Conversando en el jardín
Conversando en el jardín
Era una mañana por demás de hermosa, el cielo de un azul indescriptible, un azul-celeste, azul-cerúleo, azul-cian. Todavía se observaba al sol en el horizonte del naciente, no se veía ninguna nubosidad y el pasto todavía conservaba el rocío que lo cubrió durante la noche y el amanecer, se apreciaba el aroma del perfume de las flores, que a montones proliferaban en el jardín.
Lo que más me llamaba la atención era el canto de los pájaros, que, en ese momento, habría por lo menos diez especies diferentes de pájaros cantores, con plumajes vistosos y tonalidades de piar diferente. En las ramas de un rosal próximo a donde yo reposaba en una mecedora de jardín, gorjeaban dos pajaritos, un canario, de un amarillo casi naranja y otro parecido, pero de color azul con el plumaje de la cabeza y parte de arriba de las alas de un azul ciclán, las alas del mismo color, pero un tono más bajo, no era un sayubú, más parecía un canario, de diferente color a los que yo conocía.
Mientras cantaban a dúo una melodía indescriptible, con ojitos muy vivaces y con los cotos hinchados por el gorjeo, me observaban sin miedo y como si yo fuera un bicho raro, que en realidad lo era. Yo me quedé respirando muy bajito y totalmente inmóvil, para que ellos no se espantaran, pero noté que no les inspiraba nada de miedo y cuando dejaban de cantar se ponían a conversar con un tono de voz mui agradable y totalmente audible a mis oídos.
Esos canarios hablaban y lo que percibí, es que su conversación era mencionándome, y creí entender que eran emisarios de un ser superior que los envió para que me observen y si posible tengan contacto conmigo, es por eso por lo que mi presencia no los atemorizaba y parecía que en cualquier momento se acercarían a mí. Así fue, en un corto y raudo vuelo, ambos canarios (así los llamaré hasta averiguar si realmente son ese tipo de pájaros) se posaron en mis brazos que los tenía cruzados en mi regazo y a la vista de mis ojos.
No me moví y los dejé que posarán sus patitas sobre mis brazos y procuré respira lo más suabe posible para que el movimiento de mi pecho no los incomodara o el soplido de mi respiración por mis narices no los afectara, pero ellos seguramente estaban acostumbrados al movimiento de las ramas donde se posaban y la brisa que era casi permanente y en algunos momentos de mayor intensidad, por lo tanto, mis movimientos eran imperceptibles para ellos.
Miguel, escucha con atención, no temas, no estás soñando, en verdad somos reales y somos canarios que podemos leer tu mente y te traemos un mensaje del Creador que nos encargó decirte: «No seas tu crítico más duro; A veces, tenemos que ser nuestros propios animadores. Cada uno de nosotros aporta fortalezas y perspectiva única. Cree en ti mismo y en tus habilidades, porque es la base de nuestro éxito colectivo. Al abrazar la inclusión y fomentar un espíritu de colaboración, podemos superar cualquier desafío. Celebremos nuestros logros y animemos a los demás en el camino».
Quien nos manda, ha notado que algunas veces estás triste porque ya no tienes la agilidad física y mental que te caracterizo hasta hace unos 10 años atrás o quizá menos, que te culpas de no estar haciendo lo que te corresponde y te convertiste en tu critico más estricto, lo cual le dio pena y nos mandó a que te visitemos para decirte que estás errado.
Qué bello mensaje el que me trajeron esos canarios, me dieron ánimos para seguir como siempre.
Miguel Aramayo
SCZ.28-03-2025 Ayer cumpleaños de mi suegro y ahora de Robertito Terrazas Bowles.
