El amor es.
El amor es un bello sentimiento, sentimiento que todo lo puede y en ese todo, él es un sentimiento peligroso, sentimiento que uno debe cuidar, porque así como te puede elevar al cielo, tiene la capacidad de transportarte al infierno.
El amor es dulce y puede llegar a que ese dulce te empalague, te hastíe, te produzca temblores de repulsión, pero también puede ser acido, tan acido como un limón, pero incluso así de ácido te puede ser agradable al paladar, porque al ser ácido, también puede ser astringente y atraparte en ese sabor, en esa sensación que te produce salivación.
El amor es suave, cundo lo sabes controlar, pero puede entrar en ebullición y en ese caso te puede llegar a sanar, a cocinarte y hasta quemar, se debe regular, para que no se enfría, ni se llegue a recalentar.
El amor es manso, pero uno debe cuidar esa mansedumbre y no exagerar de esa paz, porque al igual que un potro, se puede encabritar y emprender una fugaz carrera o se puede empacar, estancar de una manera, que ni las espuelas ni la fusta lo pueden convencer de continuar el trote, pero lo peligroso seria que emprenda una veloz carrera y se desboque, perdiendo las riendas, el freno y el volcado e incluso desprenda la cincha y el lazo.
El amor es fresco, si lo sabes ventilar, pero puede convertirse en un sopor, una fiebre que afecte tu salud o puede llegar a enfriarse, si no sabes protegerlo de las inclemencias del tiempo y del frío, que algunas veces influye en la humanidad de las personas, porque soplan vientos adversos y gélidos.
El amor, el amor es el amor y es difícil de controlar, puede tener raíces profundas o ser superficial, como una planta rastrera y por lo tanto, el amor necesita, de calor, de atención, de dedicación, porque es un sentimiento bello y como bello sentimiento, necesita protección y abrigo, pero también necesita de libertad, libertad que le permita respirar a satisfacción, para poder crecer y estabilizarse.
Miguel Aramayo
SCZ. 03-06-2015
