Mi madre
Ha pasado un año desde el último cumpleaños de mi madre y todavía siento el calor de sus manos junto a mis mejillas, todavía percibo el brillo intenso de sus ojos, que al mirarme expresaban el profundo amor que sentía por mí. Pero todo eso que siento no es únicamente por lo que estuvimos juntos el año pasado, es porque durante toda mi vida he sentido y percibido ese calor de sus manos, esa suavidad de sus caricias ese intenso amor expresado por el fulgor de su mirada.
El tiempo que he disfrutado de su presencia física no excede de los once o doce años casi continuos, pero en ese poquito tiempo, es tanto lo que me ha transmitido que puedo decir que estoy inundado de su amor, de su cariño, de su dedicación, de su abnegación y todo lo que soy se lo debo a ella. Desde luego que no es solamente ese contacto el que me ha transferido todo lo que expreso, pienso que en mi organismo la transferencia de genes fue tan fuerte, que algo de mi padre tengo como herencia, pero la mayor parte de mi es lo que mi madre me legó.
El tiempo pasa inexorablemente y deja su huella, esa huella que dejó en mí, mi querida madre, es una marca profunda, no solo en el aspecto físico, porque ahora cuando me miro en el espejo y me fijo en mis canas, en la profundidad de mi mirada, en los rasgos de mi rostro, en algunos momentos capto una gran similitud con las características faciales de mi madre.
Desde que se fue a la eternidad, he sentido mucho y extraño esas largas conversaciones de los domingos y su reclamo constante porque le envíe lo que escribo y cuando escribo la tengo presente y pienso que no será necesario enviarle impreso lo que produzco, porque ella lo está leyendo en directo mientras lo hago. Porque siempre la tengo en mi pensamiento, pero no con la tristeza que expresa la mayoría de la gente, por los parientes que nos precedieron en el camino. ¡No!, yo la siento como si estuviera conmigo, así como la tuve ausente durante la mayor parte de mi vida, alejada físicamente, pero comunicados constantemente por algún medio de comunicación, los primeros años de mi separación, con sus visitas semanales, cuando estuve en otro lugar, mediante las cartas que eran más o menos una por mes, pero en forma periódica y constante, después cuando pudimos hablar, por teléfono. Ahora que está en la eternidad, sigo comunicado con ella, por el pensamiento y por la brisa que algunas veces siento como una caricia de ella.
Cuando leo escritos que los hice por y para ella, revivo los momentos felices en los que podía escuchar su voz, pero no lo hago con tristeza, ¡no…!, lo hago como algo natural, como lo natural que es al amor que uno siente por su madre y ella por uno, sabiendo que el tiempo pasa y que, dadas las promesas de Dios, algún día volveremos a estar juntos y ya será para siempre.
Miguel Aramayo
SCZ.15-02-2017 el cumpleaños 91 de mi madre.
