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Novela Resumiendo una vida 1 Lluvia de recuerdos

15 Jun

Novela Resumiendo una vida 1 Lluvia de recuerdos

Después del año nuevo 16.

 

¡Que complicada es la vida! Pareciera que el devenir es tan fluido, como si fuera un rio, pero incluso los ríos, no pueden ser tan constantes como parecieran, todo depende de lo que suceda en el nacimiento del rio, o por lo menos en el cauce superior. Pueden aumentar las lluvias en la cabecera y producirse un turbión arrastrando palizada, e incluso árboles de los que son arrancados de las orillas, en los meandros que se van comiendo, incluso por el mismo sedimento, que algunas veces arrastra y otras acumula, dependiendo del caudal que lleve. La vida es similar es un fluir constante, al cual se le atraviesan acontecimientos, que incluso pueden cambiar su cauce y teñir sus aguas.

 

La decisión que debo tomar es eminente, no tengo otra alternativa, no sólo está en juego mi vida, está en juego la de mi familia al otro lado del océano, en otro continente separado de éste no sólo por un mar, y una vasta distancia, sino por lo que significa el cariño, el amor y sobre todo la responsabilidad de compromisos adquiridos y están en juego los sentimientos de las personas que esperan mi retorno. No sólo mis sentimientos y los de mi actual pareja y de los seres que por un momento me han perdido.

 

Lo peor de todo es que el tiempo transcurre y no detiene su curso, no es como el rio, que podría retrasar su devenir en un meandro, no, el tiempo es implacable, sigue y corre, su avance es constante y, por más que se diga que puede ser relativo, su relatividad también es un avance sin piedad. La relatividad es una simple ilusión, un engaño creado por nosotros mismos, para distraernos e ilusionarnos con la idea de que el tiempo se puede prolongar o acortar, apoyados en la teoría de un científico que fue quien creo la teoría de la relatividad.

 

Pienso que es demasiado complicado el poder mantener una doble vida, una doble personalidad, lo que me ha tocado vivir en este tiempo es algo excepcional y atípico por donde se lo mire, pero también la mente humana es algo muy complejo, no sólo porque uno puede sufrir un percance como el mío, el de perder total y absolutamente la memoria y salir del entorno cotidiano de la vida y recuperar la conciencia, pero no la memoria, después de un periodo de tiempo que no puede ser cuantificado, el tiempo necesario como para abordar un avión recorrer 10,200 (diez mil doscientos) kilómetros o 6,300 (seis mil trecientas) millas. Eso entre tiempo de abordaje, en los por lo menos dos destinos, más el tiempo de vuelo debe ser, algo próximo entre 15 y 20 horas.

 

Lo que me ha podido suceder, no es sólo un percance, pienso que en todo esto existe una trama, una trama urdida por alguien, que puedo haber sido yo mismo, porque para viajar se requiere de una identificación, de documentos, no es únicamente dinero, se debe haber partido de un aeropuerto en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, viajar a San Pablo, Brasil, o Buenos Aires en Argentina y de alguno de esos dos aeropuertos a Roma, en Italia. Una vez en Italia eliminar las huellas de identidad, pasaporte, tarjetas y toda señal que podría ser útil para obtener una identificación.

 

La persona que me colaboró fue engañada, engañada por el destino, por cuanto yo no tuve esas intenciones, lo que hice, a partir del momento que desperté en una casa que no era mía, en una ciudad alejada de donde vivía y el cambio de idioma en forma abrupta, eso ya no es fingido, eso ya es real. Tan real como el papelito donde estaba escrito el nombre de “Clementina” y el número de teléfono, teléfono que fue mi salvación. ¿Qué hubiera sido de mí?, si Dios no permitía que esa mujer me recupere, me ayude, me cobije y sobre todo me brinde el amor, que hizo que se restablezca mi memoria.

 

Ahora estoy en la disyuntiva, en la obligación de comunicarle que he recuperado íntegramente la memoria, aunque todavía mi conciencia sigue confundida, pero mi razón domina mi instinto y me obliga a ser honesto, a decir la verdad, por más dolorosa que sea, no sólo para mí, que en este poco tiempo he apreciado tanto a mi Angel guardián, al extremo que estoy enamorado de ella.

 

No puedo demorar más tiempo, debo afrontar este mal momento, debo tener la valentía de expresarle todo lo que me está sucediendo. Estoy seguro que me comprenderá, porque ya hemos tenido conversaciones previas y ella está totalmente consiente de que en algún momento deberíamos haber llegado a este punto, pero me duele el alma, se me arruga el corazón, porque todo lo que ella hizo por mí, sin ningún interés, es algo tan preciado, es algo que no merecía terminar de esta manera.

 

Por suerte, ella no está cerca de mí en este momento y, yo puedo estructurar una estrategia para poderle dar la noticia, al mismo tiempo tener los argumentos para calmar el dolor que con seguridad le causaré con la noticia, porque ella también se acostumbró a mí y  tengo la plena seguridad que me llegó a querer, a amar tanto, o más que lo que yo puedo asegurar que me sucedió también a mí.

 

Muchas veces me he puesto a pensar en este momento, siempre que lo hice, me resultó un tormento, pese a que estaba perdido de la realidad, podía razonar y lo hacía como si estuviera totalmente bien, porque aunque no lo crean, después de todos los exámenes clínicos, físicos y electrónicos mi cerebro está perfecto, la única falla era la pérdida de memoria, pero con respecto a mi personalidad, porque seguía hablando español, todos los conocimientos adquiridos seguían intactos, todos los recuerdos sobre literatura, musica, historia, geografía y todas las ciencias de las cuales fui instruido en mi niñez, pubertad y juventud seguían intactos. Tan solo no sabía quién era, ni de dónde procedía, quienes eran mis parientes y donde había vivido.

 

Mientras esperaba que ella llegue me puse a leer y escuchar musica, de esa manera me relajaba, sin tener que aumentar dolor y estrés a mi cerebro, que había recuperado su condición normal, pero me daba miedo volver a sufrir ese corte de la realidad que me ha mantenido aislado, pero feliz durante este tiempo, que no se cuantificar, pero que con seguridad ya excede de los tres meses.

 

En un momento dejé de leer y se me dio por escribir un verso de amor:

 

Acordarme de vos,

No es llamarte,

Ni escribirte, ni verte,

O estar pendiente,

Pendiente de vos. 

Acordarme de vos,

Es mirar al cielo y

Pedirle a Dios,

Que te cuide y proteja,

Donde quiera que estés.

Te quiero mucho,

Tanto que mi corazón,

mi corazón es tuyo.

Que Dios te bendiga.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 07-11-2014

 

 

Novela  Resumiendo una vida 1 Lluvia de recuerdos

 

Los escritos de las regresiones, todos estos escritos, lo que transcribió el médico y lo que escribió Miki, cayeron en mano de un sacerdote que, los encontró tirados, porque quien los había escrito, los dejó extraviados (tirados) en el banco de una placita próxima a la iglesia de Santa Maria. Daba la impresión de que fueron abandonados intencionalmente. El padre Cueto, que así apellidaba el curita salesiano, que era boliviano, radicado en Roma, desde la época en que inició sus estudios teología y antes de consagrarse como sacerdote. Cogió esos papeles y se encaminó al convento donde vivía y oficiaba de párroco, además de ser el director de una escuelita de bellas artes, escuelita donde se enseñaba el arte de la compaginación y empastado de libros, para proveer a las escuelas salesiana en toda Italia.

 

El padre Cueto, llegó al convento y apenas saludo a los empleados administrativos, se recluyó en su estudio y sacando las hojas encontradas, las acomodó en un archivador e inició la lectura, se concentró de tal manera que no hizo ni intenciones de comer, incluso suspendió sus oraciones y el sueño ni asomó a sus ojos, Su cuerpo estaba como paralizado, pero ni el adormecimiento de brazos y  piernas no fue captado hasta el final de la lectura. Aproximadamente a las cuatro de la madrugada, su vejiga reclamó atención y antes de mojar los pantalones y la sotana se apuró para llegar al baño a tiempo de morder la sotana y bajar el cierre del pantalón, pero incluso en esa pose, seguía absorto por la lectura que había dejado sobre su escritorio, faltando unas dos o tres páginas por llegar al final.

 

Retornó al escritorio y apuró la lectura de esas tres hojas, luego de lo cual apoyó la cabeza en las manos y los codos en la mesa, no con intenciones de aliviar el desvelo, no, estaba como poseído y de sus ojos escurrieron lágrimas, lagrimas tan gruesas, que al caer golpearon la mesa y produjeron eco, eco que reverberó en el silencio absoluto de su celda.

 

Volvieron a la mente del padre Cueto, un sin número de recuerdos, se recordó del seminario en Calacoto, el famoso Domingo Sabio, el noviciado en Lima, junto a la playa en el barrio de Miraflores, el tiempo que estuvo como profesor en el colegio Muyurina, en Santa Cruz de la Sierra – Bolivia y por último la universidad de Roma donde se doctoró en teología. No supo del tiempo transcurrido, desde que inicio la lectura, hasta que sintió unos golpes en la puerta de su celda. Era el padre Mario Dalposo, que preocupado por su ausencia en el desayuno, se decidió a buscarlo en su celda.

 

El golpeteo insistente en la puerta de su celda y el escuchar su nombre en voz cada vez más alta, lo volvieron a la realidad y se incorporó para abrir la puerta y saludar al padre Mario, quien le dijo:

 

Cueto qué te sucede, te sientes enfermo, tus ojos están inyectados en sangre y se observa que no has pegado ojo y no te recostaste a dormir. Nos tienes muy preocupados. Todos los que te vieron llegar anoche muy temprano, comenta que apenas los saludaste y que raudamente te dirigiste a tu celda y que no diste señales de vida, hasta ahora que te vengo a descubrir en un estado casi hipnótico.

 

–Disculpas padre Mario, estoy bien, tan sólo que encontré una lectura tan interesante, que me pase la noche leyendo y cuando completé la lectura que me tiene absorto, me quedé meditando sobre mi vida, desde cuando tenía aproximadamente unos quince años, hasta cuando me consagré como sacerdote.

 

–Qué lectura es la que absorbió de esa manera tu cerebro y donde la obtuviste.

 

–Aunque no me crea, la encontré en un sobre en un banco de la plaza de la iglesia de Santa Maria, es posiblemente algo escrito por alguien que tengo la plena seguridad que es mi compatriota y hasta me animo a decirle que fue mi compañero en el seminario menor. Alguien al que después vi cuando había concluido el noviciado y mis estudios de filosofía y pedagogía y me encontraba en el Colegio Muyurina, a punto de partir a Roma.

 

–Cueto, es tan importante y de tanta urgencia que lea sin descansar, eso que dice que escribió un ex compañero.

 

–Vera usted padre Mario, si en este momento soy sacerdote, es precisamente por los consejos de ese amigo y compañero, quien me dio el empujón que yo necesitaba en ese momento, momento en el que dudaba seriamente de continuar con la vida religiosa. Él y su esposa fueron a visitarme y almorzar conmigo, y tuvimos una charla, larga y tendida, que fue decisiva en mi vida religiosa y que me dio el impulsa para ser lo que soy.

 

–Comprendo, que ese amigo sea algo muy preciado por usted, lo que no entiendo es ¿Por qué la lectura, de algo que piensa que le pertencia, lo hubiera desvelado?

 

–En este momento no puedo expresar su contenido, quiero volverlo a leer y analizar, pero le prometo que después también le prestaré esas hojas, para que usted también las lea y me dé su opinión, de esa manera me ayudará a seguir los pasos que correspondan. No se preocupe no es nada malo, aunque podría llegar a serlo, por eso le pido paciencia. Ahora me doy una ducha y vuelvo a la normalidad, le ruego me disculpe.

 

–Estoy quedando intrigado con el contenido de esa lectura y puede estar seguro que no lo dejaré descansar hasta que comparta ese secreto conmigo y entre ambos podamos dar una solución a sus dudas. Lo espero en el comedor, para que continuemos esta tertulia.

 

El padre Cueto, se quitó la ropa y entro a la ducha, que en vez de usar agua tibia, uso agua fría, para pasar el malestar que produce, inconscientemente, el desvelo y lo que sucedió en ese momento, fue como su cuerpo se trasladará a las duchas del seminario Domingo Sabio, en Calacoto y el frio que sentía en ese momento se asemeje el frio del agua en La Paz – Bolivia, y sobre todo al frio que se sentía en invierno.

 

Completando su aseo, se vistió con ropa limpia, incluso cambio de sotana. No fue necesario ordenar su cuarto, porque lo único que debía hacer era acomodar la silla y poner los papeles en el sobre y éste acomodarlo en la pequeña biblioteca que poseía junto al escritorio. Puso toda la ropa sucia en la bolsa que tenía para este objeto y se dirigió al comedor, donde lo esperaba el padre Mario, que en ese momento estaba conversando con el cocinero mayor, quien al verlo a al padre Cueto, le dijo:

 

–Que linda farra que le echo padre Cueto, fue con música y baile o solamente el alcohol es que lo tienen con los ojos irritados. Si quiere, yo tengo un colirio, de lágrimas artificiales, que lo tengo aquí. El padre Cueto aceptó y el cocinero desapareció a toda velocidad, para retornar con la misma prisa y sacando el frasquito de su envase, se dispuso a poner las gotas en los ojos del padre Cueto, quien muy dócil aceptó que lo tomen del mentón y acomoden su cabeza y sus ojos, para recibir ese bálsamo. Después le ofrecieron el desayuno y aceptó un café con leche y dos medias lunas, a las que no les puso ni mantequilla ni mermelada y la tasa se la bebió de tres sorbos.

 

Concluido el desayuno, le propuso al padre Mario ir a la sala de profesores, que en ese momento estaba libre y allí podían tener una conversación tranquila. Cuando estuvieron en la salita y con la puerta cerrada. Cueto le dijo al padre Mario:

 

–Los papeles que encontré abandonados en el banco de la placita de la iglesia de Santa Maria, no tenían ninguna inscripción que identifique a quien le pertenecen, pero por el contenido, tengo la plena seguridad que son de un compañero del seminario, el cual es la persona que ayudó a que yo me hubiera consagrado como sacerdote y me encuentre aquí. Los papeles indican que mi amigo ha sufrido un ataque de amnesia y está en Roma, sin saber dónde está y sin saber quién es. Eso me dejó muy apenado, porque no se cómo la estará pasando, donde vivirá sin ningún documento de identidad, sin dinero, sin nombre y sobre todo sin conciencia.

 

–Con lo que me acabas de contar, me has tramitado tu preocupación. ¿cómo se llama tu amigo?

 

–Se llama Miguel Aramayo, seguramente usted también lo conoce de cuando estuvo en La Paz, claro que usted era profesor del colegio y no del seminario, pero alguna vez estuvimos juntos, especialmente para las celebraciones del 25 de mayo.

 

–No me suena el nombre, claro que el apellido me recuerda a otro Aramayo, que era del coro, ése otro se llamaba José.

 

–Era su hermano menor.

 

–Con este dato me dejas más triste y comprendo tu preocupación. Podríamos consultar con el Padre Cayetano, quizá él se recuerde de tu amigo y nos recomiende que hacer para solucionar el problema y que podamos ubicarlo, si todavía está en Roma.

 

Llamaron a la oficina del Padre Cayetano Martignon y anunciaron que lo visitarían en la tarde, quedaron en confirmarles la reunión, lo cual sucedió una hora después. Salieron rumbo a las oficina de la Curia y cuando estuvieron allá tuvieron que hacer antesala, porque el padre Cayetano estaba en conferencia con el exterior. Cuando los recibió, después de los saludos efusivos le contaron el motivo de su visita a lo cual el padre Cayetano respondió:

 

–Qué casualidad, en este momento estuve en comunicación con el padre Corantes, el menor, que ahora es el director de Domingo Sabio en La Paz – Bolivia. Pidiéndole que por favor me averigüe las direcciones telefónicas de los parientes de Miguel. También tengo la forma de averiguar si todavía permanece en Roma. Un primo que tiene una panadería, tiene contacto con la persona que protege a Miguel, es su cliente, por lo que Pietro sabe cómo encontrarla y quizá incluso tenga su teléfono. Si me esperan un momento me pongo en contacto con él. Se pone al teléfono y llama a su primo y le consulta si tiene la dirección telefónica de su clienta, la que acompaña al muchacho que lo visitó. Toma un papel y anota el nombre “Clementina” y el número de teléfono fijo y móvil.

 

Se despide de su primo Pietro muy efusivamente y continúa con el teléfono en la oreja y vuelve a discar uno de los números que anoto en su agenda, espera un momento y cuando obtiene la comunicación dice:

 

–Hola, sois Clementina, que bien, soy el padre Cayetano Martignon; me puedes poner con Miguel, que le tengo unas sorpresas.

 

–Miguel, ni me creerás, estoy en este momento con dos personas que conoces, uno es el padre Mario Dalposo y el otro es el padre Cueto. El mismo, hace muchos años que está en Roma y los últimos trabajando conmigo. –se queda al teléfono, porque está escuchando la respuesta de Miguel, él que seguramente sorprendido está preguntando más cosas o refiriéndose a su compañero en el seminario. –Nuevamente habla y dice: –me imagino tu felicidad y tu sorpresa, ahora te lo paso al padre Cueto, que también tiene una cara de sorprendido y muestra lágrimas en los ojos.

 

–Querido Miguel. Eres una persona que siempre tengo en mis pensamientos, en mis oraciones y sobre todo en mi corazón, porque si estoy aquí te lo debo a vos, que junto a tu esposa influyeron para que tome la decisión de ir por el camino del sacerdocio y consagre mi vida a Dios. Queda con el teléfono apoyado a su oreja y se queda en un largo silencio, interrumpido únicamente por unos suspiros profundos y una respiración entrecortada, como si estuviera sollozando sin lágrimas.

 

Cuando continúa conversando, se lo observa con una voz pausada y una cara circunspecta, que denota una profunda concentración. –Miguel he leído los papeles que dejaste perdidos en un banco de la placita de la la iglesia de Santa Maria. He quedado compungido y pese a no estar tu nombre escrito en ninguna parte, de solo leer “Miki”, me imaginé que eras vos, por eso mi pena y mi desesperación por encontrarte, pero como Dios es grande, me puse en contacto con el padre Cayetano, en cuya oficina me encuentro en este momento, molestándolo, con algo que también lo tenia muy preocupado a él y que justo el momento que llegamos colgó después de hablar con el padre Corante en La Paz, quien está encargándose de conseguir direcciones de tus parientes y amigos.  Después de otro silencio en el cual responde Miguel, seguramente complementando a todo lo que habló Cueto. –Miguel te sugiero que nos encontremos mañana en la placita donde encontré los papeles a las 11:00 AM. De esta manera conversamos un poco allá y después nos vemos a comer juntos. Perfecto estoy de acuerdo. Nos vemos mañana. Chau.

 

Continua la conversación en las oficinas del padre Cayetano y Cueto le pide permiso, para poder ir al palacio papal de Castel Gandolfo, pero el padre Cayetano le dice que eso no está dentro de sus atribuciones, pero que con seguridad en el pueblito donde se encuentra es palacio podrán conseguir un albergue para pasar unos días. Castel Gandolfo es una pequeña localidad italiana situada en la región de Lacio, a orillas del lago Albano, a 18 km al sureste de Roma. Que le parece muy buena idea que hagan un retiro espiritual, para colaborar a la recuperación de miguel, donde él además de encontrar paz, se pueda reencontrar a sí mismo. Terminada la charla se despiden del padre Cayetano Martignon y retornan a la residencia. El trayecto de retorno lo realizan en completo silencio y cuando llegan a la residencia se despiden para cada uno partir a su celda a reposar del día transcurrido entre emociones y sorpresas, para poder descansar.

Muy temprano se despierta el padre Cueto y se dirige a la iglesia para decir la primer misa, la misa que la oficia con mucho fervor, dedicándosela a Miguel y a su pronta y total recuperación, cuando llega el ofertorio reza con lágrimas en los ojos, recordándose que si puede oficiar la misa, es porque Miguel influyó en él de tal manera, que ahora es sacerdote y puede decir la misa gracias a él, completa la consagración ofreciendo el Pan y el Vino para beneficio de Miguel y realiza la comunión en un nivel de casi santidad, al punto de levitar por tanta concentración y unión con Dios.

 

Pasa a tomar su desayuno, en compañía del padre Mario y otros religiosos de la comunidad, a quienes comunica que partirá por unos días a la localidad de Lacio, junto al lago Albano y que con seguridad escuchara misa en la capilla del castillo papal. Se despide y pasa por su celda a retirar el maletín con sus efectos personales, que después de levantarse preparó con todo esmero. En maletín introduce otro breviario en español, para obsequiárselo a Miguel.

 

Miguel por su parte también se prepara física y anímicamente para ese encuentro. Clementina ya está anunciada del mismo y aunque internamente estaba cada día más triste esperando el desenlace final; externamente se mostraba radiante y no fingía, porque realmente quería la felicidad de Miki, aunque esta felicidad la dejaría triste a ella, cuando se produzca la separación, que era inevitable, pero que le dejaba un sabor dulce, porque había cumplido con su conciencia, había sido una buena mujer y había dado mucho para ayudar al prójimo.

 

Cuando llegó la hora de partir, Clementina le ofreció llevarlo en su carro hasta la placita, estaba cerca, pero no a la vuelta de la esquina. Miki acepto y recogió su maletín con efectos personales, porque sabía que esa despedida seria por unos cuantos días, por lo menos una semana. Abrazó y besó a Clementina, presagiando que ya eran muy pocos los besos que podía prodigar a esa gran mujer, que lo había salvado del olvido total y que tanto había hecho por su recuperación. Con lágrimas en los ojos la abrazo y caminaron así hasta llegar al auto. Partieron en silencio absoluto y al llegar a la placita la volvió a abrazar y besar, esta vez ella fue quien derramo unos dos o res lagrimones, que cayeron al asiento del auto dejando una marca humedad, que con seguridad dejaría su marca. Hasta la próxima limpieza, porque la vida es así, es un camino, es un devenir, es un transitar, siempre se debe seguir adelante y las marcas que se dejan no son permanentes ni imborrables, son simples referencia de lo que paso y un anticipo de lo que queda por venir. Dios nos sigue por ese camino, porque deja a nuestro “albedrio” lo que debamos hacer, aunque ese “albedrio”, es algo inventado por los hombres, Dios hace con nosotros lo que nos tenía preparado desde el día que fuimos concebidos.

 

Miki se bajó del auto, hizo una señal de adiós con la mano que tenía libre y se encamino al primer banco que estaba frente a la iglesia. Se sentó y se puso a rezar en espera del padre Cueto. Cuando éste llegó, Miki se incorporó, no había cambiado gran cosa, estaba con un traje marengo, con una camisa celeste y remataba el cuello con la cuellera clásica de los sacerdotes, con un crucifijo de acero que le colgaba del cuello y le llegaba hasta mitad del pecho, seguía siendo el morenito cari risueño, no aumento ni un centímetro de tamaño, seguía siendo bajito, no aumento ni un gramo de peso, pero su mirada seguía siendo franca y su sonrisa sincera.

 

Ambos dejaron los maletines, uno en el suelo y el otro en el banco y se dirigieron el uno al otro con los brazos extendidos en señal de un abrazo, el mismo que se produjo cuando estuvieron frente a frente, ambos con lágrimas en los ojos se mantuvieron así por un espacio de tiempo, que para los dos fue imperceptible, que para el tiempo de verdad fue largo. Cuando quedaron tomados de los codos, se miraron en profundidad, con una concentración que los mantuvo absortos por un tiempo, luego se separaron, Cueto tomó el maletín del suelo y se encamino al banco donde estaba el maletín de Miguel, se sentaron y recién pudieron emitir palabras, ambos decían las mismas cosas casi en forma simultánea, ¡qué bien te ves…!, ¡sigues igual…!, ¡no has cambiado…!, ¡te ves elegate con esa vestimenta…!

 

Después de eso, Cueto, propuso rezar en voz alta: “Bendita sea tu pureza y eternamente la sea, pues todo un Dios se recrea, en tan grandiosa belleza de Ti Celestial Princesa, Virgen Sagrada Maria, yo te ofrezco en este día, alma vida y corazón, no me dejes Madre mía, hasta mi última agonía échame tu bendición”. Después de lo cual se trenzaron en una conversación tupida y desordenada, recordando el pasado feliz, el pasado lejano, el pasado próximo y el pasado reciente, en la amanecía de Miguel y los éxitos religiosos de Cueto.

 

–Flaco, te propongo ir a comer una pastas con estofado, yo conozco un lugar no muy lejos de aquí, no es nada elegante, pero es tradicional, podremos probar pan casero, amasado con las manos y horneado horno de barro y comeremos unas pastas recién preparadas, acompañadas de un estofado preparado con leña y tomaremos vino casero.

 

Miguel aceptó, cada uno cogió su maletín y se encaminaron a la calzada hasta poder encontrar un taxi o algún otro vehículo de servicio público, después de todo con la emoción estaban llenos de adrenalina, energías y tiempo, porque en ese momento el tiempo se había detenido, volvieron a ser los púberos escalando cerros en las serranías de “Achumani”, en los paseos semanales que hacían algunas tardes cuando ambos estaban en el seminario de Calacoto en la ciudad de La Paz, o cuando estaban de vacaciones en “Pairumani”, en el hogar “Fatima” en Cochabamba, en las vacaciones de invierno o de fin de año. Acompañados del padre Mario Panni, del  Vicenta Danna y del hermano Corantes.

 

Tomaron el taxi, que tardó un mundo en llegar; le dieron la dirección del restaurant y en menos de treinta minutos estaban en el lugar elegido, El local era algo muy familiar, con muy pocas mesas, todas con mantelitos a cuadros blanco y rojo, con la misma tela de las cortinas de las pocas ventanas. La puerta que separaba el comedor del ambiente interior era de tiritas hechas de conchas y semillas, las mismas que cuando pasaba alguien se agitaba mostrando destellos nacarados que partían de las conchas y al mismo un tintinear muy dulce del sonido de las conchas al chocar unas con otras.

 

Nos atendió un joven que se bestia a la usanza de los antiguos italianos, con un pañuelo rojo al cuello y la clásica boina, además de un delantal blanco, de un blanco níveo, inmaculado. Muy atento se aproximó para decirnos cuál era la carta, por cuanto los platos que preparaban eran muy pocos y ofrecernos el vino de la casa, en blanco, rosado y tinto, o unas cuantas, muy poquitas, marcas de embotellados. En un marcado italiano piamontés nos preguntó:

 

–¿Qué les puedo ofrecer a los señores?

 

–Queremos comer unos tagliatelles con un tuco de estofado de tres carnes, de entrada unos tomates con orégano, aceite de oliva y aceitunas negras, para picar con unas fugacetas braceadas y un vino tinto de la casa, medio litro.

 

–Enseguida retornó con los tomates, aceitunas y  fugacetas calientes, recién salidas del horno, las mismas que desprendían un aroma que te hacia agua lo boca. Al mismo tiempo llego el vino, dos platos y dos copas, las mismas que fueron servidas inmediatamente, sin pedir que degustemos el vino, porque tenía la seguridad de que era fresco, además de ser el único. Brindamos, porque Dios había querido que estemos nuevamente juntos.

 

Cuando llego la comida ya habíamos dado fin a la picadita y le habíamos avanzado la mitad de la jarrita de vino. Los tagliatelles se veían deliciosos y el estofado tenía una fragancia a ajo, romero y albaca, junto con los platos nos trajeron un pan casero recién horneado, que tenía una fragancia a trigo fresco, el pasillito con queso parmesano, también dejaba un olor agradable y propicio para acompañar la comida.

 

Comimos hasta dar fin con todo y lo último de pan que nos quedaba lo usamos para raspar el untado de los platos, de manera que los dejamos tan limpios que aparentaban estar lavados, no dejamos nada de nada, ni una gotita de vino, ni en la jarra ni en las copas. Pedimos agua mineral con gas y de postre unos helados de vainilla con raspadura de nueces. Como  gentileza de la casa  nos trajeron dos copas diminutas con grapa, que largaba una fragancia a uvas frescas y cuyo sabor dejaba en la boca una sensación tal que desaparecía el tufo al ajo y la albaca y quedaba tan solo la fragancia de la vainilla.

 

Pague la cuenta y salimos caminando en busca de un taxi que nos lleve hasta la terminal de ómnibus para partir a Castel Gandolfo, donde Cueto ya había reservado dos habitaciones en un hostal

 

Miguel Aramayo

SCZ.13-06-2015