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Articulos

12 Jun

Las cosas chiquitas de la vida

La vida está llena de pequeñas cosas que van formando grandes obras y como el paso del tiempo es veloz no nos damos cuenta y esas pequeñas cosas ya se realizaron y difícilmente pueden ser corregidas. Por lo tanto, es importante poner mucho cariño y dedicación a esas pequeñas cosas. 

 

Mi vida fue de sueños y ensueños, de planes y proyectos. De objetivos chiquitos que con empeño y mucho cariño los fui realizando paso a paso, pero con determinación. Procurando no lastimar a nadie y con la esperanza de beneficiarme yo y ayudar a los demás. 

 

Tuve el empeño, que fue mí aporte personal, pero sobre todo el apoyo y colaboración de Dios, a quien dedique todo lo que hacía, incluso las picardías, porque sabía que las perdonaría. 

 

Ahora que el tiempo ha pasado y es cada vez más escaso me pongo a ver lo que hice y veo con satisfacción mi obra, que más que mía es de los que me rodean de mi familia y mis colaboradores que supieron interpretar mis sueños y apoyaron mis proyectos hasta concretarlos. 

 

No me queda más que decir lo que cantaba Mercedes Sosa: Gracias a la vida que me ha dado tanto Me dio dos luceros que cuando los abro Perfecto distingo lo negro del blanco Y en el alto cielo su fondo estrellado Y en las multitudes LA MUJER que yo amo. 

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado el sonido y el abecedario Con él las palabras que pienso y declaro Madre amigo hermano y luz alumbrando,  La ruta del alma de LA que estoy amando. 

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado la marcha de mis pies cansados Con ellos anduve ciudades y charcos, Playas y desiertos montañas y llanos Y la casa tuya, tu calle y tu patio. 

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto Me dio el corazón que agita su marco Cuando miro el fruto del cerebro humano, Cuando miro al bueno tan lejos del malo, Cuando miro al fondo de tus ojos claros. 

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado la risa y me ha dado el llanto, Así yo distingo dicha de quebranto Los dos materiales que forman mi canto Y el canto de ustedes que es el mismo canto Y el canto de todos que es mi propio canto.

 

Hoy estaré en el entierro de la hermana de mi suegra, la Señora Elda, persona que con solo decir mi nombre: Miguelito, me hacia sentirme muy querido y eso era recíproco. Ahora ella está en el más allá disfrutando de lo que le brindará la bondad que ella nos dejó 

 

Miguel Aramayo 

SCZ.13-06-2016

 

2 May

Soy un hablador

He hablado con las hormiguitas, los gusanos, las abejas, los pájaros, los ratones, los perros, incluso me convertí en uno de ellos; hablé con las flores, con los ángeles, con Abrahán, con Jesús y María Magdalena. Hablé con Campanita, Peter Pan; con algunos otros personajes, como Alibaba, Casim, con el señor de los anillos y muchos otros personajes más.

 

Hablé con todos ellos, para aprender de su sabiduría, para pedirles ayuda para mandar mensajes, nunca les tuve miedo, pero si mucho respeto, por más que parezcan insignificantes e irreales, pero creo que no soy el único personaje que se comunicó con los animales. San Francisco de Asís es uno de ellos, que además inicio esa práctica con un lobo feroz, al que dominó con su palabra y lo trató de hermano. Otros es San Martín de Porres, que hablaba con los ratones, los peros, los gatos, las palomas y todos ellos comían del mismo plato que les proveía el morenito. También hablaba con las vacas a las que le pedía que no coman de las plantas de la huerta del convento.

 

En el caso de esos dos santos, son historias de gente que los vio y cuyos hechos quedaron registrados en crónicas que son de conocimiento público y que por lo tanto tienen su alto grado de veracidad. En mi caso es una simple ilusión, una fantasía que únicamente salió de mi boca y no existe ninguna constancia, pero usé esa ficción para poder transmitir a mis nietos algunos conocimientos y dar algunos ejemplos, especialmente enseñándoles a respetar y amar la naturaleza, para que ellos practiquen su amabilidad con ella.

 

Los cuentos más famosos siempre incluyen en su repertorio hechos que no pueden considerarse como reales, el caso del títere Pinocho, que se convierte en humano y que en su vida de muñeco tiene contacto con animales, el más importante Pepe el Grillo, que simboliza su conciencia. Caperucita que habla con el lobo, que después se come a su abuela y a ella y que es salvada por unos cazadores, El gato con Botas, Pato Donald, su novia Deisy, sus sobrinos Huguito, Dieguito y Luisito su tío Patilludo, los Chicos Malos y todos los personajes creados por Walt Disney.

 

Uno de los libros más famosos de la ficción corresponde al cuento de Las Mil y una Noche, que en un principio pareciera que se trata de contar algo real que después se convierte en una gran ficción, de alguien que se deja subyugar por Sherezade, que cada noche le cuenta un cuento y antes de concluir con cada cuento crea un suspenso, una trama que lo deja atento hasta la próxima noche, y de esa manera ella se salva de ser ejecutada y él queda feliz con cada relato esperando el próximo.

 

Leí un libro, que si no me equivoco se titula Las alforjas del cuenta cuentos – de Cesar Vidal, donde habla de lo mucho que enseñan los cuentos y sitúa como uno de los cuentistas más famosos a Jesús de Nazareno, quien increíblemente hasta el día de hoy nos sigue contando sus parábolas que son una enseñanza y un ejemplo de vida. Otro personaje importante que era un gran cuentista es Abraham Lincoln. Los pensadores y escritores griegos, también fueron fabricantes de fantasías que dan la impresión de ser historias reales, como La Ilíada y La Odisea de Homero, e incluso La Divina Comedia de Dante Alighieri.

 

No vayan a interpretar mal, no le llego ni a los talones de los nombrados, pero en mi poca sabiduría y gran amor a mis hijos y mis nietos, además de la febril mente de mentiroso, me hizo inventar las historias que les conté en chicos y que todavía se me ocurre contarles ahora que ya todos, menos unos, ya pasaron de la edad de los cuentitos fantasiosos.

 

Miguel Aramayo

SCZ.02-05-2016

 

2 May

Pensamientos

Me encanta leer pensamientos, principalmente de gente importante, porque lo que decimos el común de las personas todavía no se encuentra escrito en lugares de importancia. A continuación, van algunos de los que leí y que pienso que tienen valor, por lo menos para mí.

 

Si he hecho descubrimientos invaluables es por tener paciencia que cualquier otro talento Isaac Newton

Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los sueños solo de noche. Edgar Allan Poe

May una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad. Albert Einstein

Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo. Julio Verne

Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra es serlo. Sigmund Freud

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. Agatha Christie

No hay barreras, cerraduras ni cerrojos que puedan imponer la libertad de mi mente. Virginia Woolf

Las ideas no se imponen, se proponen. Juan Pablo segundo

La experiencia es un billete de lotería comprado después del sorteo. Gabriela Mistral

Quien de verdad sabe de que se habla, no encuentra razones para levantar la voz. Leonardo Da Vinci

Es mejor estar callado y parecer estúpido que abrir la boca y disipar las dudas. Abraham Lincoln

Sabiendo sufrir se sufre menos. Anatole France

Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades. Miguel de Cervantes Saavedra

Hay algo más importante que la lógica: es la imaginación. Alfred Hitchcock

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos. Nicolás Maquiavelo

Solo cabe progresar cuando se piensa en grande, solo es posible avanzar cuando se mira lejos. José Ortega y Gasset

Para tener existo hay que tener amigos; pero para mantener mucho éxito hay que tener muchos amigos. Frank Sinatra

El silencio no es tiempo perdido. Gustavo Cerati

Para que saber que sabemos lo que sabemos, y saber que no sabemos lo que sabemos, hay que tener cierto conocimiento. Nicolás Copérnico

El verdadero enemigo te transfiere un valor sin límites. Franz Kafka

A pesar de todo, sigo pensando que la gente es buena. Ana Frank

Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón. Jorge Luis Borges

Haz de tu vida un sueño, y de tus sueños una realidad. Antoine de Saint-Exupén

Quien dice una mentira dice dos y dice cien; se inventa mil, dice un millón. Héctor Lavoe

Nuestras virtudes y nuestros defectos son inseparables, como la fuerza y la materia. Cuando se separan el hombre no existe. Nikola Tesla

Ser feliz significa poder percibirse a si mismo sin temor. Walter Benjamin

¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida? Mafalda

Si quieres ser ave, vuela, si quieres ser gusano, arrástrate, pero no grites cuando te aplasten. Emiliano Zapata

Un buen consejo lo aceptaría, aunque viniera del diablo. San Juan Bosco

Ha veces hablamos mucho y decimos poco. Para expresar más, conviene pensar más. Honorato de Balzac

Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo
ahora la hemos de gozar. Federico García Lorca

Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravillosos mundo del saber. Albert Einstein

 

Miguel Aramayo

SCZ. 02-05-2016

1 May

Pensando en profundidad y sin darme cuenta

Leí una opinión, que es la causante de que se me hubiera ocurrido escribir, lo que sigue a continuación, opinión que transcribo y que corresponde a: Anderson Imbert, citado por Alazraki, Jaime, La prosa narrativa de Jorge Luis Borges, Madrid, Grédos, 1983. p. 111. El tiempo, la filosofía y la intertextualidad en la obra de Borges. El tiempo es una preocupación constante en la obra de Borges, desde las primeras búsquedas metafísicas de Fervor de Buenos Aires (1923) hasta las finales de El otro, el mismo (1964) o El oro de los tigres (1972); sin olvidar las reflexiones ensayísticas de Historia de la eternidad (1936) y de Otras inquisiciones (1952). El tiempo es tema central en la cuentística y en casi todas las narraciones del argentino y, como bien lo ha señalado uno de sus críticos, es un «tópico borgeano”.

 

Querer imitar a un escritor en la narración de un cuento, encuentro una tarea más que peligrosa, irreal, porque cada persona es un mundo y cada mundo tiene su tiempo y espacio, lo que para alguien sucede en este momento para otros es algo pasado e incluso olvidado, pero para otros puede ser algo visto como una premonición, como algo que todavía no sucedió, pero que podría suceder en cualquier momento.

 

Son muchos los eruditos que escriben cuentos y cada uno tiene un estilo propio y como en el caso de Borges una repetición constante de un concepto, como en el caso de él, el tiempo, lo cual también para mi es algo muy interesante, porque en este momento puedo estar situado hace mucho tiempo atrás y tomar esas vivencias como algo actual o suceder lo contrario, resaltar cosas de la actualidad, como que hubieran sucedido hace mucho tiempo tras.

 

Después de todo uno puede manejar a su antojo el tiempo, mejor dicho, no manejar a su antojo, sino al antojo de quien en ese momento ocupa nuestros recuerdos, que pueden ser recientes o ser añejos. En mí, por ejemplo, algo que es muy repetitivo es la soledad. Constantemente y sin darme cuenta de lo que acontece o me siento solo o fabrico mi soledad instantánea. Porque podemos estar en una multitud y si queremos, podemos abstraernos de esa situación y sentirnos tan solos como que, si hubiéramos alunizado o como que estamos en un desierto, rodeados únicamente de tiempo y espacio, constituido por la arena, el viento, el sol, los astros y las estrellas.

 

Después de todo, cuando nos encerramos en ese subconsciente, o consiente de nuestro cerebro, es precisamente porque estamos solos, porque lo interesante de ese estado, casi cataléptico, no es más que la concentración y eso es lo que yo denomino soledad. Mi capacidad filosófica, como estudio, es prácticamente nula, porque la mayor parte del tiempo mi espíritu fue forzado a trabajar y por lo tanto mi intelecto se vio reducido a un entorno de absurdo trabajo y mi mente no tuvo el aliciente del aprendizaje de ciencias profundas, pero como Dios me dotó de una razón, todo lo que está a mi alrededor tiene un significado y ese significado puede denominarse filosófico, filosófico empírico.

 

Por eso algunas veces, como en este momento, por ejemplo, estoy escribiendo pretendiendo opinar sobre cosas que considero filosóficas y que sin embargo no son más que simples pensamientos, pensamientos de un ser la libre, con la capacidad de pensar y pensar que puede opinar sobre temas serios.

 

Miguel Aramayo

SCZ.01-05-2016

 

30 Abr

Los robots inteligentes

Para poder imaginar lo que significa la inteligencia virtual y emitir una opinión sobre la misma, por cuanto es un tema que me interesa, Leyendo una entrevista entre Jorge Luis Borges y Herbert Simon (premio Nobel de Economía en 1978 por sus trabajos sobre la teoría de toma de decisiones), comprobé que mi capacidad es mínima, más que eso; es menos, mucho menos que mínima, para poder entender a cabalidad lo que conversaron esos dos personajes; tuve que leer varias veces la entrevista, para poder opinar sobre ambos personajes, pero esa opinión la guardo para mí, porque no soy capaz de mencionar el pensamiento de ambos personajes. Y no quiero caer en lo ridículo.

 

Con la curiosidad de lo que expresaba el cuento de Borges La Biblioteca de Babel, me puse a revisar ese cuento y para una simple expresión, transcribo a continuación algo que leí al respecto: La biblioteca de Babel está formada por hexágonos, de los cuales cuatro muros se usan para almacenar los libros, y las restantes dos para comunicarse con los siguientes. – Cada muro tiene cinco anaqueles. – Cada anaquel treinta y dos libros. – Cada libro cuatrocientas diez páginas. – Cada página cuarenta renglones. – Cada renglón ochenta símbolos. – Cada símbolo veinticinco variantes.

 

Si todo lo que expresa la anotación precedentemente, lo traducimos a algoritmos matemáticos, podremos darnos cuenta de la magnitud de información que podremos descubrir en una biblioteca, por más pequeña que esta sea. Por lo tanto, pensar en que estamos muy próximos a que los científicos puedan perfeccionar la inteligencia virtual, estamos muy equivocados. Por más veloces que sean los equipos de computación, las memorias cibernéticas podrán almacenar inmensidad de caracteres, y después de haber superado el calentamiento de los conductores y semiconductores, veremos que es imposible que una máquina supere la inteligencia humana. Como dice otro artículo que leí, los robots nos ayudarán en mucho a realizar tareas rutinarias, quizá algo más adelantado que abrir puertas, revisar individuos, barrer, aspirar o servir café después de analizar las características físicas e intelectuales del aficionado al café.

 

De esa reunión de dos eminencias algo que comprendí y me gustó es lo que dijo Borges: Me sentía realmente feliz escribiendo. Y no era una felicidad meramente intelectual, uno siente ese tipo de felicidad. Transcribo esto, para expresar que yo también me siento feliz escribiendo, es una forma de escapar de la realidad cotidiana, sin necesidad de entrar en la ficción incoherente, que puede convertirse en incontrolable locura.

 

Leí un artículo de Alberto Rojas para La Nación de fecha, 14 de noviembre de 2013, que dice: Borges es el poeta más citado por los científicos. Si uno pone «Borges Jorge Luis» en la Web of Science, el banco de datos de artículos de ciencia, aparecen miles de citas a su obra en trabajos de matemáticas, física, biología, economía, lingüística y paleontología. Quizá se deba a que Borges, el supremo conciliador del lirismo con la precisión, hace de sus metáforas un reservorio de imágenes donde conviven la ciencia con la visión mágica del mundo. O a que detrás de los planteos científicos fundamentales hay un precepto de raíz borgeana: para entender algo del universo, primero hay que dudar de todo.

 

Borges en El jardín de senderos que se bifurcan, publicado en 1942. Allí, él propone un laberinto temporal en el que, cada vez que uno se enfrenta con varias alternativas, en vez de optar por una y eliminar otras, «opta -simultáneamente- por todas. Crea así diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan». Dejando conceptos que posteriormente zona analizados por la física cuántica, pero mucho después de ese cuento.

 

Lo inexplicable para mí, es como un hombre con tantos conocimientos y cualidades, con un extenso aporte a la literatura, no hubiera obtenido el premio Nobel de literatura. Sin lugar a dudas quienes tienen a su cargo el otorgar ese premio, no tuvieron la capacidad intelectual para captar su gran valor. Una pena y una falla irreparable. Para muchos como yo estoy seguro que reconocemos esa falla.

 

Miguel Aramayo

SCZ.30-04-2016

 

17 Abr

Se desvaneció el ensueño

Esta es una historia que, aunque tiene mucho de tristeza es muy real. Corresponde a un personaje que siendo de otro lugar, estuvo viviendo en Paris y llegó a compenetrase tanto de esta ciudad, que paseaba por ella como si fuera oriundo de ese lugar, pero al mismo tiempo, era como su cuartel de operaciones. Desde allí planificaba todos sus viajes, era como si ese personaje fuera una nave espacial y su departamento en Paris era la base de lanzamientos.

 

Ese personaje uso Paris como su fuente de ensueños, para que su cerebro divague, creando situaciones y personajes ficticios, sobre todo usando la Ciudad Luz, como punto de partida para todos sus viajes imaginarios, o como punto de encuentro, para desde allí partir a otros lugares de Europa y del mundo, sin ningún límite en sus ficciones. Al mismo tiempo logró disfrutar de su estadía, visitando lugares emblemáticos de la misma ciudad.

 

Dentro de sus ilusiones, también logró crear personajes ficticios, como amigos con los que compartía su estancia en la ciudad, para disfrutar de sitios reales, cuyas coordenadas pueden ser encontradas en los planos de la famosa ciudad. Los personajes son inventados, como el caso de su amiga, con la que comparte con tanta frecuencia, situaciones que acontecen en su departamento, en el aeropuerto Charles de Gol, desde donde ambos parten en viajes imaginarios, a lugares reales.

 

Todos los viajes realizados por ese personaje, que es real, que existe, pero que nunca estuvo allí y que, desde ese lugar, con su amiga imaginaria, partieron por rutas reales a lugares reales, tan reales, como que las descripciones de calles, aeropuertos, puertos, hoteles, museos y sitios turísticos, pueden ser reconocidos por personajes reales, que sí estuvieron realmente en esos lugares, o que pueden ser encontrados en guías turísticas de amplia divulgación.

 

Ese personaje, que con sus relatos logró despertar el interés de quienes leían sus viajes y aventuras y que al mismo tiempo esos viajes y aventuras, sirvieron de aliciente al personaje, para seguir inventando historias y en algunos casos incluso llegó a engañar a quienes lo leían, quienes imaginaban que esos viajes se realizaban en la realidad, por el amplio detalle en la descripción de sus ilusiones.

 

En un momento determinado, esas historias, principalmente relatos de momentos románticos o de amor apasionado, le produjeron problemas al personaje al cual me refiero y que hizo de Paris su residencia permanente, por lo tanto, dejó de detallar ese tipo de acontecimientos y en sus próximos relatos desvió su atención a viajes en solitario o narraciones que no tuvieron nada que ver con Paris.

 

Hace muy poco, me encontré con el personaje de esta historia, en un lugar muy botito de la costa azul, lo encontré sentado en la mesa de un café, al frente de su computador, con un vaso de agua y una barra de chocolate. Lo saludé muy efusivamente y el frunció el ceño para reconocerme y me devolvió el saludo de la misma manera, pero con un dejo de tristeza.

 

Le pedí permiso para compartir la misma mesa y el muy amable, como es siempre y en todo momento, aceptó mi compañía. Cerró el computador y lo puso en una silla del lado derecho y me señaló la silla del frente para que me acomodará, estiró la barra de chocolate invitándome a compartirla y me preguntó si quería tomar algo. El garzón que pasaba nos atendió y le pedí agua mineral con gas, el movió la cabeza en señal de no requerir nada.

 

–Amigo se recuerda de mí, somos paisanos.

–Claro que lo reconozco y lo recuerdo, ¿qué hace por estos lares?

–Lo mismo que usted.

–Que bien me alegro y espero que le vaya bien.

 

Noté mucha tristeza en sus ojos y para no incomodarlo más le pregunté:

 

–Lo veo triste, ¿le sucedió algo, o está enfermo? –Y me respondió.

–Una gran amiga que vivía en Suiza y con la que compartimos muchas aventuras desapareció del mapa, parece que la encontraron involucrada con el tema de los papeles de Panamá y prefirió emigrar, pero ya no supe más de ella.

–¿Y usted que hará?

–Nada, ¿Qué puedo hacer? Después de todo, ¡no era más que una simple ilusión…!, ilusión que me ayudó a vivir un buen tiempo de mi vida, ahora me dedicaré a pulir los libros que me inspiró esa ficción, para publicarnos. Espero que le vaya bien cómo les va a todas las ilusiones que uno forja.

 

Terminé la botellita de agua mineral, mientras el consumía su barra de chocolate, después de lo cual me despedí. Se levantó muy atento, me tendió la mano a la que apreté con efusividad y el me dio una palmadita en la espada y me deseó buena suerte.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 17-04-2016 Es un hecho que Dilma sale de la presidencia del Brasil.

 

16 Abr

Los niños y sus características

Somos muy pocos los que observamos a las personas, con un sentido crítico, pero no con el afán de inmiscuirnos en su vida o tratar de interferirlos, únicamente con el deseo de catalogarlos, solo para nuestro interés, sin dejar señales expresas de que hemos estado en esa función. En muchas oportunidades comenté esto que indico ahora, que me gusta analizar a las personas, sin interesarme si son joven o viejo, si son elegante o humilde, si son mujer u hombre.

 

Eso lo hago como una forma de comunicarme con los demás, pero no para dejar un registro de mis observaciones, de mis curiosidades. Incluso pruebo a ver si puedo tener contacto telepático con las personas que están en mi campo visual, no con el afán de lograr respuestas del mismo tipo, simplemente para demostrarme que puedo enviar ordenes telepáticas, que un muchas veces son cumplidas por mis interlocutores telepáticos. Mandos como ¡que se vuelque y me mire…!, ¡que se rasque la nariz…!, ¡que se paren si están sentados…!, o viceversa.

 

Estoy convencido que los ojos son las ventanas del alma de las personas y que uno puede reconocer en ellas su interior, si nos permiten fijar la mira en sus ojos por una fracción de tiempo. La mira de las personas, generalmente nos dan una pauta de la calidad humana, de las personas que nos permiten esa intromisión. Uno puede catalogar: el físico, las actitudes, las vestimentas, si es que por un momento nos sostienen la mirada. Después de tener el privilegio de haber cruzado miradas, uno queda interconectado, porque la otra persona también tiene el privilegio de ingresar a nuestro interior, así como lo estamos haciendo nosotros, pero quizá con la ingenuidad y no la perspicacia nuestra.

 

Todo lo que expreso en ese momento, no es una simple casualidad o el inicio de una perorata, para expresar mis sentimientos. Es porque en días pasados leí un artículo, en uno de los periódicos que caen a mis manos y que decía: Conoce a los niños de las estrellas que viven entre nosotros: Índigo, Cristal, y Arcoíris. Era un comentario periodístico, más o menos largo, que describía que Niños con habilidades especiales, considerados fuera de norma y que han sido mal diagnosticados en la sociedad actual como: Niños índigo, cristal, arcoíris. Que forman parte de nuestra sociedad a partir de la década de los 70 y posteriores.

 

Ese artículo describe las características de los niños denominados: índigo, cristal, arcoíris. Los primeros llegan con una misión de, “ayudar a despertar conciencias”. Las características de muchos de ellos déficit atencional, hiperactividad, sufren de acoso escolar, tienen problemas conductuales al no regirse por las “normas establecidas y la actual educación”. Todo esto, por no encajar en los estándares de sociedad a la cual han llegado.

 

Este niño estrella, han llegado con enseñanzas y vienen a recordarnos quienes somos en realidad, para reconocernos y darnos cuenta que en nosotros está la capacidad de generar cambios y transformar nuestra realidad. Sus características son marcadas. Físicamente tienen una mirada profunda, pura y transparente. Tienen la capacidad de, a través de sus ojos, entregar un amor incondicional. Su mirada es fija, con sabiduría a pesar de ser unos niños en este plano.

 

Los niños Índigo. Llegaron entre los ´70 y ´90. Su aura tiene directa relación con el sexto chakra o tercer ojo. Muy creativos, con capacidades psíquicas, captan desde antes eventos que están por ocurrir. Son intuitivos, emocionales. Los Niños Cristal. llegan con el objetivo de mostrar el camino que conduce a la paz. Son niños que aman todo, principalmente a los animales, la naturaleza, el agua y todo lo indefenso. Son muy sensibles al entorno, cariñosos, generosos pero indulgentes. Tienen habilidades telepáticas. Los Niños Arcoíris, son la tercera generación. Su misión es traer alegría a sus familias y entorno. Sonrientes, llenos de vida y con una gran capacidad de perdón y dominar sus emociones. Tienen una fuerte personalidad y son sanadores.

 

Como pueden ver, lo que yo pensaba hace mucho tiempo atrás, hace más de cincuenta años, ahora está siendo analizado por científicos que tiene la ventaja de aplicar la ciencia, sobre mi simple observación, lo que muchos llaman ¡chifladura!

 

Miguel Aramayo

SCZ. 16-04-2016

 

12 Abr

Introducción

El nombre que elegí para este libro: El Gallo Nigüento, ya fue utilizado por el famoso escritor Homero Carvalho Oliva. Otro escrito de renombre, Winston Estremadoiro, utiliza esa expresión. Maggy Talavera también usa esa expresión: El gallo nigüento –ese que se sacó las niguas y se fue contento–. Ramón Rocha Monroy, en “memorias de Alfonso Reyes”, nombra esa frase como la palabra jitanjáfora. A esas palabras que no tienen significado, pero tienen ternura y ritmo, Alfonso Reyes las bautizó como jitanjáforas. Palabras que no se dirigen a la razón si no a la sensación y a la fantasía; que no tienen otra utilidad que el halago. 

 

Siempre que mis nietos me insistían que les cuente un cuento más y daba por terminada la sesión, contando el cuento del Gallo Nigüento: El gallo que se quitó las niguas y quedó contento. Algo como decir: Colorín colorado, este cuento ha terminado.

 

En este libro utilizo como muletilla un personaje al que denomino: El Ser Chiquito, que en alguna oportunidad solo denomino: Chito y en contadas oportunidades como: el Duende Cibernético. Es un personaje de ficción que me acompaña desde que tengo uso de razón y que en muchas oportunidades he llegado a pensar, que no es un personaje de simple ilusión, sino que es mi alma o más que eso, es la personificación de mi Angel Guardián.

 

El Ser Chiquito, cuando yo era niño, era mi compañía incondicional, yo hablaba con él, yo jugaba con él, el me acompañaba en mis penas, él era como mi conciencia, me hacía recapacitar cuando no había actuado correctamente. Era como Pepe el grillo en el cuento de Pinocho. Cuando fui joven siguió conmigo y esa amistad sigue hasta el día de hoy y constantemente pienso en él, especialmente cuando estoy triste.

 

Es un personaje que me ayuda a escribir, que me ayuda a soñar, que me hace recapacitar, es alguien con el que me comunico telepáticamente y que siempre que estoy en situaciones difíciles aflora a mi mente y me dice: Flaco ¿Qué te pasa?, ¿en qué te puedo ayudar?, ¡manda al diablo todo y conversemos…! Es en ese momento que me visitan las musas y dejo en el papel lo que expresa mi estado de ánimo.

 

Tengo la plena seguridad que mi personaje, compañero, amigo y Angel de la Guarda, tendrá una presencia inolvidable entre todos los miembros de mi familia y muy especialmente en mis nietos, que siempre que piensen el abuelo, también pensarán en El Ser Chiquito y cuando lo nombren, indirectamente pensarán en el abuelo.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 12-04-2016 Día del niño boliviano.

 

8 Abr

Qué tiempos aquellos.

Hace unos días escribí algo, sobre cómo era en la época de nuestros abuelos y bisabuelos. Nuestros abuelos eran del siglo veinte y por lo tanto me referiré a ellos, porque los bisabuelos eran del siglo diecinueve, aunque vivieron más de la mitad del siglo en el que vivieron los abuelos, que es el siglo en el que también vivimos nosotros y en el que nacieron nuestros hijos y los nietos mayores a fines del siglo veinte y los menores a principio del siglo actual.

 

Cuando era chico, no me recuerdo haber visto gordos y si vi alguno, dos o tres, en toda mi vida de niño y joven. Uno era un Sr. Rojas, un comerciante de abarrotes, otro era Chocho Adler un comerciante muy conocido y el otro era Titila, que tenía una rotisería en la calle Ecuador, entre Aspiazu y Fernando Guachalla (La Paz). Mujeres gordas, como los señores nombrados no conocí ni una sola, pero si todas las que conocí rellenitas, de curvas pronunciadas, pero no exageradas. Me refiero a la gordura. Porque la gente del siglo pasado no era sedentaria, quizá comía más que lo que se come ahora, pero caminaba diez veces más que lo que se camina ahora y no solo los mayores, todos.

 

Todos éramos de un nivel social más o menos uniforme, eran muy pocas las familias que tenían autos, que podía ser algo que marque la diferencia, casi todos nos movilizábamos en vehículos de servicio público, colectivos o tranvía. Los taxis eran contados y ambulancias casi no habían, ni que decir carros bomberos. En las casas eran muy pocos los que tenían heladera, cocina eléctrica y tocadiscos. Uno que otra familia poseía tostadora y pare de contar. No se usaba el papel higiénico, en su lugar se usa papel sábana, en las casas finas y papel de periódico, en la mayoría de las casas. Los periódicos también se usaban para hacer envoltorios en lugar de las bolsas de polietileno que se usan ahora. Algunas casas tenían chimenea y para los friolentos había las bolsas de goma que se llenaban con agua caliente, o botellas con agua caliente, con su forrito de lana.

 

Los envases, generalmente se guardaban para otros fines, incluso los palitos de los helados. Plástico no existía y tener una prenda de nilón era un lujo, las medias que usaban las mujeres, eran de seda y se remallaban con una aguja especial, cuando se corrían o se rasgaban; ahora se las tira a la basura, cuando se corren. En las casas existía una caja, envase de chocolate o galletas importadas, donde se conservaban los botones, además, en la misma caja había una bola de marfil (bola de billar) o un foco quemado, para zurcir los calcetines, junto con carretes de hilos de todos los colores. Como la gente caminaba tanto, a los zapatos se les cambiaba suela completa o en la mayoría de los casos media suela y se le ponían punteras de metal, en la punta y el taco. Los chicos usaban pantalones con remiendos o refuerzos, en las rodillas y los codos, no conocíamos las cremalleras, por lo tanto, se usaban botones y corchetes.

 

El remedio más popular para el empacho era la enema o lavativa, un envase de fierro enlozado, de color blanco con un ribete azul en el borde, con una tripa de goma y una punta de plástico con su válvula de mariposa, que se llamaba cánula, que era lo que te introducían en cierta parte, para vaciarte en las tripas, agua caliente con jabón o agua de malva. Para los resfríos fuertes o los dolores de espalda y pecho, se usaban las ventosas, para los dolores de cabeza los paños fríos, mejoral o geniol. Para los resfríos inhalaciones de eucalipto, para los pies con mal olor, baños de permanganato y para los dolores de estómago bicarbonato, para los ardores de ojos, lavajes de ácido bórico y para las paperas belladona, para los dolores musculares linimento sloan. Los flacos teníamos que consumir emulsión de scott o pastillas de aceite de bacalao, para los empachos, sal inglesa o aceite de ricino. Para algunas dolencias también se estilaba el baño de asiento en un amplio bañador o palangana de fierro enlozado y para concluir no debemos olvidad del famoso bacín o taza de noche, junto con la jarra floreada.

 

Como han cambiado los tiempos, pero lo interesante es que en esos cien años el hombre aportó una cantidad de inventos, que son los que han cambiado a la humanidad en su conjunto, pese a que la humanidad padeció dos guerras mundiales, que fueron en gran medida las que despertaron el ingenio de los hombres. En el mismo tiempo hubo una recesión económica después de la primera guerra y antes de la segunda, eso también castigo al hombre y lo hizo modificar su forma de ser y de vivir, a toda velocidad después de la segunda guerra.

 

Miguel Aramayo.

SCZ-08-04-2016

 

6 Abr

Quisiera no pensar.

Qué difícil es tener la mente en blanco y solamente amar, sonreír, jugar, trabajar, comer, dormir, hacer vida social; cada actividad de acuerdo a su prioridad, pero sin ninguna presión. Creo que eso es imposible para una persona normal del estilo de vida actual. Quizá eso era más factible para nuestros abuelos y bisabuelos, hace un siglo atrás. Saludar, despedirse, respetar a las damas y a los mayores, conocer las reglas de urbanidad y de civismo.

 

Nuestros abuelos tenían la radio para escuchar música y de vez en cuando escuchar noticias, generalmente por acontecimientos sucedidos un tiempo atrás, no como ahora las noticias las tenemos en tiempo real, mientras suceden, las vemos y en muy corto plazo las tenemos editadas, con el comentario de gente especializada. La televisión nos proporciona esa ventaja, pero con la comunicación de los celulares, podemos generar nuestras propias noticias (chismes – rumores o realidades) en tiempo real (en línea). También tenemos el computador en la oficina y adicionalmente en la casa, en ambos casos conectados a Internet.

 

Todo ese flujo de información, por todos los medios de comunicación, nos ha convertido en individuos que pertenecemos a una comunidad, no solo a las redes sociales de nuestros núcleos creados a antojo nuestro, somos individuos del país y del mundo, por lo tanto el volumen de información que debemos soportar es excesivo y además de todo eso, desde el celular podemos ver donde están nuestros seres queridos, que hacen si los tenemos controlados por cámaras y por más que instruyamos silenciar los medios de comunicación que utilizamos, los que nos requieren, tienen formas de comunicarse con nosotros en cualquier momento, porque por último si no suena, vibra el celular, el Ipat  o el computador, si no suena, ni vibra, pestañea enviando señales luminosas.

 

El cerebro humano, tuvo una evolución conforme al avance tecnológico, pero no significa que tengamos mayor cantidad de enlaces entre los lóbulos del cerebro, que los niños de ahora nazcan con mayor cantidad de masa encefálica o que se hubiera incrementado la materia cris o que las neuronas tengan mayor cantidad de axones. Sin embargo, las nuevas generaciones tienen mayores y mejores aptitudes para el manejo y el entendimiento de los elementos de comunicación, porque los mismos fueron diseñados con mayores condiciones de accesibilidad y con funciones más lógicas, además que se han estandarizado y casi todos los elementos obedecen el mismo tipo de órdenes, con una mayor cantidad de íconos que son de mayor acceso a gente con menos edad.

 

Toda esa avalancha de tecnología, pero sobre todo de información, altera nuestra psiquis y nos mantiene en constante tensión, lo que en muchos casos, esa alteración produce males notorios, como la jaqueca, la migraña, el estrés, pero en algunos casos la indiferencia, que también es un mal actual, antes recibíamos mayor atención de nuestros mayores y prestábamos mayor atención a nuestra pareja y nuestra prole, porque no teníamos tanta presión emocional y acariciarnos, besarnos o simplemente conversar nos proporcióname mayor felicidad y el jugar una partida de ajedrez, damas chinas, o el dómino, ocupaba nuestro tiempo y mejoraba nuestras relaciones interpersonales.

 

En cambio, ahora ya nadie conversa, ya nadie se interesa por hacer un cariño, la gente ya no sabe que es hacer un guiño, una cabeceada, para esconderse en algún lugar de poca luz, para besarse y acariciarse y de esa manera mantener e incrementar el amor de pareja. Ahora cada uno con su celular está revisando que cuentas tienen pendientes de pago, que acontecimiento político nos puede afectar laboralmente o hasta familiarmente.

 

Ya nadie juega, vuelan vuelan…, las chicas ya no saben danzas como:  llévensela sentadita en un sillón, amarradito su calzón…, o los chicos no saben cómo se construye un cometa, como se hace bailar un trompo, menos aún ya no conocen el bolero (el enchoque), se acabaron los dinky toys y al diablo con el banco inmobiliario, todo eso son antigüedades para gente sin ningún ingenio. Pensar que los que pudimos disfrutar de todo lo que nombré, somos los causantes de que las cosas sean como son.

 

Miguel Aramayo

SCZ.06-04-2016

 

6 Abr

Quisiera no pensar.

Qué difícil es tener la mente en blanco y solamente amar, sonreír, jugar, trabajar, comer, dormir, hacer vida social; cada actividad de acuerdo a su prioridad, pero sin ninguna presión. Creo que eso es imposible para una persona normal del estilo de vida actual. Quizá eso era más factible para nuestros abuelos y bisabuelos, hace un siglo atrás. Saludar, despedirse, respetar a las damas y a los mayores, conocer las reglas de urbanidad y de civismo.

 

Nuestros abuelos tenían la radio para escuchar música y de vez en cuando escuchar noticias, generalmente por acontecimientos sucedidos un tiempo atrás, no como ahora las noticias las tenemos en tiempo real, mientras suceden, las vemos y en muy corto plazo las tenemos editadas, con el comentario de gente especializada. La televisión nos proporciona esa ventaja, pero con la comunicación de los celulares, podemos generar nuestras propias noticias (chismes – rumores o realidades) en tiempo real (en línea). También tenemos el computador en la oficina y adicionalmente en la casa, en ambos casos conectados a Internet.

 

Todo ese flujo de información, por todos los medios de comunicación, nos ha convertido en individuos que pertenecemos a una comunidad, no solo a las redes sociales de nuestros núcleos creados a antojo nuestro, somos individuos del país y del mundo, por lo tanto el volumen de información que debemos soportar es excesivo y además de todo eso, desde el celular podemos ver donde están nuestros seres queridos, que hacen si los tenemos controlados por cámaras y por más que instruyamos silenciar los medios de comunicación que utilizamos, los que nos requieren, tienen formas de comunicarse con nosotros en cualquier momento, porque por último si no suena, vibra el celular, el Ipat  o el computador, si no suena, ni vibra, pestañea enviando señales luminosas.

 

El cerebro humano, tuvo una evolución conforme al avance tecnológico, pero no significa que tengamos mayor cantidad de enlaces entre los lóbulos del cerebro, que los niños de ahora nazcan con mayor cantidad de masa encefálica o que se hubiera incrementado la materia cris o que las neuronas tengan mayor cantidad de axones. Sin embargo, las nuevas generaciones tienen mayores y mejores aptitudes para el manejo y el entendimiento de los elementos de comunicación, porque los mismos fueron diseñados con mayores condiciones de accesibilidad y con funciones más lógicas, además que se han estandarizado y casi todos los elementos obedecen el mismo tipo de órdenes, con una mayor cantidad de íconos que son de mayor acceso a gente con menos edad.

 

Toda esa avalancha de tecnología, pero sobre todo de información, altera nuestra psiquis y nos mantiene en constante tensión, lo que en muchos casos, esa alteración produce males notorios, como la jaqueca, la migraña, el estrés, pero en algunos casos la indiferencia, que también es un mal actual, antes recibíamos mayor atención de nuestros mayores y prestábamos mayor atención a nuestra pareja y nuestra prole, porque no teníamos tanta presión emocional y acariciarnos, besarnos o simplemente conversar nos proporcióname mayor felicidad y el jugar una partida de ajedrez, damas chinas, o el dómino, ocupaba nuestro tiempo y mejoraba nuestras relaciones interpersonales.

 

En cambio, ahora ya nadie conversa, ya nadie se interesa por hacer un cariño, la gente ya no sabe que es hacer un guiño, una cabeceada, para esconderse en algún lugar de poca luz, para besarse y acariciarse y de esa manera mantener e incrementar el amor de pareja. Ahora cada uno con su celular está revisando que cuentas tienen pendientes de pago, que acontecimiento político nos puede afectar laboralmente o hasta familiarmente.

 

Ya nadie juega, vuelan vuelan…, las chicas ya no saben danzas como:  llévensela sentadita en un sillón, amarradito su calzón…, o los chicos no saben cómo se construye un cometa, como se hace bailar un trompo, menos aún ya no conocen el bolero (el enchoque), se acabaron los dinky toys y al diablo con el banco inmobiliario, todo eso son antigüedades para gente sin ningún ingenio. Pensar que los que pudimos disfrutar de todo lo que nombré, somos los causantes de que las cosas sean como son.

 

Miguel Aramayo

SCZ.06-04-2016