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Mi memoria

29 Nov

Mi memoria

Mucha gente queda sorprendida con mi memoria, incluso mi madre, mi hermana y mi amigo Dudy me hacen esa observación y, para mi es algo que lo encuentro lo más normal. Mejor dicho, lo encontraba lo más normal hasta hace un momento que leí un artículo en uno de los periódicos que pasan por mis manos.

 

Existe un síndrome conocido como «Memoria Autobiográfica Muy Superior» (HSAM, por sus siglas en inglés) o “hipertimesia”. Este trastorno neurológico extraordinario, significa que algunas personas se pueden acordar de todas y cada una de las cosas que pasaron en su vida, desde edades muy tempranas. Las personas con hipertimesia pueden recordar sin esfuerzo y de forma inmediata lo que hicieron, lo que llevaron puesto o dónde estaban y a qué hora. Pueden rememorar noticias y acontecimientos con un detalle fotográfico y con una precisión equiparable a una grabación.

 

La hipertimesia fue descubierta en 2000 y sólo se conoce a 60 personas en todo el mundo que la padecen. Desde luego que yo no estoy contado en esa estadística, pero al leer el artículo, me di cuenta que yo podría ser uno de los afectados por ese síndrome y es por eso que tengo tantos recuerdos almacenados en mi “tari” (coco) y lo que algunas personas creen que estoy mintiendo, no es mentira, es que realmente conservo esos recuerdos, con esa precisión.

 

Se sigue investigando mucho sobre este síndrome, ya que es bastante nuevo. Pero algunas investigaciones sugieren que el lóbulo temporal (que ayuda a procesar la memoria) es mayor en el cerebro de los individuos con hipertimesia. También tienen más grande el llamado núcleo caudado, que ayuda a aprender, pero también puede desempeñar un papel en el trastorno obsesivo compulsivo. Hipertimesia significa que los recuerdos se graban con sumo detalle y, a pesar de que es fascinante para la ciencia, puede ser un tormento para quien la padece, no en mi caso, a mí me divierte.

 

El artículo nombra a una persona, Rebecca Sharrock, que es una persona que sufre ese síndrome y que fue estudiada por los científicos que le diagnosticaron hipertimesia, pero adicionalmente a esto, esa persona también sufre de autismo. Me pongo a pensar en mí y analizo, que algunas de mis características cuando era niño, e incluso hasta ahora, se asemejan a ese problema: extrema inquietud, hiperactividad, falta de concentración, mi gran problema de ortografía deficiente (pésima), muy hablador, con un gran amigo imaginario, muy nervioso, impaciente, etc., etc.

 

Estoy feliz de ser como soy y pienso que, si realmente tuviera ese síndrome, me ha servido de mucho para poder escribir todo lo que he escrito y para recordar pasajes de mi vida desde cuando tenía aproximadamente tres años y lo primero es que recuerdo el trajecito marinero, blanco con adornos azules y la pechera negra de la crema de zapatos que le pasé con un cepillo, mientras mi padre buscaba el trapo para sacar brillo a los zapatos, además de la tremenda paliza que recibí por eso, el lugar donde estaba sentado, la dirección de la casa donde sucedió eso. Adicionalmente a ese recuerdo, cierro los ojos y dan vuelta en mi mente parientes, amigos, lugares, colores (palo de rosa, azul marino, cris marengo), sabores (el flan de vainilla), olores (eucaliptos, pinos, ruda, clavelinas, madreselva) y todo lo que conservo en mi mente.

 

Miguel Aramayo

SCZ.29-11-2017

 

24 Nov

Algunas veces me siento en el aire

Una canción, una poesía, un recuerdo, hacen que mis ánimos se eleven y me sienta en el cielo, o por lo menos que no estoy pisando el suelo, sino que estoy flotando. Esto me sucede con mucha frecuencia, especialmente cuando he completado mis obligaciones laborales, cuando he tenido un día fácil, en el que he resuelto todos los problemas que se me presentaron, o que directamente no he tenido problemas. Hoy fue un día de esos que pinto como si fueran una postal navideña.

 

Pero no es sólo eso lo que influye en mi romanticismo, la música que estoy escuchando, en el silencio de mi escritorio, con el silencio que me prodigan los que trabajan conmigo, que me ven concentrado trente a la pantalla de mi computador y posando mis dedos sobre un teclado, que en algunos momentos me permiten seguir el ritmo del piano de Richard Clayderman.

 

“Qué mundo maravilloso” (What a Wonderfuld Word) y después “Alma mía”, realmente en este momento siento mi alma que divaga por un mundo maravilloso, me siento así, así como me siento un montón de veces, sin querer descender de la estrella donde pose mi intelecto y aunque parezca mentira percibo el latir de mi corazón y la suavidad de mi pulso, siento un alma, un alma como la mía. 

 

Esta sensación que me embarga en este momento, además que me deja una gran satisfacción, me hace feliz, porque compruebo que pese a que pasaron los años y mucha agua debajo del puente, sigo tan intacto como cuando inicie mi juventud y era más el tiempo que mi ser se percataba de la belleza que nos rodea, de la espontaneidad del espíritu cuando tiene pocos años, casi nada de experiencia y el alma es pura y el corazón no tienen ni una cicatriz.

 

También escucho “cuando calienta el Sol” y me siento como se sintió el que escribió esa canción, en una playa, cuando calienta el sol, siento mi cuerpo vibrar cerca de ti, es tu palpitar es te pelo es tu cara, son mis sueños. Cuando calienta el sol. Pero también escucho “Dios como te amo” (Dio como ti amo), pero no quiero recordar la letra, me dejo elevar tan solo por la melodía, tan bien interpretada, con un coro en la lejanía, que no repite palabras, sino simplemente sonidos que acompañan los acordes de la orquesta.

 

Creo que hasta aquí, es suficiente de romanticismo, me voy a mi casa y cierro el computador y poso los pies sobre la tierra, que es lo que corresponde a mi edad. Me despido con los acordes de “Luna Azul” (Blue Moon), interpretado por un saxo, cuyo sonido es pegajoso y tierno.

 

Miguel Aramayo

SCZ.23-11-2017

 

24 Nov

Algunas veces me siento en el aire

Una canción, una poesía, un recuerdo, hacen que mis ánimos se eleven y me sienta en el cielo, o por lo menos que no estoy pisando el suelo, sino que estoy flotando. Esto me sucede con mucha frecuencia, especialmente cuando he completado mis obligaciones laborales, cuando he tenido un día fácil, en el que he resuelto todos los problemas que se me presentaron, o que directamente no he tenido problemas. Hoy fue un día de esos que pinto como si fueran una postal navideña.

 

Pero no es sólo eso lo que influye en mi romanticismo, la música que estoy escuchando, en el silencio de mi escritorio, con el silencio que me prodigan los que trabajan conmigo, que me ven concentrado trente a la pantalla de mi computador y posando mis dedos sobre un teclado, que en algunos momentos me permiten seguir el ritmo del piano de Richard Clayderman.

 

“Qué mundo maravilloso” (What a Wonderfuld Word) y después “Alma mía”, realmente en este momento siento mi alma que divaga por un mundo maravilloso, me siento así, así como me siento un montón de veces, sin querer descender de la estrella donde pose mi intelecto y aunque parezca mentira percibo el latir de mi corazón y la suavidad de mi pulso, siento un alma, un alma como la mía. 

 

Esta sensación que me embarga en este momento, además que me deja una gran satisfacción, me hace feliz, porque compruebo que pese a que pasaron los años y mucha agua debajo del puente, sigo tan intacto como cuando inicie mi juventud y era más el tiempo que mi ser se percataba de la belleza que nos rodea, de la espontaneidad del espíritu cuando tiene pocos años, casi nada de experiencia y el alma es pura y el corazón no tienen ni una cicatriz.

 

También escucho “cuando calienta el Sol” y me siento como se sintió el que escribió esa canción, en una playa, cuando calienta el sol, siento mi cuerpo vibrar cerca de ti, es tu palpitar es te pelo es tu cara, son mis sueños. Cuando calienta el sol. Pero también escucho “Dios como te amo” (Dio como ti amo), pero no quiero recordar la letra, me dejo elevar tan solo por la melodía, tan bien interpretada, con un coro en la lejanía, que no repite palabras, sino simplemente sonidos que acompañan los acordes de la orquesta.

 

Creo que hasta aquí, es suficiente de romanticismo, me voy a mi casa y cierro el computador y poso los pies sobre la tierra, que es lo que corresponde a mi edad. Me despido con los acordes de “Luna Azul” (Blue Moon), interpretado por un saxo, cuyo sonido es pegajoso y tierno.

 

Miguel Aramayo

SCZ.23-11-2017

 

18 Nov

Inconsistencia

En un momento determinado dejé de ser yo, para convertirme en una briza, una brisa suave, cálida, tenue. Una brisa que se esparcía por el espacio, un espacio azul, celeste, índigo bajito, y en otros momentos intenso y se incrementaba su luminosidad. El piso que sostenía mi inconsistencia, en algunos momentos parecía de agua, pero en otros era lodo, nubes, arena, cambiaba su textura de acuerdo a la inconsistencia que yo asumía en mi transitar por ese espacio etéreo.

 

Al deambular en ese estado, percibí la existencia de una persona que estaba posada en un arenal y frente a su rostro y más próximo a sus manos estaba un atril que sostenía un lienzo, un papiro o un papel, en el que ese hombre dibujaba o pintaba algo, un algo que también tenía rasgos humanos, quizá era la figura de una mujer. El hombre era delgado de cabello abundante, crespo y de un castaño oscuro, su rostro y sus manos mostraban una piel blanca, con tonalidades que mostraban que era un individuo saludable. De frente muy amplia, con unas orejas muy bien formadas, de nariz chica y quizá algo respingada, de labios carnosos, que dibujaban una leve sonrisa que denotaba paz, tranquilidad, serenidad. Me impresionaron sus ojos, que siendo chiquitos tenían un brillo intenso y la tonalidad de un verde esmeralda, que cuando dejaba que se refleje la claridad de la luz que nos rodeaba, se aclaraban y era tan limpia su mirada, que permitían mostrar en la profundidad, su alma.

 

Como yo era nada más que una briza, él no percibió mi presencia y le susurre al oído: –¿Qué es lo que estas dibujando? Y él sin apartar la vista del cuadro que elaboraba me respondió muy confiado y sin darse cuenta de mi inconsistencia.

–Estoy dibujando mi alma gemela.

Le pregunte: –¿Es posible dibujar tu alma gemela, sin tener un modelo?

Y me respondió: –Es que el modelo lo llevo en el ama, en mi alma, en mi mente, en mi cerebro. –Claro que es muy difícil dibujar un alma gemela, porque es huidiza, es incorpórea. –Uno piensa que ya la tiene, pero en ese mismo momento, ¡desaparece…!, como si se estuviera burlando de uno.

 

Él me pregunta: –¿Nunca te has encontrado con tu alma gemela?

Y respondo: –¡No!, por lo menos eso es lo que pienso, aunque algunas veces me da la impresión que estoy con ella, pero como es mi alma, es incorpórea, es volátil, inconsistente, al extremo que cuando estoy a su lado pierdo el lívido y no encuentro cómo encararla, para asegurarme de que efectivamente es mi alma gemela.

 

Él sigue hablando de esta manera: –Yo en este momento estoy en el mismo dilema, la estoy pintando, pero cuando me doy cuenta, la acuarela se escurrió y sólo se ve un charco de agua en el borde inferior del lienzo. –Creo que utilizaré lápiz de carboncillo para ver si puedo plasmarla en el papel, de esa manera poderla conservar un tiempo, un tiempo más junto a mí.

 

–Amigo te dejo con el afán de que logres retratar tu alma gemela y me voy como llegué, como una briza suave, cálida, inconsistente y también veré, si en el trayecto que me queda por recorrer en esta vida, logro encontrar mi alma gemela. Aunque tengo la certeza de que esa posibilidad es efímera y hasta imposible, es mucho el trayecto que he recorrido y si en ese tiempo no encontré mi alma gemela. La otra posibilidad es que ella (mi alma gemela), ya esté en la eternidad. Pero como ella es alma y yo soy briza, existe la posibilidad de que nos encontremos y perduremos el saldo del tiempo, hasta que lleguen los cuatro jinetes nombrados en las escrituras.

 

Después de esas palabras, dejé de ser inconsistente y volví a la realidad, otra vez fui un hombre de carne y hueso y me di cuenta que el tiempo, no había transcurrido, desde que inicié esta historia, hasta ahora sólo fue un chispazo, un pestañar de ojos cansados.

 

Miguel Aramayo

SCZ.18-11-2017

17 Nov

Fantasmas y fantasías

Mi madre me contó que tuvo un encuentro con un duende, un enano, con un sombrero tan grande que no permitía verle la cara ni las manos, pero que se percibía que era un espíritu que caminaba y asustaba a las personas. Mi madre contaba que cuando tuvo esa visión se desmayó y al despertar, le salía sangre de la nariz.

 

A muchas otras personas escuché relatos de similares anécdotas, no digo historias, porque pienso que no eran más que alucinaciones de gente asustada, incluyendo a mi madre. Yo particularmente he desafiado a los fantasmas, duendes, e incluso al diablo a quien, desde un lugar oscuro y tétrico del jardín de la casa de mis abuelos, lo convocaba diciéndole: “Diablo si eres macho (valiente) preséntate de cualquier forma o asústame con algo que me pueda amedrentar”. Nunca tuve ninguna aparición que pudiera asustarme y hacer escapar de ese lugar oscuro del jardín.

 

Cuando mayor he sentido miedo en varias oportunidades, porque sentía ruidos que hacían que mi cuerpo se erice, pero siempre encontré la respuesta real a esas expresiones misteriosas, una tortuga que hacia fuerzas debajo del pedal de una máquina de costurar y para descansar dejaba audible sus resuellos, que no era más que respiración cansada por la fuerza que hacía para librase del pedal. En otra oportunidad incluso tuve que sacar el revólver, porque alguien hacia un ruido en la ventana del dormitorio, donde me encontraba leyendo una novela de terror y descubrí que una oruga que se hizo mariposa dentro de su capullo, el mismo que reventó entre la malla milimétrica y el vidrio de la ventana que estaba junto a mí.

 

Mi suegra se divertía con las amigas de sus hijas y sus hijas, asustándolas escondida en una sábana detrás de un árbol en una noche oscura en la que las muchachas pretendían salir de la casa sin permiso. Ella también una vez baleo una puerta porque escuchó que alguien intentaba entrar y al no identificarse ella disparo la escopeta y mató al puerco espín que estaba al otro lado de la puerta.

 

De ese tipo de historias uno escucha a montones, y en mi caso, tengo la seguridad de que los muertos se mueren para siempre y si nosotros creemos verlos o sentirlos, no es más que por el amor que les tuvimos, aunque ¡sí!, creo que en la eternidad y todo lo que me enseñó la religión que profeso, incluso en contra de gente que dice que los libros religiosos fueron escritos por los hombres, lo cual es cierto y, que ellos crearon a Dios a su imagen y semejanza y no fue Dios que nos creó a su imagen y semejanza, aunque él es totalmente espiritual y se presentó a los hombres de diferentes maneras, como fuego, como voz, como trueno.

 

Yo siento a mis seres queridos, como una brisa que me acaricia, que me refresca y que me imbuye de recuerdos, recuerdos y añoranzas, que los hace presentes en mi mente y que me permite compartir con ellos el cariño que les tuve, y que todavía está presente en mi ser, en mi alma, en mi cerebro y en mi corazón.

 

Esto que escribo y comparto con ustedes, lo hago porque se me presentó la oportunidad de leer una noticia que mostraba las estadísticas de cuanta gente cree en los espíritus en uno de los países, más grandes económicamente, más poblados y con mayores avances tecnológicos, los Estados Unidos de Norte américa. Desde luego que no son los únicos, los bolivianos y sobre todo los autóctonos, viven viendo visiones de fantasmas, incluso hubo alguien muy inteligente, que hablándoles les decía: “si no le hacen caso al jefe, el Sol se podría esconder y la Luna se podría ir y que los gringos vendrían a comerse a sus hijitos”.

 

Miguel Aramayo

SCZ.17-11-2017 El domingo hará un mes de la partida de mi hermana.

16 Nov

Arte y matrimonio

Se muy poco de arte (–Miguel, no seas mentiroso. – No sabes nada de arte). Después de esa aclaración de parte de mi conciencia, he quedado “achicolao” y quizá me cueste volver a retomar el tema elegido, pero como soy cuerodazo lo intentaré.

 

El cuadro “Salvator Mundi”, la única obra de arte de Leonardo Da Vinci, dio varias vueltas al mundo hasta que llegó a manos de Dmitry Rybolovlev, tras pagar la suma de 125 millones de dólares a Yves Bouvier, el marchante que se la vendió. Anoche (15 de noviembre de 2017), durante una subasta pública llevada adelante por Christie “s, el Salvator Mundi, una de las obras más increíbles redescubiertas en el siglo, fue vendida por una suma récord: 450 millones de dólares.

 

Esta noticia me pareció asombrosa, por el precio que pueda tener un cuadro, un cuadro de un barboncito, que aparentemente personifica a Jesucristo, con el cabello largo hasta debajo de los hombros, que termina en bluques y no en blondas, como en otros cuadros. Con una barba rala, como de un lampiño que se quedó mucho tiempo sin afeitarse, con un escote que da la impresión de que fuera una mujer. Digo que representa a Jesucristo, porque tiene levantada la mano derecha, con los dedos: pulgar, índice y del corazón, levantados en señal de bendición; en la otra mano doblada a la altura de la cintura, sostiene una esfera, que da la impresión de ser de cristal. Los colores son opacos con un fondo negro, pero el rostro y lo que se ve del pecho, muy iluminados, con lo cual resaltan sus rasgos, que no muestran ninguna dulzura.

 

Otra de las cosas que me llamó la atención es que el dueño del cuadro, el Sr. Dmitry Rybolovlev, quedó pringado con el tema de los famosos “Papeles de Panamá”, porque al divorciarse de su mujer, en mayo de 2014, el Juzgado de Primera Instancia de Ginebra lo condenó a pagarle alrededor de 4.500 millones de dólares a Elena Rybolovleva. Terminó llegando a un acuerdo y le pagó 650 millones de dólares, pero ahora que estalló el escándalo de los Panamá Papers, la historia se reabrió y todavía no se sabe en qué ira a terminar su truco de esconder millones disfrazados en obras de arte e inversiones de “compañías offshore”.

 

El ruso millonario, que conoció a su mujer mientras estudiaban medicina en la Facultad de Medicina de Perm; ocultó su riqueza en obras de arte, bajo la fachada de una empresa desconocida para Elena. Pinturas de: Picasso, Van Gogh, Monet y Degas, que son las que estaban entre los tesoros que ella jamás podría alcanzar, gracias a las maniobras fiscales que había logrado construir su ex marido.

 

Después de leer esa historia, me quedé pensando en el ruso millonario, en su pobre mujer y los comparé con la felicidad que tenemos los pobres, que no tenemos que esconder y que hemos logrado sobrepasar los cincuenta años de matrimonio, sin llegar a pensar en divorcio.

 

Miguel Aramayo

SCZ.16-11-2017

 

16 Nov

Un poema

Muchas veces me he puesto a pensar en el significado de un poema y todas las veces no he llegado a ninguna conclusión, porque los poemas son mucho más complicados, que sólo pensar en ellos. Un poema, mejor dicho, todos los poemas nacen del alma, nacen del corazón y por lo tanto no es necesario pensarlos, los poemas nacen solos, pero imprescindiblemente deben salir del alma, del corazón y hasta me animo a decir que los poemas son de “generación espontánea”.

 

Ahora, por ejemplo, cuando comencé a escribir, tenía la esperanza de poder escribir un poema, y me encuentro escribiendo cosas raras, cosas extrañas, queriendo justificar lo difícil que es escribir un poema. Eso sucede porque en este momento, mi cabeza está poseída de palabras, de ideas, de conceptos, pero exenta de sentimientos, sentimientos que podrían estructurar un poema.

 

Mi cerebro, en forma involuntaria, puede estar repitiendo versos de poemas escritos por mí, o escritos por otras personas, pero ese repetir inconsciente de palabras bonitas con sentido, coherentes, melodiosas, son simplemente la repetición de algo creado en otro momento, por mi o por otras personas, pero el repetirlas no traerá a mi mente una nueva composición. ¡NO!, únicamente es el eco de algo que sucedió, pero no es el impulso para que suceda algo.

 

Algunas veces las palabras son insuficientes para expresar los sentimientos, es más, estoy seguro que las palabras no expresan a cabalidad los sentimientos, mucho más expresivos pueden ser la vista, el tacto, incluso algunas veces el silencio dice mucho más que un montón de palabras y una lagrima o una sonrisa pueden ser extremadamente expresivos y mostrar en toda su magnitud nuestros sentimientos, o los sentimientos de los demás hacia nosotros.

 

Hasta aquí he expresado una cantidad de palabras, mejor dicho, he escrito un montón de palabras, palabras con muy poco sentido y sin nada cálido, en busca de una idea que pueda expresar mis sentimientos y me doy cuenta que en este momento estoy sin poder captar mis sentimientos, que podrían nacer de algunas de las ideas que he vertido en este papel. Y como el tiempo y mi paciencia se agotaron dejo todo este palabrerío, para hacer cualquier otra cosa que no sea perder el tiempo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.16-11-2017

 

16 Nov

Un poema

Muchas veces me he puesto a pensar en el significado de un poema y todas las veces no he llegado a ninguna conclusión, porque los poemas son mucho más complicados, que sólo pensar en ellos. Un poema, mejor dicho, todos los poemas nacen del alma, nacen del corazón y por lo tanto no es necesario pensarlos, los poemas nacen solos, pero imprescindiblemente deben salir del alma, del corazón y hasta me animo a decir que los poemas son de “generación espontánea”.

 

Ahora, por ejemplo, cuando comencé a escribir, tenía la esperanza de poder escribir un poema, y me encuentro escribiendo cosas raras, cosas extrañas, queriendo justificar lo difícil que es escribir un poema. Eso sucede porque en este momento, mi cabeza está poseída de palabras, de ideas, de conceptos, pero exenta de sentimientos, sentimientos que podrían estructurar un poema.

 

Mi cerebro, en forma involuntaria, puede estar repitiendo versos de poemas escritos por mí, o escritos por otras personas, pero ese repetir inconsciente de palabras bonitas con sentido, coherentes, melodiosas, son simplemente la repetición de algo creado en otro momento, por mi o por otras personas, pero el repetirlas no traerá a mi mente una nueva composición. ¡NO!, únicamente es el eco de algo que sucedió, pero no es el impulso para que suceda algo.

 

Algunas veces las palabras son insuficientes para expresar los sentimientos, es más, estoy seguro que las palabras no expresan a cabalidad los sentimientos, mucho más expresivos pueden ser la vista, el tacto, incluso algunas veces el silencio dice mucho más que un montón de palabras y una lagrima o una sonrisa pueden ser extremadamente expresivos y mostrar en toda su magnitud nuestros sentimientos, o los sentimientos de los demás hacia nosotros.

 

Hasta aquí he expresado una cantidad de palabras, mejor dicho, he escrito un montón de palabras, palabras con muy poco sentido y sin nada cálido, en busca de una idea que pueda expresar mis sentimientos y me doy cuenta que en este momento estoy sin poder captar mis sentimientos, que podrían nacer de algunas de las ideas que he vertido en este papel. Y como el tiempo y mi paciencia se agotaron dejo todo este palabrerío, para hacer cualquier otra cosa que no sea perder el tiempo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.16-11-2017

 

15 Nov

¿Tenemos los pies en la Tierra?

Los científicos y específicamente los astrónomos, constantemente están descubriendo planetas templados, similares y cercanos a la Tierra, algunos tan cercanos que los podemos tocar con sólo estirar la mano, simplemente a tres años luz, pero algunos otros ligeramente un poco más lejanos, a once años luz del sistema solar. Esto según información del Observatorio Europeo Austral (ESO).


El planeta, que ha sido llamado Ross 128 b, es el más cercano descubierto que orbita en torno a una estrella enana roja inactiva, lo que puede aumentar las probabilidades de que reúna las condiciones para albergar vida, según se desprende del estudio publicado en la revista «Astronomy & Astrophysics». Ese descubrimiento lo hicieron utilizado un programa que se denomina “el cazador de planetas HARPS (siglas de High Accuracy Radial velocity Planet Searcher), que es un programa buscador de alta precisión por velocidad radial (ESO, instalado en el Observatorio La Silla de Chile).


Aunque esas proximidades hallan que ese planeta descubierto, se convierta en el «vecino estelar más cercano, en tan sólo 79.000 años, un parpadeo en términos cósmicos», para cualquier humano neófito en la materia, se presta a risa, aunque para los astrónomos es algo alcanzable. Lo que permite sacar la siguiente conclusión: Así como hay planetas hay humanos, y así como esos planetas están próximos a nosotros, para algunos humanos, como yo, esos son sueños para plasmarlos en tiras cómicas y alguna descabellada novela de ficción.

 

Pienso que todos los humanos deberíamos poner los pies sobre la Tierra y pensar que debemos hacer para poder seguir utilizando la Tierra como nuestra morada, porque al paso que vamos, será muy necesario que tengamos que recurrir a los astrónomos para ver si no pillan algo más próximo, que podamos utilizar como una posible nueva vivienda, o algo donde podamos descargar toda la basura que estamos generando y de donde podamos traer oxígeno y agua, principalmente.

 

Estamos creciendo a tal velocidad que el problema más grande, que yo veo, es la súper o sobre población, junto con la inconciencia, que cada vez caracteriza a los humanos, porque cada día que pasa somos más intolerantes, menos humildes, menos colaboradores y cada vez más devoradores. Somos individualistas, sólo pensamos en nosotros y todo lo queremos para nosotros, la indolencia es una característica cada vez más extendida en los humanos y cada vez nos alejamos de la naturaleza, queremos tener lo mejor, en tecnología, en físico (cuerpos bonitos, sin pelos, con mucho perfume, que haga resaltar nuestros músculos, en los hombres y los senos y los glúteos en las mujeres).

 

Estamos perdiendo la vista, ya no miramos más allá de nuestras narices y lo que le pueda suceder a nuestros seres queridos, a quienes ya los podemos reemplazar, nos interesa muy poco, cada uno debe ver por su felicidad y el estar prendidos a una pantalla es lo máximo que ambicionamos, incluso ahora hay inventos que te permiten reflejar el celular en los lentes que, al mismo tiempo de protegerte del sol, te permiten no ver más allá. El parabrisas de tu auto te refleja el panel de control y por lo tanto sólo debes mirar al frente para saber que sucede en tu entorno. Ver de cotiojo, ya no existe, es algo anticuado, lo mismo que un guiño o un respingo, todo eso está reemplazado por iconos, caritas felices, tristes, que mandan besos, que muestran sonrisas, lagrimas o te regañan.

 

Las parejas cada vez practican menos el amor, al extremo que está disminuyendo la población, y en vez de esos besos apasionados y esos estrujones que tanto nos satisfacían a los de nuestra generación (viejos de la cuarta edad), cuando se escondía la luna y se alejaban nuestros controles, ahora se reemplazaron por pantallas y teclados… ¡Una pena!… Deberíamos poner los pies en la Tierra.

 

Miguel Aramayo

SCZ.15-11-2015 Conmemorando 54 años de bachillerato (Promoción 1963 La Salle)

 

14 Nov

Historia de amor y lujuria

Soy un fanático del amor y porque no decir sin descaro, también de la lujuria, porque pienso que es un componente primordial para acrecentar el amor y lastimosamente ha muerto quien podría corroborar lo que digo. Murió treinta años antes de Jesucristo, se trata de una mujer que era hija de Ptolomeo XII, Filopátor Nea Thea, Trifena cuyo nombre significaba «Gloria de su padre«.

 

Esa mujer no era bonita, al contario su nariz era demasiado larga, y su mentón, prominente, pero brillaba por lo que hoy llamaríamos charme: encanto, hechizo, poder de seducción, y además una sólida educación griega. Hablaba egipcio –algo muy poco común en ese período–, griego, hebreo, sirio y arameo, y había sido instruida en política, música, literatura, matemáticas, astronomía y medicina.

 

A la muerte de su padre, que era corrupto, amante de grandes fiestas, pésimo gobernante, y dependiente de la interesada ayuda romana, ávida del oro, que abunda en esas tierras. Lo sucede en el trono, con tan sólo diecisiete años de edad, para lo cual debe casarse con su hermano de doce años, porque eso determinan las leyes de su dinastía, de lo contrario no podía asumir el poder. Reina entre dos fuegos, la decadencia, hambre y miseria de su pueblo y la codicia y ambición de poder de Roma, que está en expansión.

 

Su hermano y esposo, Ptolomeo XIII, Dionisio; influido por sus consejeros, que además son enemigos de ella – su hermana: El eunuco Potino, el general Aquilas y el retórico Teodoto–, la expulsa del poder. Ella, además de «dulce, refinada, encantadora», como la define el historiador Plutarco, es ambiciosa y bravía. Huye a Siria, reúne un ejército, y planea recuperar el poder.

 

En Roma, están en guerra civil. Cayo Julio César derrota a Pompeyo, y se refugia en Egipto, pero Ptolomeo XIII no lo recibe y ordena asesinarlo. Cuando César recibe en una bandeja de plata la cabeza de Pompeyo, llora; era su rival, pero también su amigo, a quien decidió perdonarlo, mientras descansaba en el palacio real de Alejandría, que es la más deslumbrante de las ciudades egipcias.


La hermana de Ptolomeo XIII, que aún sigue en el exilio, urde un plan tan audaz como peligroso. Entra de noche a Egipto, burlando la vigilancia, llega al palacio, se hace envolver en una alfombra… y al desenrollarla aparece ante el hombre más poderoso de Roma, y acaso del mundo. A quien enamora y subyuga de tal manera que logra derrotar a su hermano, el mismo que muere ahogado en el barro del Nilo, todo esto lo hace usando sus poderes de seducción y algunos otros trucos, para hacerse apetecible. De esa relación nace un hijo, Ptolomeo XV Filópator, apodado Cesarión.

 

Para gobernar una vez muerto su hermano, se casa con el hermano menor, de tan solo diez años, pero mientras tanto, el romano regresa a Roma, donde a ella nadie la quiere y su amado muere. Teme que su hermano y marido Ptolomeo XIV le arrebate el trono y no se detiene: lo envenena, y nombra rey a su hijo ¡de cuatro años!

 

Después de la muerte de su amado y padre de su hijo, recibe el pedido de ayuda de Marco Antonio, que está en guerra contra los que mataron a su amigo, ella no le acepta, pero decide juntarse con él durante cuatro días, en ese encuentro y él – Marco Antonio – cae fulminado por los encantos de esa mujer y de ese enamoro, él retorna a Roma y se casa con Octavia, pero decide retornar a Egipto y es allí, que ella queda embarazada de mellizos, que al nacer reciben el nombre de: Cleopatra Selene II y Alejandro Helios.

 

Como verán esta historia que les conté y que la extraje de un artículo que salió en el periódico de hoy, es algo que muy poca gente sabe de Cleopatra, Julio Cesar y Marco Antonio y muy especialmente de los hijos que ella tuvo para ambos, antes de morir picada por una víbora áspid.

 

Miguel Aramayo

SCZ.14-11-2017