info@miguelaramayo.com

Viendo el infinito

26 Abr

Viendo el infinito

Miro el mar como si estuviera en los acantilados de Escocia, es un mar bravo que muestra toda la furia que puede contener un océano. Es una tarde gris y yo estoy muy abrigado y con un sobrero de ala muy ancha, que puede protegerme de las gotas que esporádicamente llegan a querer rosar mi rostro. He caminado por una senda de los acantilados y he llegado muy próximo a donde las olas rompen, rompen con tanta furia y me he puesto a pensar. ¿Es Dios el que puede mover todo este poder de las aguas…?, es Él, ¿qué puede hacer que las mismas sean mansas como en las playas del caribe?, ¿o tan fuertes como las que golpean el acantilado en este momento…?

 

He continuado caminado alejado de las rocas, a prudente distancia para no provocar a las rocas que soportan el ímpetu de las olas. Camino por una angosta playa de arenas negras, que me separan de la furia, pero mi pensamiento queda fijo en tanto poder de la naturaleza. Transito con calma sobre esa arena, mis pasos son firmes y mi andar sereno, pero en mi mente los pensamientos golpean, casi con la misma furia que el mar azota a las rocas donde se estrella. ¡Todo mi pensar es en Dios…!, ¿cómo Él puede jugar con la naturaleza con el mismo vigor que puede utilizar con nosotros?, pero como sabe que somos débiles, tan inconsistentes, que Él, ¡se apiada de nosotros…! y nos trata de una manera benevolente.

 

Ver el mar como yo lo veo en este momento y observar que el horizonte también está nublado, cubierto de nubarrones que esconden el azul del cielo y no permiten que atraviese su espesor ni un rayo de luz, pero inclusive en ese aspecto que muestra el cielo y el horizonte, se puede apreciar la belleza de la naturaleza, que no requiere ni de sol ni de mucha luz para mostrar ¡lo bello!, ¡lo hermoso…!, que puede ser el gris que cubre el mar y que también en ese momento me engulle. Esos tonos de gris me permiten distinguir que yo también soy capaz de observar el poder de la naturaleza y la grandiosidad de Dios.  

 

Detengo mis pazos y me vuelco hacia el océano, me da la impresión de que las olas golpean con mayor fuerza contra las rocas, que las soportan. Distingo como el mar va creciendo a medida que se aproxima y observo como se alza en una inmensa ola y que al golpear contra la tierra se convierte en espuma, en blanca espuma que se queda flotando en la orilla y que después es engullida por la bajamar que la arrastra en espera de una nueva ola y nuevo golpe extraordinariamente fuerte, para repetir en eso una cadena sin fin, en un monótono vaivén de olas y espumas.

 

Mientras eso sucede con la naturaleza, mi espíritu también abarca mi cabeza y la humedad del golpear de las olas humedece mi rostro, el cual se enfría por la brisa que me acaricia con la misma frecuencia que el océano golpea la orilla, la orilla donde estoy parado, con los brazos en bandolera y las piernas firmes, observando el poderío de Dios y reconociendo la fragilidad humana, ante la naturaleza y el poder infinito del Dios que nos creó y nos protege.

 

Quien creyera, en este momento mi espíritu está en Escocia, frente a un mar bravío, y yo observando como Dios puede jugar con la naturaleza y también conmigo, que estoy físicamente lejos de Escocia y próximo a mi conciencia, que es la que me permite valorar mi debilidad ante tanta grandiosidad.

 

Miguel Aramayo

SCZ.18-11-2018

 

26 Abr

Uno o dos hombres

Era un hombre, que al verlo caminar y observar su postura cuando estaba sentado, daba la impresión de ser alguien mayor, que no superaba los sesenta años, pero al observar su figura y sobre todo sus canas, podías deducir que era alguien que había pasado la mitad de los setenta, pero escucharlo hablar era interesante, primero porque su timbre de voz, si cerrabas los ojos o no lo mirabas, daba la impresión de ser alguien que oscilaba entre los veinte y treinta, además su conversación era agradable. Si mirabas su rostro, se te presentaba otra sorpresa, el cutis estaba bien cuidado, no mostraba las arrugas que le correspondían a la edad que supusiste observando sus canas, tampoco era tan joven como denotaba su timbre de voz. Mostraba una cara dulce bien definida, sus ojos eran claros y brillantes, sus labios ni gruesos, ni delgados y su expresión sonrisa, sus orejas algo grandes, pero con una forma agradable y concordante con su fisonomía, su mentón completaba un rostro agradable.

 

Todo la descripción que hago del individuo que estoy observando, es porque me interesó verlo sentado en un patio, bajo un alero y muy cerca de la sombra de un mango que todavía carga algunos frutos, a un costado se observa el mesón y una parrilla con gran chimenea y a un lado algunos colgandijos propios de un lugar como ese, pero algo extraño, también me percate que sobre un mesón al lado del lavamanos había una jaula, una jaula con cuatro canarios amarillos, pero extraño ver que esos pajaritos dejaban escuchar un piar muy débil y ningún gorjeo. Junto a sus pies un perro con aspecto de buldog, silencioso y notoriamente flojo y manso.

 

El hombre al que describí y el ambiente que relaté, puede ser que sean la base para contarles una historia, pero mientras busco la inspiración y los argumentos para incorporar, quiero decirles que yo soy un tipo incorpóreo y por lo tanto soy invisible, sin querer que me vean como un fantasma, pero soy lo suficientemente perceptivo, como para poder describir minuciosamente, todo lo que está a mi alrededor, sobre todo creo tener la capacidad de poder analizar los lugares, los animales y las personas que observo y los objetos que están alrededor de lo auscultado por mi visión y mis sentidos, porque no todo entra por la vista hay cosas que se perciben por otros sentidos.

 

Asumo este aspecto invisible para tener la libertad de opinar sobre todo lo que me rodea, sin despertar la suspicacia de las personas que después leerán mis opiniones, mis relatos y habrá alguien que dirá que tengo la facilidad de mentir o por lo menos falsear los acontecimientos. Eso no interesa para lo que les describo en este momento, pero les puede dar la posibilidad de que ustedes también puedan formarse un concepto de cómo soy o como creo que soy.

 

Creo que con esta aproximación tienen elementos suficientes como para poder catalogar al hombre que observe, que con la forma como lo describo solo faltaría decirles cuánto calza, su estatura y peso, para que ustedes le pongan un nombre y apellido. Al mismo tiempo creo que tienen los rasgos que definen al hombre invisible que se describe y también ustedes podrán ponerle nombre y apellido. Muchos podrán identificar el lugar descrito, pero los que no lo conocen se lo podrán imaginar.

 

Espero haberlos distraído con este juego de palabras y sobre todo haberles quitado el tiempo, para invertirlo en la lectura, que además de divertir nos instruye.

 

Miguel Aramayo

SCZ.16-11-2018

 

26 Abr

Detector de mentiras

El cuento de Pinocho, relato del niño a quien se le crecía la nariz cada vez que mentía, pero mi madre tenía otra forma de descubrir cuando yo le mentía, por algo extraño, ella llegaba a ver pasar caballos a toda velocidad por mi frente, es decir que mi frente se presentaba como si fuera una pantalla de televisión, cuando mentía se iluminaba en forma tenue, yo no lo notaba, pero mi madre sí, ella me decía: –No seas mentiroso. –Lo estoy viendo en tu frente. –Me estás contando historias, creyendo que soy cotuda. O directamente me encaraba diciendo que “un pajarito le había contado la verdad”.

 

Esta mañana leyendo las noticias, encontré la que relataba de unos científicos españoles que habían hecho un descubrimiento, el mismo se podía considerar el mejor detector de mentiras, este sistema es más exacto que el famoso polígrafo, casi infalible, con muchas pruebas realizadas.

 

A continuación, les hago una transcripción de lo leído, con muy pocos cambios de mi ingenio: Los científicos de la Universidad de Granada. Investigadores, pertenecientes al Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la UGR, han diseñado el modelo de laboratorio más exacto hasta la fecha para averiguar si una persona miente o dice la verdad. Este sistema, basado en la técnica de la termografía, toma como base el denominado “Efecto Pinocho”, según el cual cuando un sujeto miente la temperatura de su nariz desciende, y la de la frente aumenta, entre otros cambios térmicos faciales.

 

La termografía ofrece un nivel de exactitud de hasta el 80% (un 10% más que el polígrafo). El investigador principal de este trabajo, Emilio Gómez Milán, apunta que, las dos regiones de la cara claves para medir este “Efecto Pinocho” son la punta de la nariz y la frente. “Cuando mentimos, la temperatura de la punta de la nariz desciende entre 0,6 y 1,2ºC, mientras que la de la frente sube entre 0,6 y 1,5ºC. Cuanto mayor sea la diferencia de cambio de temperatura entre ambas regiones de la cara, más probable es que esa persona esté mintiendo”, apunta el experto.

 

La razón de este fenómeno es bien sencilla. Cuando alguien miente, se produce una respuesta emocional en su cuerpo, la ansiedad, que se manifiesta en la temperatura de la nariz. “Pero también se produce una respuesta cognitiva, porque para mentir tenemos que pensar, planificar nuestras excusas, analizar el contexto…, y esto nos provoca una carga cognitiva o una fuerte demanda de control atencional que se traduce en un aumento en la temperatura de la frente”, explica Gómez Milán. Dicho de otro modo, señala el autor, “para mentir hay que pensar, y por eso aumenta la temperatura de la frente, pero también nos ponemos nerviosos, algo que provoca un descenso de la temperatura de la nariz”.

 

Han pasado tantos años desde que se escribió el cuento de Pinocho, (Pinocchio en italiano) es la marioneta de madera protagonista del libro “las aventuras de pinocho”, escrito por Carlo Collodi, seudónimo de Carlo Lorenzini (Florencia 1826-1890), y publicado en un periódico italiano entre 1882 y 1883. La historia cuenta que cuando este muñeco le mentía a Geppetto el carpintero que lo creo y que por lo tanto era su padre, a Pinocho se le crecía la nariz. Hace más de 60 años mi madre decía que observa en mi frente pasar caballo a toda velocidad, cuando yo mentía, porque mi frente se iluminaba como si fuera una pantalla y en ese entonces no se conocían las pantallas.

 

Seguramente las madres de esos científicos españoles tenían referencia de Pinocho y los caballos en la frente, por eso hicieron sus experimentos basados en la forma como se conocía antes a los mentiros, ahora logran demostrar científicamente ese método.

 

Miguel Aramayo

SCZ.12-11-2018

 

26 Abr

El ser feliz

No importa ni el celular, ni el teléfono, ni la misa, ni los recuerdos. Hay pensamientos más fuertes que impiden todo recuerdo. Es un dominio de orgullo, es el poder de la mente, es algo innato, algo genético. Algo que no permite dar rienda suelta a los sentimientos, es él temor al dolor, es el asco a la realidad y el pánico al pecado.

 

Pienso que uno puede ser feliz con muy poquitas cosas, con cosas muy simples, con una caricia, un pase sutil sobre una mano volcada, un beso en la frente. Y con un poco de coraje, un abrazo bien apretado, que te permita el contacto íntimo y en ese momento un beso que exprese amor, no un simple beso, no un simple amor, algo con pasión, algo con ternura, con recuerdos del pasado.

 

Estoy seguro que es muy fácil ser feliz, siempre que uno quiera compartir esa felicidad, pero si uno siente que esa felicidad no es compartida, también se puede cambiar de rumbo, pero eso si puede doler, pero como el universo es vasto y con un poco de paciencia, creo que se puede encontrar a alguien que quiera compartir la felicidad que uno lleva interiormente y que precisa de entendimiento.

 

Un refrán dice: “Quien busca encuentra”. La literatura está impregnada de refranes, baste como ejemplo el del Sancho Panza, compañero inseparable de Don Quijote que le dirá en uno de sus diálogos con él «Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todas son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas «.

 

Creo que es bueno hacer un alto en el camino, “porque es andando que se arregla la carga”. “A barco despistado, Dios encuentra puerto”. “De oportunidades perdidas se encuentra llena la vida”. “El que de lo suyo se aleja, nunca lo encuentra como lo deja”. “La suerte no es para quien la busca, es para quien la encuentra”. Y son muchos, muchos más los refranes y todos ciertos, con gran sabiduría y que vienen al caso.

 

Para encontrar la felicidad no hacen falta refranes, lo que creo que uno necesita es con quien compartir las penas, las tristezas, pero mucho más importante es compartir las alegrías los recuerdos plagados de bellos momentos, esos recuerdos que inundan nuestro espíritu de comunes anhelos que hacen retornar a nuestro cuerpo las sensaciones del pasado, las que nos hicieron tan felices.

 

¡Creo que es muy fácil ser feliz, porque la felicidad solo depende de uno!

 

Miguel Aramayo

SCZ. 11-11-2018

 

26 Abr

Perro

 

Me sentía perro, era una sensación extraña, estaba seguro que era un perro vulgar y corriente, nada de pedigrí, ni ninguna otra mariconada de rosones o perendengues. Me sentía como un perro y mientras deambulaba por mi casa, triste y desolado se me ocurrió pasar por un espejo. ¡a la mierda…! ¡que sorpresa…!, retrocedí pensando que era una simple ilusión óptica y no era así, era un perro, un perro cualquiera, que ni siquiera sabía reconocerme yo mirándome al espejo. Me recosté encogiendo mis cuatro patas y dejando reposar mi pecho y mis genitales sobre la alfombra, me quedé mirándome al espejo. Noté que mis orejas se quedaron flácidas y se estiraron hasta tocar la alfombra donde está el saldo de mi anatomía, con el hocico apegado a la alfombra, todo húmedo porque era una forma de completar el aspecto de tristeza.

 

Mi mirada estaba fija observando el espejo que tenía en frente mío, mi expresión era de tristeza absoluta y sorpresa extraordinaria. Me miraba y mientras observaba, me preguntaba: ¿Es verada lo que veo?, ¿en realidad soy un perro?, o ¿es simplemente una ilusión óptica? Por el estado de ánimo que atormenta mi alma, todos los pensamientos tenían un tinte de pesimismo. Estando así se me ocurrió cerrar los ojos y dejar de mirar ese espejo que me atormentaba y en mi interior me vi alto, fornido, muy bien dotado, de cabello castaño de ojos verdes y se borró la imagen de que era un vulgar perro.

 

No sé cuánto tiempo estuve tendido en la alfombra, frente del espejo que me atormentaba con la imagen que reflejaba. sintiéndome y observándome como un simple animal doméstico, cuando en realidad soy un hombre buen mozo, inteligente y con todos los atributos que pueden ser apreciados por cualquier bella mujer y no un simple perro, que lo máximo que puede pretender es una perrita fina y mimada, una Jack Russell Terrier.

 

Alguna vez escuché o leí la expresión de “sentirse como un gusano”, por suerte mi sensación no llegó a tan bajo nivel y sentirse perro, creo que a cualquiera le puede suceder eso en algún monto de su existencia, pero uno debe ser lo suficiente valiente para superar esa situación y en lugar de sentirse de cuatro patas y arrastrándose con la mirada triste, el hocico mojado y la cola entre las piernas, es preferible darse ínfulas de grandeza y de esa manera subir el ánimo y sentirse superior.

 

Al analizar la expresión de “sentirse gusano”, me imagino que así se sienten los políticos cuando pierden una votación, pero por suerte no es mi caso.

 

Miguel Aramayo

SCZ.09-11-2018

9 Nov

Fabiana en tu cumpleaños

Los años pasan al ritmo que Dios lo impuso y por lo tanto, cada nuevo año tu vida será diferente, pero para mi corazón y mi mente, ¡seguirás siendo mi Hormiguita Colorada…!

Por más que pasen los años y vos sigas avanzando y progresando en conocimientos y belleza, seguirás en mi recuerdo como la mañana que estaba brava o como el día que lograste asustarme escondiéndote.

 

Son tantos y tan lindos recuerdos del tiempo que hemos compartido, que todo eso es parte de mi riqueza, lo que me da la felicidad de la que disfruto.

 

Muchas felicidades.

 

Miguel Aramayo

SCZ.24-10-2017

 

 

9 Nov

Veo un mar, veo un cielo

¡Hay amor…! Veo un mar, veo un cielo, escucho los pájaros cantar, siento el aroma de las flores, el ruido que deja un rio al pasar. Y mis recuerdos traen a mi mente el color de tus ojos, el viento trae a mis labios, el sabor de tus besos y siento que mi cuerpo no es mío, que flota en la inmensidad del infinito y mi corazón se eleva entre las nubes. Y no parece que soy yo, ni parece que tu recuerdo se hace difuso ante tanta inmensidad, todo es grande, todo es hermoso, todo es profundo, todo se eleva al infinito. Sólo nosotros somos algo pequeño, algo que engulle ese infinito, que es algo que nos imaginamos en función del amor que llevamos dentro. ¡Si…! De ese amor que parece poquito, que parece chiquito, pero que alguien se puede imaginar que es nuestro que lo hicimos nosotros de poquito a poco, sin darnos cuenta, con sólo pensar que nos queremos, fuimos creando ese universo de mar, cielo, flores, colores, sabores y aromas.

 

Siempre he querido escribir algo, que sintetice en pocas palabras todo lo inmenso de mis pensamientos, que logre expresar en palabras algo que para mí es divino, es grandioso, que es el amor que llevo adentro de mí y que se derrama en cascadas, pero tan grandes que no me explico ¿dónde está el rio que alimenta mis ilusiones y que hace que mi mente pueda expresarse de tal manera que exteriorice lo que llevo adentro?

 

Decir que “cures mi corazón partido”, son palabras sin sentidos, decir “bésame mucho”, quizá pueda expresar algo más, pero me duele pensar que “sus ojos se cerraron” o qué “siento celos hasta del pensamiento que pueda recordarte otra persona amada”. Pueden todas las músicas más bellas expresar sentimientos, pero ninguna de ellas tendrá la capacidad de decir todo lo que realmente siento, lo que llevo tan adentro de mi alma, y que abarca todo lo que es mi corazón y que enloquece mi cerebro en busca de algo que puede decir con palabras lo que albergan mis sentimientos.

 

Muchas veces he repetido en el curso de mi vida un pensamiento que expreso así. “Si soy así, ¿Qué voy hacer?, ¡nací buen mozo y embalado para el querer…!”. También retorna a mí la poesía, que siendo de autor anónimo la siento tan mía, como si yo la hubiera creado y de alguna manera expresa lo que siempre sentí: “Mi tristeza, mi alegría, mi incredulidad, mi fe, mi pobre melancolía, por lo que me salvaré. Dime tu niña mía, que después te cambiaré por otra niña más fría, para cambiarla después. ¡Me muero porque me quieran!, pero ¡nunca lo diré…! Y después de todo qué, ¿morir para que me quieran? ¡qué me quieran…! ¿para qué? Aquel gran amor de un día, volverá Y yo no estaré. Y después de todo ¿Qué?, ¡Aquel pobre amor de un día…!

 

Miguel Aramayo

SCZ.24-09-2018

 

9 Nov

Neurociencia

Yo tenía aproximadamente 30 años y se popularizaron las calculadoras científicas y surgieron dos marcas: Texas Instruments y Hewlett Packard. Compré mi primera HP-25 que era programable y conservaba la memoria de algunos cálculos que se hacían. Fue tanto mi entusiasmo por la nueva tecnología y cuando tenía 21 años había tenido oportunidad de trabajar como perforador de tarjetas, en el sistema de inventarios de IBM y además de haber operado en la perforadora entraba a las oficinas de IBM y me fijaba como capturaban la información de las tarjetas en grandes lecturadores y procesadores, que imprimían los resultados de las tarjetas en listados que clasificaban la información de las tarjetas. De esa manera, mi mente comenzó el proceso de sueño y ensueño, que se completó el día que tuve en mi poder una HP-65 con tarjetas magnéticas y estaba en posibilidades de programar y desarrollé una planilla de sueldos, un sistema de cálculo de costos y un sistema de inventarios, con cálculo de precio ponderado.

 

Por esa época era tanto mi afán por aprender más que me puse en contacto con un ingeniero de HP en Boca Ratón y me daba el lujo de gastar en comunicaciones telefónicas y en cartas a Alejandro Chavarria, que era como se llamaba el que me atendía en HP. Tenía intenciones de comprar un computador y comencé a averiguar cómo acceder a uno y en mis sueños desarrollaba sistemas que superaban la capacidad de la HP-65, pero no mi capacidad de sueño y ensueño.

 

Un día escuché la conversación que sostenían algunos amigos, sin darse cuenta que yo estaba muy próximo a ellos, pero ninguno sospechaba esa cercanía y comentaban de mí, con pena, porque pensaban que estaba enloqueciendo. Uno les decía a otros, ¡siento pena por Miguelito, está soñando con que él le puede hablar a las máquinas y puede obtener respuesta escrita de ella…! y lo dice convencido de que es posible, que él ya lo leyó en algunas revistas científicas e incluso con la maquinita que tiene, habla y le introduce tarjetas magnéticas para mostrar que lo que propone es cierto y está a la vuelta de la esquina. Claro que hace algunas cosas que te dejan con la boca abierta, como el cálculo de la tasa interna de retorno y el valor actual neto, con sólo aplicar una formula y registrar los flujos. Lo que te toma mucho tiempo si lo haces por aproximaciones sucesivas.

 

Han pasado 45 años desde esa época y sigo igual de loco, alimentando sueños y ensueños, pero veo que cada vez me supera la realidad. El mes pasado terminé de escribir una novelita de ciencia ficción, que según un amigo era una mezcolanza entre tecnología, amor y recetas de cocina, pero lo que expresa esa novelita ya fue superado, lo que pensé que era ciencia ficción, es una realidad, existen programas que permiten leer el contenido del cerebro. Lo que adelantó la Inteligencia Artificial sorprende incluso a los mismos científicos; vi la entrevista de un periodista a un “Robot” y como el Robot responde a todas las consultas del periodista, sin titubear e incluso mostrando algunas expresiones faciales que sorprenden en una cara de plástico, con unos ojos vidriosos y sin pestañas, pero esto último es cuestión de maquillaje y diseño gráfico.

 

Acabo de leer sobre el implante de chips, que pueden comunicarse en forma inalámbrica de cerebro a cerebro y que incluso pueden reemplazar algunas funciones en gente parapléjica, que les permite movilizarse y mover algunos aditamentos, pero lo increíble es que pueden ser insertados en personas para dominarlos en forma inalámbrica, haciendo que hagan cosas en forma involuntaria.

 

Donde iremos a llegar con la velocidad que avanza la tecnología y que ahora tendrá un salto exponencial con el apoyo de las redes neuronales, el aprendizaje profundo y la inteligencia artificial.

 

Miguel Aramayo

SCZ.08-11-2018

 

9 Nov

Los boleros y tangos

Me puedo quedar horas escuchando tangos y boleros, sus letras contienen tanta sabiduría, con gran contenido y expresadas como para el entendimiento de cualquier persona común y corriente. Su expresión es sencilla y puede ser comprendida con facilidad, incluso me anime a leer tangos y milongas escritas por Jorge Luis Borges, y él tan sabio, tan acostumbrado a utilizar el lenguaje con estilo, con finura, también cuando escribe tangos se expresa como Sosa, Castillo, Gardel o Lepera.

 

Los compositores de ambos géneros son muchos y de diversas edades, pero la producción más importante es desde principios del siglo XX y la mayor producción se data desde la segunda guerra mundial hasta más o menos la década de los 60. En ese mismo periodo de tiempo se encuentran los principales intérpretes y lo más común fue la interpretación de los tríos, desde luego que aparecieron algunas orquestas o conjuntos musicales como los denominados “sonoras” o los “mariachis”, por cuanto la mayor producción se dio en Cuba, México y Latinoamérica.

 

Creo que ambas formas musicales de expresar los sentimientos, se adecuan para que las almas que sufren, desprecio, abandono y pasión no correspondida se adecuen tanto al ritmo como la melodía, porque los sonidos de esas notas musicales, en muchos casos suenan como acordes hechos a medida, para exteriorizar lo que atormenta a las almas de los compositores. Aunque algunos compositores escribían esas canciones porque se las pedían, como es el caso de algo que escribió Paul Anka para Frank Sinatra y que resultó ser la mejor canción contada por éste último y que todos atribuyeron a su autoría.

 

Yo me identifico con algunos cantores como el Trio Los Panchos, Los Diamantes y Los Ases, esto en lo que corresponde a interpretes antiguos y de la misma época Gardel, algo más antiguo, pero dejaron en mi memoria algunas canciones de Antonio Prieto o de Lucho Gatica y de los nuevos o casi nuevos, Luis Miguel, Roberto Carlos y José José. De este último hay una que muestra el sufrimiento de un pobre hombre que dice: Ojalá que te mueras: Ojalá que te mueras me dijiste esa noche, y cerraste la puerta. Qué dolor tan inmenso, qué tristeza tan grande dejaste y nunca más te vi. Me quedé sin sentido por el suelo caído, sin tu amor y sin fuerzas. Y por hacerte caso me dispuse a morir. Trate que se hiciera más grande mi herida, recordarte primera medida, no me pude morir, enferme. Busqué como loco una bala perdida, que pudiera quitarme la vida, fracasé y aquí estoy otra vez. Ojalá que te mueras me dijiste esa noche y cerraste la puerta y no nos dimos cuenta que mi vida no es mía, que ya yo te la di. Si no me la devuelves, no me puedo morir. Me quedé sin sentido por el suelo caído, sin tu amor y sin fuerzas y por hacerte caso me dispuse a morir.

 

Ese hombre, compositor e interprete escribió esa canción, no sé si antes o después, pero es verdad se dejó y se alejó del mundo hasta caer al fondo, “en busca de esa bala perdida”, que en su caso fueron el alcohol y las drogas. Eso es lo que yo me imagino, por lo que sé dé su vida, relatada por el mismo.

 

Así como esa canción, hay un montón que tienen mucho sentido, como la de Agustin Lara, dedicada a Maria Félix que dice: Acuérdate de Acapulco, de aquella noche Maria Bonita, María del alma; acuérdate que en la playa, con tus manitas las estrellitas 
las enjuagabas
… Que muestra un hombre enamorado.

 

U otra de Vicente Garrido, escrita en 1950 y que fue interpretada por un montón de cantores, incluso por Nat King Cole: No me platiques más Lo que debió pasar Antes de conocernos, sé que has tenido horas felices, aún sin estar conmigo… Que es la expresión de un celoso.

 

Miguel Aramayo

SCZ.04-11-2018 Cumpleaños de mi prima Stella Maris y también mi abuelo Carlos, que hubiera cumplido hoy 118 años.

 

9 Nov

El tormento

Tengo en mi mente algo que golpea con insistencia, trato de apartar de mis pensamientos ese tormento, que con mucha frecuencia ataca mi mente y es algo que me sucede desde que escuché una confesión. Existe un bolero de Vicente Garrido Calderon que fue estrenado en 1950 y que le trajo muchos triunfos, fue cantado por cantantes muy famosos, siendo Lucho Gatica y Luis Miguel los que ganaron mucho éxito con ese bolero, incluso lo cantaron a dúo. También hubo otros cantores, como Pedro Infante, Pedro Vargas, Nat King Cole, Olga Guillot y muchos más. Se titula “No me platiques más”.

 

Siempre he sido más fuerte que ese tormento y he logrado vencerlo, pese a la insistencia y creo que he salido triunfador, porque he sabido dominarlo y creo que nunca me dejé vencer. Pero analizando en profundidad creo que nunca lo vencí y que, al contrario, tengo la seguridad que ese pensamiento me tiene dominado. De lo que si estoy seguro es que sé disimularlo de tal manera que nadie lo percibe y no he dejado que destruya mi mente, porque me considero lo suficientemente fuerte como para cuando aparece ese tormento lo distraigo, lo evado y me porto indiferente, haciendo que mi mente se distraiga con otros temas, pero el tormento es recurrente y estoy convencido que lo tendré que soportar hasta el fin de mis días, pero no me amedrenta ni domina. 

 

En un principio, cuando apareció esto, sin que yo lo hubiera buscado, estuvo a punta de vencerme y lograr que cometa un error, error que hubiera sido irreparable, pero por suerte Dios hizo que logre superar ese tormento y que me acostumbre a convivir con él, pero jamás aceptarlo. Tampoco puedo eliminarlo, pero tengo la capacidad de eludirlo.

 

En algo distorsionó mi vida, pero creo que es imperceptible el perjuicio que me ocasionó y como estoy convencido que jamás podre apartarlo, no me queda más remedio que soportarlo y no dejarme vencer por su negra influencia.

 

Miguel Aramayo

SCZ.25-10-2018