En Israel
En el kibutz Merhavia, una noche de bohemia tuve oportunidad de estar con personajes tan famosos como Golda Meyerson (Meir – iluminado), David Ben-Gurion, Benjamín Netanyahu, Shimon Peres (Szymon Persky) y Moshé Dayán. Ellos hablaban y yo escuchaba, era tan insignificante mi opinión ante gente de tanto valor intelectual y político que mis pobres conocimientos no alcanzaba nada más que para expresar sonidos de admiración.
Se habló sobre los orígenes de Israel y lo que pude captar lo relato a continuación, pero quiero aclarar que los que opinaban, no lo hacían en términos religiosos, en su mayoría todos los presentes eran intelectuales laicos, pero sionistas hasta los tuétanos. Según lo que pude captar: La tierra donde se desarrollan los acontecimientos importantes de la historia de Israel, es conocida en la Biblia con el nombre de Canaán, o Israel. Pero el nombre más común es el de Palestina. Fue escenario de grandes guerras. En el comienzo de la edad de bronce (3000 A.C) en esas tierras vivía gente de lengua semítica. Ciudades bien construidas como Meggido, Bet- san, Jericó, Hai, etc. De una cultura floreciente y un creciente intercambio cultural con Egipto. Al principio de la edad de bronce, por tantas guerras y peleas internas, se destruyeron las ciudades importantes y la población disminuyó. Siguiendo la edad de bronce los Hicsos dominaron trayendo nuevas técnicas de combate, como por ejemplo las espadas de hierro, carros tiraos por caballos, y dominaron Siria y Palestina. etc. Siguiendo la edad de bronce, Palestina se encuentra bajo el dominio de los egipcios. Los faraones consiguieron repeler a los Hicso, pero mantuvieron el sistema feudal creado por los Hicsos. Por el año 1297 A.C. se produjo la invasión de los Heteos por el norte. Este pueblo venía del Asia Menor y se encargó de detener el avance expansionista de los egipcios. En 1280 A.C. Ramses II y Hatusill firmaron un acuerdo de paz entre ambos pueblos donde Cades fue declarado el lugar límite entre egipcios y heteos. Alrededor del 1200 A.C. decayó el poder de los egipcios, cesando su dominio sobre Palestina. La tierra se encontraba dividida en numerosas ciudades, cuyos reyes se combatían mutuamente, cada cual procuraba ampliar sus dominios. Fue allí donde ocurrió la toma de la tierra de Palestina, que nosotros conocemos como la conquista de Cannan, este acontecimiento permitió la entrada del pueblo de Israel a la tierra prometida. “Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una gran nación, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra de la que fluye leche y miel”.
Después me puse a estudiar y vi que ésta es la antigua confesión de fe del pueblo de Israel, que nos muestra a los antepasados del pueblo en parentesco con los pueblos errantes de origen arameo, que fueron parte de los movimientos migratorios en busca de tierras de cultivo. Los antepasados de Israel eran pastores seminómadas, dueños de rebaños, que se trasladaban a los márgenes de tierras de cultivo, para este fin contaban con la aprobación de otros pueblos. Donde no existían acuerdos o tratos se ocasionaban luchas por aprovechamiento del agua de los pozos. (Génesis 26:18-35) En algunos casos, se permitía a los seminómadas el paso por las tierras, a través de su territorio, con varias condiciones. (Números 20:17-19). Entre los pastores seminómadas se contaba a los patriarcas de Israel, quienes según la tradición habitaban en tiendas. (Génesis 12:8)
Además de esto que comparto con ustedes quiero contarles que, en ese sueño del encuentro con tantas eminencias judías, mientras charlaban entre ellos y yo quedaba subyugado con sus historias, también escuchamos música judía, que en algunos momentos daba la impresión de ser música árabe, después de todo son primos hermanos y sus ritmos e instrumentos son parecidos. Me preguntaron si podía bailar esos ritmos y ni corto ni perezoso, me largue con uno de sus bailes y todos se quedaron mirándome y los músicos aprovecharon de aumentar la intensidad de sus instrumentos y salieron a bailar conmigo otras personas más, hombres y mujeres.
Miguel Aramayo
SCZ.14-11-2016
