Filosofando
De tanto pensar y pensar, resulta que aparenta que razonas y de tanto razonar y razonar, te das cuenta que no llegas a ningún resultado. No es que estés loco, lo que sucede es que estás viendo la realidad y la realidad es la que está loca. Piensas y piensas, sin llegar a razonar, cabilas, te imaginas, ensueñas, sueñas y la realidad que está a tu lado, cada vez parece más distante, se esfuma, se diluye, se derrite, se evapora. Cada vez es más lejana, más extraña, más difusa, más distante, más transparente, inconsistente, etérea, un rayo, un relámpago, un efluvio, una simple y vulgar brisa, no, una ventolera, una ventisca, un susurro y gran tornado. Un remolino que te eleva, te suspende de ensalza, te hace creer que tienes la razón y por más que piensas y piensas, la realidad queda distorsionada, porque no llegas a comprender que los actores de este teatro en el que estás inmerso, no muestran lo que sucede en la realidad.
Leo los periódicos, veo la televisión, escucho las noticias. Salgo y camino por las calles, veo a la gente, observo el comercio, me absorbe la miseria, me distrae la liviandad de las personas. De vez en cuando encuentro algún rostro que expresa desesperanza, o expresa risa, que podría ser felicidad, pero simplemente es un chiste de mal gusto, una grosería y si escuchas una carcajada, es porque algún loco, se dio cuenta de este circo de este fantoche de realidad. Te sientas en un banco de la plaza y veras pasar la gente, gente joven, viejos, niños, hombres, mujeres, pobres, clase media, pero por suerte no ves ni un político de esos que ahora están de moda, porque ellos no están en este mundo, ellos están en otra realidad, en otra dimensión, siguen otro curso, otra orbita, otro rumbo. Tienen su propia realidad, su propia moral (si es que la tienen…), que es más posible que no entiendan el significado de esa palabra, de esa virtud, de ese don de Dios, de eso que tanta falta hace al total de nuestra sociedad.
Cuando medito, como lo estoy haciendo en este momento, me doy cuenta que estoy vacio, que algo me falta, que extraño la paz que tenía antes de haber entrado en esta vorágine de odio, de desesperanza, de falta de realidad, de exceso de inmoralidad, de abundancia de mentiras, de falsedad, de vacío, parcial y total de propuestas de planes, de proyectos, de una ilusión de lo que nos depara el futuro, futuro, que día que pasa es más difuso, más lejano, más extraño. Me siento como si estuviera enfermo, con la moral muy baja, con la desesperanza de alguien que perdió algo, que se esfuma de tus manos y que… ¡Lo peor…!, sientes esa desilusión que te produce la realidad, la realidad que la están distorsionando unos cuantos individuos, que están sembrando cizaña, que están esparciendo odio, que nos están robando la posibilidad de tener ilusiones, de tener planes, de ver un futuro promisorio.
Esto lo escribo para mí, porque simplemente tengo tiempo de pensar, de razonar, de ver si puedo encontrar una solución para revertir, esta situación y de esa manera poder dar esperanzas de bienestar, de mejores días de una posible salvación para este remolino al que nos han llevado y estamos esperando encontrar un cabo, una rama, un atajo, algo que nos permita revertir esta situación y nos deje huir del remolino, de la vorágine de odio y mentira, de exceso de falsedad y prepotencia que tienen los que se sienten ganadores, los culpables de que estemos así, de esos inconscientes que nos empujan al barranco.
Por suerte tenemos un ser superior, que nos brinda la posibilidad de un bálsamo, para anestesiar el dolor y nos da la esperanza de tiempos mejores. “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”
Miguel Aramayo
SCZ. 19-06-2010
