Hace mucho que no escribo
Estuve totalmente ocupado con el trabajo cotidiano, que como es una obligación no permite postergaciones, debe ser cumplido en forma inmediata y con la mayor prolijidad posible, por lo tanto, requiere de un alto grado de concentración. Al mismo tiempo estuve dedicado a mis libros, uno de ellos se presentó en la Feria del libro y eso requirió un poco más de mi atención, porque entre revisor, editor, diseñador e imprenta ocupan algo más de tiempo y como casi todos ellos trabajan bajo la modalidad de “artistas”, tienen otros tiempos y sobre todo otra modalidad, que difiere de estilo empresarial, que es mucho más puntual y formal, ellos están en las nubes y lo obligan a uno entrar en ese estilo, lo cual me resulta incómodo.
Estaba esperando con ansias un momento como este, para poder dejar corre mis dedos en el teclado pasando en limpio lo que mi mente discurre en ese momento a mayor velocidad que la que me permiten mis dedos y también el teclado. Esto es lo que me gusta, el poder exteriorizar mis sentimientos, mi estado de animo de ese momento y poder compartir con todos mis amigos mis vivencias.
Esta mañana una persona que trabaja conmigo quiso hablarme, con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada y todo el expresa pesar, desesperación, aunque lo que querría en ese momento era agradecer por algo que hicimos todos sus compañeros de trabajo, pero su dolor es tan grande que cualquier apoyo que le pudiéramos brindar no es nada en comparación con el pesar que lo golpea.
Después de esa conversación quedé muy triste, porque no podemos hacer nada contra los infortunios que nos depara el destino y por más que pongamos toda nuestra buena voluntad no podemos ayudar a los demás a solucionar los problemas que los aquejan, y me pongo a pensar que ni Dios puede atender todas las suplicas de este mundo y creo que es excesivamente doloroso el tener que resignarse. El caso de mi compañero de trabajo no pude resignarse al mal que le aqueja a su mujer y debe hacer todo lo que este a su alcance, aunque la ciencia no puede solucionar algunos problemas, pero uno no debe perder las esperanzas.
Algunos, como en mi caso, lo único que nos queda es derramar unas lágrimas, colaborar en lo que esté a nuestro alcance, en términos económicos y sobre todo rezar pidiendo al Altísimo que se apiade de las personas que sufren y use su mano para brindarles el apoyo que requieren.
Miguel Aramayo
SCZ.06-06-2016
