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La madrasta de tus hijos.

26 Ene

La madrasta de tus hijos.

Conversando sobre trivialidades, me comentaste que alguien se refirió a la amiga que tienes en Suiza, con la cual viajas cada vez que puedes y que algunas veces la tienes de visita en tu departamento de París, como que es la madrasta de tus hijos. Lo cual me causó chiste, porque yo sé que no es así, que simplemente te une una gran amistad con esa persona y que ambos tienen vidas totalmente separadas, no sólo por la relación formal, sino también en el aspecto legal. Que si alguna vez están juntos, esos encuentros no superan una semana.

 

Te causó chiste esa aseveración, de que tus hijos tienen una madrastra, ese momento los viste a tus hijos con el aspecto de cenicientas, primero los viste, harapientos y maltratados por la madrastra, los observaste planchando y trapeando, a uno de ellos, al otro que estaba en la cocina pelando papas y zanahorias y después lavando los trastos y secando los utensilios y la vajilla.

 

A uno de tus hijos lo miraste lavando los autos de la madrasta, y haciendo el trabajo de jardinería, replantando algunas flores y recortando el césped, pero también subido en los árboles podándolos, dándole las formas impuestas por la madrasta.

 

También los viste sollozando en su cuarto, en conversación tupida con una Hada, que es la que me imaginó los protege, o por lo menos les sirve de paño de lágrimas, en esas conversaciones captaste, que en su pobreza y mala intención convivían con los ratones, pero al mismo tiempo te pareció ver unos gatos feos y unas tristes ardillitas.

 

Los muebles de la habitación que ocupan tus hijos es deplorable, las camas tienen el aspecto de ser duras, de no tener almohadas y los cobertores son simples trapos sucios, su ropa está acomodada en unos cajones de manzanas y por ropero tienen un simple palo de escobas sujetado con unos clavos en un rincón de la habitación.

 

Quedaste muy triste y compungido, no podía ser que esos tus hijos sean tan maltratados por la madrastra, mientras que ella se da todos los gustos y, vos como un vulgar esclavo que le das todas las comodidades a esa mujer perversa.

 

Al contrario del cuento que conocemos, la madrasta vive contigo, si no en forma peramente, por lo menos cuando está en Francia, pero cuando retorna a Suiza, carga con los pobres muchachos y los tiene como a esclavos, peor que personal de servicio. Se arrugo tu corazón y quedaste compungido, pero no puedes hacer nada, porque esa mujer también te tiene subyugado.

 

Cuando los viste conversando con el Hada, te vino el alma al cuerpo, porque vos sabes que esa Hada los ayudará y les solucionará sus problemas, además te imaginas que esos harapos de ropa que ahora visten, serán cambiados por trajes de Armani y calzados italianos Gucci, que en vez de andar con los pies descalzos, cada uno tendrá un Ferrari y que en vez de salir con domesticas de suiza, podrán enamorar con chicas bellas de Santa Cruz de la Sierra, mejores que las Magníficas.

 

De sólo pensar que la vida de tus hijos mejorará, quedaste tranquilo y no tuviste necesidad de disgustarte con tu amiga, con la que injustamente recibió el apelativo de “madrastra”.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 26-01-2015