Las alforjas del cuentacuentos
Las alforjas del cuentacuentos
Cuentos para niños que serán adultos (Autor: Carlos Vidal) Este es un libro que lo leí hace 20 años, en una vacación con mi nieto mayor, que en ese entonces tenía 11 años. Considero muy importante contarles o leerles cuentos a los niños. La mayoría de los cuentos antiguos, dentro de la ficción tiene una enseñanza, todos ellos encierran una moraleja, un ejemplo, un concejo, una recomendación.
Yo tuve una abuela que me contaba historias de su familia y me relató muchas veces la guerra del Pacifico, contienda que ella la vivió siendo una adolescente y que la afecto tremendamente porque al ser peruana la vivió a cada momento. Ella no sabía contar cuentos, pero me distraía con las historias de sus parientes y amigos en Arequipa, Lima, Buenos Aires y La Paz De sus viajes y anécdotas. Cuando no tenía que contarme, me hacía leer el Manuel de urbanidad y buenas costumbres de Carreño, un libro por demás de viejo y casi deshojado por tanto que lo hacía leer a su hija, sus nietos y a mí.
La abuela Mercedes me hacía leer cuentos interesantes, como los cuentos de piratas: Barba Negra, Barba Roja y Barba Azul, que mezclan aventuras, tesoros y leyendas, a menudo adaptados en relatos infantiles cómicos o clásicos de terror. Destacaban historias como «Barbanegra y los buñuelos» de Ema Wolf, el cuento de la bruja y «Barba Roja», o la historia clásica de Barba Azul de Charles Perrault. Y para mantenerme quieto y distraído me hacía leer en voz alta un libro grueso de hojas delgaditas «Don Quijote de la mancha».
Mi madre, me contaba cuentos que se inventaba, pero ella prefería leerme poesías o repetirme letras de canciones de esa época. También me leía algún libro, novela o cuento, el mismo que duraba varios días, pero cada noche antes de dormir me hacía recordar lo último que me leyó y continuaba con la lectura, después rezábamos, casi siempre las mismas oraciones, pese a que ella no asistía a misa todos los domingos.
Cuando mis nietos se quedaban a dormir en mi casa yo le contaba o les leía cuentos y también les compraba cuentos para que ellos vean los dibujitos o cuando ya leían con algo de letras. Así nació mi afición por escribir y poco a poco llegué a llenar varias páginas con cuentos cortos que, luego dieron origen a un libro de cuentos que denominé «El Gallo Nigüento», el que se sacó las niguas y quedó contento.
De esa manera me nació la afición por escribir y desde ese entonces no paro, llegando a publicar 12 títulos cada uno de más o menos 250 páginas y tengo por publicar 4 libros que ya los completé y por lo menos otros cuatro que están por compaginarse. Tuve un gran amigo —con el cual soñé anoche— que leía todo lo que escribía y me comunicaba las primeras correcciones de ortografía —que la tengo pésima— y también recomendaciones sobre redacción. Ahora que está en la eternidad lo extraño y puedo decir que me producción literaria decayó desde que ya partió al más allá, dejando un gran vacío.
Una amiga fue la que me animo a publicar lo que escribía, incluso me propuso que escribamos juntos un libro de cuentos y me dio a leer varios que había escrito ella cuando estaba en colegio, de los cuales muchos estaban premiados. Ahora ella vive afuera y ya tiene dos hijos que ya deben estar escribiendo cuentos, como su madre o quizá igual al abuelo que escribía sobre política.
Miguel Aramayo
SCZ.27-04.2026 Mañana cumpleaños de mi primer nieta. Casada y lejos de aquí.
