Mi espíritu y yo.
Alguna vez siento mi espíritu divagar.
Quedo atento a sus divagaciones y lo dejo.
Se eleva en un espiral en busca de algo.
De algo que no sé qué es, pero busca.
Le doy gusto, porque me impresiona.
Me impresiona su audacia, su coraje.
Muy consiente yo de lo que pasa, lo dejo.
Lo dejo continuar en sus divagaciones.
Como si yo hubiera perdido su control.
Como si en vez de uno fuéramos dos.
Lo dejo que se sienta libre y me deje.
Me deje en libertad, como observándolo.
En este desdoblamiento pasa el tiempo.
El tiempo que es uno e indivisible.
Indivisible como es la eternidad.
En algún momento volvemos a ser uno.
Uno como siempre fuimos, como somos.
Y lo que buscaba mi espíritu, era a mi
Yo observándolo, como si fuéramos dos.
Esa situación me sucede con frecuencia.
Frecuencia que no me amedrenta.
Frecuencia que empleo para pensar.
Pensar en mí y mi espíritu, en los dos.
Que a veces somos uno y otras dos.
Que nunca nos separamos para nada.
Nada y nunca, que somos uno y no dos.
Miguel Aramayo.
SCZ. 29-01-2010
