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Pensando en profundidad y sin darme cuenta

1 May

Pensando en profundidad y sin darme cuenta

Leí una opinión, que es la causante de que se me hubiera ocurrido escribir, lo que sigue a continuación, opinión que transcribo y que corresponde a: Anderson Imbert, citado por Alazraki, Jaime, La prosa narrativa de Jorge Luis Borges, Madrid, Grédos, 1983. p. 111. El tiempo, la filosofía y la intertextualidad en la obra de Borges. El tiempo es una preocupación constante en la obra de Borges, desde las primeras búsquedas metafísicas de Fervor de Buenos Aires (1923) hasta las finales de El otro, el mismo (1964) o El oro de los tigres (1972); sin olvidar las reflexiones ensayísticas de Historia de la eternidad (1936) y de Otras inquisiciones (1952). El tiempo es tema central en la cuentística y en casi todas las narraciones del argentino y, como bien lo ha señalado uno de sus críticos, es un «tópico borgeano”.

 

Querer imitar a un escritor en la narración de un cuento, encuentro una tarea más que peligrosa, irreal, porque cada persona es un mundo y cada mundo tiene su tiempo y espacio, lo que para alguien sucede en este momento para otros es algo pasado e incluso olvidado, pero para otros puede ser algo visto como una premonición, como algo que todavía no sucedió, pero que podría suceder en cualquier momento.

 

Son muchos los eruditos que escriben cuentos y cada uno tiene un estilo propio y como en el caso de Borges una repetición constante de un concepto, como en el caso de él, el tiempo, lo cual también para mi es algo muy interesante, porque en este momento puedo estar situado hace mucho tiempo atrás y tomar esas vivencias como algo actual o suceder lo contrario, resaltar cosas de la actualidad, como que hubieran sucedido hace mucho tiempo tras.

 

Después de todo uno puede manejar a su antojo el tiempo, mejor dicho, no manejar a su antojo, sino al antojo de quien en ese momento ocupa nuestros recuerdos, que pueden ser recientes o ser añejos. En mí, por ejemplo, algo que es muy repetitivo es la soledad. Constantemente y sin darme cuenta de lo que acontece o me siento solo o fabrico mi soledad instantánea. Porque podemos estar en una multitud y si queremos, podemos abstraernos de esa situación y sentirnos tan solos como que, si hubiéramos alunizado o como que estamos en un desierto, rodeados únicamente de tiempo y espacio, constituido por la arena, el viento, el sol, los astros y las estrellas.

 

Después de todo, cuando nos encerramos en ese subconsciente, o consiente de nuestro cerebro, es precisamente porque estamos solos, porque lo interesante de ese estado, casi cataléptico, no es más que la concentración y eso es lo que yo denomino soledad. Mi capacidad filosófica, como estudio, es prácticamente nula, porque la mayor parte del tiempo mi espíritu fue forzado a trabajar y por lo tanto mi intelecto se vio reducido a un entorno de absurdo trabajo y mi mente no tuvo el aliciente del aprendizaje de ciencias profundas, pero como Dios me dotó de una razón, todo lo que está a mi alrededor tiene un significado y ese significado puede denominarse filosófico, filosófico empírico.

 

Por eso algunas veces, como en este momento, por ejemplo, estoy escribiendo pretendiendo opinar sobre cosas que considero filosóficas y que sin embargo no son más que simples pensamientos, pensamientos de un ser la libre, con la capacidad de pensar y pensar que puede opinar sobre temas serios.

 

Miguel Aramayo

SCZ.01-05-2016