ese momento y sin que se dieran cuenta los filmaba, porque estaba realizando un estudio, de ¿Cuál era la reacción de la gente, con respecto a esa afirmación?

 

Eso mismo hizo en diferentes escenarios, el primero fue en una estación de metro en Paris, pero lo mismo repitió en un parque, donde él estaba mimetizado y usaba un alta vos que estaba lejos de su ubicación y por lo tanto la gente no lo localizaba y él podía filmar la reacción de la gente.

 

Ese hombre, el que lanzaba ese grito ante mucho público, mientras grababa la reacción de las personas, lo hacía con la finalidad de hacer un estudio.

 

Leyendo el Clarín pude encontrar algo interesante, que transcribo a continuación: ¿Es posible vivir diciendo todo el tiempo la verdad? ¿Se le puede contar a todo el mundo, en cualquier circunstancia, lo que uno piensa? Un sentido de la convivencia social más elemental parecería indicar que no. Que la verdad como valor absoluto es más una aspiración moral que una práctica posible. Y un patrimonio exclusivo de los chicos y los locos.

 

La mentira, en cambio, es una parte habitual de la conducta humana. De hecho, la mayor parte de los adultos miente por lo menos un poco en su devenir cotidiano. Pero, ese plus ficcional que los individuos aportan a la narrativa de sus vidas para hacerla más bella o disimular algunos aspectos poco atractivos, ¿tiene consecuencias en la salud?

 

«Una vida tejida con una trama de mentiras y ocultamientos equivale a una vida no saludable, con consecuencias psíquicas y somáticas, porque implica sostener ideales de bienestar a costa de un profundo miedo y una gran desconfianza en la propia capacidad para enfrentar las cosas», dice Perla Pilewski, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

 

Entonces, ¿por qué la gente miente? «Se guardan secretos familiares, se los disfraza o se niega una realidad porque hay un enorme dolor psíquico, una vergüenza extrema, temor a enloquecer e incluso miedo a morir», describe la psicóloga Irene Meler, coordinadora del foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. «Una cosa es mentir y otra ocultar», discrimina Pilewski, de la APA. «Lo primero es inventar una realidad diferente; en cambio, el ocultamiento, es convertir un tema en tabú, directamente no hablar».

 

No todas las personas mienten por las mismas razones. «Lo que se quiere ocultar es siempre muy subjetivo», explica Pilewski. A algunos un pasado de pobreza les da vergüenza, a otros, orgullo; hay quienes engañan sobre su edad, otros inflan sus lecturas, inventan viajes o amores porque su experiencia les parece muy pequeña.

 

Después de lo que leí, tuve intenciones de buscar al tipo que estaba haciendo el estudio de los mentirosos en base al análisis de las reacciones de varias personas en un grupo, más o menos común.

 

Pero en lugar de eso me puse a pensar en mí mismo y quedé convencido que soy un mentiroso, pero no es algo que lo haga recién ahora, no, soy mentiroso desde que tengo uso de razón, pero espero que con mis mentiras no dañe a nadie, por lo menos esa no son mis intenciones. Soy feliz, así como soy y si miento es únicamente para bridarme felicidad, porque la vida de por si es dura, en cambio, así, mintiéndome, pienso como que la viva es mejor, y no daño a nadie, ¡por lo menos eso me imagino! Y al contrario comparto con todos, mi felicidad, ¡que puede ser mi gran mentira…!, pero si con eso hago felices a muchos, que importa, si es una mentira que cargaré en mi conciencia con la debida responsabilidad, que alguien (Dios) me hará rendir cuentas, y a Él no le podré mentir y no sé si me perdonará o tendré algún castigo por haber brindado la felicidad a mi entorno, …, si infle mis lecturas, invente viajes o amores porque mi experiencia parece muy pequeña… ¿Será que hice algo mal y debo rectificar?, o ¡sigo de mentiroso…!

 

Miguel Aramayo

SCZ.25-08-2017

 

22 Ago

El obsequio del ovni

Después que partió el ovni llegué a mi casa con el maletín de cuero y al abrirlo observe que contenía un computador ultra delgado y ultra liviano, tenía etiquetas con signos indescifrables, pero el teclado estaba en español, incluso existía la letra “Ñ”, era lo único que lo diferenciaba con relación al computador “Lenovo” que estoy utilizando, claro que era la mitad de espesor y la tercera parte de pesado, todo lo demás era igual, incluso el botón del mouse que se encuentra entre medio del teclado y es de color rojo, pero no tenía ninguna indicación del procesador, o alguna otra característica, tampoco poseía una marca conocida, únicamente un garabato, que seguramente ese era su distintivo, todas las características que se mostraban en la base, eran indescifrables.

 

Me puse en contacto con Ernesto y ni bien le conté lo que me había sucedido el tiempo que tardó en llegar a mi casa, fue más o menos el tiempo que tardo el ovni en desaparecer después de dejarme el regalo. Como yo también soy veloz, mientras Ernesto estaba en camino a mi casa abrí el que parecía un manual, estaba escrito en perfecto español, pero el tipo de letra que empleaba, más parecía manuscrito antiguo, pero perfectamente legible. Eran las instrucciones para el manejo y mantenimiento del computador, su transformador de corriente era muy delgado y pequeño, lo mismo que el enchufe para insertar en la corriente, con la particularidad que era adaptable a varios tipos de toma corriente, con sólo mover las clavijas que se deben insertar en el enchufe hembra, el conector para el computador era el nuevo USB-C.

 

Llegó Ernesto y quedó sorprendido con el computador, inmediatamente lo encendió y verificó que la carga de la batería estaba a full y por lo tanto no era necesario conectarlo a la corriente, pero comprobó en el manual que estaba fabricado para trabajar con corriente de 220 voltios, adicionalmente venia un mouse inalámbrico que funcionaba con bluetooh, según la información que se pudo leer después de encendido. Poseía un procesador tan veloz, que no era algo conocido por nosotros, era tecnología cuántica y tenía un chip de “60 qubits”. La luminosidad de la pantalla era de tal nitidez, porque además era tridimensional, pero realmente 3D, sin necesidad de usar lentes, ni bien pulsó el botón de encendido ya estaba en funcionamiento y venia instalado el Windows, la última versión y todos los programas para trabajar que ofrece Microsoft Office, el disco era uno de “estado sólido” de diez terabytes, la memoria funciona a una velocidad sorprendente.

 

El manual estaba tan bien explicado que su uso era para cualquier persona con conocimientos básicos de computación, la tecla “F1” desplegaba un holograma que prestaba una ayuda extraordinaria, pero además poseía un sistema de ayuda similar a “SIRI”, que te dejaba con la boca abierta, le preguntabas cualquier cosa y te respondía con un timbre de voz similar al tuyo, pero además por escrito, que podías imprimir inmediatamente.

 

El otro libro que daba la impresión de ser cuentos, en realidad era un complemento del manual, donde estaban algunos ejemplos de los diferentes programas, pero explicados de tal manera, que parecían guías para chicos, con figuritas que daban la impresión de ser dibujos animados.

 

Mientras Ernesto averiguaba todo lo que tenía el computador, entre lo que lo usaba y leía el manual, se quedó sorprendido al ver la autonomía de la batería, se podían trabar veinte horas continuas y se recargaba a full en dos horas.

 

Más sorprendido quedó cuando entró el primer mail que decía: “Miguel ya hemos tenido la confirmación que estás usando el computador, esperamos que estés satisfecho y puedas reemplazar el que tenías, cualquier falla que se te presente o cualquier consulta que te surja, estamos a disposición para solucionar los problemas a distancia. Además de Internet tienes un servicio similar por antena satelital, sin ningún costo.

 

Este es un equipo prácticamente indestructible, podrá ser sumergido en agua o cualquier otro líquido y no sufrirá ningún daño, de la misma manera ningún golpe podrá afectarlo, por fuerte que fuera éste. De todas maneras, como sabemos tu forma de cuidar tus equipos, tenemos la seguridad que será una buena herramienta de trabajo y nos podrás hacer algunos favores que necesitamos, sobre todo de información que puedes conseguir.

 

Miguel Aramayo

SCZ.21-08-2017

 

19 Ago

Un ovni

Como siempre, distraído mirando por la ventana de mi escritorio, esta vez vi algo extraño; primero pensé que era el sol que se reflejaba en algún vehículo que pasaba por el parque, era un circulo naranja, con el típico color naranja que tiene el fuego, con jaspes rojos y violetas. Pero a medida que me concentraba al ver ese destello, me di cuenta que no era lo que yo pensaba en un principio, no era el reflejo del sol. Era un disco que se mantenía en el espacio, se notaba una pequeña vibración, pero era algo imperceptible, salvo que estés tan concentrado, como me encontraba yo en ese momento.

 

Salí del escritorio y me aproxime a la palmera que está en mi jardín, con el objeto de buscar su sombra, pero al mismo tiempo la aproximación al objeto que se veía a muy corta distancia, en el parque entre dos árboles, el tarumá y el jorori, su diámetro era algo incierto, pero me animaría a decir que era un disco de aproximadamente unos seis metros de diámetro y con un espesor que no excedía de los tres metros, parecía una pelota de futbol americano. Su brillo era intenso, daba para encandilar, pero como mis lentes son foto cromáticos, aminoraron ese brillo y me dejaron apreciar.

 

Entré nuevamente a mi casa, pero esta vez para sacar la llave y poder abrir el candado de la rejita chica y poder salir a la calle, hice eso y sentí como una atracción hacia el objeto que se mantenía suspendido en el parque. No había ni un alma, era algo más de la una y por lo tanto la gente estaba almorzando o durmiendo siesta, en mi casa yo estaba solo, como estoy casi todos los sábados del año, estaba haciendo hora en espera de mis nietos para salir a almorzar.

 

Caminé en dirección del parque, crucé la calzada, por la parte más ancha, donde se unen cuatro o cinco calles, el objeto había descendido en la grama y se observaba algo similar a una escalera, o quizá una rampla que facilitaba el descenso de personas de la nava hacia el pasto. Me quedé quieto y boquiabierto, un personaje de baja estatura y cuerpo delgado, de brazos más largos que lo normal y con una escafandra que no permitía percibir su rostro, descendió. En la mano llevaba algo similar a un maletín de mano, que aparentaba ser de cuero, café oscuro.

 

Cuando estuvo pisando la grama, camino en mi dirección y yo hice lo mismo, como queriendo encontrarme con ese personaje, no tuve ningún temor, me pareció algo muy natural ese mi proceder y el actuar del individuo que se aproximaba.

 

Cuando estuvimos a corta distancia, tan corta que si ambos estirábamos nuestros brazos podríamos darnos la mano, y eso fue lo que hicimos en forma automática, yo lo miré distinguiendo simplemente un reflejo en el vidrio visor de su escafandra, no supe si el hacía lo mismo, pero por el brillo imperante en el ambiente, mis lentes estaban totalmente oscuros, quizá con un filtro de más del setenta por ciento.

 

Nos dimos la mano, pero de una forma anodina y a continuación me entregó el maletín, entornó su cuerpo y retornó a su nave. Yo me quedé petrificado, no entendía en absoluto que es lo que sucedía. Cuando el ser extraño ingreso en su capsula, se levantó la escotilla, hasta cerrar la nave y como un suspiro se elevó a tal velocidad, que no me dio tiempo de ver nada, era como si una aparición hubiera desaparecido, se hubiera esfumado, al extremo que me dejó la sensación de que nunca sucedió nada, a no ser por el maletín que permanecía en mis manos.

 

Retorne a la casa, cerré la rejita y pegué el candado, al entrar a mi casa dejé el maletín sobre uno de los sillones de mi escritorio y me dirigí a la cocina para servirme un vaso de agua, retorné al escritorio y antes me miré en el espejo de entrada, mis lentes ya no estaban oscuros, mi rostro no denotaba nada extraño, pero me fije que mi cabello tenía un brillo azulado, podría ser porque esa mañana use champú y crema, o que en algo influyó el brillo de la nave con la que tuve contacto.

 

Abrí el maletín y dentro de él había un computador muy delgadito y dos libros que parecían ser manuales de operación o de instrucciones, el computador era ultra delgado y no tenía nada particular a la vista, salvo que el material con el que estaba construido era muy liviano, mucho más liviano que si fuera de fibra de carbono. Hojeé los libros y estaban en español, uno era con instrucciones técnicas y el otro era un cuento con algunas laminas a colores.

 

Amigos, después les contaré de que se trata el obsequio que recibí de extraterrestre, o por lo menos extraño personaje y de la nave que podría ser catalogada como un objeto no identificado.

 

Miguel Aramayo

SCZ.19-08-2017

 

7 Ago

La Habana sin tacones

El título de esto, es el del libro que acabo de leer, escrito por la periodista María Elena Labaud. Más que leerlo, me lo comí. Muestra lo que es la Habana, la que es Cuba y que tanto conocemos por sus logros y sufrimientos históricos, Por ese bendito José Martí y por ese maldito Che y más aún por ese par de hermanos que lograron destruirla y llevarla a la inanición en que se encuentra y desde principios de este siglo convertirla en un virus cancerígeno que hizo metástasis en Centro América y América del Sur, disfrazada o por lo menos, con la máscara del Foro de San Pablo.

 

Este libro muestra las crónicas escritas por María Elena, de un viaje que hizo a Cuba en agosto del 2010. Con una fluidez y una sencillez, que estoy seguro, puede ser comprendida incluso por aquellos que leyeron más de veinticinco mil libros y por los que no leyeron ningún libro, pero que no lo creerían sus bases, porque ellas están obnubilados por las historias que les cuentas en multicolor, de las cosas bellas que alcanzó la revolución socialista en Cuba y los logros fantásticos que está alcanzando Venezuela con los gobernantes que entregaron su patria al Socialismo siglo XXI y que quieren seguir el camino de Cuba y que para eso se convirtieron en una colonia de esa bella isla, que los está ordeñando muy sutilmente.

 

El libro es un relato, desde que inicia los trámites para viajar, el viaje, su llegada a la Habana y su estadía en pocos días, pero es tan ameno, porque además permite conocer la Habana. Para aquellos como yo, que no estuvimos nunca en esas latitudes. Desde el prefacio ya uno se adentra en el camino que María Elena transitó, expresando sus temores, sus asombros, sus sobresaltos y las expresiones de los personajes con los que se intercomunica.

 

El detalle con el que narra los lugares por los que anduvo, a pie, en taxi, en cocotaxi y, el sabor de lo que probó como comida, bebida y las conversaciones que sostuvo con sus interlocutores. Me gustó mucho el relato de su visita a la casa de Hemingway, es tan descriptiva que si me pidieran que relate como es la casa, la piscina, el yate, el atracadero, el puerto y los objetos descritos, que estoy seguro que los podría repetir, como si fuera yo el que estuvo en esos lugares. Lo mismo sucede con lo que relata de la noche que pasó en la leyenda que es el cabaret Tropicana.

 

Su paseo en el city tour, con la descripción de los personajes que la acompañaron, el comportamiento del encargado de hacer las explicaciones turísticas y responde las preguntas formuladas por los turistas, con las correspondientes respuestas. La repetición de este paseo en un taxi que tomó para este fin y su paseo a pie, para profundizar sus incursiones en los lugares que le interesaban, como la Bodeguita, o el bar donde se encontró con una muchacha con la que compartieron un mojito y ella le obsequio un lápiz labial y un espejo para que pueda verse la boca pintada y ella le cuente que, pese a que le gustaba hacer el amor, no lo hacía desde que murió su marido, porque le daba miedo contagiarse alguna enfermedad.

 

En todo lo que relata, se me paraban los pelos de punta, porque nadie podría creer que, en las casas con cielos rasos muy altos, se construye un segundo piso en cada habitación, para subsanar el problema de falta de viviendas y a eso le llaman “barbacoa”, la prohibición de matar una vaca para comérsela, el costo de los alimentos y el racionamiento escandaloso de los mismos, la falta de medicina y la educación que no te brinda ningún beneficio, porque un médico gana lo mismo que un taxista, pero que el taxista no es dueño del taxi que maneja y que hasta las prostitutas deben registrarse para ejercer su oficio, porque el caficho (que es como si el estado fuera el proxeneta que comparte ganancias con la prostituta, que no puede ejercer libremente), eso es el propio estado, que nadie es dueño de nada, porque el estado es dueño de todo y les asigna un sueldo, disque, de acuerdo a sus necesidades.

 

Todo está controlado y todo tiene castigos monetarios y cárcel, al extremo que si alguien ve un programa de televisión por cable va preso el que lo provee y el que lo ve pierde su televisor y le cargan una multa.

 

Visito a los santeros y explica con mayor profundidad el tema de los Orishas, que es algo como la asimilación de los dioses africanos a los santos católicos. También conoció la última casa que habitó el Che, del cual dice: “…para sus detractores, se trata de un criminal responsable de asesinatos en masa ajusticiamientos y un sinfín de atrocidades.”

 

Es un libro que deberían leer todos en Venezuela y en Bolivia, que aparentemente son los únicos que quedan del ALBA en Sudamérica y añoran el paraíso cubano.

 

Miguel Aramayo

SCZ.07-08-2017

 

27 Jul

Mi primer dron

Para que mis sueños sean más reales y poder practicar lo que en el futuro será muy común para un sinnúmero de tareas, he comprado un “dron” es una miniatura que cabe en la palma de mi mano e incluso es más chico y puedo comandarlo con mi celular, además que cuesta noventa dólares.

 

Hice la primera prueba, encendí las luces, puse en funcionamiento la cámara, que permite sacar fotos o hacer filmaciones, directamente en la memoria del celular. Ya logré encender sus cuatro motores, lo hice elevar del sueldo lo hice volar y lo suspendí casi cuatro metros, lo hice volar algo más de cinco metros, también logré hacerlo descender y lo apagué.

 

Me hubiera gustado tener unos cincuenta años menos, para tener la mente, la vista y las reacciones más rápidas, pero como el aparatito no requiere que corra detrás de él, ensayaré hasta dominarlo, pero no pienso perder mucho tiempo, porque algo que con la edad disminuye, es la paciencia, ya que uno tiene objetivos de mayor valor, que perder el tiempo en juegos.

 

Cuando era chico me quedaba horas averiguando como era posible que una ferrita con la cual se hacía una bobina y se conectaba a un auricular, por inducción te permita escuchar algunas estaciones de radio, con la única condición de aproximarse a un poste de luz, de esos postes metálicos, que ya no se usan más.

 

Los muchachos de mi generación éramos tan ingenuos y sin nada de conocimientos científicos, que ahora comparo a mi generación con la generación de mis nietos y algunos más chicos que mis nietos y ellos lo saben todo, porque la tecnología se adecuó para ser inductiva, por lo tanto, ahora los chicos usan la imaginación y la razón y logran descubrir más rápido, lo que a nosotros nos cuesta un mondo. Con todos los adelantos científicos, la mente despierta de los chicos y la influencia de la televisión, el crecimiento científico será exponencial. En nuestras épocas hasta los computadores eran más lentos, porque los conductores de ahora no se calientan tanto, existen almacenamientos de mayor capacidad, porque el sistema binario fue superado.

 

Los comandos manuales de los juegos electrónicos, que son algo común desde hace más o menos unos 20 años atrás, ahora son herramientas empleadas por médicos, militares y un sinfín de otras actividades, como el manejo del dron que estoy estrenando, que estoy seguro que cuando lo vean mis nietos lo usarán a la perfección, porque ellos sí que están acostumbrados a los comandos manuales.

 

Ayer me elevé en una alfombra voladora con la ayuda de un genio, para visitar a mi nieta, los chicos de ahora se subirán a un dron y lo conducirán ellos y se movilizarán por donde quieran y se reirán de los sueños del abuelo, del abuelo que todavía creí en el señor de los anillos, en Alibaba, en Aladino, la lámpara maravillosa y hasta en la cigüeña.

 

Todos esos beneficios, de los que disfrutan ahora, se lo deben a la gente de mi generación, que se quemó las pestañas estudiando, experimentando y haciendo un sinfín de pruebas, porque el mayor crecimiento científico se produjo a partir de la segunda mitad del siglo XX, gracias al legado de científicos que se esforzaron en la primera mitad del mismo siglo.

 

Estoy seguro que, con mi nuevo juguetito, podré soñar más y a mayor velocidad para escribir historias, incluso historias de amor, pero seguro que disminuirá mi producción de poesías y poemas, aunque es difícil que se borren mis deseos de continuar escribiendo temas románticos.

 

Miguel Aramayo

SCZ.27-07-2017

 

26 Jul

Un viaje cortito

Recordé que varias veces viajé en alfombra, para visitar a mis nietos, cuando ellos estaban viviendo en Dubai, mientras esos ensueños volvían a mi mente, también me acorde donde estaba la alfombra en la que hice esos vuelos y fui en su busca. La tomé en mis manos, como si se tratar de un tesoro, la desempolve, aunque de apariencia estaba totalmente limpia, pero como yo ya estoy viejo y se me acurren cosas pelotudas y de la caduquera propia de gente mayor.

 

La volví a desempolvar y me fui con ella al fondo del jardín, donde nadie me ve, donde nadie busca, donde yo soy yo y no tengo ninguna interferencia. Además, era un sábado en la tarde y el perro no estaba en casa, había ido al campo con su amo (mi nieto mayor) y en días como ese mi mujer busca que hacer para dejarme solo. Extendí la alfombra en la grama, pero primero tuve el cuidado del espacio elegido, que esté totalmente limpio.

 

Pasé por la cocina y comí un poco de fruta, además de tomar dos vasos de leche y llevarme un paquete de maní tostado y de uvas pasas. Regresé al jardín y con mucho cuidado y cariño me senté en la alfombra e invoqué al genio que siempre nos acompaña en estos vuelos y oficia de piloto. Estuve con los ojos cerrados y totalmente concentrado, pensando en el genio. Escuché una voz en mi interior, pero que al mismo tiempo resonaba en el exterior, pero en un tono más débil, la vos decía: ¿Dónde vamos amo? Esa pregunta me volvió a la realidad y como estaba pensando en mi nieta Lucia, le respondí ¡a Buenos Aires…!

 

El cielo era azul, no tenía ni una sola nube, el viento ni se sentía, en la alfombra éramos dos, el genio que estaba con los pies fuera de la alfombra, vestido como visten todos los genios, con un turbante muy azul (azul índigo) con un rubí que adornaba el frente del mismo y esos pantalones abombachados y por zapatos unos zuecos de satén, como si su único caminar fuera entre las nubes. No se sentía que estuviéramos volando, no había ni ruido de motores ni sobresaltos por las turbulencias, estábamos viajando como me gustaría que fueran todos los vuelos, lo único que me faltaba era un poco de música de Franck Pourcel, porque el genio que me acompaña habla lo estrictamente necesario, por lo tanto, es más el tiempo que está en silencio.

 

Hasta ese momento no había fijado mi mirada abajo y grande fue mi sorpresa al ver algunas montañas y poca vegetación, estábamos en la frontera de Bolivia con Argentina y según lo que me dijo el genio en menos de quince minutos estaríamos en Buenos Aires, agarré el celular y por arte de magia me comuniqué con mi nieta, para que me dé su dirección, porque estaba a punto de visitarla. No me creyó y tampoco quise insistir, me dio la dirección de un condominio en la localidad de Ingeniero Maschwitz, entre Avenida Braun y Calle La Plata, en la provincia de Buenos Aires del Partido de Escobar.  Quedamos en encontrarnos en la plaza, que está a tres cuadras de la dirección que me dio.

 

Llegamos a la plaza, casi al mismo tiempo y por lo tanto me vio bajarme de la alfombra, pero quizá no se dio cuenta, porque estaba caminando muy distraída, bestia de gin y una camisa de franela con diseño escocés, con el cabello suelto a la espalda y como siempre me saludo muy efusiva:

 

–Abuelo que se te ocurrió visitarme.

 

–Te extrañaba y como también quise visitar a mi amigo Héctor (el gordo), dije, primero paso para visitar a mi nieta y ver cómo le está yendo en los exámenes y darle un beso, además de desearle suerte y conversar todo lo que no pudimos hace una semana atrás.

 

Hablamos un montón y después de que me despedí de mi nieta, el genio me hacía señas desde detrás de un Palo Borracho, quería saber que haríamos. Nos subimos a la alfombra que la tenía escondida y arrancamos vuelo con dirección a La Plata. Eso les cuento otro día, que este de ocioso como estoy en este momento.

 

Miguel Aramayo

SCZ.26-07-2017

 

25 Jul

Cosas de amor

Hace muchos, pero muchos años atrás, tantos que es difícil poder establecer si fue antes de la era cristiana. Junto con los libros religiosos, el antiguo y el nuevo testamento, también se encontraron otros escritos que los arqueólogos, los buscadores de tesoros antiguos, algunos estudiosos y quizá algunos simples curiosos se encontraron con desechos o desperdicios eliminados por los sabios, sin llevar el apunte a documentos que siendo del cotidiano vivir de esos pueblos antiguos fueron desechados. Puede ser que esos escritos no fueron encontrados por los eruditos y es por eso que permanecieron donde estaban.

 

Me puse a clasificar eso que los científicos consideraban basura y por pura casualidad descubrí algo escrito por gente común y corriente de esa época, (recopilado por Patricia Rodón) sí, de esa época que no se puede decir a que era pertenecía y cuya escritura era mucho más simple de entender, porque no correspondía a tablillas con escritura cuneiforme, ni tampoco a papiros con jeroglíficos egipcios, hebreos o arameos. Los textos cuneiformes estaban escritos en acadio, elamita, hitita, luvita, persa antiguo y ugaritico.

 

No tenían ningún interés religioso en lo que encontré para leer, estaba interesado en las trivialidades que podrían escribir la poquita gente que tenía ese privilegio y que no pertenecían al grupo de la gente que escribía sobre temas religiosos, de todas maneras, sabía que era fácil perderse en el maremágnum de los libros tales como: El Pentateuco, el Tanaj, la Torá, el Nevilim y el Ketuvim, era cosa complicada y en eso estaban mucha gente.

 

Yo querían saber que escribía la gente común sobre política, amor, temas científicos, e incluso recetas de cocina o manuales de como fundir los metales, y como utilizar la fragua, para hacer utensilios de labranza o armas para la guerra, o simplemente platos y cubiertos. Encontré que hombres y mujeres célebres abrieron su corazón en cartas confesando amores a primera vista, pasiones no correspondidas, ansias secretas y deseos imposibles. Leí un puñado de esos ardientes textos privados. Grandes personajes como Enrique VIII que enloquecido por Ana Bolena, Napoleón por Josefina, Perón por Evita, o Bolívar por Manuelita, Sigmund Freud por Martha Bernays, Gabriela Mistral por Manuel Magallanes Moure o Pablo Neruda por Matilde.

 

Encontré el libro más antiguo sobre cartas de amor, un códice del siglo XII escrito por un clérigo llamado Guido. El texto, llamado Modi dictaminum, está escrito en latín y sobre pergamino, y contiene consejos para todo tipo de cartas, entre ellas las de amor, que ocupan todo el cuarto capítulo. Sus recomendaciones van desde alabar la belleza de la amada, comparándola con piedras preciosas, hasta hacer referencia a versiones mitológicas de la pareja de enamorados, como Paris y Helena de Troya. Ese libro enseña la manera en que la mujer debe escribir al marido, como el modo en que deben hacerlo los amantes, cómo presentarse a la amada y cómo despedirse. 


El autor aconseja también figuras retóricas que indiquen la incapacidad para expresar lo que se siente, como: «Cuán profundamente te amo no podría expresarlo con palabras ni, aunque todos los miembros de mi cuerpo pudieran hablar».


Despedirse con «tantos saludos como peces hay en el mar» o «como flores trae el verano», referirse a la amada diciendo que «vuestra belleza sabe», «vuestra dulzura conoce» y «ya es conocido a vuestra nobleza» o hablar de los momentos felices con expresiones como «el ánimo no soporta tanta felicidad» son otros de los consejos del manual. 


También alude al amor físico: besos, abrazos y deseo. El clérigo utiliza ejemplos, en la misiva G. se dirige así a su esposa: «Tu afecto, amiga mía dulcísima, sabe que por el perfume de tu amor no me negaría a escalar montes o a atravesar a nado mares, e incluso afrontar peligros de muerte». Seleccioné fragmentos de algunas cartas de amor cautivantes que se han escrito a través de la historia; cartas que hablan de amores a primera vista, amores no correspondidos, amores secretos, amores imposibles; cartas sin terminar y cartas que, incluso, no siempre llegaron.

 

«Mi corazón y mi persona se rinden ante ti suplicándote que sigas favoreciéndome con tu amor», escribió Enrique VIII a Ana Bolena en 1528, ocho años antes de decapitarla.

 

Napoleón Bonaparte escribió cartas a Josefina. “Mi dulce Josefina, ámame, que estés bien y pienses muy a menudo en mí”, pero más tarde le decía: «Es imposible estar más débil y degradado. Vuestros pensamientos envenenan mi vida, desgarran mi alma». Un tono distinto apenas un par de meses después: “No te amo, en absoluto; por el contrario, te detesto, eres una Cenicienta malvada, torpe y tonta. Nunca me escribes, no amas a tu marido”. Luego en brazos de María Walewska, confiesa: “No he visto más que a usted, no he admirado más que a usted, no deseo más que a usted”.

 

La carta de Juliette Drovet a Victor Hugo es directa y simple: «Te quiero, ante todo y después de todo, te quiero, te quiero, te quiero». Lord Byron en su relación con Caroline Lamb, una dama casada con otro: “Prometo y juro que ninguna otra, de palabra y obra, ocupará jamás el lugar en mi afecto, que es y será el más sagrado para ti, hasta que yo sea nada”. Oscar Wilde superó a Byron: “Niño mío”, comienza una de sus cartas a lord Alfred Douglas, “es una maravilla que esos labios de pétalo de rosa rojos tuyos sirvan igual para la música del canto que para la locura del besar”.

 

Freud era muy tímido y no tenía experiencias sexuales y se enamoró de Martha Bernays, una amiga de su hermana y llevó un romance victoriano, le escribió más de novecientas cartas de amor, donde la llamaba «princesita». Otro amor notable: «Te amo únicamente a ti, no tengo nada; ni capacidad, ni inteligencia, nada, nada, tengo el amor. Es terrible. Y es por eso que si te perdiera me perdería a mí misma y ya no sería entonces Gala, sería una pobre mujer como hay miles y miles. Tienes que comprender que no tengo nada mío, tú me posees enteramente. Y si me amas cuidarás preciosamente tu vida, porque sin ti sería como un sobre vacío», le escribió Gala a Paul Eluard, su esposo, casi las mismas palabras que luego le dirá a Dalí.

 

En un estilo más directo y simple, también se puede declarar el amor, como lo hace en un telegrama Nathalie Paley al poeta y dramaturgo Jean Cocteau, que apenas dice: «Yo también, mi amor, en todas partes y siempre». Gabriela Mistral le escribe al poeta chileno Manuel Magallanes Moure «Te adoro, Manuel. Todo mi vivir se concentra en este pensamiento y en este deseo: el beso que puedo darte y recibir de ti».

 

De todos los amores de Pablo Neruda, el de Matilde Urrutia fue quizá el más intenso y prolongado. Una pasión encendida y secreta al principio, cotidiana y doméstica al final. El tumultuoso poeta no se priva de nada al escribirle a su “Chascona”, a su “cochina Patoja”. En una carta de octubre de 1951 le dice: “Yo pienso en ti día y noche, noche y día, amor mío, dulce mía, y no sé si te quiero, pero te quiero. Eres mía y te beso”, en diciembre de ese mismo año la increpa: “Yo confío en tí, y aunque no tenga sino tu silencio qué me importa, (…) sé que eres mía y que soy tuyo y las cartas y las noticias sobran, nuestro amor llena todo, y cada cosa te hablará de mí a toda hora, y todo me trae noticias tuyas.  Te quiero mi amor, no seas perra, espérame. Tu Tuyo”. 

 

En su abundante correspondencia amorosa con Manuela Sáez, Simón Bolívar es capaz de olvidarse de la política. “Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo”, le escribe en 1825.

 

Muy diferentes son las cartas de Perón a Eva Duarte, su “tesoro adorado” y su “chinita querida”. Un sentimiento plenamente correspondido por Evita, que promete a su “Juancito” amor eterno y adoración desde el cielo porque “yo vivo en ti, siento por ti y pienso por ti”.

 

Franz Kafka le escribe a Milena una bellísima frase que bien sirve para cerrar esta nota de Patricia Rodón: «Las cartas de amor son una relación con fantasmas: los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas por el camino».

 

Miguel Aramayo

SCZ.25-07-2017

 

 

 

 

25 Jul

Cosas de amor

Hace muchos, pero muchos años atrás, tantos que es difícil poder establecer si fue antes de la era cristiana. Junto con los libros religiosos, el antiguo y el nuevo testamento, también se encontraron otros escritos que los arqueólogos, los buscadores de tesoros antiguos, algunos estudiosos y quizá algunos simples curiosos se encontraron con desechos o desperdicios eliminados por los sabios, sin llevar el apunte a documentos que siendo del cotidiano vivir de esos pueblos antiguos fueron desechados. Puede ser que esos escritos no fueron encontrados por los eruditos y es por eso que permanecieron donde estaban.

 

Me puse a clasificar eso que los científicos consideraban basura y por pura casualidad descubrí algo escrito por gente común y corriente de esa época, (recopilado por Patricia Rodón) sí, de esa época que no se puede decir a que era pertenecía y cuya escritura era mucho más simple de entender, porque no correspondía a tablillas con escritura cuneiforme, ni tampoco a papiros con jeroglíficos egipcios, hebreos o arameos. Los textos cuneiformes estaban escritos en acadio, elamita, hitita, luvita, persa antiguo y ugaritico.

 

No tenían ningún interés religioso en lo que encontré para leer, estaba interesado en las trivialidades que podrían escribir la poquita gente que tenía ese privilegio y que no pertenecían al grupo de la gente que escribía sobre temas religiosos, de todas maneras, sabía que era fácil perderse en el maremágnum de los libros tales como: El Pentateuco, el Tanaj, la Torá, el Nevilim y el Ketuvim, era cosa complicada y en eso estaban mucha gente.

 

Yo querían saber que escribía la gente común sobre política, amor, temas científicos, e incluso recetas de cocina o manuales de como fundir los metales, y como utilizar la fragua, para hacer utensilios de labranza o armas para la guerra, o simplemente platos y cubiertos. Encontré que hombres y mujeres célebres abrieron su corazón en cartas confesando amores a primera vista, pasiones no correspondidas, ansias secretas y deseos imposibles. Leí un puñado de esos ardientes textos privados. Grandes personajes como Enrique VIII que enloquecido por Ana Bolena, Napoleón por Josefina, Perón por Evita, o Bolívar por Manuelita, Sigmund Freud por Martha Bernays, Gabriela Mistral por Manuel Magallanes Moure o Pablo Neruda por Matilde.

 

Encontré el libro más antiguo sobre cartas de amor, un códice del siglo XII escrito por un clérigo llamado Guido. El texto, llamado Modi dictaminum, está escrito en latín y sobre pergamino, y contiene consejos para todo tipo de cartas, entre ellas las de amor, que ocupan todo el cuarto capítulo. Sus recomendaciones van desde alabar la belleza de la amada, comparándola con piedras preciosas, hasta hacer referencia a versiones mitológicas de la pareja de enamorados, como Paris y Helena de Troya. Ese libro enseña la manera en que la mujer debe escribir al marido, como el modo en que deben hacerlo los amantes, cómo presentarse a la amada y cómo despedirse. 


El autor aconseja también figuras retóricas que indiquen la incapacidad para expresar lo que se siente, como: «Cuán profundamente te amo no podría expresarlo con palabras ni, aunque todos los miembros de mi cuerpo pudieran hablar».


Despedirse con «tantos saludos como peces hay en el mar» o «como flores trae el verano», referirse a la amada diciendo que «vuestra belleza sabe», «vuestra dulzura conoce» y «ya es conocido a vuestra nobleza» o hablar de los momentos felices con expresiones como «el ánimo no soporta tanta felicidad» son otros de los consejos del manual. 


También alude al amor físico: besos, abrazos y deseo. El clérigo utiliza ejemplos, en la misiva G. se dirige así a su esposa: «Tu afecto, amiga mía dulcísima, sabe que por el perfume de tu amor no me negaría a escalar montes o a atravesar a nado mares, e incluso afrontar peligros de muerte». Seleccioné fragmentos de algunas cartas de amor cautivantes que se han escrito a través de la historia; cartas que hablan de amores a primera vista, amores no correspondidos, amores secretos, amores imposibles; cartas sin terminar y cartas que, incluso, no siempre llegaron.

 

«Mi corazón y mi persona se rinden ante ti suplicándote que sigas favoreciéndome con tu amor», escribió Enrique VIII a Ana Bolena en 1528, ocho años antes de decapitarla.

 

Napoleón Bonaparte escribió cartas a Josefina. “Mi dulce Josefina, ámame, que estés bien y pienses muy a menudo en mí”, pero más tarde le decía: «Es imposible estar más débil y degradado. Vuestros pensamientos envenenan mi vida, desgarran mi alma». Un tono distinto apenas un par de meses después: “No te amo, en absoluto; por el contrario, te detesto, eres una Cenicienta malvada, torpe y tonta. Nunca me escribes, no amas a tu marido”. Luego en brazos de María Walewska, confiesa: “No he visto más que a usted, no he admirado más que a usted, no deseo más que a usted”.

 

La carta de Juliette Drovet a Victor Hugo es directa y simple: «Te quiero, ante todo y después de todo, te quiero, te quiero, te quiero». Lord Byron en su relación con Caroline Lamb, una dama casada con otro: “Prometo y juro que ninguna otra, de palabra y obra, ocupará jamás el lugar en mi afecto, que es y será el más sagrado para ti, hasta que yo sea nada”. Oscar Wilde superó a Byron: “Niño mío”, comienza una de sus cartas a lord Alfred Douglas, “es una maravilla que esos labios de pétalo de rosa rojos tuyos sirvan igual para la música del canto que para la locura del besar”.

 

Freud era muy tímido y no tenía experiencias sexuales y se enamoró de Martha Bernays, una amiga de su hermana y llevó un romance victoriano, le escribió más de novecientas cartas de amor, donde la llamaba «princesita». Otro amor notable: «Te amo únicamente a ti, no tengo nada; ni capacidad, ni inteligencia, nada, nada, tengo el amor. Es terrible. Y es por eso que si te perdiera me perdería a mí misma y ya no sería entonces Gala, sería una pobre mujer como hay miles y miles. Tienes que comprender que no tengo nada mío, tú me posees enteramente. Y si me amas cuidarás preciosamente tu vida, porque sin ti sería como un sobre vacío», le escribió Gala a Paul Eluard, su esposo, casi las mismas palabras que luego le dirá a Dalí.

 

En un estilo más directo y simple, también se puede declarar el amor, como lo hace en un telegrama Nathalie Paley al poeta y dramaturgo Jean Cocteau, que apenas dice: «Yo también, mi amor, en todas partes y siempre». Gabriela Mistral le escribe al poeta chileno Manuel Magallanes Moure «Te adoro, Manuel. Todo mi vivir se concentra en este pensamiento y en este deseo: el beso que puedo darte y recibir de ti».

 

De todos los amores de Pablo Neruda, el de Matilde Urrutia fue quizá el más intenso y prolongado. Una pasión encendida y secreta al principio, cotidiana y doméstica al final. El tumultuoso poeta no se priva de nada al escribirle a su “Chascona”, a su “cochina Patoja”. En una carta de octubre de 1951 le dice: “Yo pienso en ti día y noche, noche y día, amor mío, dulce mía, y no sé si te quiero, pero te quiero. Eres mía y te beso”, en diciembre de ese mismo año la increpa: “Yo confío en tí, y aunque no tenga sino tu silencio qué me importa, (…) sé que eres mía y que soy tuyo y las cartas y las noticias sobran, nuestro amor llena todo, y cada cosa te hablará de mí a toda hora, y todo me trae noticias tuyas.  Te quiero mi amor, no seas perra, espérame. Tu Tuyo”. 

 

En su abundante correspondencia amorosa con Manuela Sáez, Simón Bolívar es capaz de olvidarse de la política. “Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo”, le escribe en 1825.

 

Muy diferentes son las cartas de Perón a Eva Duarte, su “tesoro adorado” y su “chinita querida”. Un sentimiento plenamente correspondido por Evita, que promete a su “Juancito” amor eterno y adoración desde el cielo porque “yo vivo en ti, siento por ti y pienso por ti”.

 

Franz Kafka le escribe a Milena una bellísima frase que bien sirve para cerrar esta nota de Patricia Rodón: «Las cartas de amor son una relación con fantasmas: los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas por el camino».

 

Miguel Aramayo

SCZ.25-07-2017