La inquietud y los recuerdos.
No puedo quedar sin hacer nada y si alguna vez, me ven sin hacer nada, es porque no tienen la capacidad de observar lo que pasa por mi mente, o estoy elucubrando que hacer o estoy redactando en mi block de notas imaginario, lo próximo que quiero escribir o sencillamente, estoy soñando con algo que me pasó y que me trae muy buenos recuerdos. Porque extrañamente, creo no tener malos recuerdos, porque el sólo hecho de recordar ya es bueno.
La capacidad que tiene la mente humana, de rebobinar lo que en el transcurso de la vida va almacenando, debe ser el mayor don, que Dios dio a los hombres, a la humanidad. El poder recordar, tienen tanto poder, que no necesariamente, lo que puedas recordar corresponde a hechos que te hubieran sucedido. Uno puede recordar películas, libros, historias ajenas y por lo tanto al recordar, uno tiene la facultad de contribuir a la memoria de la humanidad. Especialmente si esos recuerdos uno los plasma en escritos, y si esos escritos se convierten en un libro o son registrados en internet, con lo cual, lo que recordemos se adiciona a la memoria de la humanidad.
Estoy seguro, que retrotraer los recuerdos al presente y compartirlos con seres queridos, no sólo te brindan una satisfacción personal, sino que también contribuyen a la felicidad de las personas con las que compartes tus recuerdos. Semanalmente hablo telefónicamente con mi madre, a quien previamente le envío lo que escribo durante la semana o los últimos quince días y hablamos sobre lo que escribí; eso contribuye a que nuestra conversación sea más fluida y que ella me retroalimente de recuerdos. Ambos quedamos felices, porque yo tengo elementos nuevos sobre los que podré escribir y enriquece mí baje de recuerdos, porque nos obligamos inconscientemente a recordar: lugares, nombres de calles, colores, formas, personas queridas, poco queridas o personajes que no nos dejaron recuerdos, quizá sólo recuerdos simples.
Después de colgar el teléfono, extrañamente me siento más liviano, con más energías e incluso más joven y tengo la plena seguridad que mi madre también tienen esa sensación de alivio y de rejuvenecer o por lo menos deseos de seguir viviendo. Pienso que quienes no recuerdan, se anquilosan, se adormecen y por consiguiente se aproximan más al final.
Creo que lo que más enriquece a los pueblos es su memoria, memoria convertida en historia y eso es lo mismo que recuerdos, recuerdos que a un principio fueron transmitidos de boca a boca, hasta que alguien pudo esquematizar las palabras en signos y nació la escritura, pero pasó mucho hasta que llegamos a Gutenberg. Mientras tanto mucho de nuestra historia como humanidad se perdió, por peleas que destruyeron lo escrito, por ejemplo la perdida de la biblioteca de Alejandría, en Egipto, más o menos el año 295 A.C. Otra biblioteca famosa es la de Constantinopla fundada el 330 D.C. destruida e incendiada por la cuarta cruzada. Nínive, cerca de Mosul en Irak es considerada la primera biblioteca sistemáticamente recompilada, 700 A.C., también destruida por los babilonios.
Por lo tanto es bueno que recordemos y compartamos esos recuerdos entre nuestros seres queridos, parientes, amigos, compañeros de trabajo. Es una forma de construir nuestra historia y sacar provecho de eso, para no cometer errores, errores que ya fueron cometidos y sepamos construir el futuro, en base a lo pasado y formar cultura.
Miguel Aramayo
SCZ. 05-02-2015
