La música
La música tiene algo que te transporta, algo que te transforma, que te exalta y predispone. Es cuestión de elegir el momento, seleccionar el intérprete, elegir la pieza musical y sentarse a escuchar, esperar que sólo te interfiera el silencio, el silencio que separa una canción de otra.
Cada pieza musical me da la impresión de ser una barca a la que puedes abordar y gobernar en algunos momentos y en otros se hace tan caprichosa que no obedece tus órdenes y no queda más remedio que dejarse llevar por ella, que ella te transporte, te exalte y sobresalte, te eleve y extienda en el universo, en lo etéreo del firmamento.
Cada instrumento que percibe en interpretación, en lo que estas escuchando, no sólo con tus oídos, sino con tus sentidos, puede asemejar los diferentes elementos que te rodean y que ilusionan tu corazón, que brindan paz a tu espíritu y que exaltan tus sentimientos: En un momento los violines pueden ser el agua del mar, del mar en el que navegas y las olas representan a los chelos, al bajo e incluso a las arpas, las guitarras y el piano, pero la flauta, el clarinete, el oboe, el cuerno, los saxos y los trombones, te podrán parecer el viento que choca en la popa de la barca que comandas y que te impulsa al horizonte, que ese barlovento guía tu trayectoria hacia la felicidad .
Cuando escuchas los timbales, los tambores, las panderetas, las campanas, el triangulo o la gaita, te puede parecer que son acordes que vienen de la playa y que junto a otros instrumentos festejan tu llegada, llegada que es acompañada por los cantos de solistas o coros de cantores, donde puedes apreciar, sopranos, tenores, barítonos, contraltos y bajos.
Los pentagramas son como las nubes que guían tu camino por el infinito y te aproximan cada vez más a Dios, en esas nueves ves las fusas, las semifusas, los corcheas, las semicorcheas, las blancas, negras y redondas, que silban y acentúan lo que expresan los acordes a tus sentidos, son como los ángeles que algunos pintan junto a las nubes, como querubines, como serafines o simples ángeles que munidos de sus trompetas saludan tu raudo paso por el silencio de la eternidad, como si fueran notas musicales o claves que te indicaran la nota que corresponde a tu animo en ese momento.
El viento, el agua, el sol, el frio, la brisa, la luz, la penumbra, el silencio profundo, el murmullo y hasta el ruido son grandes compañeros de una canción, dependiendo del tiempo, de los acordes, de los compases, de los altisonantes silbidos, de los tenues bajos, de los sublimes acordes o simplemente de los silencios que marcan los tiempos y acompañan el compás.
En un momento determinado podrás elegir a Mozart, Chaitkosky, Beethoven, Franz Liszt, Federico Chopin, Antonio Lucio Vivaldi. Los Panchos, Carlos Gardel, Elvis Presley, los Vitles o Violeta Venegas. La filarmónica de Londres, la de Viena o la sinfónica juvenil de Santa Cruz, todo dependerá de tu estado de ánimo para que aprecies y te deleites con sus interpretaciones.
Miguel Aramayo
SCZ. 25-12-2009
