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La amistad.

30 Jun

La amistad.

Un amigo me contó que en una de sus largas caminatas por el mundo, no recordaba si en Italia, Francia o Rusia, conoció a un hombre extremadamente charlatán, hablaba tanto que sus amigos le pusieron de apodo “El mudo”, Su conversaciones eran muy interesantes, por lo tanto no era un tipo que resultará pesado por su exceso de conversación, al contrario, tenerlo presente en las tertulias, era agradable. Hablaba de todo, con lo cual mostraba una amplia cultura y era señal de un hombre al que le gustaba la lectura, porque aparentemente, la lectura es la fuente de inspiración para tanta conversación. Desde luego que como corolario de sus charlas, siempre salían a colación algunas anécdotas de lo que supuestamente él había vivido.

 

Otros de los amigos que acompañaban “al Mudo”, eran dos, a uno lo apodaban “el tuerto”, porque tenía un problema de estrabismo y por consiguiente siempre estaba con lentes, para corregir o disimular ese problema, aunque esto último, es sólo un decir, porque tenía tal personalidad que nada lo amilanaba, más bien era del tipo de personas que tiene la broma, el chiste y la riza a flor de labios. El otro amigo, no tenía ningún apodo, porque con solamente su nombre, “Jorge”, bastaba para reconocerlo, no porque hubiera sido serio y callado, al contrario, poseía una sonora carcajada y la predisposición para escuchar con atención al Mudo y festejar los chistes y bromas del Tuerto. Este amigo, Jorge se destacaba porque era muy aficionado a la musica y al baile y en ambas cosas siempre estaba al día, porque se dedicaba al comercio de películas, poseía varios cines y por lo tanto estaba a la moda.

 

Esos amigos supieron cultivar una larga y desinteresada amistad, eran amigos, porque eran amigos, cada uno tenía su actividad propia, que no se sobreponía a la de los otros y si se juntaban era simplemente por el gusto de compartir momentos agradables. El Tuerto y el Mudo, disfrutaban tomando unos tragos, mientas que Jorge, no gustaba ni del trago, ni del cigarro, pero le gustaban los pastes, las masitas y las muchachas lindas, claro que esto último era del gusto de los tres y de vez en cuando cultivaban esa afición, como complemento a las tertulias.

 

Con lo que me contó mi amigo, me puse a pensar sobre la amistad y ver que la misma es igual en cualquier parte del mundo, no importa si es en Italia, Francia, Rusia, Argentina o Bolivia, incluso si alguien tuvo la oportunidad de vivir en varias partes del mundo, como en mi caso que estuve en Estambul, París, Los Alpes italianos, Cerdeña o Sicilia, siempre conseguí amigos y sobre todo, pude valorar lo que es la amistad, sin interesar el lugar del mundo, claro que en mi caso donde mejores amigos tengo son en Argentina y Bolivia.

 

Tengo un caso muy particular, yo también tuve dos amigos, con una amistad a toda prueba, entre la pubertad y la juventud, cuando por circunstancias de la vida, principalmente estudios universitarios, nos separamos y esa separación, algunas veces, se produce en forma indefinida, pero la huella de la amistad que se cultivo es imborrable. Uno de los amigos falleció en un accidente de aviación y dejó dos hijas de muy corta edad, quizá la menor tenía dos o tres años y la mayor no superaba los seis. Una de las hijas, la menor,  nos buscó cuando tenía 15 años, porque quería conocer a los amigos de su padre y de eso han pasado varios años, algo más de 15 y todavía seguimos conservando, con las hijas, la amistad que tuvimos con su padre.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 30-06-2015