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Cuando un amigo se va.

2 Abr

Cuando un amigo se va.

Cuando un amigo se va.

 

Estoy regresando de despedir a un amigo, amigo que partió al más allá, que le tocó cruzar esa línea sutil que separa nuestro presente, nuestra existencia, nuestro pasado, con la eternidad, con lo desconocido, que tenemos referencias religiosas de que es el lugar de paz, donde reposará nuestro espíritu, por siempre jamás.

 

Siempre que estoy en circunstancias como esta, no solo pienso en la persona que despido, también pienso en mí y encuentro que esa transición de la vida a la muerte, es algo muy natural, que deja un gran dolor entre los seres queridos que permanecerán un tiempo más en este valle de lágrimas, pero que también deberán transitar el mismo camino, para encontrarse después de un tiempo, con quien les precedió en ese destino.

 

El sentimiento que me embarga en esos momentos, me hace más sensible, más espiritual y veo, que no temo dar ese paso, ese paso que es inevitable y que al contrario en momentos como este, me apego más a Dios y veo la vida como algo lindo y que la partida es una lógica consecuencia de haber vivido. Por consiguiente, es necesario disfrutar de la vida al máximo brindándose íntegramente a quienes nos rodean, para que ellos también disfruten de nosotros, hacer historia y dejar recuerdos.

 

Ahora, mientras acompañaba en su dolor a los parientes y amigos; ponía atención en las canciones y las palabras del sacerdote que decía la misa, como el ritual de despedía al amigo y consuelo a los parientes. Escuché una canción de Alberto Cortez, la misma que la transcribo, porque realmente expresa el sentimiento que me embarga y que dice: Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo. Cuando un amigo se va, queda un tizón encendido, que no se puede apagar ni con las aguas de un río. Cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido, la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido. Cuando un amigo se va, se detienen los caminos y se empieza a revelar el duende manso del vino. Cuando un amigo se va, queda un terreno baldío, que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío. Cuando un amigo se va, se queda un árbol caído, que ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido. Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.

 

Después de escuchar esa canción, que me llegó al corazón e hizo que afloren en mí, sentimiento de pesar que solo se pueden expresar en silencio, con lágrimas y suspiros. Sentimientos, que en lo posible prefiero que sean únicamente míos y que no los perciban los que me rodean, porque el dolor del alma debe ser silencioso e imperceptible.

 

Miguel Aramayo.

SCZ.02-04-2016