Otra tierra.
El 27 de julio, hace cuatro días atrás, leí: La misión espacial Kepler podría haber descubierto un exoplaneta muy parecido al nuestro. Los detalles del hallazgo serán aclarados en la rueda de prensa que la agencia ofrecerá el jueves, pero muchos ya apuntan que el objeto encontrado es una nueva Tierra en la Vía Láctea.
«Los exoplanetas, especialmente los de tamaño pequeño, similar al de la Tierra, pertenecían al mundo de la ciencia ficción hace apenas 21 años. Pero actualmente, miles de hallazgos más tarde, los astrónomos están a punto de descubrir algo con lo que las personas han soñado durante miles de años: otra Tierra», se dice en el comunicado oficial de la NASA.
¿Pero para que queremos otra tierra?, si la que tenemos todavía no la conocemos en profundidad y no estamos haciendo nada por conservarla, la tenemos abandonada a su destino y quizá a su destrucción, sólo nos preocupamos por ella de “boca para afuera”, hacemos conferencias, reuniones, tratados, pactos, convenios, pero sólo son palabras y no hechos.
En esta tierra, tierra que no llegamos a conocer, en que vivimos y viviremos por largo tiempo más, la compartiremos con nuestros amigos y nuestros seres queridos. Con mis nietos mayores por ejemplo, los mismos que ya dejaron de ser niños, para convertirse en jóvenes, jóvenes que están iniciando la vida, ya terminaron o están a un ¡tris! de concluir la educación secundaria, para iniciar la carrera universitaria. Sólo quedan dos nietos como niños, uno de once y otro de tres, por los que todavía nos queda tiempo para disfrutarlos.
Con los nietos, ya podemos conversar de todo y apreciar los progresos que hizo la humanidad, desde cuando nosotros, nosotros los abuelos, estábamos como ellos, con todo el entusiasmo de ver el futuro como algo fácil, tan fácil como fue para nosotros. Ahora que recuerdo esos tiempos, sin ninguna nostalgia y con mucha alegría, al comprobar que el entusiasmo que teníamos viendo el futuro, se ha convertido en un presente.
Espero y ruego a Dios que la vida para ellos, para mis nietos queridos, sea tan fácil como fue para nosotros, por lo menos tan fácil como fue para mí, que vi pasar los años, como deshojando margaritas y aunque me quedan pocas en mi jardín, estoy feliz de hacer lo que hago y más feliz de haber hecho lo que hice, con la esperanza de que ese mi entusiasmo sea contagioso y mis nietos transiten por caminos y sendas similares.
Ruego que mis nietos me vean como un ejemplo, o por lo menos como una referencia que pueda ser marcada como un hito para alcanzar, por lo menos en lo que se refiere al romanticismo, a la fe, a la esperanza que use para llegar hasta donde me encuentro. Me gustaría que sepan querer, querer como los quiero a ellos, con ese amor profundo, sin límites.
Miguel Aramayo
SCZ. 01-08-2015
