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Mambrú

23 Ene

Mambrú

He visto en la televisión y en algún noticioso o película, esos desfiles conmemorativos de  algún acto. He visto los desfiles que hacia Hitler, los que hacían en Rusia, los que hacen en Cuba, en China o Corea y muchos otros más, pero he quedado totalmente sorprendido con el festejo de la creación del “Estado Plurinacional y Multiétnico”. Después de los discursos y las alabanzas, todo se convirtió en un festejo bailado, más parecía una conmemoración, algo similar a lo que se ve en algún país del África, esos que todavía conmemoran con bailes y rituales de sus tribus, incluso me pareció que los uniformes de los grandes jefes militares del nuevo Estado, han tenido algunos cambios en su ornamentación, me parece que ahora se asemejan más a los uniformes que usaba Idi Amín Dada, no el uniforme de la calatrava, o el uniforme escoces, no, el uniforme militar, con muchos cordones y condecoraciones, el uniforme que es común en casi todos los ejércitos del mundo, todos los que valoran el heroísmo, el coraje, la disciplina, etc., etc.

En todos esos militares que vi, en otros actos del mundo, vi firmeza, arrogancia, marcialidad, seriedad, incluso en Idi Amín Dada, cuando veía y escuchaba a sus aborígenes africanos, a sus coterráneos. Pienso que esas son características intrínsecas de la carrera militar, aquí y en cualquier parte del mundo, porque se supone que los ejércitos deben mostrar fortaleza, altura, orgullo, patriotismo. Sí Señor, No Señor, Como no Señor.

En los festejos de un año más del “Estado Plurinacional y Multiétnico”, vi que el broche de oro, el cierre, fue un acto folclórico, pero únicamente con folclore exclusivo de una sola etnia y no de las treinta y seis etnias que componen el “Estado Plurinacional y Multiétnico”. Los músicos han debido interpretar muy bien sus instrumentos, además que la música ha debido tener un compás extraordinario, un ritmo que movía la sangre (no sólo los pies, los hombros y las manitas) de los que lo escuchaban, grandes personajes de la política, de todos los poderes, que en realidad son uno solo. Esos acordes de músicos fabulosos, les sacaron paso a todos los personajes, incluso un alto personaje de Congreso, que bailaba como un  “Bicu Bicu” u otro que movía las manitas con una delicadeza que encantaba verlo, especialmente por su finura y esbeltez.

Lo que más me llamó la atención fue el ritmo, la gracia, la elegancia y la marcialidad, con  que bailaban los militares que están en la testera, hasta parecía que hubieran tenido varias horas de entrenamiento, no se equivocaron en el paso y la coreografía de toda la testera era sorprendente, pero quienes ganaban el premio eran los militares, porque no parecían soldaditos de plomo, parecían de carne y hueso, más carne que hueso. En segundo lugar el Bicu Bicu y en tercero, el de las manitas, los demás eran homogéneos en la forma como llevaban el ritmo, el ritmo y el compás.

Pienso que si Mambrú hubiera visto esa coreografiar, esa marcialidad, esa elegancia en el paso y esa pintanga en los uniformes, seguro que hubiera elegido ese ritmo, esa música, en lugar del famoso y trillado chirivín, chirivín, chirivín chin chin, o el otro que también es muy clásico, aunque menos marcial, el mandandirun dirun dan, o el tan usado por los soldaditos: rataplán, rataplán, rataplán plan plan.

Me gustó ver tanta alegría, tanta felicidad, porque al final de cuentas eso es bueno y es contagioso, porque muestra que estamos bien, que hemos llegado a un punto de total alegría.

Miguel Aramayo

SCZ. 23-01-2012