Pensando
Un hombre estaba pensando, pensando que no era nadie, pero en realidad no era un hombre, era simplemente un pensador, que podía ser hombre, mujer, cualquier ser viviente, incluso un gusano, como el gusano de Franz Kapka, en su novela “Metamorfosis”, pero un ser con la capacidad de pensar.
Podía pensar, pensar que el tiempo había pasado, que había nacido solo, que no tuvo mellizo y nadie con quien discutir la progenitura, como lo hicieron Esaú y su hermano Jacob en el vientre de su madre, la pobre Rebeca y, por lo tanto, ese ser que pensaba, nunca tuvo que compartir un plato de lentejas, ni engañar a nadie, como lo hizo Jacob ayudado por Rebeca, para mentir a su padre Isaac, ni tubo que envolverse en un pellejo, para pedir ninguna bendición.
Este pensador nació solo, pero desde que nació tuvo el inmenso cariño de su madre, en ese sentido su madre actuó como la madre de Jacob, pero sin que ella tenga nada en contra de los otros hijos, que nacieron después de él, pero esa preferencia fue notoria, tan notoria que los otros hijos observaban esa diferencia y quien más objetaba ese gran apego era el padre, contrario a lo que sucedió con Isaac, que pudo ser engañado.
Ese pensador, siempre pensó que no estaba sólo, porque el fabricaba su entorno y fabricaba sus compañías, pero en lo más profundo de su ser era un pensador solitario, que soñaba historias fantásticas, quizá como las fantasías del cuento de las mil y una noche (Alf Layla), inventando cuentos e historias, como las que invento Sherezade, para no ser ejecutada y de esa manera prolongar su vida.
Así como el libro persa: “mil leyendas”, compilado por Abu Abd-Allah Muhammad el-Gahshigar en el siglo IX d.C., el pensador de la presente historia creó sus fantasías, formó su espacio, dio la importancia que se merecía a su entorno, pero al igual que Sherezade, siempre estuvo sola pese a tener la compañía de quien escuchaba sus cuentos, pero en su mente estaban todos los personajes que se muestran en Alibaba y los cuarenta ladrones o en la historia Aladino y la lámpara maravillosa; aunque en el mismo libro se recopilaron cuentos que no son aptos para chicos.
Así como Sherezade, el pensador de este cuento se siente feliz estando solo, porque estando de esa manera, puede estar en cualquier lugar del mundo, con la edad que desea en ese momento y acompañado por quien existe en la realidad o existió alguna vez y ahora está en la eternidad, como también puede inventar con quien estar, sin que ese ser sea real o imaginario, pero que reúna las condiciones y características físicas que requiere en sus sueños de soledad.
Pueden haber pasado minutos en sus pensamientos, pero también pueden haber transcurrido cincuenta años y volver a su mente hechos de esa época o de épocas anteriores, podrán en su mente, en sus pensamientos inmiscuirse recuerdos o hechos negros y dañinos, pero este pensador se concentrará únicamente en su felicidad, porque él sabe que pensando lo que quiere pensar, piensa que es feliz y concreta esa felicidad, puede ser un día 29, o cualquier día, de este mes o de cualquier otro, de este año o de uno que pasó hace cincuenta años o quizá nunca pasó.
El pensador piensa que la felicidad de cada ser humano no depende de lo que piensen los demás, la felicidad la piensa y la obtiene cada uno a su antojo y brindarse la felicidad que se merece.
Miguel Aramayo
SCZ. 21-04-2017
