info@miguelaramayo.com

Articulos

25 Jul

Con el huevo quebrado

Esa expresión que en varias oportunidades la he repetido y que es algo real; cuando a las gallinas por algún golpe se les quiebra el huevo adentro de ellas, esas astillas de la cascara rota, les producen un tremendo dolor, pero como ellas (las gallinas) no saben llorar, ni gritar de dolor, la única forma de expresar su dolor es quedarse quietas y no cacarear, hasta que se mueren.

 

Esa expresión (“estoy con el huevo quebrado”) se emplea para representar la tristeza que uno siente, por cualquier motivo inexplicable, o quizá una causa que tenga explicación o razón de ser, pero se adecua más a cuando uno está triste y no sabe porque, cuando uno tiene un bajón anímico sin poder identificar plenamente la causal.

 

Así me siento algunas veces, pero procuro no exteriorizarlo, porque los demás que me rodean y forman mi entorno laboral, social o familiar, no tienen por qué saberlo. Ese tipo de sentimientos deben ser de propiedad absoluta de uno, dado que son situaciones momentáneas y pasajeras, que podrán permanecer en nuestro interior, por un tiempo pasajero, que en mi caso puede durar todo el día, medio día, pero nunca continuará para el día siguiente.

 

En cualquier momento se pasa y uno no debe darle bolilla, porque no vale la pena preocuparse por ese tipo de situaciones, que en algunos casos podrían deberse a cansancio, nervios e incluso a descompensaciones hormonales, porque esa falla no es solamente atributo de las mujeres.

 

Mientras escribía estas líneas y distrayendo mi mente buscando palabras, ideas, sentimientos, llego a la conclusión que estar con el huevo quebrado no es cosa del otro mundo y le puede suceder a cualquiera, en cualquier momento y por cualquier situación, lo importante es buscar la forma de estar siempre feliz, porque eso si depende de uno y no de los demás.

 

Puedo decir que después de haberme desahogado describiendo mi estado de ánimo, me siento mejor, como podría sentirse una gallina que hubiera logrado expulsar el huevo quebrado, cosa que no sucede y que le ocasiona la muerte. 

 

Creo que existe una palabra sinónima para expresar ese tipo de sentimientos, creo que es “amartelamiento”. Busque la definición y es: Manifestación profunda, y generalmente excesiva, del sentimiento amoroso. Ejemplo: «Su relación con la familia también se atemperó y en aquella pugna por controlarse incluso dejó sin respuesta el amartelamiento de la joven con un sargento». Pero esa palabra no expresa lo que percibo, porque siento que soy amado y quizá en exceso, o por lo menos, ¡más que lo que me merezco!

 

Como no quiero que me suceda lo que les pasa a las gallinas y porque tengo la suerte de no poner huevos, no me queda más que alegrarme y decir, ¡qué linda es la vida! Y al diablo con los problemas, que generalmente son causados por uno mismo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.19-07-2017

 

7 Jul

Quien soy

Quizá esto que voy a contar suene a pedantería, a una exagerada egolatría. Me da vergüenza, tanta ¡que se me cae la cara…!, pero no quiero que esto que pienso se quede dando vueltas en mi cabeza o como dicen: “palabras que se lleva el viento”.

 

Me inicie en las letras por un azar, por la insistencia de una amiga, amiga a la cual he nombrado con insistencia en casi todo lo que he escrito, porque creo que fue ella quien despertó en mi la afición por escribir.

 

Durante todo este tiempo, desde que me inicié escribiendo lo que creí que eran cuentos o lo que pretendía que fueran novelas o la ilusión de que fueran poesías y poemas, también escribí artículos opinando sobre política, sin siquiera saber que es política o pretendiendo escribir ensayos, tan simples, tan pobres, que sólo podían satisfacerme a mí y quizá a uno o dos de mis amigos.

 

En el afán de mejorar, busqué leer más, más de todo y de todos, primero con el afán de aprender y luego con el anhelo de encontrar un estilo, en todo ese tiempo escribí sobre varios temas, pero siempre procurando encontrar un estilo, un estilo que me identifique. Creo que fui y soy muy iluso y que soy exageradamente pedante. Si bien es cierto que cuando leo mis escritos, después de muchos años y después de haberme leído infinidad de veces, encuentro algún escrito que me agrada y que lo califico como bueno, pero pretender que soy un buen escritor, es mentira, tan sólo me ufano, pero ni yo mismo pienso que soy bueno, pero no me quedo así, no me siento derrotado.

 

Estoy seguro que con el trascurrir del tiempo, leyendo más e intentando escribir mejor, llegará el momento en que podre sentirme satisfecho con lo que redacto. Por el momento no me queda más que seguir leyendo en busca de aprender algo más.

 

Ayer como una gran excepción en mi rutina diaria me fui a tomar un café en horas de trabajo, con vergüenza de hacer eso, de abandonar mi obligación laboral. Me junté con un amigo y compañero de colegio, con el que compartimos un expreso amargo y un vaso de agua, pero sobre todo compartimos recuerdos, que son los que alimentan nuestra imaginación, para poder convertir en letras esos efluvios de amistad, de recuerdos, que afloran en momentos como ese. Ya estaba por irme y el dependiente me trajo varios libros para que escoja el que quería leer, lo adquirí y con gran ilusión y con vergüenza retorne a mi trabajo.

 

Después de almorzar y mientras hacía hora para que me atiendan en un banco, inicie la lectura del libro que compré, que se titula: El equilibrista y el autor es un joven argentino que se llama: Federico Andahazi, desde el principio me resultó muy interesante y la primera parte del libro es de temas históricos, incluso a ese capítulo lo denomina: “El buscador de historias de la historia”, Todos los relatos eran para mí, totalmente conocidos, porque ya los había leído en otras oportunidades, pero este escritor los relata de una forma diferente y les da vida propia.

 

Le segunda parte del libro se titula: “El escritor en primera persona”, esta parte del libro me encantó, y me hizo ver que lo que yo tengo plasmado en la mayoría de los libros que ya fueron editados, tiene una similitud con el estilo de este libro que tengo en las manos. Eso me alegró mucho y me dio ínfulas para escribir esto que estoy escribiendo y que lo comparto con ustedes.

 

Miguel Aramayo

SCZ.07-07-2017

3 Jul

Confesión de un chiflado

Mientras caminaba ascendiendo por una montaña, en un día soleado, con un cielo tan azul que parecía una esfera, sin ninguna nube; con una brisa imperceptible que acariciaba la piel sin siquiera mover los bellos. Me resultó muy extraño observar a un hombre de cabello cano, mirada lánguida y ojos de un verde extraño; sentado en una gran piedra, con el mentón apoyado a sus rodillas y las manos extendidas a lo largo de su cuerpo apoyadas a la superficie de la roca.

 

Me aproxime al individuo y con mucho cuidado le dije: –Amigo ¿se siente bien o necesita alguna ayuda?

 

Y él me respondió: –Gracias, estoy bien. –Solamente estoy repasando algo que redacté para alguien que me hizo unas observaciones a lo que escribí con anterioridad.

 

–¿Puedo ayudarlo…?, a mí también me gusta escribir. Me alcanzó un papel que tenía en uno de sus bolsillos y me puse a leer lo que estaba escrito y decía:

 

Agradezco mucho tus críticas, porque es la forma de que vaya mejorando y tenga en cuenta tu opinión. En lo que corresponde a la ortografía, principalmente por la puntuación y los acentos, las correcciones que están haciendo gente que he contratado para ese objeto, pero únicamente cuando tengo estructurado lo que será un libro. Veo que están fallando, porque ya me ha tocado leer lo editado y encontré varios errores, y ¡que encuentre errores yo!, yo que no tengo ni más leve idea de ortografía y gramática, ya es mucho decir.

 

Todos los cuentos cortitos que escribo, salen de inspiración fluida, generalmente comienzo poniendo el título y sin tener una idea clara de lo que escribir. Una vez que arranco con a redacción, generalmente, no paro hasta poner la firma y la fecha. Después de eso, la mayoría de las veces, doy una o dos lecturas tratando de corregir errores.

 

Mi pretensión, en esos casos, es completar una carilla, pero se acaba mi inspiración a media página, porque tengo algo más urgente, que perder mi tiempo en esa mi afición y para retomar busco algo relacionado en Google y encuentro el tema para continuar hasta completar una carilla. Otras veces, cuando nadie me interfiere, termino lo que inicié y concluyo todo en no más de 30 minutos, que es el tiempo que descuido mi trabajo, si estoy en la oficina o mi sueño si estoy en mi casa.

 

Los escritos que mejor me salen son aquellos que escribo en la madrugada, cuando no tengo sueño o me despierto con una idea que no quiero que se escape de mi mente y si no tengo mis juguetitos a mano o con poca carga, agarro mi block de papel y mi lapicera y me encierro en el baño a escribir apoyado en el canasto de ropa sucia.

 

Para mí, escribir es como una picazón y la forma de rascarme es escribiendo, algunas veces me rasco bien, otras no, pero me conformo con sólo restregarme.

 

En muy contadas oportunidades escribo sobre temas de lo que leo, generalmente escribo de inspiración libre, de algo que me soñé en dormido o despierto, de lo que en ese momento me afecta, como alegrías, penas, rabia o cosas de la vida cotidiana, pasadas y presentes, también de lo que me gustaría que sucediera.

 

Esto que acabo de escribir, lo hice de corrido y se puede llamar: “La confesión de un chiflado al que le gusta escribir”, que le gusta escribir sin saber cómo, ni de qué”.

 

Miguel Aramayo

SCZ.02-07-2017

 

 

3 Jul

La música y mi espíritu

Puedo estar triste o alegra, pero si estoy escuchando música, sin interesarme el autor, el género o ningún otro subterfugio que la diferencie, con la única condición que sea melodiosa, no estridente y preferiblemente instrumental, tampoco tengo una preferencia absoluta sobre el instrumento, por ejemplo, en este momento estoy escuchando guitarra, una selección entre clásica conocida, como el concierto de Aranjuez, pero también se mezcla con música popular, bosa nova y otras. Es una selección de música interpretada por guitarra acústica.

 

Con relación a esta música, la guitarra acústica se presta para interpretar música flamenca y creo que expresa mucho mejor los sentimientos por el eco que producen las cuerdas al vibrar con el eco de la caja que amplifica y sostiene su sonido, porque además ese tipo de música me llega al corazón y hace que mi alma persiga esos sonidos y como efecto secundario lleguen a mi cerebro y a mi corazón.

 

La guitarra acústica es un instrumento musical armónico de cuerda bien templada que cuenta con una caja de resonancia para la amplificación del sonido producido por la vibración de las cuerdas, un mástil, un diapasón o trastero, un clavijero y un puente donde se colocan las cuerdas. Hay una gran variedad de este tipo de guitarras, siendo la guitarra española o clásica la más común.

 

La música de ese instrumento acompañado de palmas, castañuelas o timbales, es el que se introduce a mi ser por los oídos y en muy poco tiempo, además de estar escuchando esos acordes mi mente comienza a producir sueños y las vibraciones contagian mi cuerpo y yo también comienzo a batir palmas y mis mies se acomodan como para querer zapatear, o por lo menos hacer el acompañamiento.

 

Mi mente inmediatamente asocia el flamenco con damas bailando de forma sensual, moviendo las manos y todo el cuerpo, como si se tratara de palmeras que se cimbran al compás, como si estuvieran batidas por el viento y mientras suenan las guitarras otro grupo de gente aplaude rítmicamente acompañando el zapateo de la bailarina, que suspende el volado de su vestido, primero para no pisarlo y dejar libres sus pies en el zapateo, pero al mismo tiempo mostrar sus encantos.

 

Me imagino que la guitarra, es el instrumento propio de los gitanos, porque acompaña a cabalidad los ritmos que interpretan y se adecua perfectamente a su forma de ser, incluso la forma que tiene la guitarra, que se asemeja al cuerpo de una mujer. Los latinos la empleamos con mayor destreza que cualquier otra etnia, porque una guitarra en manos de los cubanos, mexicanos o argentinos, brida mayores y mejores acordes que en manos de los eslavos o africanos, por ejemplo.

 

Escuchar una de esas guitarras primitivas en manos de Carlos Gardel, o la clásica en manos de Paco de lucia, los Gipsy Kings, Narciso Yepes o Los Panchos, pero también escuchar una variante de la guitarra, el “cuatro”, en manos de los venezolanos o los brasileros. También escuchar un “arpa” en manos de un paraguayo o las “mandolinas” en manos de los italianos. Muestran que los latinos tenemos más habilidad para el manejo de las cuerdas con una caja de resonancia.

 

Pero creo que no es solamente mayor habilidad, pienso que los latinos tenemos mayores sentimientos, que los sabes expresar y que el arte de rasgar uno de esos instrumentos de cuerda no es solo cuestión de habilidad, pienso que sobre todo se requiere mayor sensibilidad.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 1-07-2017

 

3 Jul

El triste

Mientras Miguel caminaba por el desierto, siguiendo los pasos de su camello, en la lejanía del horizonte, le pareció ver la silueta de dos personas, en la distancia una de las personas aparentaba ser más grande que la otra, como que una correspondiera a la silueta de un hombre, la más grande y la otra de una mujer. No tenían ningún animal y no poseían señales de llevar ningún bulto.

 

Esa pareja caminaba con un paso más pausado, que el que seguía Miguel y su camello y, por lo tanto, cada vez se los veía más próximos. A un principio no se distinguía como estaban vestidos y tampoco se distinguía el color de su ropa, porque, además, con el calor del desierto se observa una cierta reverberación cuando uno ve a distancia, como si de la arena se desprendieran nubes que en movimiento dan la impresión que los objetos se movieran con un leve temblor.

 

Cuando Miguel y su camello estuvieron a corta distancia de esas dos personas, que en realidad eran una pareja, recién se percataron que había una persona que estaba con su camello detrás de ellos. Ellos caminaban muy concentrados y en total silencio, para no consumir la humedad de sus cuerpos. Sabían dónde iban y cuánto tardarían, porque estaban acostumbrados a realizar esa caminata en solitario.

 

En ese momento se dio cuenta Miguel que se trataba de una pareja de bereberes que vestían su atuendo de color azul, de un azul tan particular (índigo). El hombre llevaba el tradicional velo teñido de índigo, ceñido a la cara, dejando ver únicamente sus ojos, unos ojos negros de una mirada negra, tan penetrante que a primera vista te dejaba sin respiración. La mujer llevaba un paño, también de color azul sobre la cabeza, para protegerse del sol y del viento, pero no tenía el típico velo musulmán. Por suerte, además de su dialecto tuareg, hablaban árabe y de esa manera se pudieron comunicar con Miguel.

 

Su oficio era la adivinación y como la mayoría de los musulmanes del norte de África, los Tuareg creen en la presencia continua de varios espíritus (djinns). La adivinación es realizada a través de los medios del Corán. La mayoría de los hombres usan amuletos para su protección que contienen versos del Corán. Los hombres no se quitan el velo, incluso delante de los miembros familiares. Los Tuareg pertenecen a la corriente islámica Maliki como resultado de las enseñanzas del gran profeta, El Maghili, que fue quien difundió la religión entre ellos a principios del siglo 16.

 

Ni bien entablaron contacto, la mujer con mucha soltura le pregunto a Migue: –¿Por qué tan triste?, tienes problemas sentimentales.

 

A lo cual Miguel respondió. –¿Qué te hace pensar que estoy triste?

 

–El brillo de tus ojos y el aura que acompaña tu cabeza. –El amuleto que tengo junto a mi corazón vibró y me puso en alerta. –Mi marido y yo te podemos ayudar. –¿de dónde vienes y a dónde vas?

 

–Soy un estudioso del clima y me dirigía a un oasis guiado por un mapa que me proporcionaron.

 

–Seguro que es el mismo oasis al que nos dirigimos nosotros y al que podremos llegar a este ritmo de caminata dentro de 15 minutos. Si quieres nos podemos acompañar, pero te recomiendo estar con la boca cerrada, para que no necesites tomar agua y no se te llene de arena.

 

Dicho eso seguimos caminando en silencio, pero me quedé pensando, Increíble cómo le acertaron, pero cumpliré eso de mantener la boca cerrada, porque además de su consejo, a “boca cerrada no entran moscas” y no pienso comentar nada de mi tristeza.

 

Miguel Aramayo

SCZ.01-07-2017

 

3 Jul

El pirata

Esta novela la he leído tres veces, las dos primeras veces entre 1975 y 1980 y por tercera vez ahora, después de 37 años. El libro pasó por tantas manos y cuando retornó a mí, estaba en un estado lamentable y hace unos cinco años lo hice empastar, porque valía la pena conservarlo entre los recuerdos queridos, había perdido las tapas y la pagina donde estaba el nombre del autor y el título de la novela. Yo estaba seguro que tenía novelas de ese autor, porque quería saber algo de “La palabra” y me puse a buscar entre mis antigüedades y encontré “El Pirata” y como no tenía las primeras hojas en la primera hoja que leí encontré una cita del Corán que dice: “El nombre de Alá, el clemente, el misericordioso. La abundancia te desvía, hasta que llegas a la tumba. ¡Ay! pronto sabrás. ¡Ay! otra vez, pronto sabrás. ¡Ay! ¡Ojalá supieras con cierto conocimiento! Ciertamente veras el infierno”. El Corán – Capítulo 102 – La abundancia de la riqueza.

 

Cuando leí ese verso me recordé de qué se trataba el libro, cómo titulaba y quién era el autor y con avidez inicie nuevamente la lectura, pero no había llegado a la página 100 y mi mujer lo vio y se adueñó de él hasta que lo terminó de leer, después de eso continúe con la lectura hasta terminarlo.

 

Es un libro que te mantiene un vilo, es una trama de tanto suspenso y de un tema que te obliga a seguir hasta concluir. Un médico está atendiendo el parto de su mujer y llega otro hombre con su esposa que está en la misma situación; el medico atiende primero a su mujer, que al parir muere la criatura y continúa atendiendo a la otra parturienta, que aparentemente ya está muerta, pero nota que el hijo lucha por la vida en el vientre de su madre y por lo tanto lo salva. El padre de ese chico que era judío, le pide al médico, que era musulmán, el favor de enterrar a su mujer y a la hija del médico y le pide que se quede con su hijo, que desde luego es rubio, blanco y de ojos azules. Cuando la mujer del médico despierta se encuentra con un hijo (el hijo de judío) y ese matrimonio lo cría como propio bajo sus creencias musulmanas y mucho cariño.

 

Es un libro en el que el autor usa el tema sexual como una herramienta para mantener atento al lector, pero no con escenas comunes de amor, se nota que siempre existe el consumo de droga, que lo que menos impera es el amor, pero si mucho erotismo y pasión. El personaje principal es el hijo del judío, pero criado bajo las normas del islam e incluso con un parentesco muy próximo a un Príncipe, que le promete que su primer descendiente varón sucederá al príncipe, por lo tanto, busca una mujer que reúna las características para ser su esposa y se casa por obligación con una musulmana fea, se la lleva a Estados Unidos, porque él continuaba estudios y dirigiendo la parte económica de la familia.

 

En su primera mujer tienen dos hijas mujeres y por lo tanto queda esperando el hijo hombre, pero se convence que no llegará porque la mujer queda estéril. Se enamora de una norteamericana y tiene un hijo, ella decide convertirse al islam, aprende hablar árabe y espera casarse, después de que se divorcie, para que su hijo sea el príncipe heredero. Pasado el tiempo el marido pierde interés por ella y mientras tanto se dedica íntegramente al trabajo, pero sin descuidar el mantener relaciones con otras mujeres.

 

Su esposa le reclama que él ya no la mira y él le reprocha eso y le autoriza que con discreción ella también puede hacer lo mismo, pero debe cuidarse de no serle infiel con algún judío. Ella disfruta de esa libertad porque él se lo permite, pero tiene la custodia de los hijos que ya son dos varones. El sigue manejando su emporio empresarial con grandes riquezas, que día a día va acrecentándolas, pero cada vez más distante de su mujer y más apegado a las orgias elegantes.

 

La hija menor del segundo matrimonio, del cual está alejado totalmente por casi veinte años, se hace guerrillera de un grupo de musulmanes aguerridos y los de esa agrupación le piden aprovecharse del padre, para obtener financiamiento para sostener la lucha armada, en busca de la liberación de Palestina, y esto mediante embarque de droga a los Estados Unidos, lo cual es intersectado por colaboradores de su padre y al no poder continuar con esa forma de financiamiento la obligan a la muchacha que secuestro el avión de su padre con la tripulación, más sus hermanos y su madrasta.

 

Uno de los árabes de la organización guerrillera, que era empleado del magnate lo traiciona, pero para protegerse filma a la esposa del magnate en una situación muy comprometedora con un judío y cuando a él lo pillan haciendo cosas en contra de lo organización, el magnate lo cita a una reunión y lo desenmascara y éste en su defensa le muestra la filmación de su esposa siéndole infiel con un judío. El magnate lo hace matar a su colaborador y le muestra la filmación a su mujer, dándole el ultimátum, de que la pueden lapidar, o se puede quedar a vivir en Estados unidos, pero nunca más volverá a ver a sus hijos. Mientras prepara el divorcio la conmina a estar cautiva en su tierra natal con sus hijos y junto al príncipe.

 

Cuando se realiza el viaje, la hija guerrillera anuncia eso a sus compañeros y planean y ejecutan el secuestro del avión con todos sus ocupantes, vuelo que desvían a un campamento guerrillero, próximo a Irán y conminan al magnate a que pague una recompensa y que permita seguir ingresando droga a Estados unidos. En su desesperación y por recomendaciones de un empleado de su confianza y su padre, logran entrar en contacto con un militar judío que puede liberar a su familia secuestrada. Ese militar israelí prepara un asalto a los guerrilleros para liberar a los rehenes, lo cual llevan a cabo con gran éxito y el magnate al final de la novela se entera que él es judío, hijo del militar israelí y que su padre medico árabe, solamente lo crio como musulmán y con el mayor de los cariños.

 

La novela termina con felicidad para todos, el magnate recupera a sus hijos y a su mujer a la que perdona la infidelidad, pero también recupera a su hija menor del primer matrimonio y mantiene su emporio. Al final todos son felices, comiendo perdices. (El libro tiene 372 hojas que, yo les relato en tan solo hoja y media, por lo tanto, vean la forma de leerlo)

 

Miguel Aramayo

SCZ.29-06-2017 Fiesta de San Pedro y San Pablo.

3 Jul

Mirando el reloj

Mientras miraba el reloj, el reloj que me envió de regalo un amigo querido; notaba que las agujas del reloj corrían a mayor velocidad que lo que estoy acostumbrado a ver al observar el paso de las horas, además percibí algo extraño, tan extraño que me restregué los ojos, porque lo que estaba observando no es algo real. Las manecillas no seguían el curso normal que siguen las agujas de todos los relojes, de izquierda a derecha, las manecillas, de este reloj mostraba que estaba retrocediendo. ¡Aunque no me crean! Retrocediendo a toda velocidad.

 

Me quedé tranquilo, tratando de comprender el porqué de ese proceder en el reloj que me había obsequiado mi amigo. Dejé que pase el tiempo y mientras esto sucedía me acerqué a un espejo para arreglarme el pelo y la corbata; ¡qué gran sorpresa!, yo no era el mismo, el espejo me mostraba la figura de un muchacho más flaco, con mayor cantidad de cabellos y un castaño oscuro, no el cabello blanco que me daba la impresión que tenía hace un momento. El tiempo había retrocedido y nuevamente era un muchacho, un muchacho flaco y sonriente.

 

El reloj que me envió mi amigo había logrado que, al retroceder las agujas en su movimiento inverso acelerado, habían hecho que yo también retroceda en el tiempo, no era el mismo, la panza había desaparecido, otra vez era el mismo flaco de hace cincuenta y tantos años atrás. Mis pupilas mostraban el brillo que había sido característico de esos años, mi sonrisa y mi riza eran más cristalinas y a mi mente afloraron esos momentos, cuando con el amigo que me regaló el reloj, el Pollo, Cococho, Jaime, Jimmy y Kiko, transitábamos por la calle Ecuador en la ciudad de La Paz, cuando nos sentábamos a comer salteñas en el boliche que se llama “Tokio” en el Prado o cuando tomábamos té con masita en una confitería de la calle Camacho que se llamaba “Galey”.

 

Mi sorpresa fue mayor cuando me vi rodeado de sirenas, porque además del reloj, mi amigo tuvo la amabilidad de mandarme de obsequio una piedra “pisa-papeles”, que tenía una inscripción en inglés y traduciendo al español dice: “Las sirenas saben divertirse mejor”, pero también podría interpretarse como “Las sirenas se divierten más”. Cualesquiera de las dos interpretaciones se adecuaron perfectamente a lo que en ese momento me sucedió. Porque estaba suspendido en el espacio y como tenía menos peso y estaba más joven, ¡podía flotar!

 

Como no tuve la oportunidad de que me amarren al mástil de la embarcación o cualquier lugar que impida mi movimiento, el canto de las sirenas, en lugar de ahuyentarme me atrajo y recordé lo que dice el libro de Homero en la historia de la Odisea: Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuánto sucede sobre la tierra fecunda.

 

Por suerte ese canto bello, el canto de las sirenas, me atrojó, pero no a una trampa mortal, ¡no!, ese canto y las sirenas me hicieron recordar a grandes amigas, como Gloria y Fabiola, Ami, Susy y muchas otras más que en nuestras épocas de juventud, estaban siempre con nosotros cantando y divirtiéndonos en los bailongos que hacíamos en la nunciatura.

 

¡Es increíble…! como cosas materiales que nos llegan con tanto cariño y acompañadas de una tarjeta, pueden hacer que nuestra mente imagine fantasías y asocie algunos objetos con momentos reales sucedidos hace muchos años atrás. 

 

Miguel Aramayo

SCZ.25-06-2017

 

27 Jun

Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz

En Génesis 1:3 dice: «Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz«. Pese a que eso dice la Biblia, muchas de las cosas que dice ese libro sagrado, yo constantemente me hago preguntas a varios temas, porque considero que ese libro fue escrito por hombres y los hombres podemos fallar, eso es comprensible, pero como hace muchos años que se escribió, cuando ya los autores principales ya no estaban con nosotros, sino en la eternidad, además que las bibliotecas más importantes, que nos podían dar luz, ya fueron destruidas, por la inconciencia de los hombres. Aplico mi razonamiento.

 

La Biblia fue escrita para que la gente de bajo nivel intelectual pueda entender, por eso se utilizaron parábolas. A medida que el hombre fue adquiriendo conocimientos, transcurrieron muchos años y cada vez hubo opiniones de estudiosos que fueron corroborando lo que expresan esos escritos, uno de ellos fue Robert Grosseteste, que a principios del siglo XIII era un profesor prominente, erudito y, como todos los investigadores en Oxford, un cristiano devoto. En 1235 se convirtió en el Obispo de Lincoln.

 

Para Grosseteste, la luz era una de las más maravillosas creaciones de Dios. «La luz física es la mejor, la más deleitable, la más hermosa de todas las entidades que existen. La luz es lo que constituye la perfección y la belleza de todas las formas físicas», escribió. Pero él no se conformaba con sentarse a disfrutar de la luz que entraba por las grandes ventanas de la catedral gótica de Lincoln. Analizó por ejemplo el paso de la luz a través de un vaso de agua. En 1225, escribió un libro sobre todo lo que había aprendido sobre la luz y lo llamó «De luce» (Sobre la luz). Una mezcla de teología, ciencia, metafísica y especulación cósmica.

 

Como muchos de los contemporáneos de Grosseteste, él creía que Dios trabajaba con principios simples basados en reglas que la humanidad podía entender usando lógica, geometría y matemáticas. Para Grosseteste -cuya mente estaba repleta de arcoíris y rayos de luz- todo, hasta el acto divino primordial de la creación misma, tenía que ver con la luz. La “lux”, como se llamaba en latín, era lo que Dios usaba para hacer el cosmos, una especie de fuerza creativa divina, casi una manifestación del mismo Dios. La otra era “lumen”, la luz ordinaria que emanan los cuerpos celestiales y nos permiten ver las cosas.

 

«Todas las causas de efectos naturales han de ser expresadas por medio de líneas, ángulos y figuras, porque de otro modo sería imposible tener conocimiento de la razón de estos efectos«.

 

Como el Universo estaba gobernado por las matemáticas, era ordenado, racional y se podían deducir sus reglas. Leyendo un artículo sobre ese religioso científico encontré frases que me gustaron y que las comparto con los que me lean. Su historia es una de invención e imaginación atrevida, de cómo la fe en principios matemáticos y científicos combinados con la creencia en un cosmos ordenado por Dios, dio lugar a una idea sorprendentemente profética. Empieza con la luz… Stephen Hawking, los agujeros negros y los campos gravitatorios.

 

La historia cuenta que antes de los 1600 no había más que misticismo, teología, dogmatismo, etc., y de repente aparecieron Galileo, Kepler, todo es luz e Iluminación, y volvemos a encaminarnos con la ciencia», cuenta el físico que expone su teoría.

 

«Pero la verdad es que la ciencia no funciona así. Todos damos pasos pequeños y, como dijo Isaac Newton, todos nos subimos sobre los hombros de gigantes. Y Grosseteste es uno de esos gigantes sobre cuyos hombros se subieron los primeros científicos modernos«.

 

Miguel Aramayo

SCZ.27-06-2018 Cumpleaños de mi sobrina Maya, en Paris.

25 Jun

Mirando el reloj

Mientras miraba el reloj, el reloj que me envió de regalo un amigo querido; notaba que las agujas del reloj corrían a mayor velocidad que lo que estoy acostumbrado a ver al observar el paso de las horas, además percibí algo extraño, tan extraño que me restregué los ojos, porque lo que estaba observando no es algo real. Las manecillas no seguían el curso normal que siguen las agujas de todos los relojes, de izquierda a derecha, las manecillas, de este reloj mostraba que estaba retrocediendo. ¡Aunque no me crean! Retrocediendo a toda velocidad.

 

Me quedé tranquilo, tratando de comprender el porqué de ese proceder en el reloj que me había obsequiado mi amigo. Dejé que pase el tiempo y mientras esto sucedía me acerqué a un espejo para arreglarme el pelo y la corbata; ¡qué gran sorpresa!, yo no era el mismo, el espejo me mostraba la figura de un muchacho más flaco, con mayor cantidad de cabellos y un castaño oscuro, no el cabello blanco que me daba la impresión que tenía hace un momento. El tiempo había retrocedido y nuevamente era un muchacho, un muchacho flaco y sonriente.

 

El reloj que me envió mi amigo había logrado que, al retroceder las agujas en su movimiento inverso acelerado, habían hecho que yo también retroceda en el tiempo, no era el mismo, la panza había desaparecido, otra vez era el mismo flaco de hace cincuenta y tantos años atrás. Mis pupilas mostraban el brillo que había sido característico de esos años, mi sonrisa y mi riza eran más cristalinas y a mi mente afloraron esos momentos, cuando con el amigo que me regaló el reloj, el Pollo, Cococho, Jaime, Jimmy y Kiko, transitábamos por la calle Ecuador en la ciudad de La Paz, cuando nos sentábamos a comer salteñas en el boliche que se llama “Tokio” en el Prado o cuando tomábamos té con masita en una confitería de la calle Camacho que se llamaba “Galey”.

 

Mi sorpresa fue mayor cuando me vi rodeado de sirenas, porque además del reloj, mi amigo tuvo la amabilidad de mandarme de obsequio una piedra “pisa-papeles”, que tenía una inscripción en inglés y traduciendo al español dice: “Las sirenas saben divertirse mejor”, pero también podría interpretarse como “Las sirenas se divierten más”. Cualesquiera de las dos interpretaciones se adecuaron perfectamente a lo que en ese momento me sucedió. Porque estaba suspendido en el espacio y como tenía menos peso y estaba más joven, ¡podía flotar!

 

Como no tuve la oportunidad de que me amarren al mástil de la embarcación o cualquier lugar que impida mi movimiento, el canto de las sirenas, en lugar de ahuyentarme me atrajo y recordé lo que dice el libro de Homero en la historia de la Odisea: Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuánto sucede sobre la tierra fecunda.

 

Por suerte ese canto bello, el canto de las sirenas, me atrojó, pero no a una trampa mortal, ¡no!, ese canto y las sirenas me hicieron recordar a grandes amigas, como Gloria y Fabiola, Ami, Susy y muchas otras más que en nuestras épocas de juventud, estaban siempre con nosotros cantando y divirtiéndonos en los bailongos que hacíamos en la nunciatura.

 

¡Es increíble…! como cosas materiales que nos llegan con tanto cariño y acompañadas de una tarjeta, pueden hacer que nuestra mente imagine fantasías y asocie algunos objetos con momentos reales sucedidos hace muchos años atrás. 

 

Miguel Aramayo

SCZ.25-06-2017

19 Jun

Viajando por el mundo

Era un hombre chiquito, tan chiquito que no se puede describir, ni su aspecto físico, ni su tamaño. Cuando se dice chiquito, no quiere decir que mida menos de medio metro, la expresión de chiquito, más bien, está en relación con la estatura que le quiera asignar quien lo tenga al frente, porque puede haber hombres más chicos que él y que por lo tanto esos hombres más chicos que él, (el hombre chiquito), nunca lo mirarán como “un chiquito”, porque para ellos no será así.

 

Ese hombre chiquito, se propuso darle la vuelta al mundo e ir relatando todo lo que viera en su paso por diferentes lugares. Su intención era trazar un rumbo y seguirlo hasta el final, pero no le interesaban ciudades, países o pueblos, le daba lo mismo viajar por aire, mar o tierra; cuando se dice aire, no necesariamente se piensa en aviones, o globos aerostáticos, helicópteros o cualquier otro transporte aéreo, como podría ser un zepelín, o un simple cometa (volantín). Cuando se dice por mar, no necesariamente es un bote, un cayac, un submarino o un trasatlántico, puede ser cualquier tipo de transporte que esté en contacto con el agua, incluso en un barquito de papel o una tabla de hacer surf. Y al decir por tierra no significa que transitará en un tren de alta o baja velocidad, un auto de fórmula uno o un sulqui, puede ser en auto, en bicicleta, un camión o cualquier medio de transporte que se movilice por la tierra, incluso pensando en burro, mula, caballo, elefante, o cualquier animal capaz de caminar por cualquier parte como son los camellos, incluso en monopatín o simplemente caminando.

 

El hombre chiquito, se sentó en el banco de una placita, debajo de la sombre de un gran jorori y de brazos cruzados se puso a soñar, a soñar despierto, sobre como iniciaría su aventura, la aventura de darle la vuelta al mundo. Vio que un pequeño papel revoloteaba a su alrededor, como incitándolo a escribir su itinerario, era un papel que alguna vez sirvió de envoltura a algún producto, quizá una golosina, porque estaba algo serebó. Agarró el papelito y con su bolígrafo escribió el nombre del pueblo desde donde partiría con rumbo norte a cero grados. El pueblo desde donde partiría se llama “Buena Vista”, ubicado geográficamente a los 17º28´ Latitud Sur y 63º40´ longitud oeste. a una distancia de 105 km de la ciudad capital, Santa Cruz de la Sierra. Dibujó el globo terráqueo y trazó una line como si se tratara de liar una lana en un ovillo, pero después dibujo un planisferio y completó dos trazos, uno de norte a sur por todos los territorios y el otro de naciente a poniente en el mismo planisferio, lo cual casi resultó una línea recta horizontal. Casi sobre el mismo paralelo, en cambio la línea que correspondía a la otra dirección se veía algo sinuosa.

 

En el mismo papelito donde registro el punto de partida, registró la fecha y hora en la cual pensaba iniciar el viaje. A partir de ese momento iniciaría los preparativos, lo que necesitaba, que debería ser lo mínimo indispensable y lo máximo requerido, para no recargarse de cosas innecesarias, como el contar con un rosario, sabiendo que podía rezarlo utilizando los dedos de las manos; y al mismo tiempo no descuidar el contar con cosas útiles como un iPhone con el máximo de memoria y conexión a la nube, para poder ir registrando su itinerario a medida que avanzaba en la ruta trazada.

 

La mayoría de su trayecto sería imaginario y en el espacio sideral, por lo tanto, no era necesario cargar pesos, la mayor ayuda le brindaría su celular con carga extra de energía y conectado a Google, para no perder el rumbo y obtener información adecuada, además de una agenda o libreta de notas donde ir registrando lo más interesante, para después de concluido el viaje, compartirlo mediante la emisión de un libro.

 

El objeto de ese viaje sería el compartir con los amigos lo bello que es el mundo en sus diferentes facetas.

 

Miguel Aramayo

SCZ.19-06-2017

 

19 Jun

Viajando por el mundo

Era un hombre chiquito, tan chiquito que no se puede describir, ni su aspecto físico, ni su tamaño. Cuando se dice chiquito, no quiere decir que mida menos de medio metro, la expresión de chiquito, más bien, está en relación con la estatura que le quiera asignar quien lo tenga al frente, porque puede haber hombres más chicos que él y que por lo tanto esos hombres más chicos que él, (el hombre chiquito), nunca lo mirarán como “un chiquito”, porque para ellos no será así.

 

Ese hombre chiquito, se propuso darle la vuelta al mundo e ir relatando todo lo que viera en su paso por diferentes lugares. Su intención era trazar un rumbo y seguirlo hasta el final, pero no le interesaban ciudades, países o pueblos, le daba lo mismo viajar por aire, mar o tierra; cuando se dice aire, no necesariamente se piensa en aviones, o globos aerostáticos, helicópteros o cualquier otro transporte aéreo, como podría ser un zepelín, o un simple cometa (volantín). Cuando se dice por mar, no necesariamente es un bote, un cayac, un submarino o un trasatlántico, puede ser cualquier tipo de transporte que esté en contacto con el agua, incluso en un barquito de papel o una tabla de hacer surf. Y al decir por tierra no significa que transitará en un tren de alta o baja velocidad, un auto de fórmula uno o un sulqui, puede ser en auto, en bicicleta, un camión o cualquier medio de transporte que se movilice por la tierra, incluso pensando en burro, mula, caballo, elefante, o cualquier animal capaz de caminar por cualquier parte como son los camellos, incluso en monopatín o simplemente caminando.

 

El hombre chiquito, se sentó en el banco de una placita, debajo de la sombre de un gran jorori y de brazos cruzados se puso a soñar, a soñar despierto, sobre como iniciaría su aventura, la aventura de darle la vuelta al mundo. Vio que un pequeño papel revoloteaba a su alrededor, como incitándolo a escribir su itinerario, era un papel que alguna vez sirvió de envoltura a algún producto, quizá una golosina, porque estaba algo serebó. Agarró el papelito y con su bolígrafo escribió el nombre del pueblo desde donde partiría con rumbo norte a cero grados. El pueblo desde donde partiría se llama “Buena Vista”, ubicado geográficamente a los 17º28´ Latitud Sur y 63º40´ longitud oeste. a una distancia de 105 km de la ciudad capital, Santa Cruz de la Sierra. Dibujó el globo terráqueo y trazó una line como si se tratara de liar una lana en un ovillo, pero después dibujo un planisferio y completó dos trazos, uno de norte a sur por todos los territorios y el otro de naciente a poniente en el mismo planisferio, lo cual casi resultó una línea recta horizontal. Casi sobre el mismo paralelo, en cambio la línea que correspondía a la otra dirección se veía algo sinuosa.

 

En el mismo papelito donde registro el punto de partida, registró la fecha y hora en la cual pensaba iniciar el viaje. A partir de ese momento iniciaría los preparativos, lo que necesitaba, que debería ser lo mínimo indispensable y lo máximo requerido, para no recargarse de cosas innecesarias, como el contar con un rosario, sabiendo que podía rezarlo utilizando los dedos de las manos; y al mismo tiempo no descuidar el contar con cosas útiles como un iPhone con el máximo de memoria y conexión a la nube, para poder ir registrando su itinerario a medida que avanzaba en la ruta trazada.

 

La mayoría de su trayecto sería imaginario y en el espacio sideral, por lo tanto, no era necesario cargar pesos, la mayor ayuda le brindaría su celular con carga extra de energía y conectado a Google, para no perder el rumbo y obtener información adecuada, además de una agenda o libreta de notas donde ir registrando lo más interesante, para después de concluido el viaje, compartirlo mediante la emisión de un libro.

 

El objeto de ese viaje sería el compartir con los amigos lo bello que es el mundo en sus diferentes facetas.

 

Miguel Aramayo

SCZ.19-06-2017