Mi madre y yo.
Existen muchas coincidencias entre mi madre y yo, no sólo es cuestión genética, también tiene mucho que ver la convivencia, que aunque en mi caso fue muy poca, porque primero dejé mi casa después de los once años, me fui al seminario y allí permanecí por espacio de tres años, después de eso ya fui absorbido por los amigos y el tiempo que permanecía en casa, era en las comidas y para dormir, después a los 17 y poquito, ya la separación fue casi definitiva. Regresé de Argentina, me quedé en La Paz como un año y después me vine definitivamente a Santa Cruz.
MI vida fue mucho más apegada a la familia de mi padre, con quienes conviví y guardo muy bellos recuerdos, además en mi formación existe una gran influencia, especialmente de mi bisabuela Eloísa, que es la persona con la que creo haber compartido mucho más, que con el saldo de miembros de la familia, creo que mi comportamiento social, de educación y protocolo (farsa), tiene más influencia paterna. Creo que pese a estar más distanciado de la familia de mi madre, han quedado en mí, muchas más cosas de esa convivencia lejana, que se observan sobre todo en el trato familiar de confianza. A continuación procuraré describir algunos de los aspectos de la familia de mi madre, que tuvieron y tienen mayor influencia en mí.
El gusto por la comida. Todas las parientes de mi madre tuvieron y tienen una sazón extraordinaria, para aderezar los platos, que en su mayoría son los típicos de la comida de La Paz, pero es tan noble eso que en un huevo frito, con arroz graneado y una ensalada de cebolla y tomate, tienen otro sabor, si fueron preparados por mi madre o mi hermana. Además que es algo que guardo en mi memoria y en mi paladar, ni que decir de un bife apanado o un picante, o una de las substanciosas sopas, los niños envueltos o el chupe de camarones.
El gusto por la música y el baile, especialmente el tango. En muchas oportunidades he contado que me gustaba bailar con mi madre, con la cual buscábamos cualquier pretexto para bailar un tango. Esa afición por la musica y el baile también es compartido por todos los miembros, hombres y mujeres, de la familia de mi madre, además que todos ellos llevaban la alegría y la espontaneidad a flor de piel.
El gusto por la poesía y la lectura en general. Mi abuela Juana Martinez de Mejía, todo lo quería expresar en verso o por lo menos en prosa y constantemente estaba recitando poesías famosas, sin tener que esperar ocasión especial y los refranes y dichos, los tenía en la punta de la lengua, además que cuando estaba en esa vena, que era la mayor parte del tiempo, lo hacía con entonación y mímica. Esa misma afición la heredaron sus hijos, porque mi madre y sus hermanos, también estaban recitando en cualquier momento.
El gusto por el orden y la estética del hogar o el lugar de trabajo. En eso creo que la familia de mi padre superaba a la familia de mi madre, aunque recuerdo la forma de decorar la casa que tenía mi madre, que forrando cualquier cajón, hacia un mueble útil y agradable, con cualquier desperdicio de lana hacia un pisito, una cubrecama y con cualquier paño forraba los muebles al extremo que éstos expresaban amor.
Los rasgos físicos, la nariz chiquita, los ojos claros, la piel blanca, el cabello castaño y ondulado. Todo eso en mi es heredado de la familia de mi madre, los genes de mis ancestros maternos fueron mucho más fuertes que los de la familia de mi padre.
La forma de reír y la forma de expresar cariño. En ese sentido puedo, decir que soy idéntico a mi madre, porque ella fue muy particular en esos rasgos y quizá su hermano Jaimito, hubiera sido otro de los miembros de esa familia, que se parecía mucho a mi madre y por lo tanto, yo me parezco a él, aunque él era bien moreno, con una cara sonrisa en forma permanente y que tenía el chiste, la ironía a flor de labios.
Miguel Aramayo
SCZ. 21-05-2015
