¡No!, ya no soy yo.
¡No!, ya no soy yo. ¿Quién soy? ¿Qué me sucedió? ¿Puede ser tan cruel el paso del tiempo?. Pienso que no es solamente el paso del tiempo quien destruye a la personas, disminuye su brillo, aplaca su ímpetu.
Pienso que hay cosas mucho más dañinas, que son las que destruyen a las personas. He visto jóvenes, pero jóvenes de verdad, gente que recién inicia el recorrido del tiempo, que por desamor, por una desilusión se dejan envejecer, envejecer al extremo de morir.
Los sentimientos tienen una gran influencia sobre nuestro comportamiento, pueden darnos el brío requerido para emprender una carrera, sin parar, sin menguar el trote, sin disminuir las ansias por llegar a la meta. Pero también pueden haber sentimientos que te transmiten pesadumbre, cansancio al extremo de sentirse desfallecer, de convertirte en una piltrafa.
Si bien es cierto que somos dueños de nuestro ser y podemos manejar nuestros sentimientos a nuestro antojo, estamos totalmente equivocados, los sentimientos tienen una influencia externa que los regula, algo podemos hacer nosotros, pero algunas veces no nos alcanzas las fuerzas para salir de ese decaimiento de esa desazón y podemos cometer el error de buscar ayuda en elementos que no sólo alteran la conciencia, sino que pueden llegar a anular el entendimiento, como es el caso del alcohol o las drogas.
Conozco una poesía, que pinta en tecnicolor lo que expresé hasta este punto y, que me permito transcribirla, porque servirá para reflexionar, se llama “Reír llorando” y el autor es, si no me equivoco Juan de Dios Peza, (inspirado en el actor y dramaturgo británico David Garrik) dice así:
Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirlo le decía:
«Eres el más gracioso de la tierra
y el más feliz…»
Y el cómico reía.
Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».
—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!
—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho… mucho…
—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.
—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.
—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik… La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.
—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!… Cambiadme la receta.
* * *
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.
Muchas veces en mi vida he pasado por situaciones similares, pero puedo asegurar que nunca he caído en el pozo, siempre he tenido la suerte de poder dominar esos estados de ánimo, pero son incomodos y algunas veces duran más de un momento, por lo tanto se debe tener el cuidado de no prolongarlos, la musica, la lectura, los amigos y una puteada en voz alta, son antídotos.
Miguel Aramayo
SCZ. 16-01-2015
