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El tiempo es oro

14 Jun

El tiempo es oro

voy a decir Según mi saber alcanza: El tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir; no tuvo nunca principio ni jamás acabará, porque el tiempo es una rueda, y rueda es eternidá; y si el hombre lo divide sólo lo hace, en mi sentir, por saber lo que ha vivido o le resta que vivir. (José Hernández – Martin Fierro).

 

Estaba caminando por el espacio sideral y vi a un individuo chiquito con un gran sombrero, al principio pensé que era el ratón mexicano al que algunos llaman Speedy Gonzales, que yo lo conozco de Pancho López, el ratón que es chiquito, pero matón, él que nació en Chihuahua en novecientos seis en un petate bajo un ciprés, a los dos años hablaba inglés, mató a dos hombres a la edad de tres…, ¡No era ése!, ¡era un duende! Un duende suizo aficionado a los relojes.

 

Cuando él me vio, también quedó sorprendido, con la expresión como que decía ¡me pilló…! Y con mucho cuidado me aproxime a él y le pregunte:

 

–¿Qué estás haciendo?

–Y él al responderme lo hizo tartamudeando, si… sim… simplemente pa… pase… paseaba por el ti… ti… tiempo, en busca de no… no… perderlo. ¿no lo incomodo?

–De ninguna manera, no hay porque me moleste. Yo también estaba paseando, pero en mi caso con el deseo de perder el tiempo.

–Amigo, no es bueno perder el tiempo, porque por más que lo busque, no lo volverá a encontrar.

 

Permanecí un momento observándolo de cotiojo, mientras fingía que mi vista estaba distraída observando algo en lontananza y el duendecillo también me miraba como diciendo: –¡Que bicho raro con el que me vengo a encontrar! En su mirada picara se dibujaba una sonrisa, mientras que mi expresión fingida era de un observador que tenía su mira perdida en el más allá, como queriendo adivinar lo que venía después de ese momento y abandonándose al presente, como queriendo demostrar al duende, que efectivamente estaba perdiendo el tiempo.

 

Después de estar un espacio de tiempo en esas poses, el duende me dijo:

–Amigo le interesaría comprar un reloj.

Lo observé y le pregunté, –¿Eres vendedor de relojes o de tiempo?

–Ninguna de las dos cosas, pero tengo algo muy valioso y necesito dinero.

–¿Qué es lo que tienes y cuánto vale?

–Tengo un reloj que me imagino muy valioso, porque lo encontré en Paris junto con varias cosas que pertenecieron a una reina, solo me queda por vender el reloj.

 

Le pedí que mostrará el reloj, que ni sabía a qué reina perteneció. Cuando lo sacó de su bolsillo y lo posó en mi mano. Tuve que ahogar un grito. Era un reloj que fue fabricado para la reina Maria Antonieta, pero que ella nunca lo pudo usar, porque murió antes de que se lo entreguen. Quien lo hizo fabricar fue en el año de 1780, quien lo fabricó se llamaba Abraham-Louis Breguet, por orden del conde Hans Axel von Fersen, un noble de Suecia, que conoció a María Antonieta en un baile de máscaras y se volvieron amigos cercanos. Muy cercanos. Se sospechó que eran amantes. De cualquier manera, el reto inspiró a Breguet… pero pasarían 44 años antes de que el reloj estuviera listo.

 

Quedé sorprendido y se lo compré al duende por cuatro pesos locos, para regalárselo a mi mujer, para que lo tenga escondido, porque realmente era una joya.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 13-06-2017 Martes trece, no te cases ni te embarques ni de tu casa te apartes.