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21 Oct

Dibujando mentalmente a mis abuelas.

Se me ocurrió una locura, sin tener la menor idea de dibujar con carboncillo y sin siquiera pensar, que mi idea pueda ser posible, me gustaría dictar a un pintor la escena de una fotografía donde se ve sentadas a cuatro personas, la más joven está por encima de los sesenta años, la que sigue en más o menos la misma la misma edad, la otra más o menos los ochenta y cinco y la más vieja algo más próximo a los cien años o algo más. Dos de ellas vestidas totalmente de negro, las dos más mayores, de las otras dos una de falda negra pero con una blusa blanca, la otra está con una bata de lana de color café oscuro con cuello esmoquin. La menor de las ancianas esta con una manta negra sobre los hombros, que cubre parte del regazo.

 

Para poderlas diferencia les daré los nombres de la cuatro mujeres: Elvira es el nombre de la más joven, Mercedes es el nombre de la que está vestida de bata café, la menor de las ancianas es Clementina y la mayor de todas es Eloísa. Las cuatro tienen canas, de acuerdo a la edad que tienen, pero Clementina y Eloísa ya no tienen ni un solo cabello negro, quizá unos cuantos Clementina. Los rostros de la dos ancianas muestran arrugas, mientras que en las dos más jóvenes casi no se notan arrugas, salvo que Mercedes tiene expresión de dolor, que le marca una arrugas en la frente.

 

La expresión de tres de ellas, es una muestra de paz, de tranquilidad y sobre todo serenidad, mientras que Mercedes tienen una expresión de dolor, de preocupación. Las tres son simpáticas, cada una por un estilo diferente. Eloísa tiene los ojos chiquititos y celestes, con muy poquitas pestañas, es carirredonda de labios muy finitos y unas orejas perfectas, la frente exageradamente amplia se peina con muy poquito pelo hacia atrás terminando en un moñito que tienen un alma, para aumentar el volumen. Su nariz es recta y normal. Ninguna de las cuatro lleva maquillaje y por lo tanto lo que expresan sus rostros es naturaleza pura.

 

Clementina tiene la cara larga y se nota un profuso, pero notorio bigotes sobre los labios, que muestra un carácter fuerte, autoritario, los ojos son negros, con un brillo profundo y pestañas negras, su piel es pálida con una tonalidad leve de trigueña, la nariz es algo grande y aguileña, pero todo su rostro conjuga con su personalidad de alguien enérgico, incluso su voz es profunda. También peina para atrás y el peinado termina en un moño, se nota que tiene abundante cabello, la frente es amplia y le da un aspecto señorial.

 

Elvira, tienen facciones muy dulces, es muy simpática de cara de piel muy blanca pero con lo pómulos como si tuvieran un toque de carmín, la nariz es recta, normal y los labios son carnosos, coloreados como si se los hubiera pintado, pero sin embargo no lleva nada de pintura labial. Sus ojos son negros con pestañas que le dan un marco de bondad, lo mismo que las cejas y las orejas, se peina hacia atrás y termina en dos moñitos pequeños a ambos lados de la cabeza, tiene una sonrisa que denota bondad, al mismo tiempo que felicidad.

 

Mercedes tiene un rostro distinguido, señorial, una amplia frente marcada por algunas arrugas, como si estuviera extremadamente concentrada, sus ojos son castaños, su piel muy blanca, los labios muy delgados con una marca de sufrimiento, de tristeza. Se peina hace atrás y su cabello tiene muchas canas, también está peina con un moño en la nuca.

 

Las cuatro están sentadas en un diván con brazos laterales, están acomodadas como que supieran que van ser retratadas. La postura de las manos es la misma de las cuatro, sobre las piernas pegadas a la cintura, pero sin rodearse la misma, al contrario muestran las manos abiertas apoyadas en sus piernas.

 

Esta forma de describir a mis parientes, las dos mayores son mis bisabuelas, Eloísa madre de Mercedes, Clementina madre Elvira y de Carlos, el esposo de Mercedes. Yo en ese momento tengo entre 15 y 16 años y creo que es la última vez que las vi a las cuatro parientas juntas, por lo menos juntas en el mismo diván.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 21-10-2015

 

18 Oct

Amigo importante y familia viajera.

Cuando era adolescente (15 o 16 años) tuve un amigo, uno de esos amigos pasajeros, no me recuerdo al nombre, pero creo que el apellido era Almansa o Almanza. Con toda seguridad era hijo de gente muy importante, nunca conocí a su padre pero el recuerdo que tengo de su madre es de una señora muy distinguida pero de mucha edad, comparando a ella, con mi madre o todas las medre que conocía de otros amigos.

 

Vivía  en la esquina norte de la plaza Abaroa, en la esquina de la “20 de octubre” y la “Belisario Salinas”, si no me equivoco en el nombre de esta última calle. Era una casa señorial, desde la entrada, tenía un recibidor muy finamente amoblado, incluso con una mesita esquinera, con bandeja de plata muy bien lustrada para que los visitantes dejen su tarjeta de visita. El salón con finas alfombras, inequívocamente persas y muebles antiguos, seguramente de fabricación francesa, con tapices exquisitos y de madera finamente labrada.

 

Lo que más me impresiono de ese salón fue la chimenea, algo extraordinariamente grande, en un rincón de la estancia, que podía irradiar calor a todo el salón y la chimenea calentar los ambientes del segundo piso, además de ser grande estaba recubierta de una lámina de cobre, finamente forjado y tenía como protección y utensilios, algo finamente decorado y forjado en bronce con cabos de madera.

 

Las fotos, que estaban enmarcadas en finos marcos de plata, mostraban a mi amigo junto a su familia en lugares que parecían inauditos, junto a la tumba de Tutankamon, junto a las pirámides de Egipto, cada miembro montado en un camello. En el arco del triunfo en Paris, navegando en un yate junto a la estatura de la libertad, en el palacio imperial de China o en algún jardín exótico de Japón, sobre un elefante en Camboya y en los templos de piedra de Jakarta.

 

En ese entonces, cuando este amigo ocasional nos invitó a tomar té a su casa y pudimos apreciar todo lo que describí, quedé con la boca abierta y babeando, pero ahora que pasó el tiempo y puedo analizar los viajes que hicieron mi mujer y mi hijo con su familia, en mi casa también hay fotos de todo lo que nombré, además de la muralla china, el Burj Al Araf en Dubai, Sídney en Australia, el Vaticano en Roma y también he visto a miembros de mi familia montados en camellos, elefantes, acariciando jirafas y en templos de piedra con exposiciones increíbles, en Disney etc.

 

También en mi casa hay alfombras persas, cuadros de Singapur, bordados de Indonesia esculturas de madera labrada de esos lugares y un sinfín de suvenires, de todos los viajes que realizaron y que en cada vez que están en Bolivia traen como recuerdos de sus viajes. Cuando pienso que para hacer esos viajes, debe recorrer largas distancias y viajar en monstruos como el Airbus A380 y similares y apreciar que cuando hablamos nos separan entre, seis, ocho y hasta doce horas, porque esa también es una forma de medir la distancia que nos separa, entre donde están ellos y yo que permanezco en Santa Cruz.

 

Desde luego que todo eso me entusiasma y me hace sentir importante, pero ya no abro la boca ni me babeo, como cuando conocí ese amigo de infancia o pubertad. Ahora yo me distraigo viajando por el mundo ayudado por Google y una conexión a Internet, que me permite estar donde se me antoja, en un tiempo record, sin gastar ni un peso y disfrutando los mismos paisajes, incluso transitando por el interior de los mismos aviones que usan mis parientes, pero casi siembre en primera, o clase preferencial.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 18-10-2015

 

17 Oct

Los días pasan.

Los días pasan y no es porque estemos de paseo, los días pasan porque es algo inexorable, algo que comienza a correr desde el momento que somos concebidos, primero porque deben transcurrir un número de días desde ese hecho, hasta el nacimiento y ese número de días, que es denominado de espera, porque la gestación es una espera; a partir del nacimiento ya no es espera, ya es una carrera, una carrera impuesta por el destino: nacer, crecer, multiplicarse y morir.

 

Nacemos para cumplir una función. La misión general de un ser humano es equivocarse. Nunca debemos olvidar el origen modesto de nuestra existencia efímera: “De tierra eres y tierra volverás» (Bereshit 3:19).

 

La Biblia dice: y formó Dios al hombre, polvo de la tierra, e insufló en él el Alma de Vida, y el ser humano se convirtió en ser vivo”. Polvo y Alma. El polvo vuelve a su origen con la muerte física del hombre justo. El alma retorna a la Fuente de la cual ha sido formada (Kohelet Capítulo 12:7). El alma alimenta el cuerpo; del mismo modo en que Dios es Puro, así también el alma; Dios Habita lo recóndito del mundo y así el alma es el cuerpo.

 

Pero no por el hecho de que nuestros padres se comieron la fruta del árbol del bien y del mal y fueron castigados, recibiendo la expulsión del jardín del Edén y signados con la señal del “Pecado Original”, que según los libros religiosos se nos borra después del bautismo, esto según los católicos.

 

La enseñanza cristina enfocada en que supuestamente Dios maldijo eternamente a Adam (HaRishón) y a Eva (Havah), así como todas las generaciones futuras, pues por medio de este pecado introdujeron la muerte en el mundo.  A partir de ese momento es que se inicia la carrera, la carrera por llegar al final de la vida, la muerte.

 

Durante ese espacio de tiempo, tiempo que denominamos vida, el mismo que puede ser de pocos o muchos años, no necesitamos preocuparnos por el final, ése llegará cuando sea el momento que nos tiene predestinado el Creador. Pero durante ese espacio de tiempo, depende de nosotros ser felices, porque, según mi entender, la felicidad no es algo que nos llega de arriba, es algo que construimos nosotros, minuto a minuto durante toda nuestra existencia, por lo tanto el ser felices es algo de nuestra incumbencia.

 

Los problemas, los sinsabores, las decepciones, las ofensas, el desamor; todo eso no son más que pequeñas manchas, que no tienen por qué opacar nuestra felicidad. De nosotros depende de darles un menor valor en nuestra existencia e incluso apartarlas ni bien se presentan, porque existen soluciones para los problemas, sabores para los sinsabores, optimismo y buenas oportunidades para eliminar las decepciones, momentos agradables para contraponer las ofensas y amor existe en todo nuestro alrededor, a montones, y por lo tanto no debe afligirnos el desamor.

 

El transitar por la vida es un camino que debemos recorrerlo con calma, no con prisa y sin pensar que lo que hemos recorrido es mucho o poco y que lo que nos resta por transitar es suficiente o escaso. Nuestra obligación es caminar con paso firme, sin retroceder para quejarse, tan simplemente mira atrás para tomar lo sucedido como ejemplo, para repetirlo o desecharlo. 

 

De esa manera su tránsito será feliz, lindo, hermoso, hasta que nos toque llegar al fin, que desde luego no es la conclusión, porque dependiendo de cómo hemos recorrido ese camino, nos toca continuar con la eternidad, que con toda seguridad será hermosa, como un premio por lo recorrido o el olvido total y absoluto, sino supimos vivir con la felicidad, que estando en nuestra manos no supimos utilizarla a nuestro antojo, para satisfacer nuestra existencia desde el principio hasta el final de nuestros días.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 17-10-2015

 

10 Oct

Polución electrónica.

Mis bisabuelos no tuvieron ni luz, ni teléfono, ni radio y las mujeres debían casarse vírgenes. Mis abuelos ya comenzaron a gozar de la luz y en lugar del teléfono  ya tuvieron telégrafo y se iniciaron las primeras radios. Las mujeres debías casarse vírgenes. Mis padres ya tuvieron luz, teléfono, telégrafo, radio broadcasting, télex, y las mujeres debían seguir siendo vírgenes al casarse.

 

Nosotros además de los que tuvieron nuestros padres, tuvimos fax, se perdió el telégrafo y tuvimos la comunicación telefónica internacional, por una compañía que se llamaba, sino me equivoco, “Cable Wescott”, además de televisión y pudimos gozar de la computación y cuando fuimos adultos conocimos los primeros celulares y supimos de internet. Las mujeres debías seguir llegando vírgenes al matrimonio, pero ya hubieron muchas que consideraban a eso una antigüedad. 

 

Nuestros hijos gozaron de lo mismo que nosotros, pero con tecnología más sofisticada, televisión a color. Cuando ellos fueron mayores, ya pudieron disfrutar de lo mismo, pero con la ventaja de ser inalámbrico y totalmente digital, y ya fueron muy pocas las mujeres que llagaron vírgenes al matrimonio.

 

Nuestros nietos nacen prendidos al celular, con la tecnología androide, casi todo inalámbrico, incluso la transmisión de energía eléctrica. Las radios y los periódicos, ya cambiaron de formato, ya no se conocen los discos de vinilo y se están perdiendo los CD, porque ahora se puede escuchar musica por el mismo celular y con el programa “Spotify” ya no necesitas comprar, con solo una suscripción mensual puedes tener toda la musica del mundo a tu disposición, desde la primera a la última edición y vía internet. Las mujeres que llegan vírgenes al matrimonio, es porque eran feas en adolescentes o eran hijas de religiosos radicales, porque ya casi todos los países modernos son laicos y los muchachos, cada vez están más alejados de Dios y más apegados a la tecnología.

 

El respeto y la urbanidad, ya es solo hipocresía que usan los diplomáticos muy tradicionales, porque hoy todo está cambiando, ya no usan corbata, pueden expresarse en lenguaje obsceno. Ya no importa como usas los cubiertos o las copas, puedes comer con las manos, porque es más comida rápita la que se consume. Los sentimientos se expresan con iconos, como caritas con diferentes expresiones y cada vez aparece un nuevo icono, incluso las señas manuales son utilizadas para expresar sentimientos, dependiendo como acomodes los dedos de una mano o las dos.

 

Ayer pude ver un programa que capta en pantalla la señales de internet  y observamos que en un espacio más o menos alejado de la aglomeración urbana, se registraban como señales de internet inalámbrica, nada menos que diecisiete conexiones diferentes y la persona que me mostraba eso, me comentaba que en lugares como el Centro Empresarial Equipetrol, o cualquier edificio urbano, ya es difícil diferenciar por colores la cantidad de señales de Internet inalámbrica y la lista de usuarios es tal, que se aprecian a cientos de conexiones inalámbricas. 

 

Esto demuestra la Polución electrónica a la que hemos llegado, lo cual me hace pensar que los genes de los seres con vida: humanos, animales y vegetales, están sometidos a todo tipo de radiación y no sólo al cambio climático por el calentamiento global.

 

El tema es mucho más complejo, porque los políticos están usando técnicas de manipulación psicológica, para jugar con la conciencia de masas, mediante, no solo el lavado de cerebro, sino también la propaganda subliminal, propaganda que se introduce en el cerebro de los humanos y los modifica a su antojo, aunque ese tipo de manejo de información está prohibido. 

 

Todo esto no es nuevo, Enrique Santos Discépolo, ya lo notó en 1934 y lo expresó en su tango, Cambalache. “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé; en el quinientos seis y en el dos mil también; que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos. Valores y dubles, pero que el siglo veinte es un despliegue de malda’ insolente. Ya no hay quien lo niegue; vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos”.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 11-10-2015

 

6 Oct

El Reloj.

Que complicado es tener el tiempo para ver el reloj y estar informado del paso del tiempo, de esa manera el tiempo demora mucho en pasar, puedes llegar a contar los segundos, los minutos, las horas y cada vez que te informas de la hora que es, te desesperas porque el tiempo no pasa, el tiempo se estancó, o por lo menos se hizo más lento su transitar.

 

En cambio cuando no tienes el tiempo suficiente para controlar el reloj, fijarte en la lectura del tiempo, el tiempo pasa a toda velocidad, el tiempo se hace fugaz, al extremo que pierdes la noción de su paso y cuando recuerdas el tiempo se pasó y tomas conciencia de eso, cuando es otra persona la que te informa de la lectura del reloj.

 

Cuando el tiempo no pasa, cuando se demora en su transcurrir, todo lo que hagas te resulta monótono, aburrido, pesado, porque tu mente está absorbida por la lectura del reloj y tu mente absorta con el tic tac del reloj y mucho más tormentoso, cuando el elemento que te brida la posibilidad de leer el paso del tiempo cuenta con campanas y mucho más lamentable si tiene un carrillón, un carrillón que te muestra que pasó un cuarto de hora y luego media hora, para después volver a repicar a los tres cuartos de hora y el mayor tormento, cuanto completó una hora y además del carrillón escuchas las campanas que te insinúan la cantidad de horas transcurrida desde la media noche del día anterior.

 

En cambio cuando estuviste tan ocupado de cuerpo y alma, que no te preocupó el transcurrir del tiempo y mucho menos el querer enterarte de su lectura, al extremo que puedes estar próximo al Big ben de Londres, el Westminster, el reloj astronómico de Praga, el reloj de la Puerta del Sol en España o el reloj de Berna en Suiza y no sabrás la hora en la que te encuentras en ese momento, por lo tanto podrás, decir que el tiempo no pasó y si pasó no fue para vos, con lo cual se alarga la vida, porque el tiempo no pasó. 

 

José Hernández en su libro “Martín Fierro” se refiere al tiempo, cuando dice: “…¿cuándo formó Dios el tiempo y porque lo dividió?” “El tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir. Nunca tuvo principio y jamás acabará. Porque el tiempo es una rueda y rueda es eternidá; y si el hombre lo divide, sólo lo hace en mi sentir, por saber lo que ha vivido o le resta por vivir”. ”…procuren de no perder ni el tiempo, ni la vergüenza. Como todo hombre que piensa, procedan siempre con juicio; y sepan que ningún vicio acaba donde comienza”.

 

Gustavo Adolfo Bécquer en un poema menciona el tiempo, como eternamente, instante, jamás, de la siguiente manera: “Podrá nublarse el sol eternamente; podrá secarse en un instante el mar; podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse La llama de tu amor”.

 

También Gabriela Mistral le escribió al tiempo, de esta manera: “Miré al ladrón de la hora y el día en la espalda vencida de mi madre. Fue mi enemigo solamente el Tiempo, solo el Despojador que va sin rostro, el Arrebatador mudo y nocturno”.

 

Otro poeta que también habla del tiempo es Juan de Dios Peza y dice: “Con letras ya borradas por los años, en un papel que el tiempo ha carcomido, símbolo de pasados desengaños, guardo una carta que selló el olvido”.

 

Amigos, yo no soy poeta, pero quiero compartir con ustedes mí tiempo, tiempo que no es perdido, porque con eso les recuerdo que el tiempo es valioso y que se pasa en un instante, aunque a algunos les parezca que es eterno.

 

Miguel Aramayo

SCZ.06-10-2015 Cumpleaños de mi sobrina Cecilia.

 

3 Oct

Caminando por el desierto.

Ya he caminado muchas veces sobre la arena, sobre la arena caliente, sobre la arena fría, sobre la arena gruesa, sobre la arena fina, sobre la arena seca, sobre la arena húmeda. He caminado solo, acompañado. He caminado de verdad, también en mis ficciones, incluso en un viaje me encontré con Jesús, Jesús el Nazareno, Cristo. He conversado con él y hemos festejado juntos un Shabat, estando Él acompañado por María Magdalena.

 

Por lo tanto tengo algo de experiencia para poder escribir respecto a ese tema, sobre como caminar por el desierto, porque incluso anduve montado en un camello y he acampado como lo hacen los beduinos y he leído sobre algunos personajes que habitan el desierto o que alguna vez transitaron por el desierto, cualquier desierto. Estuve compartiendo y cabalgando en camello con los tuaregs, “los hombres azules del desierto”. Oí hablar de Moussa Ag Assarid, el mayor de trece hermanos de una familia nómada de tuaregs. Alguien que nació al norte de Mali hacia 1975 y en 1999 se trasladó a Francia para estudiar. Es autor de «En el desierto no hay atascos», donde describe su fascinación y perplejidad ante el mundo occidental. Nació en el desierto, ¡sin papeles…! fue pastor de camellos, cabras, corderos y vacas de su padre. Estudió Gestión en la Universidad Montpellier.

 

También algunas veces me he sentido en un desierto, estando en mi casa, sentado en un sofá del living, pero tan solo, que el único ser que acompañaba mi soledad era yo mismo, porque al sentirme solo, me hice compañía con mis ficciones, con mis ilusiones y de un momento a otro salía de ese ostracismo para estar en Paris, Marbella, Atenas o en Portugal, España, Egipto. Porque estar solo, te da la ventaja de que puedes elegir con quien estar, como estar y donde estar; aunque te sientas en un desierto, sólo viento y arena, arena y viento, pero contigo mismo, que es suficiente compañía.

 

Ahora se me ocurrió elegir este tema, no sólo porque esté solo, como estoy el setenta por ciento de mi tiempo, porque el hecho de estar en un lugar donde hay mucha gente, no quiere decir que estas acompañado, puedes estar en la iglesia de San Pedro en el Vaticano con lleno total, como ya me sucedió alguna vez en una de mis ficciones, pero te sentirás tan solo como si estuvieras en un desierto, porque tu objeto fue explorar tu conciencia y el único que podría acompañarte es Dios, Él que siempre está con nosotros, por su condición de omnipresente, omnipotente, omnisciente y ¿no sé qué otros omnis más?

Hablando un poco sobre los hombres de azul, se les da ese nombre por el color de sus hermosos turbantes, Que son de una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a través de ella. Ese bellísimo azul. Se elaboran con el tinte de una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. Esa tela destiñe algo y la piel de quienes la visten toma tintes azulados.

 

Tuareg significa «abandonados» , porque son un viejo pueblo nómada del desierto, solitarios, orgulloso, «Señores del Desierto», son de la etnia (bereber), y su alfabeto es el tifinagh. Son unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… «¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!», Se dedican al Pastoreo de rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio.

 

En aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo. Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor! Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sienten una enorme alegría por el simple hecho de tocarse, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es! El caminar descalzo sobre la arena cálida y ver las estrellas cada noche, y distinguir que cada estrella es distinta de otra. La puesta del sol es un momento mágico… Aquí tenemos el reloj, en el desierto son dueños del tiempo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.03-10-2015

 

30 Sep

¿Soy yo?

Quisiera poder saber. 

Saber ¿qué hacer?

¿Qué hacer y cuándo?

Cuando no me aguanto.

Cuando por dentro.

Por dentro soy otro.

Otro que no soy yo.

Yo cuando estoy bien,

Bien y tranquilo,

No quiero pensar,

Pensar que pasaron,

Pasaron los años.

Que ya estoy viejo,

Viejo, pero con vida,

Vida que puedo,

Que puedo seguir, 

Seguir hasta el final.

Final que añoro,

Que añoro desde,

Desde el principio,

Principio de mi existir. 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 29-09-2015

 

30 Sep

Es mucha la edad.

Este cuento, con relación a la edad, muestra una diferencia de un poquito más de medio siglo, cincuenta y tres años. Un pibe que cumplía 18 años y por primera vez pasaría un cumpleaños lejos de su lugar, legos de su familia, lejos de sus amigos de colegio y de barrio. Un muchacho lleno de ilusiones y buenos deseos, alguien que miraba al mundo con una visión de optimismo total y absoluto, que tenía la plena seguridad que todos los sueños se pueden cumplir, porque soñar depende de uno mismo y no de los demás.

 

Ese pibe, se convirtió en la persona que es ahora después de cincuenta y tres años, pero según él mismo; que tuve la oportunidad de conocerlo y conversar con él, como lo hice con el pibe, cuando tenía dieciocho años. Me comentó que cuando le tocó cumplir los años que ahora tiene se dio cuenta que pese a ya no estar en su lugar de origen, está muy cerca de su familia, muy cerca de sus amigos y continúa lleno de ilusiones, buenos deseo, y sigue mirando al mundo con el mismo optimismo, total y absoluto, que sigue teniendo la seguridad de que todos los sueños se cumplen, porque ya en su mayoría los pudo cumplir, porque sabe que puede seguir soñando, por más que el tiempo se va limitando, pero sigue adelante con la misma seguridad.

 

El día que cumplió los Dieciocho, se bajó en la estación de Martínez del tren que lo traía de la Estación del puede Saavedra y antes de subir al colectivo que lo llevaba a la fábrica de BGH, compró una caja de chocolates, con suficiente contenido, como para invitar a sus compañeros de trabajo, quienes cuando preguntaban ¿por qué la invitación?, al enterarse que era por su cumpleaños le daban un tironcito de oreja, que era una forma de felicitar. Era una forma de llamar la atención, que le surtió efecto, porque algunos amigos lo invitaron a comer un asado al retornar del trabajo a Martinez.

 

En este cumpleaños, el actual, después de medio siglo, ya no necesitó llamar la atención para que lo feliciten, todos se acordaron de él y lo felicitaron, lo agasajaron y lo llenaron de regalos, los que no lo hicieron en forma personal lo hicieron por teléfono o por redes sociales, aprovechando de la ventaja que después de medio siglo ofrecen las comunicaciones, cosa que antes no existía y el correo tardaba un mes entre ir y volver, siempre que se utilice el sistema de “correo aéreo”, en sobre delgadito y con la bandera del país impresa al rededor del sobre.

 

Los cambios que ha sufrido el mundo en ese medio siglo, son substanciales y no sólo en lo que corresponde a tecnología, han cambiado las comunicaciones, la computación ha revolucionado el mundo y no sólo en la parte empresarial, en todo el quehacer humano, la Internet, las redes sociales, los celulares y todos esos aditamentos, que cada vez están al alcance de todos, porque su operación es más intuitiva y su costo está al alcance de todos, lo que puede variar son las marcas, para fijar su costo.

 

El cambio más substancial se ha dado en la forma de ser de la gente, hay menos humildad, hay más arrogancia, el respeto y las normas de urbanidad se ha perdido casi por completo, el sexo y la indecencia se campean por todo lado, incluso adentro de los hogares y hasta me atrevo a decir en las iglesias. Ese cambio en la humanidad está haciendo que vayamos por un mal camino, como dirigiéndonos a Sodoma y Gomorra.

 

Lo que si me gustó ver, es que el pibe del mi cuento, que ahora es el adulto mayor, sigue igual como persona, aunque cambio substancialmente de aspecto físico de 57 kilos a 90 kilos, de pelo negro a pelo blanco, con algunas arrugas, pero la misma sonrisa.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 30-09-2015

 

27 Sep

Raza de bronce.

El recuerdo que tengo de la gente del altiplano, es similar a una fotografía, una fotografía que recién la estoy retirando del estudio fotográfico, después de haberla rebelado. Se trata de gente autóctona, de ninguna persona en particular, porque el recuerdo que tengo de esa gente es un recuerdo genérico, nunca tuvieron ni nombre, ni apellido, y fueron gente fugaz, gente que vi en algún lugar y por algún momento, pero fue una sola vez y si alguna otra vez volví a verlos, no recuerdo que hubiera sucedido eso.

 

Esa gente sin rostro, sin identidad, sin importancia, esa era la gente que antes llamábamos autóctonos y en términos más genéricos y más comúnmente empleados por todos nosotros: “indios”. Esas personas no podían mezclarse con nosotros, solamente nos vendían algo, nos pedían algo, los usábamos para algo y después desaparecían, porque nunca le dábamos lugar a permanecer más tiempo a nuestro alrededor, los remudaban.

 

Eso que expreso son recuerdos que tengo de mi infancia y mi adolescencia, en mi juventud y posteriormente, los vi en muy contadas oportunidades, primero porque después de mis diecisiete años deje los lugares donde abundaban esas personas en ambos sexos y porque cuando retorné me ubique en un lugar donde directamente no los vi nunca.

 

Los hombres eran de piel oscura de ojos pequeñitos y con los iris totalmente negros, su mirada no es que fuera incierta, no, su mirada expresaba odio, nunca vi una sonrisa en esos rostros, especialmente en el sexo masculino, esos rostros eran muy difíciles de adivinar la edad, salvo que se niño o mayor, pero en los mayores muy difícil saber si era joven o viejo. La edad en ambos sexos se notaba por la forma de caminar, si estaba encorvado era señal de vejez, siempre que no estén cargados con algún peso en la espalda, que era lo más común para verlos.

 

El sexo se distinguía únicamente por la vestimenta y el cabello, las mujeres peinaban trenzas y los hombres el cabello corto, nunca vi un calvo y los viejos tenían pocas o ninguna cana, las mujeres incluso en viajas no tenían canas, las manos en ambos sexos eran iguales incluso de tamaño, con las uñas largas y sucias. Nunca vi ojos de diferente color, todos eran negros, retintos.

 

La vestimenta era muy sencilla, los hombres un pantalón blanco, blanco color sucio, incluso el día que lo estrenaban. Corto que dejaba ver los tobillos, casi siempre descalzos o con unas ojotas muy rusticas, no usaban camisa pero si una camiseta del mismo color del pantalón, pero de una tela ligeramente más delgada, sin cuello ni botones, pero con una apertura que permitía introducir la cabeza. Encima un saco negro de mangas angostas y casi siempre abierto, un aguayo de colores terracota con blanco y negro, liado de una manera muy particular, en el cual generalmente llevaban las cosas de comer, comida seca, deshidratada o tostada.

 

La cabeza la cubrían con un llucho o chulo multicolor tejido a mano con orejeras. El pantalón lo sujetaban con un cinturón ancho de lana muy gruesa, que les servía para sujetar el pantalón, para arriar el ganado (llamas, burros u ovejas) algunas veces ganado vacuno, ese mismo cinturón también les servía como honda para disparar piedras a gran distancia. Algunos llevaban sombrero negro, de pana en el cual acomodaban una bolsa pequeña donde guardaban las hojas de coca y la ceniza para masticar. Cuando tenían que caminar largas distancias y en la noche, llevaban poncho, que generalmente era de color oscuro, café o negro o de varios colores de tonos ocre.

 

La mujer tenía en lugar del pantalón una falda negra, la camiseta y el saco eran similares, pero tenían algún adorno, un vivo bordado muy rudimentariamente de color rojo con preferencia, pero también los he visto de azules o verdes, no usaban llucho, pero si un sombrero de la misma lana de ovejas con una forma medio cuadrada que era ornamental y cubría en algo el sol. Usaban una manta, generalmente negra y un aguayo multicolor, donde transportaban a sus hijos. Las mujeres que guardo en mis recuerdos, en general, los niños de ambos sexos y los jóvenes, no consumían coca, eso estaba reservado a los indios mayores.

 

Algún día les contaré algo más sobre esta gente, gente que a mi criterio está en proceso de extinción, gente que sufrió  y sigue sufriendo el rechazo, desprecio y abandono de todos, incluso de los de su clase que se culturizaron un poco y ni que decir de los gobernantes y movimientos sociales. Son tan raros como  los cóndores que adornan el cielo de los parajes donde habitan.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 27-09-2015

 

24 Sep

Ichimei. ( Quiere decir: Vida, luz, brillo o estrella)

Estoy leyendo la última novela de Isabel Allende, que titula “El amante japonés”. Como siempre, esta escritora me transporta a su ficción, de tal manera, que todos sus libros en mis manos permanecen muy poco tiempo, porque busco todos los momentos libres para continuar la lectura y muchas veces, descuido el descanso que debo tomar, porque estoy  poseído por la magia de la ficción, dado que casi todo lo que escribe Isabel Allende es muy apegado a la ficción, salvo “Inés del alma mía”, que aparenta ser una ficción, pero en realidad es un libro histórico.

 

En todos sus libros tiene referencias reales dentro de toda la trama novelesca, argumentos que dejan la curiosidad de constatar de que se tratan de hechos verídicos. En el caso de esta novela relata lo que hizo Estados Unidos con los japoneses después de que estos, los atacaran sin haberles declarado la guerra y les causen un gran daño en Pearl Harbor (Hawái). Creo que es muy poca la gente, que sabe que en pleno territorio norteamericano, hubieran campos de concentración y vejámenes graves a los japoneses, incluso sus descendientes hasta la tercer generación, pese a que desde la segunda generación eran ciudadanos norteamericanos, por haber nacido en este territorio.

 

Los campos de concentración en los Estados Unidos alojaron a unas 120 000 personas, en su mayoría de etnia japonesa, más de la mitad de las cuales eran ciudadanos estadounidenses y japoneses provenientes de Latinoamérica, gracias a un pacto firmado con varios países, menos Argentina, Paraguay y Chile, que fueron deportados bajo presión. Fueron obligados a vender sus viviendas y negocios en ocho días, aunque en algunas partes este tiempo se rebajó a cuatro días o se elevó a dos semanas (como en la inquisición en España). Al enterarse de esta medida, aparecieron compradores hostiles, que compraron las posesiones japonesas a precios muy bajos. En los campos, a cada familia se le entregaron placas con un número grabado para cada miembro, que fueron utilizadas para identificarse. Algo como las Estrellas de David de los nazis.

 

El gobierno estadounidense ofrecería compensaciones a las víctimas a partir de 1951, pero se disculparía sólo en 1988, afirmando que la concentración de prisioneros se debió a «los prejuicios raciales, la histeria bélica y la deficiencia del liderazgo político». El Presidente Ronald Reagan firmó además un acta, donde ofrecía 20 mil dólares a las víctimas sobrevivientes. Durante la guerra, muchos estadounidenses descendientes de japoneses perdieron todas sus posesiones ya que sus ahorros fueron confiscados por el gobierno al ser considerados «propiedad enemiga». Se estima que se perdieron unos 400 millones de dólares de esta manera, pero después de la guerra, el gobierno solamente devolvió 40 millones de dólares.

 

Una de las unidades más condecoradas durante la guerra fue el 442º Equipo de Regimiento de Combate, integrado por japoneses-estadounidenses. En total recibió siete Citaciones Presidenciales de la Unidad, una Medalla de Honor, 47 Cruces por Servicios Distinguidos, 350 Estrellas de Plata, 850 Estrellas de Bronce y más de 3600 Corazones Púrpura. Sin embargo, en algunos casos, la familia de un soldado podía encontrarse en los campos. Como el caso de Charles Fukuda (hijo de Takao) en la novela de Isabel Allende.

 

Otra de las cosas interesantes de esta novela, es la forma en que nos hace ver lo que sucede con los ancianos, su vida, sus esperanzas, sus desasosiegos. Para los que tenemos unos cuantos años, nos sirven para asociar personajes de nuestro diario vivir, además, me agrado la forma como trata al amor en estos años, mostrando que es posible, real y hermoso.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 24-09-2015

 

24 Sep

Ichimei. ( Quiere decir: Vida, luz, brillo o estrella)

Estoy leyendo la última novela de Isabel Allende, que titula “El amante japonés”. Como siempre, esta escritora me transporta a su ficción, de tal manera, que todos sus libros en mis manos permanecen muy poco tiempo, porque busco todos los momentos libres para continuar la lectura y muchas veces, descuido el descanso que debo tomar, porque estoy  poseído por la magia de la ficción, dado que casi todo lo que escribe Isabel Allende es muy apegado a la ficción, salvo “Inés del alma mía”, que aparenta ser una ficción, pero en realidad es un libro histórico.

 

En todos sus libros tiene referencias reales dentro de toda la trama novelesca, argumentos que dejan la curiosidad de constatar de que se tratan de hechos verídicos. En el caso de esta novela relata lo que hizo Estados Unidos con los japoneses después de que estos, los atacaran sin haberles declarado la guerra y les causen un gran daño en Pearl Harbor (Hawái). Creo que es muy poca la gente, que sabe que en pleno territorio norteamericano, hubieran campos de concentración y vejámenes graves a los japoneses, incluso sus descendientes hasta la tercer generación, pese a que desde la segunda generación eran ciudadanos norteamericanos, por haber nacido en este territorio.

 

Los campos de concentración en los Estados Unidos alojaron a unas 120 000 personas, en su mayoría de etnia japonesa, más de la mitad de las cuales eran ciudadanos estadounidenses y japoneses provenientes de Latinoamérica, gracias a un pacto firmado con varios países, menos Argentina, Paraguay y Chile, que fueron deportados bajo presión. Fueron obligados a vender sus viviendas y negocios en ocho días, aunque en algunas partes este tiempo se rebajó a cuatro días o se elevó a dos semanas (como en la inquisición en España). Al enterarse de esta medida, aparecieron compradores hostiles, que compraron las posesiones japonesas a precios muy bajos. En los campos, a cada familia se le entregaron placas con un número grabado para cada miembro, que fueron utilizadas para identificarse. Algo como las Estrellas de David de los nazis.

 

El gobierno estadounidense ofrecería compensaciones a las víctimas a partir de 1951, pero se disculparía sólo en 1988, afirmando que la concentración de prisioneros se debió a «los prejuicios raciales, la histeria bélica y la deficiencia del liderazgo político». El Presidente Ronald Reagan firmó además un acta, donde ofrecía 20 mil dólares a las víctimas sobrevivientes. Durante la guerra, muchos estadounidenses descendientes de japoneses perdieron todas sus posesiones ya que sus ahorros fueron confiscados por el gobierno al ser considerados «propiedad enemiga». Se estima que se perdieron unos 400 millones de dólares de esta manera, pero después de la guerra, el gobierno solamente devolvió 40 millones de dólares.

 

Una de las unidades más condecoradas durante la guerra fue el 442º Equipo de Regimiento de Combate, integrado por japoneses-estadounidenses. En total recibió siete Citaciones Presidenciales de la Unidad, una Medalla de Honor, 47 Cruces por Servicios Distinguidos, 350 Estrellas de Plata, 850 Estrellas de Bronce y más de 3600 Corazones Púrpura. Sin embargo, en algunos casos, la familia de un soldado podía encontrarse en los campos. Como el caso de Charles Fukuda (hijo de Takao) en la novela de Isabel Allende.

 

Otra de las cosas interesantes de esta novela, es la forma en que nos hace ver lo que sucede con los ancianos, su vida, sus esperanzas, sus desasosiegos. Para los que tenemos unos cuantos años, nos sirven para asociar personajes de nuestro diario vivir, además, me agrado la forma como trata al amor en estos años, mostrando que es posible, real y hermoso.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 24-09-2015