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El tiempo pasa volando

24 Nov

El tiempo pasa volando

Me puse a buscar fotos para armar mi tarjeta de navidad, mi intención era localizar y copiar a un archivo todas las fotos de los nietos, las fotos más recientes, pero en la búsqueda también me detuve a ver las fotos antiguas, me puse como meta, primero que nada completar lo que buscaba para armar la tarjeta y en esa búsqueda encontré algo que me agradó y que dice así: “Mientras encuentras lo que buscas, se feliz con lo que tienes”, puse en práctica esto y conseguí las fotos para la tarjeta. Ahora me falta ordenarlas, recortarlas y hacerles el montaje para darles coherencia, y al mismo tiempo alegría para que mi tarjeta consiga el propósito que me gusta imprimir a esto, que mis parientes y amigos aprecien a mi familia, a mis nietos y que también ellos se sientan felices y orgullosos de esa exhibición que hace el abuelo, ufano de los nietos.

Parece una tarea fácil seleccionar fotos con un fin determinado, pero no es así, cuesta, es una tarea delicada, porque no sólo se está jugando con imágenes, se está jugando con sentimientos, parece que exagero, pero ya tengo la experiencia de haber hecho eso en años pasados y después haber escuchado los comentarios de los partícipes de la tarjeta, mis nietos, con sus comentarios aleccionadores para la próxima tarjeta, no como comentarios de crítica, sino como comentarios entre ellos o entre ellos y sus amigos o parientes.

Después de completada esa tarea me di gusto viendo fotos viejas, tan antiguas que en algunas de ellas el único sobreviviente era yo, cuando formaba parte de la foto, pero también he observado fotos de mis bisabuelos, de las mujeres (bisabuelas), conocí a casi todas, de los hombres a ninguno, en fotos, tan sólo a dos, pero únicamente mantengo en mi archivo, sólo un bisabuelo, el bisabuelo cuyo nombre era Manuel Muñoz, el marido de la bisabuela Eloísa Alviña, una foto muy antigua, montada sobre un cartón. Esos abuelos eran los padres de mi abuela Mercedes, casada con Carlos Aramayo Campos, de quien nació mi padre.  Ellos eran peruanos, pero vivieron en Buenos Aires, donde nació mi abuela. La bisabuela Eloísa es la que me contó sus vivencias de la guerra del Pacifico. Porque ella la sufrió, tenía más o menos 16 años el 1879.

Vi fotos de los hermanos de mi padre, en dos momentos, una de más o menos la guerra del Chaco, alrededor de 1936 y la otra de más o menos finales de la segunda guerra mundial, 1945, mi padre ya estaba casado y yo nacido, pero ni mi madre ni yo aparecemos en esa foto, seguramente porque el propósito de la misma era mostrar a todos los que estuvieron en la primer foto. De esa foto de nueve personas sólo quedan dos, mi tía Blanca que ahora debe tener 87 años y mi padre que bordea los 95. En la foto de 1945 la abuela Eloísa debió tener unos 85 y yo tenía uno. Ella murió cuando yo tenía 21 y disfrute de sus conversaciones diecisiete años, ella me enseño a rezar el Rosario y me hizo leer “Urbanidad de Carreño”.

Vi foto a montones, de cuando yo era chico, de cuando me case, de cuando mis hijos eran chicos, en un relámpago vi cómo fueron creciendo, de sus matrimonios, de los nietos, desde que nacieron hasta hoy.

Realmente ver fotos es algo maravilloso, te permite retroceder en el tiempo y avanzar pausadamente hasta retornar a la realidad.

Miguel Aramayo

SCZ. 24-11-2012