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Confesión de un chiflado

3 Jul

Confesión de un chiflado

Mientras caminaba ascendiendo por una montaña, en un día soleado, con un cielo tan azul que parecía una esfera, sin ninguna nube; con una brisa imperceptible que acariciaba la piel sin siquiera mover los bellos. Me resultó muy extraño observar a un hombre de cabello cano, mirada lánguida y ojos de un verde extraño; sentado en una gran piedra, con el mentón apoyado a sus rodillas y las manos extendidas a lo largo de su cuerpo apoyadas a la superficie de la roca.

 

Me aproxime al individuo y con mucho cuidado le dije: –Amigo ¿se siente bien o necesita alguna ayuda?

 

Y él me respondió: –Gracias, estoy bien. –Solamente estoy repasando algo que redacté para alguien que me hizo unas observaciones a lo que escribí con anterioridad.

 

–¿Puedo ayudarlo…?, a mí también me gusta escribir. Me alcanzó un papel que tenía en uno de sus bolsillos y me puse a leer lo que estaba escrito y decía:

 

Agradezco mucho tus críticas, porque es la forma de que vaya mejorando y tenga en cuenta tu opinión. En lo que corresponde a la ortografía, principalmente por la puntuación y los acentos, las correcciones que están haciendo gente que he contratado para ese objeto, pero únicamente cuando tengo estructurado lo que será un libro. Veo que están fallando, porque ya me ha tocado leer lo editado y encontré varios errores, y ¡que encuentre errores yo!, yo que no tengo ni más leve idea de ortografía y gramática, ya es mucho decir.

 

Todos los cuentos cortitos que escribo, salen de inspiración fluida, generalmente comienzo poniendo el título y sin tener una idea clara de lo que escribir. Una vez que arranco con a redacción, generalmente, no paro hasta poner la firma y la fecha. Después de eso, la mayoría de las veces, doy una o dos lecturas tratando de corregir errores.

 

Mi pretensión, en esos casos, es completar una carilla, pero se acaba mi inspiración a media página, porque tengo algo más urgente, que perder mi tiempo en esa mi afición y para retomar busco algo relacionado en Google y encuentro el tema para continuar hasta completar una carilla. Otras veces, cuando nadie me interfiere, termino lo que inicié y concluyo todo en no más de 30 minutos, que es el tiempo que descuido mi trabajo, si estoy en la oficina o mi sueño si estoy en mi casa.

 

Los escritos que mejor me salen son aquellos que escribo en la madrugada, cuando no tengo sueño o me despierto con una idea que no quiero que se escape de mi mente y si no tengo mis juguetitos a mano o con poca carga, agarro mi block de papel y mi lapicera y me encierro en el baño a escribir apoyado en el canasto de ropa sucia.

 

Para mí, escribir es como una picazón y la forma de rascarme es escribiendo, algunas veces me rasco bien, otras no, pero me conformo con sólo restregarme.

 

En muy contadas oportunidades escribo sobre temas de lo que leo, generalmente escribo de inspiración libre, de algo que me soñé en dormido o despierto, de lo que en ese momento me afecta, como alegrías, penas, rabia o cosas de la vida cotidiana, pasadas y presentes, también de lo que me gustaría que sucediera.

 

Esto que acabo de escribir, lo hice de corrido y se puede llamar: “La confesión de un chiflado al que le gusta escribir”, que le gusta escribir sin saber cómo, ni de qué”.

 

Miguel Aramayo

SCZ.02-07-2017