Nada se acaba, todo se transforma
Nada se acaba, todo se transforma
Antoine Lavoisier quien descubrió esta ley universal: “La materia no se crea ni se destruye solo se transforma.” Esta frase usada por quien la creo, para temas químicos, se convirtió con el tiempo, en una sentencia filosófica de carácter universal, tanto para los grandes acontecimientos como para las cuestiones cotidianas. Lo decapitaron en la guillotina por una falsa acusación y un año después le pidieron disculpas a su mujer. Este señor era licenciado en leyes y de puro afición estudio botánica, zoología, geología, mineralogía e hizo varios descubrimiento, fue el primero en clasificar los elementos químicos que posteriormente le sirvieron al ruso Dimitri Mendeléyev, para la clasificación actual.
La cultura popular ha difundido un modelo de relación de pareja idílico, donde la «luna de miel» es perpetua y no existe espacio para los desencuentros o las dificultades. La realidad, sin embargo, es muy distinta de este cliché: el amor es algo vivo, que cambia y evoluciona constantemente y que no siempre se expresa con «fuegos artificiales» y «mariposas en el estómago». El amor es energía, por lo tanto, no se acaba, sino que se transforma y adopta unas características particulares en relación a la etapa vital en la que se encuentra la pareja. Amar supone un aprendizaje donde se debe tomar consciencia de las fases que se suceden en el curso de la relación.
El amor se transforma, porque esa es la esencia del ser humano, aprender, crecer, cambiar y el verdadero arte del amor es seguir enamorado dentro de ese cambio, reconociendo en sí mismo y en el otro que no solo somos emociones y sensaciones que nos ́puede llevar a relaciones tóxicas, somos seres completos, emocionales y racionales que podemos decidir racionalmente lo mejor para nosotros mismos, capaces de cambiar y de mejorar, valiosos, solos o con una vida de pareja. Entendemos entonces que, el éxito en el amor es la mezcla entre lo irracional de nuestros sentimientos y lo racional de nuestro cerebro, difícil, pero no imposible. Lic. Karina Barragán Alcántara. Directora de las carreras de Psicología y Educación. Universidad Insuco.
Desde muy chico le di mucha importancia al amor, porque siempre lo catalogué cómo un sentimiento, el sentimiento más puro y duradero, al extremo que pensaba que nunca se podía acabar, que puede menguar y quizá al suceder eso transformarse en otro sentimiento, pero nunca en odio. Que podía llegar a ser un sentimiento apático, pero jamás antipático. He tenido muy poca experiencia en amor porque muy pocas veces estuve enamorado, quizá una sola vez y puedo decir que decidí unirme a mi “gran amor”. Creo que esa unión definitiva, generalmente no sucede con frecuencia con el “gran amor”, porque la mayoría de las veces, no se deciden por el que es o fue su “gran amor”, sino por el amor que les toca, porque su “gran amor” se decidió por otra persona y los dejó con los crespos hechos.
Me da la impresión, por lo que he leído, que el gran amor no es olvidado nunca, puede ser escondido en el subconsciente, pero de vez en cuando aflora y trae a la mente bellos recuerdos que fueron la causa para dar origen a ese gran amor y algunas veces y por algunos hechos es comparado con el actual amor. De lo que, si estoy seguro, es que muchas personas de ambos sexos han tratado de describir científicamente que es el amor y cual es el “gran amor”, pero eso es muy difícil. Lo importante es que al amor de turno lo tratemos como si fuera el gran amor, aunque esto sea una mentira para pasar desapercibidos.
Miguel Aramayo
SCZ.08-08-2024
