La tristeza y su oponente.
Que sensación fea que produce la tristeza. Y pensar que es un sentimiento que puede ser provocado por algo externo a nosotros, pero nosotros hacemos crecer a ese monstro, la mayoría de las veces sin necesidad. Es algo que generalmente no lo producimos nosotros, a no ser que seamos paranoicos.
La tristeza es algo que se genera en nuestro intelecto y, que está en nuestras manos el poder eliminarlo, para lo cual no requerimos grandes dotes, es simplemente contrastarla con algo oponente, algo que podría ser la felicidad, pero la mayoría de las veces, tampoco la felicidad puede con la tristeza.
Pienso que el mejor oponente para la tristeza es la indiferencia. Creo que la indiferencia es un arma poderosa para contrarrestar la tristeza. ¿Por qué le vamos a dar alas a la tristeza?, para que después se convierta en stress, nos dañe la salud física y mental, nos deprima. La indiferencia, creo que es un gran antídoto, no sólo para la tristeza, que es un sentimiento que comienza chiquito y se hace gigante, siempre y cuando nosotros le demos lugar a su crecimiento, pero si nos portamos indiferentes, podemos eliminar la tristeza, eliminarla de un plumazo.
Muchas veces he repetido un verso, verso de autor anónimo, que lo he recitado en un sin número de oportunidades y siempre lo he adaptado o adecuado a las circunstancias, dice así: ¡Mi tristeza…! ¡Mi alegría…! ¡Mi incredulidad…! ¡Mi fe…! ¡Mi pobre melancolía…! Por la que me salvare. Dime tú niña mía, que después te cambiaré por una niña más fría. Para cambiarla después. ¡Me muero porque me quieran…!, ¡pero nunca lo diré…! Y después de todo ¿qué? ¿Morir para que me quieran? ¡Qué me quieran…! ¿Qué me quieran para qué? Aquel gran amor de un día, volverá y yo no estaré. Y después de todo ¡qué..! Morir para que me quieran, ¡Qué me quieran…! ¿Para qué?
Ese versito es el que más me ayudó en mi vida para pedirle ayuda a la “indiferencia” y poder decir con fuerza e insistencia ¡Y después de todo ¿Qué?!. De esa manera uno puede ahuyentar los momentos tristes y ¡cambiar de niña!, cambiarla por otra más fría, para cambiarla después. Eso es lo que se llama indiferencia y te ayuda, no sólo, para eliminar, o disminuir la tristeza, también es el arma que te protege de otra cantidad de sentimientos adversos.
Los refranes con otras palabras también te dicen lo mismo que el versito. “Al mal tiempo, buena cara”. “A palabras necias oídos sordos”. “La indiferencia mata”.
La tristeza tiene varios sinónimos. “Pena”, la tristeza por lo que le sude a otros y no a uno. “Desconsuelo”, la tristeza que te afecta y no encuentras solución. “Aflicción”, cuando la tristeza es repetitiva. “Pesar”, una tristeza muy grande. “Quebranto”, por la tristeza que te logró doblegar. “Tribulación”, cuando la triste es grande pero no tuya. Desdicha, cuando la tristeza es incontrolable. “Nostalgia”, la tristeza por alguien o algo que se alejó, por algo que se va.
Pensarán que soy un experto en ¡tristeza!, pero es lo contrario, soy alguien que la mayoría del tiempo estoy feliz porque pongo en práctica lo que digo, me rio del rio y vivo una felicidad constante, porque desecho las tristezas, las penas, las nostalgias, los sufrimientos y tan sólo con una oración y pensando en positivo.
Miguel Aramayo
SCZ. 23-12-2014.
