La paternidad.
La paternidad, a mi criterio, es algo que se va construyendo poco a poco, comienza brindado un cariño franco y sincero a la mujer que llevará tu semilla y la convertirá en fruto, durante el tiempo de gestación, gestación que aproximadamente durará doscientos sesenta y seis días desde la implantación del cigoto en el útero.
Durante esos doscientos sesenta y seis días, el padre, deberás acariciar y prodigar el máximo de atenciones a ese vientre que incuba tu semilla y por supuesto a la propietaria del vientre.
A partir del nacimiento, la dedicación por ese fruto ya no es sólo responsabilidad de uno, es responsabilidad de la pareja y, por lo tanto ambos deben poner de su parte para que ese fruto madure adecuadamente, porque se lo debe cultivar minuto a minuto, desde el momento que nació, hasta más o menos sus seis años. Se le debe dar educación y eso no es únicamente dándole amor, cariño, también se debe ser estricto, porque lo que se hace es “educar” y, es importante en esta etapa trasmitir ejemplos, no tan sólo con palabras, sobre todo con actos y actitudes, con muestras y demostraciones.
Después de los siete años, ese fruto, ya debía estar educado y lo que ahora requiere es instrucción, y para eso la escuela y el colegio juegan un rol importante, pero también el concurso de los padres es importante, ayudando y controlando que el fruto cumpla lo que le imponen los profesores, todo esto no es únicamente con disciplina, es importante que esa instrucción tenga el apoyo constante de amor de ambos padres y que continúe el ejemplo, pero debemos cuidarlo del entorno, para que ese fruto no se contamine y se mantenga en la línea correcta.
En esa etapa, la etapa de la instrucción, debemos ir regulando la libertad que requerirá para el futuro, para que se pueda defender. Debemos comenzar a enseñar a volar fuera del nido, para que aprecie los peligros a los que se debe enfrentar posteriormente y el mayor ejemplo que debemos proporcionar es enseñarles a amar y que aprecien el real sentido de lo que es amor, dedicación, pero al mismo tiempo desprendimiento.
Habiendo cumplido esas dos primeras etapas, ahora viene el de la especialización, generalmente esta etapa ya se realiza fuera del nido y el aporte de los progenitores es mínimo y prácticamente se circunscribe a ejemplo y demostraciones de amor y cariño, además de un apoyo económico para que logren sus metas profesionales.
Algunas veces sin haber cumplido esta etapa, y sin haberse emancipado, ya ellos pretenden armar su nido, en este momento los padres lo único que podemos hacer es dar consejos, muy sutilmente, porque las decisiones las deben tomar ellos, porque ya son lo suficientemente responsables y si estuvimos constantemente a su lado, durante los dos primeros tiempos y colaboramos al de la profesionalización, de ese momento en adelante lo único que nos queda por brindar, es cariño y el apoyo, cuando lo requieran y de acuerdo a nuestras posibilidades.
Esto se puede lograr siempre que hubiéramos tenido la suerte, o el esfuerzo de una unión familiar, una estabilidad de pareja y un entorno favorable física y emocionalmente constante. Querer tratar de enmendar errores cuando ya los hijos están por entrar a la tercer etapa, no es recomendable, ya se debe razonar de una manera diferente, porque ya se produce una relación entre adultos, por más que tu fruto, sea tuyo, pero si no seguiste los pasos en las dos etapas primarias, principalmente, ya es complicado querer corregir extemporáneamente lo que debiste hacer a su tiempo.
Un nido, no es obra de uno, no, es el esfuerzo de dos, sin olvidarse que también es precisa la ayuda de Dios, pero hasta Dios se aleja del nido si ve que no funciona. Un nido sin los padres y los polluelos es un nido insulso, como también es insulso si sólo está uno de los padres con los polluelos, el padre a cargo de los polluelos debe poner doble empeño y cumplir con la ausencia del otro.
Miguel Aramayo
SCZ. 30-12-2014
