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El ejemplo

18 Sep

El ejemplo

Recién cuando llegas a una cierta edad en la vida, puedes valorar los ejemplos recibidos en el transcurso de la misma. Debo dar gracias a Dios por haber tenido contacto con personas que han marcado mi personalidad, personas que no necesitaron darme consejos o recomendaciones, sino que me dieron ejemplos, ejemplos que por suerte pude tomarlos como puntos de referencia e iconos a ser alcanzados con el devenir del tiempo. El objeto de recordar a esas personas es dejar constancia de quiénes fueron y que enseñanza me dejaron. Verán de esta manera, como me premió la vida al haberme dado la oportunidad de compartir con esas personas, que describo a continuación.

 

Mi abuelo, Carlos Aramayo Campos, que me enseño lo importante de respetar a tus seres queridos, como madre, hermanos y demás miembros de la familia; mostrando no sólo cariño, amor, sino y sobre todo, respeto y consideración. Mi suegro, Don Manuel Bravo Justiniano, que me enseño el sentido de la honradez, el respeto a la palabra empeñada, el ahorro y el respeto a los amigos. Del padre de un gran amigo, amigo de quien tengo la suerte de continuar con lo construido en la infancia, pubertad y Juventud: don Felipe Villalobos Fidgeral, que me enseñó la importancia del trabajo tesonero, la dedicación sin miramientos a la actividad profesional y el cariño, respeto y autoridad que se debe mostrar a los hijos. Estas fueron las personas mayores de las que he sacado algún provecho, No me puedo olvidar del padre Vicente Danna, que me enseño el amor a la Virgen María (María Auxiliadora).

 

No sólo de las personas mayores uno puede tomar el ejemplo, también he tenido contacto con gente de mi lichigada, que me proporcionaron ejemplos, ejemplos que rigen mi actual forma de ser, mi vida. Nombraré a algunos, no a todos, porque no me alcanzaría este papelito para expresar mis sentimientos y expresar el porqué. De Oscar Tonelli Justiniano, aprendí la importancia del lenguaje apropiado, oral y escrito, para cada circunstancia y el amor por esta tierra, con sus charlas de viajes y anécdotas incontables. De Ovidio Roca Ávila, aprendí la importancia de la lectura y la capacidad de concretar ideas y conceptos en base a cálculos y estrategias practicas, para llegar a resultados concretos. De Freddy Paz Limpias, tomé el ejemplo a la dedicación que debemos prestar a los amigos, transmitiendo conocimientos y compartiendo libros y momentos gratos de risa y esparcimiento. De Dagner Rivero Subirana, tomé el ejemplo por su practicidad para encarar los problemas y el afán por vivir feliz sin dañar a los demás, tengo muy gratos recuerdos de él.

 

Únicamente los mayores no son los únicos que enseñan, también los iguales, los de tu generación y por supuesto, de los menores tienes mucho que aprender; de la gente a la que alguna vez tuviste la oportunidad de enseñar y que te retribuyen con conocimientos mejores y, sin que ellos se den cuenta, reformulan tu forma de ser, te hacen ver tus errores y de alguna manera influyen en tu conducta para hacer las cosas de otra manera, de una mejor manera, además de que te aportan conocimientos actualizados. Entre esa gente puedo nombrar a mis hijos Carlos y Mauricio, pero también hay gente que trabaja conmigo y que cada día me dejan un ejemplo, como el caso de Gerardo Pereyra, Claudia Cabrera, Bismark Jiménez, de todos ellos puedo aprender y no cosas insignificantes, cosas valiosas y sobre todo lo que más me enseñan, es que fueron receptivos a mis ejemplos y ahora me muestran que mi vida tuvo un rumbo, un sentido, que fue cambiando con el transcurso del tiempo, podría decir que día que pasa esa gente, con la que ahora comparto, me dan nuevas directrices, me hacen notar mis errores y me guían para continuar en el camino y rectificar lo que me equivoqué.

 

Todo el tiempo observo a los demás, con el afán de aprender algo de ellos, desde luego que también me interesa compartir todo lo que llevo en mi intelecto y ver que esa gente vale mucho para mí. Los mayores, nombrados al principio, ya no están con nosotros, algunos de los de mi lichigada, también ya emprendieron el viaje de retorno a la eternidad, eternidad de donde provenimos, pero los que continuarán nuestra obra deberán saber, que el aprender y mejorar en la vida es continuo y tiene su premio, premio que no se recibe en la eternidad, se recibe en esta vida, aunque no siempre lo sabemos apreciar y lo exteriorizamos.

 

“Gracias a la vida que me ha dado tanto”

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 18-09-2009