Me encontré con un Ángel
Si los Ángeles existieran, con seguridad que serían mis amigos, porque los siento, los percibo y hasta me animo a decir que puedo comunicarme con ellos.
Hace algún tiempo atrás, ¿no sé cuánto?, porque en estas cosas el tiempo realmente es imperceptible, algunas veces uno piensa que no pasa y sin embargo pasa volando. Continuando con mi historia, yo caminaba con paso firme pero tan sutil que mis pisadas no se percibían, era como si estuviera caminando entre nubes, pero mi caminata era por un bosque muy bien cuidado, no tenía guijarros, ni yerbas malas, ni abrojos; era un césped como si estuviera transitando por una cancha de criquet, de esas que abundan en Escocia, pero al contario de un campo deportivo de esa disciplina, era un bosque con altos, anchos y frondosos árboles, que pese a esas características dejaban pasar los rayos del sol. También se sentía el olor perfumado de lavanda, madreselvas y jazmines, plantas que estaban diseminadas por el camino como acompañantes de los caminantes.
El clima que reinaba en ese paraje era de una frescura que permitida estar desabrigado, pero sin sentir frio ni calor, la humedad era la adecuada para no traspirar y mantener la piel con la tersura y lozanía, que permitía sentirse por demás de cómodo, era como estar adentro de una gran e inmensa burbuja, que además protegía del viento, porque la brisa que circundaba era de tal intensidad que solamente abriendo la boca se la podía percibir.
En esas circunstancias mi mente y mi espíritu estaban elevados, aproximándose a lo divino, por lo tanto, se cumplían todas las condiciones para poder tener un encuentro angelical. Caminando suspendido en ese ensimismamiento que me cubría, vi en lontananza una figura, una figura angelical, que también flotaba como suspendida por un vuelo de alas que no se mostraban a la realidad, pero que daban la impresión de suavidad y que estaban exentas totalmente de gravedad.
Me fui acercando sutilmente hasta donde estaba ese ser etéreo, hasta donde estaba lo que aparentaba ser un Ángel, a medida que me aproximaba, la vellosidad de mi cuerpo se erizaba, mi piel se humedecía y en mi boca se notaba una mayor sensibilidad de mis papilas y por consiguiente las glándulas expedían su producción en exceso y debía deglutir con mayor frecuencia. Cuando estuve próximo a ese ser, me percate que era una mujer, una divina mujer, sus ojos tenían la misma coloración del cielo, pero su mirada era tierna y penetrante, al extremo que paralizó mis músculos, sus labios de un rojo carmesí tan intenso que daba la impresión de que estaban iluminados, la tonalidad de su piel daba la impresión de ser porcelana de Lladro, sus ademanes eran tan finos que no encuentro parecido con nada ni nadie. Su cabeza estaba adornada de una blonda cabellera, que aparentaba de ser de ceda, pero el brillo que despedía en el contraste con la luminosidad del sol hacia que se vean más bellos sus cabellos. Cuando se incorporó, pude apreciar su talle y lo esbelto de su físico, el vestido la cubría dejando percibir muy sutilmente sus formas, formas que eran de una delicadeza tal que su fulgor me dejó boquiabierto y con la respiración muy cortita.
Mi corazón quedó anonadado y comenzó a palpitar con sístoles y diástoles que estoy seguro que su sonido pudo ser percibido por la bella dama. En ese momento me di cuenta que lo que me sucedía era un premio de Dios por mi buen comportamiento y que después de eso quedaba en deuda por premio tan grandioso.
La mucha se quedó mirando y aparentemente ella también captó en mi lo que yo sentía por ella. Nuestras miradas se cruzaron y en sus labios se formó una sonrisa, tan expresiva, que no era necesario que pronuncie palabras para exteriorizar sus sentimientos, su cutis cambio de coloración y se notó que al mirarme se sonrojaba y cuando sus labios se abrieron para decirme: –Ola donde estabas –Te estaba esperando.
Pronunció estas palabras, como si en realidad me esperará. Quedé sorprendido y mi cerebro buscó la tonalidad y la verba que pueda expresar lo que correspondía y tan solo atine a decir: –Si me retrase, observando lo que aparentaban ser un Ángel, pero ahora que te tengo frente a mi, quedo convencido que eres vos y me siento feliz de haberte encontrado y saber que me esperabas. Se aproximó y tomó mi mano y aproximó su rostro al mío y nuestros labios se juntaron en un beso febril. Sentí que nuestros cuerpos se elevaban al cielo, ella tomada de mi mano y yo sujetando su cintura contra mi cuerpo.
El tiempo transcurrió, y no puedo precisar si fue poco o mucho, lo que, si puedo asegurar que fue un momento sublime, pero ahora que pasó el tiempo no sé si fue un sueño o una bella realidad, una de esas tantas realidades que me sucedieron, que en mi cerebro se diluyen entre la verdad y la fantasía. Pero después de eso puedo asegurar que los Ángeles, ¡si existen!
Miguel Aramayo
SCZ.31-01-2017
