Escribiendo macanas
Escribiendo macanas
El tiempo pasa, inexorable, y yo voy montado en ese potro —no de ahora, sino desde siempre, desde que soy yo—. Comencé como un niño inquieto, desobediente, mentiroso y hablador, pero también soñador.
Con el paso de los años y la experiencia acumulada, esas características se acentuaron; sin embargo, fui moldeándome para pulirlas, o al menos eso quiero creer hoy, después de tantos años. Siempre con la mirada puesta en el futuro, como en este mismo instante.
No vale la pena repetir mi historia: la he contado innumerables veces. Por lo tanto, hoy no tocaré ese punto.
Han pasado ya más de 75 años desde que fui aquel niño con uso de razón, y casi sigo siendo el mismo, atravesado por veranos, otoños y primaveras que se han ido posando en mi memoria como hojas sobre un río.
Hace 55 años dejé atrás la juventud, con sus rasgos propios: voluntarioso, impulsivo, apasionado; siempre inquieto y mentiroso, al punto de creerme mis propias historias. No había perdido esas mañas pese al tiempo transcurrido. Continuaba soñador —virtud o defecto—, y aún hoy, a pesar de los años, sigo cultivando esa forma de ser. Tal vez, como dice el refrán, «genio y figura hasta la sepultura», o como advierte otro adagio: «el zorro pierde el pelo, pero no las mañas».
Hace 20 años entré en la tercera edad, aunque entonces no lo noté. Solo hace unos cuatro años empecé a reconocer que estaba envejeciendo. Prefiero no detenerme demasiado en esa idea y, fiel a mis mañas, elijo seguir mintiéndome un poco: necesito vivir unos diez años más para cumplir todos mis planes. Después —lo prometo— dejaré las mentiras y mis viejas costumbres, y esperaré a que Dios me llame para llevarme a sus dominios.
Así es la vida: pasa. Y quizá la mejor manera de atravesarla no sea pensar demasiado ni afligirse, sino confiar —con fe serena— en uno mismo y en los demás.
No pretendo dejar recuerdos. Quisiera llevármelos todos conmigo, y que aquí queden apenas algunas fotos y las chompas que me tejió mi madre, para que sigan abrigando a quienes sientan frío… como un último gesto tibio contra el paso del tiempo.
Miguel Aramayo
SCZ.05-05-2026
