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Esto no es cuento.

6 Dic

Esto no es cuento.

Estaba paseando por la carretera (si a eso se le puede llamar carretera) antigua a Cochabamba, estaba más o menos por la Angostura, muy cerca al rio Piray y se me ocurrió descansar. Parqueé y me apeé del vehículo.

 

Enfilé rumbo al rio, la temperatura era de algo más de treinta y ocho grados centígrados, pero la sensación térmica le añadía a ese calor, por lo menos unos tres grados más, las piedras hervían, porque el sol estaba acompañado “del cielo más puro de América”, sin una sola nube, por lo tanto quererse sentar en una piedra, era prácticamente imposible.

 

La famosa carretera, tiene las cunetas de tierra y, algunas veces los camiones, u otro tipo de vehículos transitan por la banquina levantado una nube de polvo que se eleva a los cielos y como la brisa es muy lenta su descenso es pausado y empolva todo lo que está a su paso.

 

Bajé al cauce, brincando entre piedras y piedrones, pero a medida que me aproximaba al cauce iba disfrutando de un brisa fresca que era producida por el cauce del rio, que en veloz bajada de las montañas se dirige a los valles y llanos. Cuando estuve próximo al rio, me desprendí de los zapatos y los calcetines, arrolle mi pantalón hasta arriba de la rodilla, lo cual me resultó difícil, por cuanto los kilitos pesan y la pansa incomoda.

 

Puse los pies en el agua y sentí una sensación agradable, otra cosas es estar así libre de calzados y de las presiones que te impone la sociedad y próximo a la naturaleza, incluso no sólo los pies disfrutan, también la cabeza se libera de presiones y deja fluir el espíritu en espiral como queriendo dirigirse al cielo.

 

Cuando estaba en esos transes, no me creerán, lo divise al Papa Noel, Santa Claus, El Viejo Pascuero. Estaba en una pose similar a la mía, con la diferencia de que el tenía un gorrito rojo con un ribete de piel y, que él ésta unas dos veces más gordo que yo, vistiendo su consabido disfraz rojo. Me miro y no supe si se coloreo de vergüenza, o es que su color es así de rojo, pero me dio la impresión, que se avergonzó de que lo pille en esa situación.

 

Lo saludo muy efusivamente: –¡Papa Noel…! ¿Qué hace por estos lugares?

–Descansando un poco. –Vine para hacer unas encuestas de mercado. –Con esto del doble aguinaldo, las cosas se me complicaron un poco.

–¿Por qué se le complicaron las cosas?

–Todos los padres dispondrán de más dinero para los regalos, con lo cual tendré más trabajo, pero quiero saber si los precios se mantendrán o habrá algo de inflación, porque el año pasado sucedió algo así.

–No me diga ¡Santa…! ¿Me está queriendo asustar?

–No Hijo, así fueron las cosas, porque la gente se  vio con plata y la hicieron “chischisco”, de tal manera que pese a que no la disponían, porque no la pagaron como ahora, igual la gastaron y además pagando intereses, hasta que se les cancelen el doble aguinaldo.

–¡Santa…!, el otro día leí un chiste que me hace acordar lo que me cuenta. –Dice que su nombre es porque el que compra los regalos es el padre de los niños y No El.

–¡Jo, jo, jo…! Ya me hiciste reír, igual que el nombre que me pusieron los chilenos de “Viejo Pascuero”.

 

Después de hablar un rato y reír a montones, le pregunte: –Está en su trineo y, mirándome en forma burlona me pregunto: –¿tiene espada vuestra punta?.

 

Lo invite para llevarlo al pueblo en mi vagoneta y me agradeció y no acepto, porque él tenía otros planes, por lo tanto yo retorne solo al pueblo y la realidad.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 06-12-2014