Distrayendo al novio de una muchacha en Copacabana
Copacabana es un pequeño pueblito en Bolivia. Lo encontramos en las orillas del lago Titicaca, en una península que se une a tierra firme en Perú. Porque este majestuoso lago es frontera entre Bolivia y Perú. Más sin embargo la península se encuentra en el lado del Perú pero pertenece a Bolivia. Para llegar a Copacabana en automóvil desde La Paz, sin pisar territorio del Perú, es necesario cruzar el lago. Lo cual no es ningún problema porque en el Estrecho de Triquina tienen unas barcazas donde cruzan los ómnibus llenos de personas.
Tito Yupanqui descendiente de la realeza incaica, y sencillo amante de la Virgen María, llegó a adquirir en el taller del maestro Diego Ortiz, cierto dominio en la escultura y en la preparación de la madera, alrededor de 1580. Con esos conocimientos se resolvió trabajar la imagen definitiva de la Candelaria. Tito Yupanqui mientras daba los últimos toques a su bendita y amada Virgen Candelaria. Llegó al pueblo de Copacabana la preciosa imagen en medio de los sollozos de la confusa procesión. Fue un triunfo de la Virgen la llegada a su trono de gloria. Desde allí dio comienzo a su maternal misericordia, derramando a manos llenas milagros extraordinarios y gracias sin cuento. Los milagros otorgados por la Virgen de Copacabana a cuantos la han invocado con fe y confianza, son innumerables.
Dado que la virgen es tan milagrosa, cuando tocaban los pruebas de fin curso, los muchachos que estudiaban en colegios religiosos hacían promesas a los Santos para ver si los ayudaban a salvar las materias con malas notas. En el caso de esta historia ni la Virgencita salvó a uno de esos alumnos, porque las notas eran por demás malas, o eran muchas notas malas, quizá porque el viajó a su Santuario para hacerle la promesa de más cerca, pero la plata que le dieron para que compre velas para prender en el altar de la Virgencita, no la utilizó íntegramente con ese objeto, pero para no fallar a las tías que le hicieron el encargo el muchacho compró varios paquetes de velas y cada paquete dividió en tres, para que la Virgencita reciba las oraciones de cada tía en la misma cantidad de velas encendidas que había recibido en dinero, pero ardiendo a una tercera parte del tiempo que correspondían si tuvieran el tamaño correcto.
La promesa formulada por ése muchacho, era llagar caminando hasta el Santuario, lo cual fue una odisea y cuando estuvieron allá, lo primero que hicieron fue entrar a la iglesia a rezar, después salieron a buscar hospedaje y poder pasarse un por las piernas y los brazos, ungüento que se llamaba “Linimento Sloan” o algo parecido, era un producto de un olor muy penetrante porque entre sus componentes está el alcanfore y la trementina, era algo mágico para que se pase el dolor de los músculos, eso si no se debía friccionar porque podría ampollar la piel o por lo menos irritarla, los pies ya estaba ampollados por la camina, las mismas que habían atravesado con hilo negro (porque ese era el consejo de los conocedores de esas caminatas) y ya habían reventado, pero con la fuerza de la juventud el dolor que producían se veía minimizado.
Después de haber descansado el tiempo prudencial faltaba cumplir la promesa de encender las velas a la Virgen y esa fue la próxima tarea, ya todos bañados, muy bien peinados con ropa limpia y todavía con el olor a alcanfore y trementina, salieron rumbo a la iglesia, primero a comprar velas que era lo que abundaba en el atrio, junto con medallitas, rosarios, estampitas, estatuas de todos los tamaños y materiales y un sin fin de souvenir para recordarse del santuario, todos tenían encargo solamente de rezar y encender las velas “benditas”, a las cuales el muchacho que llevaba la recomendación de las tías, después de comprar las velas presto un cuchillo para dividir cada paquete en tres porciones iguales y luego descubrir el pabilo para facilitar el encendido.
En la iglesia habían una bandejas muy grandes donde habían velas encendidas de todos los tamaños, allá todos se pusieron al oficio de encender las velas y dejar el mensaje de quien era esa ofrenda y a cada ofrenda incluir el correspondiente rezo de las tres oraciones principales, Padre Nuestro, Ave María y Gloria; una vez que cumplieron con ese deber ineludible y haber hecho sus peticiones, incluso aquella de que la Virgen se encargue de cambiar las notas de los exámenes ya revisados o ablandar el corazón de los profesores que estaban en la tarea de revisión o la suficiente sabiduría para los que faltaban rendir en segundo turno. Con la seguridad que la Virgen cumpliría el pedido porque había sido formulado de todo corazón salieron de la iglesia rumbo a la plaza.
Lo primero que sucedió es que conocieron a un grupo de muchachas lugareñas que aparentaban ser bonitas por la escasez de muchachas, pero si resultaron muy simpáticas como son la mayoría de las personas de pueblos chicos. Ellas quedaron subyugadas por los muchachos que además de ser mucho mas bonitos, ¡pero mucho más bonitos! que los lugareños eran nuevos y las novedades son más interesantes. Inmediatamente organizaron el tours de lo que correspondía hacer para demostrar hospitalidad, primero pasar por el lago para alquilar botes para remar por la orilla, cuando estaban en esos trances apareció un grupo de tres muchachos lugareños que se incorporaron al grupo con el afán de cuidar las flores de su jardín, pero como ya el plan estaba armado uno de los muchacho extraños propuso un concurso de remo porque con sus compañeros ya había intercambiado señas y como dominaban el lenguaje de los mudos urdieron un plan, uno de los extraños se sacrificaría de manera de cargar con los lugareños en bote mientras que los otros ya se habían repartido las peladas y alquilaron dos o tres botes y abordaban en uno, el extraño con los lugareños el extraño se adueñó de los remos que no dominaba del todo pero que era la consigna para colaborar a sus compañeros.
Se inició el concurso y los botes de los extraños se alejaba cada vez más del bote del extraño encargado de engañar a los lugareños, a cada minuto que transcurría el tiempo la distancia entre los botes donde estaban las peladas se hacia mayor y ya los gritos no se escuchaban, los lugareños impacientes querían tener a su mando los únicos dos remos que tenia el extraño, pero éste con mucha habilidad y labia supo engañarlos para que le pertenecieran a él, quien ya casi no tenia fuerza para remar y las palmas ya estaban con ampollas por la falta de costumbre y lo áspero de los maderos, así llegaron al extremo de que no se podía distinguir a los ocupantes de los botes donde estaban, cuando comenzó a bajar el sol al ocaso y se enfrió el ambiente retornaron al puerto a devolver los botes y ya no encontraron a sus compañeros porue ellos partieron a la casa de las muchachas.
