En el fondo del mar
En el fondo del mar
Pienso que no me creerán, tampoco es mi deseo que suceda eso, pero de todas maneras les contaré mi última hazaña:
Estaba en las profundidades del mar, pero no era en un pez, seguía con mi aspecto humano, lo único que estaba con lentes protectores de mis ojos para poderlos tener todo el tiempo abiertos. Calzaba patas de rana amplias y muy flexibles, muy bien aseguradas a mis tobillos, no producían ninguna molestia, parecían parte de mi físico lo mismo que los lentes. En la espalda algo parecido a una mochila, pero extremadamente plana, adosada perfectamente y sujeta a mis hombros con unas correas que no me molestaban para nada en el movimiento de brazos, que hacia para desplazarme en el agua como si realmente fuera un pez. Era una máquina que extraía el oxígeno del agua y mediante una manguerita de formato tan sutil, desde mi nuca pasaba a mi boca para que pueda alimentar mis pulmones como si estuviera respirando normalmente.
A mis lados, como si fueran mis acompañantes o, mejor dicho, como si fueran mis guardaespaldas, a la derecha un delfin macho y a mi izquierda una delfín hembra. Ambos simpáticos animales se deslizaban en el agua a mi mismo ritmo y llegamos a establecer una comunicación telepática y algunas veces con señas de sus ojo y el movimiento de su trompa, era como si habláramos en español muy claro, nos entendíamos a la perfección, algunas veces ponía mi mano en la aleta dorsal de uno de mis acompañantes, algunas veces mi mano izquierda y otras mi mano derecha. Eso era para que yo no gaste mi energía y ellos me transportaban a la velocidad que me permitía estar asegurado a ellos sin ninguna dificultada.
Estar a esas profundidades sin tener que sufrir ningún síntoma que afecte mi salud, me hacia tan feliz que me daba la impresión de ser un delfín más. Las bellezas que se aprecian en el mar, son innumerables, de vistosas formas y colores, algo extraordinario asombroso y que hace que uno se sienta más próximo al Gran Creador del universo. Me sentía tan bien que es muy difícil describir con palabras humanas la felicidad que sentía mi cuerpo y mi espíritu (Alma). Algunas veces sentía el abrazo de algún pulpo que se cruzaba en nuestro camino, o el beso de alguna medusa transparente que muy suavemente tocaba mi mejilla y sentía el frio agradable de su cuerpo, en comparación con la calidez del mio.
Durante un largo trecho y nadando a la misma velocidad que nosotros nos seguía una morena con una cara fea y una boca que amenazaba por lo horrible de su aspecto, pero según mis acompañantes nos seguía extrañada por mi aspecto, que al mismo tiempo le inspiraba temor. Su dietes parecían tan afilados y su tamaño era considerable, mis acompañantes eran de más o menos unos tres metros y la morena los superaba en el doble de longitud, pero en ningún momento mostro deseos de interrumpir nuestro recorrido o tener intenciones de atacarnos.
También fuimos seguidos por un pez espada y un banco de atunes y otro de sardinas y muchos peces de colores que se aproximaban y se quedaban enredados con mis cabellos o los bellos de las piernas. Lo que me asustó en un momento es la escolta que nos hacían unos tiburones de diferentes aspectos, había uno blanco, otro azul, otro martillo, pero todos ellos no hicieron intenciones de atacarnos, pero mis acompañantes me pedían sujetarme a sus aletas con ambos brazos y ellos aumentaban la velocidad de nado, algunas veces partían más a la profundidad, donde era más oscuro y otras ascendían casi a la superficie y en algunos momentos ellos emergían para poder tomar aire.
Pasé muy gratos momentos en el mar, hasta que llegó el momento de emerger y quedarme sentado en la playa, mientras mis acompañantes a poca distancia hacían acrobacias saltando para despedirse emitiendo sonidos y comunicándose telepáticamente.
Miguel Aramayo
SCZ.30-08-2024 Mañana cumpleaños de mi hijo Mauricio.
