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La historias de amor.

30 Ene

La historias de amor.

Angel estaba concentrado mirando el movimiento de sus dedos en el teclado del ordenador, su mente estaba fría y lejana de su humanidad, se notaba por la forma que asumían sus labios, la comisura de su boca mostraba que estaba tensa, lo mismo el ceño de su frente se mostraba algo diferente a lo que comúnmente se apreciaba en su rostro.

 

Todo esto sucedía porque estaba leyendo un artículo periodístico de “Infobae”, el mismo que hablaba sobre un libro que en inglés titula:  The Lovers (Los amantes), la historia, la triste historia de dos jóvenes afganos, Zakia y Ali, que desde muy chicos fueron vecinos y desde que comenzaron a verse, el uno al otro y viceversa, en sus corazones fue creciendo un gran amor, pero pese a ser vecinos pertenecían a tribus enfrentadas y lo peor de todo con religiones y cultos diferentes porque es así el Islam como religión. Desde que supieron que estaban enamoraron, tuvieron que comprender que su amor estaba prohibido, era una réplica de la novela de Shakespeare, la famosa novela: Romeo y Julieta.

 

El padre de Ali, lo golpeó para que se diera cuenta que ese amor era imposible, pero luego lo comprendió y lo colaboró en lo que pudo. En cambio a Zakia la comprometieron con un sobrino, contra su voluntad. Zakia y Ali se fugaron y se casaron en la clandestinidad. La familia de ella, desesperada por matarla y restaurar el honor mancillado, no ha dejado de perseguirla. Por lo tanto al joven matrimonio no les queda más que seguir huyendo, pero ahora ya tienen una hija.


Esta historia de Zakia y Ali pone de manifiesto el consabido atropello de los derechos de la mujer en algunas culturas, sobre todo en los musulmanes e hindúes.

 

El autor del libro: Rod Nordland, que acaba de salir en los Estados Unidos, era corresponsal de The New York Times en Kabul y escribió mucho sobre las violaciones a los derechos humanos básicos de las mujeres. Cuando conoció la historia de Zakia y Ali, la tomó como parte de su trabajo y ayudó en lo que pudo a los protagonistas, incluso salvó su vida en alguna ocasión. Su capacidad de cooperación era mínima sobre todo por temas culturales, religiosos y una ley misóginas, por las cuales el amor elegido entre Zakia y Ali era, simplemente, anatema.


La familia de la muchacha la descubrió y una noche la llevó arrastraba fuera de su refugio, y la tuvo como prisionera en espera de conseguir el permiso para hacerla desaparecer y de esa manera limpiar el honor de la familia. Los amantes estaban viviendo en Bamiyán, donde había sido un centro de peregrinación espiritual. Allí se alzaban las esculturas más grandes del mundo de dos Budas, Solsal y Shahmama, que tenían 1.400 años cuando los talibán las despedazaron. Todas esas historias de talibanes, hazaras, chiítas y sunitas tiene que ver con la historia de los jóvenes amantes.

 

La vida y todo el entorno, no sólo le dio forma al destino que habían desafiado, sino también los talibanes habían puesto de cabeza el mundo entero de Zakia y Ali. Para complicar aún más la escena, Zakia y Ali pertenecen a distintas ramas del Islam: la familia de ella es tayik, sunita, y la de él, hazara, chiíta. En consecuencia, «la familia de Zakia se oponía a su casamiento por razones culturales, étnicas y religiosas». Tras su huida, la cuestión tomó dimensiones de catástrofe. «En la cultura afgana una esposa es la propiedad de su esposo; una hija es la propiedad de su padre; una hermana es la propiedad de su hermano. Es el hombre en la vida de una mujer quien decide con quién ella se casará, y al escaparse con otro, Zakia no sólo desafió su voluntad sino que les robó algo que ellos veían como legalmente propio».

 

La noche del Año Nuevo Persa, Zakia escapó del Refugio para la Mujer de Bamiyan, su hogar y su prisión durante los últimos seis meses, donde incubo la idea de casarse con Ali. Lo que hizo Zakia, no sólo cambiaría su vida y la de Ali, cambiaría la vida de casi todo el mundo que ella conocía. Su padre, Azaman, y su madre, Sabza, sus hermanos y hasta sus primos hermanos varones se dedicarían a perseguirlos como única ocupación.


Ali tenía 21 años y Zakia 18, era una niña analfabeta y pobre que no sabía los número hasta el 10 y que nunca había visto un televisor se convertiría en la cara femenina más reconocible de las ondas afganas y en la heroína de todas las jóvenes afganas que sueñan con casarse con quien ellas aman y no con quien les elige la familia.

 

Ali tuvo la ayuda de su padre y juntos con la colaboración de un vecino en su Toyota Corolla fueron en busca Zakia que se encontraba rodeada de unos perros a los que mantenía en silencio arrojándoles pedacitos de pan. Cuando se encontraron, cada uno pronunció el nombre del otro, de esa manera declararon su rebelión contra las costumbres y las restricciones de su sociedad. Pese a que en Afganistán nunca usan los nombres de sus esposas,

 

Los jóvenes se habían declarado su amor en secreto durante años, y en público durante los seis meses que ella pasó encerrada en el refugio. «Nunca habían estado a solas a puerta cerrada, mucho menos en el asiento trasero de un automóvil. Por lo general sólo se habían echado miradas y se habían encontrado clandestinamente en los campos de sus familias, que eran vecinos, y un día cuando los llevaron a los tribunales para que se ventilara su causa. Ese día se decretó la sentencia de muerte para Zakia: sus jueces lo hicieron implícitamente y su madre, su padre y sus hermanos lo hicieron en gritos e imprecaciones.»


Un pariente lejano de Ali, Salman, con grandes precauciones los albergo en su casa. Ella se quedó en las habitaciones de las mujeres y Ali pasó todo el día fuera, con su pariente, porque no podía compartir el techo con Zakia antes de casarse. Al día siguiente, el padre de Ali llegó a la noche con un mulah, que celebró la ceremonia del neka (casamiento). Mientras la casaban con Ali, Zakia seguía en el cuarto con las mujeres: lo único que hace falta para casar a una mujer afgana son dos testigos varones y el mulah, junto con el novio y los padres de la pareja. La ausencia del padre de Zakia aumentó sensiblemente el precio de la ceremonia.


A la mañana siguiente continuaron su huida. Antes de que hubieran pasado un día en una aldea en las montañas, la policía consiguió su rastro y, por pedido de la familia de Zakia, marchó a buscarlos. Mientras el matrimonio huía corriente abajo por un arroyo, en la dirección opuesta el padre de Ali fue detenido por la policía. Mintió que no los había visto.


A partir de ese momento lo único que hacen esos esposos enamorados, es huir y vivir a sobresaltos, Pasaron noches a la intemperie y el frio . En la aldea de Ali, Surkh Dar, la policía los buscaba casa por casa; los protegió un miembro del concejo provincial, quien estaba exento de esa clase de requisas.  La familia de Zakia la perseguía para matarla.


después de huir varios meses, la policía detuvo a Ali en Kabul. El padre de Zakia los había demandado por secuestro y bigamia, ya que él había casado a Zakia con su sobrino. Temerosa de su familia, y de la policía que golpeaba a su esposo a diario, Zakia pidió ayuda en un albergue de Women for Afgan Women (Mujeres para las mujeres afganas). Le dieron refugio a ella, los abogados lograron la libertad de Ali y el reconocimiento de la validez de su matrimonio.

 

No todo termino allí, los seguían sus cuñados para matar a su esposa, ya embarazada. Intentaron dejar el país. Las embajadas de los Estados Unidos y de varios países europeos dijeron que podrían considerar sus pedidos de asilo sólo si primero huían como refugiados a un país vecino. El padre de Ali los acompañó a Tayikistán, donde los oficiales les reconocieron al menos cinco razones para pedir asilo; pero también vieron que llevaban con ellos todos sus bienes, sus ahorros, dos bolsas de ropa, las joyas de Zakia y tenían una gran desesperación. Mientras tramitaban sus papeles en el Alto Comisionado para las Naciones Unidas en Tayikistán, dos hombres que se identificaron como policías los detuvieron en la calle, les quitaron todas sus posesiones y los regresaron a Afganistán sin causa ni demora.


Zakia ya estaba a punto de dar a luz a Ruqia, por lo cual Ali y su padre decidieron regresar a Bamiyán. «Sé que existe un riesgo, pero no tenemos opción», dijo Ali al autor de The Lovers. «Ya dejamos de huir», dijo, y señaló a su hija. Su situación económica era tan mala que no tenían dinero para comprar combustible y calentar la casa, y comían mal. El caso de Zakia y Ali había repercutido en las redes sociales, y una persona les envió de manera anónima 1.000 dólares por Western Unión. Ali usó la mitad del dinero para comprar alimentos y combustible, y con el resto del dinero compró una pistola que lleva todo el tiempo consigo y comenzó de nuevo sus ahorros. Si sobreviven, Zakia quiere que su hija tenga la educación que ni ella ni su marido tuvieron, según le dijo a Nordland. Y si llegan a verla crecer, Ali no elegirá a su marido, agregó él. «Ella lo elegirá».
http://www.infobae. com/2016/01/27/1785979-la-historia-zakia-y-ali-los-romeo-y-julieta-afganos

 

Historias de amor como estas estoy seguro que existen a montones, con más seguridad en sociedades donde existen prohibiciones religiosas, en las que anulan la voluntad de las mujeres, pero en otras latitudes de este inmenso planeta, por cuestiones raciales, económicas y también religiosas.

 

Esta realidad que es réplica de la novelita de Romeo y Julieta, ya es de conocimiento en las redes sociales y será más cuando el libro de Rod NordlandThe Lovers (Los amantes), se publique en otros idiomas, ¿habrán otras historias similares que puedan llegar a nuestros oídos?

 

Miguel Aramayo

SCZ.20-01-2016