El cuentito de una pobre muchacha que sufre desde muy joven.
El cuentito de una pobre muchacha que sufre desde muy joven.
Una muchacha que enamoró durante muchos años con el mismo chico y él ya termino de estudiar. Ilusionada con ese amor y con la seguridad que ese enamoro terminaría en boda. Incluso ella ya hacía tiempo que bordaba prendas para su ajuar, pero el muchacho tuvo mala suerte y embarazo a la hermana de un amigo y tenía que afrontar esa situación. Al enterarse la muchacha de esa situación da por terminada la relación y queda con el corazón roto, pero con la ilusión de que él después de afrontar esa situación podría regresar.
En la ruptura ella piensa que existía la posibilidad que después él recapacitaría, pero se vio obligado a casarse y convivir con la madre de la criatura, con lo cual la ruptura fue total. A un principio la mucha se ilusionó pensando que retornaría y no la dejaría, porque el corazón de ella seguía cautivo a los caprichos del enamorado. Él le había hecho tantas promesas mostrándole que el amor que sentía por ella era lo máximo, eso le proporcionó a ella el máximo de felicidad desde que le robo el primero beso y mucho más desde la primer noche de amor, ella quedo convencida que su unión seria para siempre.
Ahora él debía cumplir con su obligación y recorrer ese nuevo camino atravesar ese mar, pero ella quedaba con la esperanza que ese pasaje seria momentáneo y retornaría después de solucionar su problema. Rogaba que pase ese mal momento, porque ella lo seguiría esperando hasta que él se dé cuenta que ella es su gran amor, como él es de ella.
La enamorada queda tan dolida, que trata de mostrarle al pretendiente, que es indiferente y se presenta la oportunidad de dañarlo mostrando que está enamorada de otra persona y que su romance tan largo se terminó para siempre, pero sigue frecuentando a su familia y mostrándose con su otro amor. Pasado el tiempo llega a formalizar la relación con el nuevo amor y deciden casarse, pero sigue enamorada del otro, al extremo que conserva fotos de recuerdos que fueron bellos e incluso lo invita a su matrimonio para tomarse una foto con él sin que esté presente el novio, para conservar la misma en el álbum de los recuerdos de la nueva familia.
Pasa el tiempo y nacen los hijos de la unión, pero después de unos pocos años y al no sentir nada por el marido, se culpa de ese hecho y alega que es un castigo de Dios, al extremo que debe recurrir a tratamientos psicológicos y un psiquiatra le recomienda que se confiese con el marido y ella le cuenta a éste todo su romance, como se acariciaban con el ex enamorado, como lo hacia ella y como correspondía él, incluso deja en duda la virginidad que le dijo al marido que había perdido con él, esto impacta tremendamente en el marido, pero le da a ella la tranquilidad.
Por suerte el matrimonio continua, porque él marido pasa por alto todo eso y dedica mucho más tiempo al trabajo, a los hijos y también pese a ser su primer y gran amor, el marido ya no es el mismo y deja de ser fiel, pero continua con la unión que dura muchísimos años. Ella ya no quiere saber de él marido como pareja, le incomoda, lo rechaza. Él acepta esa situación y busca la forma de solucionar, apartándose de forma que nadie de su entorno note esa situación y así no dañar la unión para no incomodar a los hijos, y al saldo de familia que ya es numerosa y que los tienen por un matrimonio feliz, firme y serio. Pero en realidad son una pareja que conviven sin un vínculo de amor o cariño, pero guardando las apariencias ante los demás, parientes y amigos.
Así transcurre el tiempo hasta que ellos son viejitos y lo único que esperan es el final para cumplir con el precepto religioso: «que hasta la muerte los separe». Pareciera que este cuentito dio origen a la composición del bolero que titula «La barca».
