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De bohemia en Miami.

13 Dic

De bohemia en Miami.

Estando en Miami, por un tema de trabajo, recibo una extraña invitación. Era Julio Iglesias, que me invitaba a una velada, donde estarían varios artistas. En la invitación me los nombró, José José!, El puma Rodríguez y Luis Miguel, además de María marta Serra Lima y Paloma San Basilio.

 

Estando semejantes cantores, no podría dejar de asistir. La invitación decía que era para tomar unos vinos, picar unas tablitas al estilo español, mariscos, aceitunas, alcaparras, quesos y fiambres.  Pero lo principal era compartir música romántica, principalmente boleros de la época en que los tríos se hicieron famosos, como Los Panchos, los Príncipes, Los Tres Diamantes, o grupos como Mocedades, Los Cinco latinos y muchos más.

 

Llegué puntual, mejor dicho fui el primero en llegar. Julio estaba con los músicos, que no eran muchos, pero eran de lo más selecto, algunos trabajaban con la orquesta que acompaña a Luis Miguel, el saxo trabajaba con Roberto Carlos. La tres guitarras eran del grupo que acompaña a José José, el pianista era nada menos que Raúl Diblasio, unos cubanitos que trabajan con el marido de Gloria Estefan, estaban a cargo de los instrumentos de percusión y el bajo lo tocaría el mismo Oscar D´leon, además de un conjunto de tango habían dos violines y un bandoneón, pero además habían otros instrumentos a disposición de los que sepan tocar, como: flautas, trompetas, panderetas, timbales, etc.

 

Ya se pueden imaginar cómo estaba yo, ¡en la gloria…!, o mejor dicho “como loro en su salsa”.  Creo que los interpretes serían todos los invitados y todo funcionaría como si se tratara de una peña, o mejor que eso, un junte de amigos, con el fin de cantar y rememorar viejas melodías, que pese a haber vencido el paso de los años se mantenían vigentes y eran las preferidas de todos los cantores que estarían presentes.

 

La invitación decía: “Nos divertiremos a partir de las 19:30 del día 5 de diciembre 2014, hasta que las velas no ardan, por lo tanto deben venir preparados a sacar viruta al piso”. Me ofrecí a colaborar en el acomodo de instrumentos, atriles, sillas y micrófonos, además de los mezcladores, parlantes y twiteer, además de un magnifico ecualizador.

 

Llegó José Luis Rodríguez (El Puma) y me saludó así: –¡Ola pana! –Cómo va el ánimo. Le respondí con la mis efusividad y muy disimuladamente me quedé observándolo, lo vi mucho más flaco que la anterior vez que lo vi en Caracas. El próximo en llegar fue José José, que lo primero que hizo, después de saludar, fue servirse un whisky.  Luego llegó Luis Miguel, a quien lo noté mucho más gordo, de la anterior vez que lo vi en Acapulco, pero no abrí la boca para no meter la pata.

 

José José, agarró una guitarra y comenzó tocando un bolero muy triste: ¡Ojala que te mueras!. Me dijiste esa noche y cerraste la puerta, que dolor tan inmenso, que tristeza dejaste y, nunca más te vi. Me quedé sin sentido, por el suelo caído, sin tu amor y sin fuerzas. Y por hacerte caso, me dispuse a morir, traté que se hiciera más grande mi herida. Recordarte primera medida. No me pude morir y enferme, busqué como loco una bala perdida, que pudiera quitarme la vida, fracasé y aquí estoy otra vez.

 

Los músicos que acompañaron la primer interpretación fueron: dos guitarras, el piano y uno saxos, además de la percusión. De sólo escuchar el arranque ya quedé flotando. La noche, pintaba que sería una noche romántica, una noche de copas, una noche loca. Después fue Luis Miguel el que se adueñó del micrófono y, con una copa de vino en la otra mano se lanzó con: Contigo aprendí, que existen nuevas y mejores emociones. Contigo aprendí a conocer un mundo nuevo de ilusiones. Aprendí, que la semana tiene más de siete días, hacer mayores mis contadas alegrías y, a ser dichoso yo contigo lo aprendí. Contigo aprendí, a ver la luz del otro lado de la luna. Contigo aprendí, que tú presencia no la cambio por ninguna. Descubrí, que puede un beso ser más dulce y más profundo, que puedo irme mañana mismo de este mundo, las cosas buenas, ya contigo las viví. Y también aprendí, que yo nací el día en que te conocí. Mientras Luis Miguel volvía con nosotros, Raúl Diblasio se quedó en el piano interpretando: (Muñequita linda) Te quiero, dijiste, tomando mis manos entre tus manitas de suave marfil y sentí en mi pecho un fuerte latido, que como un crujido y luego el chasquido de un beso febril. Muñequita linda de cabellos de oro de dientes de perla labios de rubí. Dime si me quieres, como yo te adoro si de mí te acuerdas como yo de ti. A veces escucho un eco divino que envuelto en la brisa parece decir… Sí te quiero mucho, mucho, mucho, mucho tanto como entonces, siempre hasta morir.

 

Mientras Raúl seguía en el piano, Maria Marta Serra Lima se aproximó a los músicos y después de hablar con ellos, interpreto un clásico, cuyo autor es Paul Anka, pieza que hizo famosa como suya Frank Sinatra: El final, se acerca ya, lo esperaré, serenamente, ya ves, que yo he sido así, te lo diré, sinceramente, viví, la inmensidad, sin conocer, jamás fronteras y bien, sin descansar, y a mi manera. Jamás, tuve un amor, que para mí, fuera importante, tomé, sólo la flor, y lo mejor, de cada instante, viví, y disfruté, no sé si más, que otro cualquiera, y si, todo esto fue, a mi manera. Porque sabrás, que un hombre al fin, conocerás por su vivir, no hay porque hablar, ni que decir, ni que llorar, ni que fingir, puedo seguir, hasta el final, a mi manera. Tal vez lloré, o tal vez reí, tal vea gané, o tal vez perdí, ahora sé que fui feliz, que si lloré, también amé, puedo vivir, hasta el final, a mi manera.

 

El Puma siguió ese bolero con algo romántico de su composición: Que se siente, cuando notas mi mirada deslizarse por tu espalda, mientras que tú te desnudas, antes de irnos a la cama e imaginas lo que viene cuando al fin la luz se apaga que se siente, al saberse deseada percibiendo suavemente que estás siendo acariciada y una ráfaga de fuego por su cuerpo se propaga. Dime amor lo que se siente al sentirse tan amada al notar como te abraza mi calor sobre tu vientre dime amor que es lo que pasa ese instante por tu mente dime amor lo que se siente y te juro por mi alma que te haré sentirlo siempre que te haré sentirlo siempre. Que se siente, cuando el rito ya se acaba y se frenan tus latidos al quedarte relajada recobrando lentamente en tu corazón la calma.


Paloma San Basilio, que fue la última en llegar, estaba vestida muy a la moda con unos short bien sugestivos y una blusa con un gran escote, como es su estilo, estaba muy guapa, igual que la vez que estuve con ella en Valladolid. Antes de saludar y esperando que termine de cantar José Luis, lo saludó con un beso y se quedó con el micrófono. Aproximándose al piano habló con Raúl y éste con los músicos y se arrancó con: Te extraño, Como se extraña las noches sin estrellas Como se extraña las mañanas bellas. No estar contigo, por dios que me hace daño. Te extraño, Cuando camino, cuando lloro, cuando río. Cuando el sol brilla, cuando hace mucho frío. Porque te siento como algo muy mío. Te extraño, como los árboles extrañan el otoño. En esas noches que no concilio el sueño. No te imaginas amor, como te extraño. Te extraño en cada paso que siento solitario. Cada momento que estoy viviendo a diario. Estoy muriendo amor porque te extraño. Te extraño,  cuando el amor comienza a dar colores. Con tus virtudes, con todos tus errores. Por lo que quieras no sé, pero te extraño. Te extraño, te extraño.

 

Los únicos que no cantamos fuimos Julio  y yo, pero a mí me obligaron a recitar y en ese momento lo que encontré más adecuado es una poesía de Gustavo Adolfo Bécquer: Podrá nublarse el sol eternamente; Podrá secarse en un instante el mar; Podrá romperse el eje de la tierra Como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor.​

 

Así pasó la noche y puedo decir que fue una de las mejore noches que pasé en Estados Unidos, con sabor latino, con musica que llega al corazón, con letras que tienen mucho sentimiento y que hicieron estremecer mi cuerpo y dejaron en mi mente un agradable recuerdo de la musica que disfrutamos, que no fueron las cuatro que nombré, fueron muchas porque dejamos de disfrutar casi cuando el sol estaba saliendo, cuando la noche se pone más romántica.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ 13-12-2014