Juan del Valle
De los 90 españoles que acompañaron y estuvieron en la fundación de Santa Cruz de la Sierra un 26 de febrero de 1561 y de otros que tuvieron contacto con Ñuflo de Chávez, he logrado recopilar 27 nombres, de los cuales 12 firmaron en el acta de fundación. Además, logré establecer 9 nombres que corresponde a parientes directos de Ñuflo de Chávez, dentro de esos nueve, los nombres de sus cinco hijos y de un nieto.
A continuación, detallo los nombres, comenzando por el fundador y luego el escribano que tuvo a su cargo documentar la fundación de Santa Cruz de la Sierra y con el cual comienzo la lista de los firmantes del acta de fundación: Ñuflo de Chávez – Francisco Gallego – Padre Francisco Pérez – Hernando de Salazar – Bartolomé de Moya – Alonso de Cañizares – Gerónimo de Leiva – Pedro Tello Girón – Juan de Agreda Garcés – Bartolomé de Moya – Hernán Campos – Jorge de Herrera – Juan de Garay. Todos ellos ocupaban algún cargo y por ese motivo firmaban como testigos en el acta de fundación.
Los parientes de Ñuflo de Chávez se nombran a continuación, aclarando el grado de parentesco: Su esposa, Elvira Manrique – sus suegros, Francisco de Mendoza y María de Angulo – sus hijos, Francisco, Alvaro (ambos militares), María y Catalina (ambas monjas), Elvira, casada con un soldado de apellido Osorio – su nieto, Francisco Osorio de Chávez.
Otros españoles presentes en la fundación o que tuvieron contacto con Ñuflo de Chávez: Bartolomé Gonzáles – Juan Pérez de Zurita – Francisco Ortiz de Vergara – Juan del Valle.
Está mi historia, que corresponde a una investigación somera, por cuanto no tengo la capacidad, los conocimientos, ni el tiempo, para darla por buena, real y verdadera, pero que la he obtenido leyendo varias notas históricas de gente notable, como los Historiadores cruceño, don Enrique Finot y don Hernando Sanabria y algunos otros más, que tienen libros escritos sobre el tema. Mi aporte es para informar a mis amigos y hacerlos participes de mis curiosidades.
Leyendo algo del escritor boliviano Roberto Querejazú Calvo, Encontré que el español Juan del Valle, uno de los conquistadores españoles de la hueste que acompañó a Ñuflo de Chávez en su épica marcha del Paraguay al Perú, fue el primero que llegó a la montaña de Llallagüa y presintió que sus coloraciones exteriores eran señal de que estaba grávida de metal. Horadó cerca de la cima buscando la plata que daba fortuna a otros de sus compatriotas en Potosí, la mina de Porco. Juan del Valle, pensando que cambiando el nombre de Intijaljata de la cumbre más alta, por el de Espíritu Santo, sería bendecido por la suerte. No tuvo suerte y abandonó el lugar desilusionado y se perdió para siempre en la oscuridad del tiempo.
Nadie habría sabido de su existencia y de su paso por Llallagüa, si los habitantes de la región, en sus sucesivas generaciones, no hubiesen mantenido el nombre de Juan del Valle para la segunda cumbre, aledaña a la Espíritu Santo, en la que estaba la mina abandonada. El socavón quedó abierto como un bostezo centenario. En 1872 Honorato Blacut, que tenía otras minas en el distrito, pidió cuatro hectáreas alrededor del agujero empezado por el conquistador ibero tres siglos antes. Había fracasado en sus otros empeños, pero siempre optimista, como todo minero, creyó que esta vez encontraría la tabla que lo salvaría del naufragio económico. Puso el nombre de «La Salvadora» a su pequeña concesión. La trabajó en forma intermitente durante 20 años, abandonándola y volviendo a ella, según sus posibilidades. Cansado de no hallar algo importante la vendió a David Olivares. Este la hizo trabajar con el empírico, Sergio Oporto, pero sus recursos se le agotaron en pocos meses. Oporto, que vio algunos indicios halagüeños, compró la mina a su empleador por 80 bolivianos (más o menos 30 dólares).
Sergio Oporto, como su crédito estaba agotado en el pequeño pueblo de Uncía y en el departamento de Oruro, a la firma «Germán Fricke y Cía.”, entró en sociedad con Simón I. Patiño, que trabajaba como empleado de los Fricke desde hacía algunos años. Patiño, con su carácter ambicioso, ejecutivo y tenaz, fue quien primero hizo sociedad con Oporto y después le compró la mina que resultó ser la veta de estaño más grande del mundo y la cual lo hizo muy famoso y millonario. La indemnización por sus minas nacionalizadas, Bolivia concluyó de pagar hace unos cuantos años atrás, cuando casi no tenían mineral.
Miguel Aramayo
SCZ.18-01-2017
